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José María Cavalleri ingcavalleri en yahoo.com.ar
Sab Abr 24 15:38:55 MDT 2010


MONTEAGUDO, BELGRANO, SAN MARTIN Y ARTIGAS

Bernardo Monteagudo es otra de las grandes figuras de la gesta libertaria, cuya actuación está inspirada en el “Plan de Operaciones”. Es el autor del “Diálogo entre Atahuallpa y Fernando VII”, al que Barnadas considera “uno de los textos independentistas más contundentes de Charcas”. Añade que después del “levantamiento” de la Plata (“golpe de Estado”, lo denomina Fellman), del 25 de mayo de 1809, en el que los Oidores depusieron al Presidente de la Audiencia de Charcas, Ramón García Pizarro, Monteagudo fue víctima de “su propio radicalismo, que lo relegó a segunda fila” (28). Estas palabras encierran el mayor elogio a Monteagudo, quien, al oponerse a la mita, no tenía nada en común con la casta encomendera, cuyos representantes tomaron la dirección de esos acontecimientos. Monteagudo puso en contacto a Castelli con los jacobinos de Charcas y con Cáceres, gracias a cuyas relaciones pudo romper el cerco del
 latifundismo criollo. Castelli, su secretario Monteagudo y Cáceres compartían la idea de liberar a los indios, recalca Fellman (29)     

Monteagudo fue Ministro de Guerra y Marina, de Gobierno y Relaciones Exteriores en el gobierno de San Martín, en el Perú. En 1823, fue asesinado en  Lima. Había concebido “el Plan de Federación general de los Estados hispanoamericanos, que era el anhelo central de los patriotas del continente”. Pertenece a su persona este concepto inapelable: “Yo no renuncio a la esperanza de servir a mi país, que es toda la extensión de América” (30). Barnadas sostiene que, “paradójicamente, este doctrinario jacobino fue partidario de la monarquía para el Perú” (31). Los seguidores de Moreno plantearon la coronación de un monarca indígena. Con esta medida, pretendían garantizar el respaldo y participación de los pueblos pre colombinos en el proceso liberador. Estimaban que se trataba de una respuesta a la intención de Bernardino Rivadavia de coronar a un pariente de Fernando VII. Monteagudo y Belgrano pensaban que la iniciativa podía
 neutralizar a la Santa Alianza (Austria, Rusia y Prusia) que preparaba, junto el absolutismo hispano, el envío de tropas a indo América, a fin de impedir el establecimiento de regímenes republicanos. El autor del “Diálogo entre Atahuallpa y Fernando VII” consideraba que, en esas circunstancias, la monarquía de una personalidad, como la de Dionisio Inca Yupanqui, por ejemplo, quien conmovió a las Cortes de Cadiz, el 16 de diciembre de 1810, con su frase histórica: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”,  sería un factor de cohesión regional frente a la dispersión que amenazaba sobrevenir, como realmente ocurrió, después de la independencia de España. No debería olvidarse, por otra parte, que la monarquía de los Braganza, con sus luces y sombras, impidió que la atomización astillara al Brasil, como ocurrió con la América morena. Sin embargo, el enorme desprecio por los indios de los comerciantes y ganaderos de Buenos
 Aires hizo inviable el proyecto. 

Corresponde a Manuel Belgrano la idea de coronar a un rey incaico. En 1812, se hizo cargo del Segundo Ejército libertario enviado por Buenos Aires. Llegó a Potosí en junio de 1813. En tanto el criollismo latifundista y parte de los mestizos potosinos le dieron la espalda, los indígenas lo recibieron de manera triunfal. “El recuerdo de Castelli, el iluminado jacobino, dice Fellman, había modificado la alineación de las clases sociales alto peruanas”. Luego de sus victorias militares en Salta y Tucumán, fue derrotado en Vilcapugio y Ayohuma. En su repliegue hasta la localidad potosina de Macha, reorganizó su ejército con el apoyo logístico de los quechuas, a quienes les pidió ocupar sus tierras de la Provincia Chayanta. La violenta oposición del latifundismo  criollo neutralizó esa intención, así como la incorporación de indios armados a sus filas. Para contrarrestar esta arremetida, Belgrano, al igual que Castelli y Monteagudo, se
 rodeó de guerrilleros mestizos y criollos (32)  

