[R-P] [Aurelio Argañaraz] Las elecciones de 2011 y el movimiento obrero.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Ago 2 09:49:28 MDT 2010


Visiones

El escenario de la opinión y el debate

Las elecciones 2011 y el movimiento obrero

	Publicado: 2 Agosto 2010

Por Aurelio Argañaraz

En el auditorio de la UEPC, invitada por la CGT de Córdoba, escuchamos
recientemente a la nueva presidenta del BCRA, Lic. Mercedes Marcó del
Pont. Destacamos el valor de que la titular del Central, para horror
del establishment, hablara expresamente de los intereses generales de
la clase trabajadora y de cómo se vincula la defensa de sus
reivindicaciones con la lucha por consolidar el modelo productivo que
busca desarrollar el actual gobierno. Pero queremos reflexionar, en
esta oportunidad, no sobre el discurso de la militante-funcionaria,
sino sobre la iniciativa que dio lugar al feliz encuentro y la
necesidad de que inaugure una verdadera campaña del movimiento obrero
de esclarecimiento sistemático con respecto a los vínculos que unen la
lucha por el salario y las demás reivindicaciones específicamente
gremiales con la defensa política de un proyecto de país que precisa
consolidarse y superar la emergencia de los comicios de 2011.
No es posible ignorar que los asalariados deben asumir con plena
conciencia esa tarea, imperiosa y vital. Es insostenible la idea de
que puede disociarse la lucha por recomponer el salario, proteger el
empleo, mejorar la recaudación del sistema provisional y las
jubilaciones magras que aún tenemos, blanquear el trabajo de los
sectores más postergados, en una palabra, de lo que indudablemente da
sentido a la actividad gremial, con lo que hagamos para sostener
políticas de Estado orientadas a proteger los derechos laborales y el
desarrollo del país, en suma, políticas propensas a vincular la
creación de riqueza con una expansión del mercado interno que apela,
por su misma lógica, a la generación de consumidores, a una
redistribución progresiva del ingreso.
Para decirlo abiertamente, con ánimo de sacudir posibles letargos: si
el acontecimiento memorable de traer a Córdoba a una gran economista
de la causa nacional fuese nada más que una ocurrencia casual, carente
de continuidad y de una visión clara de las perspectivas y las fuerzas
obrantes en la sociedad y la política, el movimiento obrero podría
equivocarse y limitar su función a lo meramente gremial, ignorando la
necesidad de que participe en la lucha por preservar las condiciones
que permitieron a los sindicatos recuperar su capacidad de negociación
sectorial, en el marco de una gestión del Estado que apuesta otra vez
a la producción y al trabajo, a usar los recursos y el poder público
en beneficio de la comunidad.
¿Puede alguien creer que lo que hemos recuperado en los últimos años
puede conservarse en otro contexto, en el que prevalezcan las fuerzas
que fueron desplazadas en 2003, luego de llevarnos a la peor crisis de
la historia nacional? Obviamente, lo sostendrán los que hundieron el
país en la ruina y a los trabajadores en la miseria. Protestarán,
además, por la “desnaturalización” de lo sindical, al incursionar en
“lo político”. Será inútil decirles que los asalariados sufren cuando
la Nación se achica y que el ejercicio de la política, en sentido
amplio, es parte sustantiva de su defensa como sector.
Los sindicatos y la década del 90
La decadencia del país, originada en la frustración del proyecto
nacional surgido en las fraguas del año 45, terminó por afectar, como
era esperable, el poder de los sindicatos y el ingreso obrero, sin
hablar del resto de las condiciones del trabajo. En la década del 90,
las privatizaciones menemistas y la extranjerización de la economía,
sustituida la producción por la especulación y la timba, hasta el
fatal desenlace del 2001, la desocupación creciente y el derrotismo
reinantes tornaron ineficaz la acción colectiva e implantaron un
despiadado “sálvese quien pueda”.
Limitados a la administración de las obras sociales, en un contexto de
desafiliación creciente, los gremios reflejaban la derrota de las
mayorías y marchaban hacia su destrucción o vaciamiento de sentido.
Aún hoy, importa señalarlo, no han recuperado el rol que conquistaron
en el ascenso del peronismo histórico. En el marco de la decadencia,
la “renovación peronista” de mediados de los 80 los apartó del comando