El “Plan de Operaciones” fue aplicado por San Martín durante la preparación en Mendoza, entre 1814 y 1815, de la gesta libertaria de Chile y Perú.  “Ante la carencia de  recursos económicos, echa mano a la plata extraída de Potosí, en la retirada de Belgrano, para pagar a los oficiales y a la tropa, a fin de acallar el descontento”. Recuérdese que Mariano Moreno propuso confiscar los recursos de los mineros altoperuanos para desarrollar al país y continuar con la tarea emancipadora. Su conducta fue censurada por la oligarquía de Buenos Aires (33) (GALASSO: “San Martín”. PAG. 113). San Martín fue el primero en dar a los esclavos manumitidos condiciones de vida privilegiadas respecto al resto de la tropa y no vaciló en fusilar a dos desertores. El general Juan Domingo Perón escribió sobre el particular lo siguiente: “El Ejército de Los Andes fue creado de la nada. Fue necesario fabricarlo todo y para ello, dentro de la falta
 absoluta de medios. Sin embargo, San Martín, con su talento múltiple, montó fábricas, formó depósitos, capacitó operarios y fabricó desde la canana y el mandil modesto, hasta el propio afuste del cañón”  (34) 

La consecuencia de San Martín con la “Patria Grande” fue  cotidiana y profunda. El contingente militar que comanda para liberar a Chile no se llamó Ejército argentino sino Ejército de los Andes. Los oficiales y soldados argentinos y chilenos que marcharon a sus órdenes no enarbolaban banderas argentinas, sino la enseña de las Provincias Unidas del Río de la Plata, como lo hicieran Castelli, Monteagudo y Belgrano en el Alto Perú. El proyecto de Constitución que presentó San Martín al congreso del Perú indica: “Son ciudadanos del Perú todos los nacidos en América”, en tanto que en la reunión con Bolívar, realizada en Guayaqui, el 22 de julio de 1822, la primera gran coincidencia de los libertadores fue la construcción de una nación de grandes Repúblicas. 

La esencia del “Plan de Operaciones” está presente con inusitada fuerza en José Artigas, durante su campaña en la Banda Oriental de Río de la Plata, en la que también dio trato igualitario y digno a negros, indios y gauchos. Sobre el particular, Galasso anota: “Mientras Artigas constituye la más consecuente prosecución y ahondamiento del proyecto morenista, (incorporando las masas a la revolución, propiciando la entrega de tierras, federalismo y defensa de la producción local), los descendientes de Moreno (en el gobierno de Buenos Aires –asr--), presos del elitismo, no lo reconocen como tal”. (35) Artigas pasa de las palabras a los hechos al distribuir tierras a los guaraníes, con lo que rompió las relaciones de producción latifundistas y logró asentar población en la frontera amenazada por los portugueses. Combatieron a su lado, con singular denuedo, los indios misioneros del Uruguay (36) Su influencia se extendió a Santa Fe,
 Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Córdoba, provincias que lo proclamaron “Protector de los Pueblos Libres”. Artigas fue simultáneamente combatido por godos, portugueses, oligarcas y ganaderos de Buenos Aires. “The Cambridge Modern History”, editada en 1949 (y así lo continúa haciendo en ediciones futuras), califica a Artigas de “jefe de contrabandistas, bandido y degollador” (37). Los colonialistas ingleses no se equivocan al juzgar a los héroes de nuestra historia.