de un movimiento en crisis, que buscaba agiornarse sobre el modelo
alfonsinista y amenazaba con adoptar, bajo el imperio de De la Sota,
en imitación simiesca, rituales propios de la política norteamericana,
con asesores de imagen importados y espectáculo de porristas.
Ese ciclo no ha concluido, en el caso de Córdoba. Un bipartidismo
conservador ha gobernado esta provincia desde el 83 en adelante. Bajo
Angeloz, Mestre, De la Sota y Schiaretti hemos padecido la destrucción
de la Córdoba que construyeron Ramón J. Cárcano, Amadeo Sabattini y el
brigadier San Martín. Con ella se opacaron las tradiciones combativas
de la Reforma Universitaria y del Cordobazo, claramente incompatibles
con el ánimo derrotista y el grave desconcierto que se impuso en las
mayorías, dentro de un marco nacional decadente. La emergencia de
Juez, que pareció iluminar ese sombrío cuadro, se agotó rápidamente,
arrastrado por el oportunismo brutal del “rebelde”, que terminó sobre
un tractor de la Mesa de Enlace, junto con Schiaretti, De la Sota y
Aguad.
Nacionalismo popular o delasotismo
Es imprescindible refundar en Córdoba una fuerza nacional,
democrática, obrera y popular, capaz de integrarnos genuinamente a la
perspectiva política abierta con el kirchnerismo. Para hacerlo, dos
condiciones son imprescindibles:
1) Renunciar a la alquimia de pactos contra natura, que desdibujan el
campo propio y desarman a una militancia que necesita salvar la
coherencia de su proyecto, para construir en el territorio con
autoridad moral y solvencia política. El electorado independiente, que
es mayoritario en el actual marco de crisis de la representación, no
tolerará la inconsecuencia de avalar a quienes destruyeron la Caja de
Jubilaciones y “resolvieron” la cuestión recortando haberes; usaron la
represión para enfrentar la protesta y judicializaron la rebeldía;
lucraron con el contrato de trabajo precario, dentro de la propia
administración pública; fomentaron los call centers y otros
“emprendimientos” basados en la explotación de “trabajo-basura”;
intentaron privatizar el Banco de Córdoba y EPEC, para ponerlas en
manos de aventureros y delincuentes; dañaron la atención médica de los
empleados de la provincia colocando al IPAM al servicio de las
gerenciadoras; se esmeraron en apoyar los abusos múltiples de Aguas
Cordobesas, dando continuidad a la entrega mestrista; remataron el
patrimonio inmobiliario de la provincia y utilizaron el Estado para
impulsar aventuras faraónicas descabelladas; congelaron el impuesto
Inmobiliario rural, privilegiando al sector que lidera la evasión y el
empleo en negro.
2) Asumir el hecho de que son incompatibles los intereses que expresa
el movimiento obrero -que necesita refirmar las banderas históricas
del 17 de Octubre, para defender consecuentemente a los trabajadores y
al país- y la degeneración delasotista del justicialismo cordobés,
situado actualmente entre las fuerzas conservadoras de la política
provincial, en el mismo terreno en que militan Aguad y la Fundación
Mediterránea. Enumerar sus iniciativas y actos de gobierno basta para
comprobar esa oposición irremediable que sólo se zanjará con la
derrota delasotista, cuando sepamos retomar, con lo mejor de la
militancia nacional y popular, las mejores tradiciones de una
provincia que requiere, para que se exprese la progresividad de la
mayoría de su gente, liderazgos patrióticos y comprometidos con lo
popular. A los sindicatos de Córdoba les reclama la realidad una clara
visión sobre quiénes son los enemigos del pueblo y cómo movilizar las
fuerzas gigantescas que esperan el llamado a respaldar activamente una
iniciativa patriótica genuina, ya que su destino depende de la
consolidación de un proyecto nacional. Una vez más, la historia de
Córdoba impone a los gremios el desafío de ocupar un rol de
vanguardia, esta vez para reconstruir, en la provincia, un movimiento
popular que recupere las banderas del desarrollo soberano y la
justicia social y ofrezca a la provincia una política apta para
impulsar coherentemente esa cultura del trabajo y la producción que
destruyó el Proceso y los gobiernos que lo sucedieron, desde el 83 en
adelante, sin modificar sustancialmente el rumbo inaugurado por
Martínez de Hoz y nuestro comprovinciano, esa joyita del jardín
delasotista, el inolvidable Cavallo.




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