EL “PLAN DE OPERACIONES” Y LA REVOLUCION PARAGUAYA

El modelo endógeno paraguayo (1814-1870),  es el ejemplo más contundente, en el Siglo XIX, de las potencialidades del “Plan de Operaciones”. Gaspar Rodríguez de Francia, quien brindó refugio a Artigas, había instaurado un Estado paternalista, capaz de cumplir las tareas de una burguesía nacional inexistente. Esta situación impidió que el país cayera en manos del librecambismo y facilitó un desarrollo económico sostenido e independiente. A la muerte del gobernante, en 1840, dice Eduardo Galeano, “Paraguay era el único país de América Latina que no tenía mendigos, hambrientos ni ladrones.... El agente norteamericano Hopkins informaba a Washington, en 1845, que en Paraguay  “no hay niño que no sepa leer y escribir. Los posteriores gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López continuaron y revitalizaron la tarea”. En los años siguientes, “Paraguay ya contaba con una línea de telégrafos, un ferrocarril y
 una buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y tinta, loza y pólvora. Doscientos técnicos  extranjeros, muy bien pagados por el Estado, prestaban su colaboración decisiva. Desde 1850, la fundición de Ibycui fabricaba cañones, morteros y balas de todos los calibres;  en el arsenal de Asunción se producían cañones  de bronce, obuses y balas. La siderurgia nacional, como todas las demás actividades económicas, estaba en manos del Estado.  El país contaba con una flota mercante nacional, y varios de los buques que ostentaban el pabellón paraguayo a lo largo del Paraná  o a través del Atlántico y del Mediterránea habían sido construidos en el astillero de Asunción. El Estado virtualmente monopolizaba el comercio exterior,  la yerba y el tabaco abastecían  el consumo del sur del continente y las maderas valiosas se exportaban a Europa. La balanza comercial arrojaba un gran superávit.
 Paraguay  tenía una moneda fuerte y estable, y disponía de suficiente riqueza para realizar enormes inversiones públicas sin recurrir al  capital extranjero. El país no debía ni un centavo al exterior, pese a lo cual estaba en condiciones de mantener el mejor ejército de América del Sur, contratar técnicos ingleses que se ponían al servicio del país  y enviar a jóvenes universitarios a  perfeccionar sus estudios... La esponja imperialista no absorbía la riqueza que el país producía. El 98 % del territorio paraguayo era de propiedad pública... El Estado practicaba  un celoso proteccionismo sobre la industria nacional y el mercado interno”. … Como era obvio, Inglaterra no podía tolerar semejante ejemplo. “En abril de 1865, el diario inglés  The Standard,  que se publicaba en Buenos Aires, sostenía que “Paraguay había infringido  todos los usos de las naciones civilizadas”. “La invasión (de Argentina, Brasil y Uruguay
 –asr--) fue financiada, de principio a fin, por el Banco de Londres, la casa Baring Brothers y la banca Rothschild, mediante  empréstitos leoninos que hipotecaron la suerte de los países vencedores”. “La prensa de Buenos Aires llamaba “Atila de América” al presidente paraguayo López: “Hay que matarlo como a un reptil”, clamaban los editoriales. El ejército paraguayo resistió la embestida con increíble heroísmo, pero al término de la misma el desarrollo industrial autónomo del Paraguay había sido reducido a cenizas. Casi toda la población masculina había sido exterminada” (38) Cuán diferente hubiera sido la suerte de Paraguay si la corriente de Mariano Moreno se mantenía al frente del gobierno de Buenos Aires.

BOLIVIA Y EL PLAN DE OPERACIONES

Los intentos realizados en Bolivia por contener la explotación foránea han estado inspirados en la filosofía del “Plan de Operaciones”. El Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana (1829-1839), cuyo ideal de Patria Grande lo llevó a plantear la Confederación Perú-Boliviana, determinó que los empleados públicos acudan a sus labores con trajes confeccionados con tela nacional. Manuel Isidoro Belzu (1848-1855), a tiempo de detener el asalto oligárquico a las comunidades indígenas, proteger las artesanías y decretar que la producción de plata y estaño sea fundida en el país, seguía los mismos lineamientos. El capitalismo de Estado emergió con los gobiernos del denominado socialismo militar del general David Toro (1935-1937) y del coronel Germán Busch (1937-1939), que nacionalizaron la Standard Oil y decretaron el control de divisas por la exportación de estaño que realizaban los “barones” del estaño (Patiño, Hoschild y
 Aramayo). Inmediatamente después de la nacionalización, el gobierno eligió a los 100 mejores bachilleres de Bolivia, para estudiar ingeniería petrolera en México y Buenos Aires. La mayoría de los graduados fue la base humana sobre la que se edificó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). El coronel Gualberto Villarroel (1943-1946), al propiciar el primer congreso indigenista de la historia del país, dio un paso importante en la histórica necesidad de eliminar el colonialismo interno. Simultáneamente, buscó mejorar, inútilmente, por cierto, los precios de las materias primas adquiridas por EEUU en condiciones de saqueo durante la Segunda Guerra Mundial. La construcción del Estado nacional avanzó de manera cualitativa con la eliminación del pongueaje (servidumbre de la gleba), la expropiación de latifundios y el voto universal, mediante la revolución del 9 de abril de 1952. No obstante, la ingerencia de Washington esclerosó
 rápidamente a la revolución nacional boliviana. 

El propósito de instalar hornos estatales de fundición de estaño fue cumplido por los gobiernos de los generales Alfredo Ovando (1969-1970) y Juan José Torres (1970-1971). Correspondió a Ovando nacionalizar por segunda vez los hidrocarburos de manos de la Gulf Oil Company. En 1988, el comunicador social, Carlos Palenque, encabezó la fundación de Conciencia de Patria (CONDEPA), fuerza política que permitió que una mujer indo-mestiza, Remedios Loza Alvarado, accediera al Parlamento de la República, sea jefa de un partido político y candidata presidencial. Con el primer gobierno del Presidente Evo Morales Aima (2006-2010), el fuerte colonialismo interno sufrió su mayor retroceso. De manera simultánea, decretó la tercera nacionalización de los hidrocarburos y anunció cambios radicales en las políticas neoliberales. Infelizmente, la tercera nacionalización fue desvirtuada, en tanto que, en inusitada escala, ONG europeas y norteamericanas
 introdujeron, en su propio beneficio y bajo sus propias perspectivas, un indianismo secante, que culminó con el reconocimiento constitucional de 36 inexistentes naciones indígenas y el reemplazo del nombre República de Bolivia por un Estado plurinacional, que ha sumido al país al borde del caos. Sólo el rescate de una visión unitaria, que respete las culturas, idiosincrasias, idiomas y visiones pre colombinas, podrá defender la existencia de Bolivia y aportar al ideal unitario de Bolívar, San Martín, Moreno y Artigas.

BICENTEMARIO DE LOS CONSULADOS BRITANCOS

En las tres primeras décadas del Siglo XIX se fundaron la mayoría de las repúblicas de Indo América. Tal situación fue descrita por el mexicano José Vasconcelos con estas palabras: "Nuestras naciones surgieron a la vida independiente como los restos de un naufragio... cada nación iberoamericana, si se exceptúa el Brasil, aparece como un aborto antes que como un fruto. La madre enferma que era España no tuvo poder para arrojar de tierras y mares a los agentes ingleses que nos urgían a la discordia, y salimos a la vida obligados por el fórceps de la intriga extranjera, antes que el pellejo adquiriera  consistencia" (39) Una de las piezas más pequeñas del naufragio descrito por Vasconcelos es Uruguay, país creado por la diplomacia británica, de lo que hizo alarde el cónsul inglés en el Río de la Plata, Lord Ponsomby, quien escribió al ministro Roxas, en  1828: “El gobierno inglés no consentirá jamás que sólo dos Estados, Brasil y
 Argentina, sean dueños exclusivos de la América del Sur…”. En carta del mismo año a Lord Dudley añadía: “La Banda Oriental contiene la llave del Plata y de Sud América… debemos perpetuar una división geográfica de Estados que beneficiaría a Inglaterra” (40) El vigoroso pensador uruguayo Alberto Methol Ferré, en reportaje a Luís Vignolo, dice: “El Uruguay como Estado fue una resolución inglesa. El ‘libertador’ de este país se llama Lord Ponsomby y no José Artigas” (41). En efecto, al producirse la creación de la República Oriental del Uruguay, se invitó a Artigas (cobijado en Paraguay) a retornar a su país, ante cuya proposición respondió: “Ya no tengo Patria”,  recuerda Luís Tappa, quien sostiene que la creación del Uruguay “fue la mejor movida de esa partida de ajedrez, en  la que Inglaterra siguió partiendo en pedazos a la ya recontra partida América del Sur” (42). Otro historiador uruguayo, Washington
 Reyes Abadie, dice que sería más correcto llamar a su país “Ponsombilandia” (43). Los ingleses ya podían vanagloriarse de tener otro Gibraltar en la Banda Oriental del Río de la Plata, una nueva “nación” que sirviera de cuña  entre Brasil y Argentina y punto de apoyo para futuras ingerencias (44). Este fue el pronóstico que sobre el tema hizo el primer ministro George Canning: “América Latina se independizará de España, pero si hacemos las cosas bien, será inglesa” (45), el que se cumplió sobre todo en el campo de la economía sudamericana.  

La penosa historia uruguaya es apenas otra de las exitosas maniobras de Londres para imponer su monopolio marítimo y la apertura de las manufacturas inglesas en nuestros mercados interiores, acompañados del veto a la defensa de la producción propia, susceptible de convertirse en industrias productivas, como planteaba el “Plan de Operaciones”. Bolívar, al culminar la gesta de la independencia, aceptó leoninos tratados comerciales a cambio del reconocimiento diplomático, pese a que, en forma previa había llegado a la siguiente conclusión: “Formado el pacto con el fuerte, ya es eterna la obligación del débil” (46).  El otro camino conducía a rechazar esas exigencias, lo que ponía en riesgo la independencia política de España, cuya monarquía absolutista, con el apoyo militar de la Santa Alianza (al que amenazaba sumarse Gran Bretaña), estaba en condiciones de postergarla indefinidamente. A este dilema se ha denominado “los riesgos
 del día después” y Bolívar optó por la independencia primero, con la cual pensaba encarar los futuros desafíos. Con ese criterio guardó silencio frente al primer empréstito británico suscrito con la flamante República de Colombia, la cual abarcaba los territorios de Venezuela, Ecuador y Panamá. Creía que esta nación, junto a las de México, Perú y de las Provincias del Río de la Plata, serían después reunidas en una sola nación de naciones, con enorme capacidad defensiva. Sin embargo, como todo nuevo tratado comercial firmado en la región, y eso ocurrió con los suscritos con México, Lima y Buenos Aires, los cónsules ingleses conseguían acentuar la balcanización y lograr rebajas impositivas para manufacturas británicas que causaron las protestas y la envidia de Washington.  

Si bien la diplomacia inglesa consideró un error las invasiones militares a Buenos Aires, de 1806 y 1807, debido a que, a juicio de Canning, era preferible concentrarse en las ventajas comerciales, lo anterior no fue óbice para que las ocupaciones territoriales queden descartadas. El 6 de enero de 1833, la armada británica ocupó las islas Malvinas, de las que la República Argentina había tomado posesión soberna, en 1820. Luego de expulsar a los habitantes argentinos, trasladó agricultores de Inglaterra, para plantear ahora un referéndum en el que los descendientes de los ocupantes británicos sean consultados sobre el destino de las islas. Estos hechos tienen plena actualidad. El primero de diciembre de 2009, entró en vigencia el “Tratado de Lisboa”, por el que la Unión Europea incorporó al viejo continente los territorios que detenta en ultramar. Se trata de otra maniobra inglesa para consolidar la ocupación de las Malvinas, para luego
 explotar el petróleo presuntamente existente en la plataforma marítima.

A los empréstitos de Londres siguieron, entre otras “hazañas”, el financiamiento de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay y el financiamiento de la Guerra del Pacífico, que enclaustró a Bolivia. Similares tareas cumplió Estados Unidos en Centro América y el Caribe. Una vez destruida la Asamblea Nacional Constituyente de Centroamérica, reunida en Guatemala y convocada por el hondureño José Cecilio del Valle, el 6 de noviembre de 1823, el Tío Sam ya tenía el camino expedito para arrebatar a México la mitad de su territorio, crear la “República de Panamá”, a costa de Colombia, y desatar sucesivas invasiones a débiles países, cuyas aduanas acababan siempre en manos gringas, que fiscalizaban el ritmo del saqueo. El “Plan de Operaciones” emerge, hoy en día y al cabo de 200 años, como la alternativa destinada a detener tanto oprobio. En el mismo lugar en el que el “Plan de Operaciones” se detuvo está la necesidad
 de recuperar el rumbo perdido. La coordinación de políticas de Estados nacionales defensivos sigue siendo el camino que necesitamos recorrer para cambiar nuestro destino.

BIBLIOGRAFIA

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3.- Alberto Buela: “El Estado Iberoamericano entre 1810 y 1850”. (Bolpress, 26-02-10)
4.- Norberto Galasso: “Mariano Moreno y la Revolución Nacional”. Editorial “Coyoacán”. Buenos Aires – Argentina, 1963. Página 37.
5.- Norberto Galasso: (Ob. Cit. Páginas 37 y 38).
6.- Mariano Moreno: “Plan de Operaciones”/ 1810
 (http://.biblioteca.clarin.com/pbda/ensayo/moreno_escritos/b-605101.html)
7.- Miguel Benitez: “El Plan de Operaciones de Mariano Moreno” (Puerta E. Colectivo de Noticias, 20-05-09,www.puertae.blogspot.com)
8.- Felipe Pigna: “Mariano Moreno, 1778-1811 (www.Elhistoriador.com.ar/biografias/m/moreno.php).
9.-  René Danilo Arze Aguirre: “Participación Popular en la Independencia de Bolivia”. Fundación Cultural “Quipus”. La Paz – Bolivia, 1987. Paginas 41, 42 y 43).
10.- Ricardo Levene: “Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno”. Estudios editados por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Tomo I, 1920.
11.- Jorge Abelardo Ramos: “Historia de la Nación Latinoamericana”. Editorial Peña Lillo. Segunda Edición. Tomo I. Buenos Aires – Argentina, Página 237.
12.- Ramos: Ob. Cit. Página 227.
13.- J.A. Cole/P. Bakewell: “Mita”. “Diccionario Histórico de Bolivia”. Redactado bajo la dirección de Josep Barnadas. Editado por “Grupo de Estudios Históricos”. Sucre-Bolivia, 2002. Página 252. 
14.- Ramos: Ob. Cit. Página 226.
15.- Arze Aguirre: Ob. Cit. Páginas 64 a 66.
16.- Citado por Galasso: Ob. Cit. página 48.
17.- Moreno: Ob. Cit.
18.- Moreno: Ob. Cit.
19.- “wikipedia”. Biografía de Mariano Moreno.
20.- Barnadas: “Ob. Cit”. Páginas 312 y 313.
21.- Arze Aguirre en “Diccionario” de Barnadas. Página 398.
22.- José Fellman Velarde: “Historia de Bolivia”. Tomo I. Segunda Edición. Editorial “Los Amigos del Libro”. La Paz – Cochabamba – Bolivia. 1978. Página 258.
23.- Juan José Castelli: Informe a la Junta de Buenos Aires de 10 de noviembre de 1810.
24.- Arze Aguirre: Ob. Cit. Pag. 144
25.- Arze Aguirre: Ob. Cit. Páginas 144 Y 149.
26.- Fellman: Ob. Cit. Página 262
27.- Arze Aguirre: Ob. Cit. Pág. 197.
28.- Barnadas: Ob. Cit. Página 278
29.- Fellman Ob. Cit. Página 257
30.- Ramos: Ob. Cit. Páginas 206 y 207
31.- Barnadas: Ob. Cit. Página 278
32.- Fellman: Ob. Cit. 270
33.- Galasso: “Vida de San  Martín”. Editorial Colihue. Buenos Aires – Argentina. 2002. Página 113.
34.- Galasoso: “Vida de San Martín”. Página 143
35.- Galasso: “Vida de San Martín”. Página 109
36.- Ramos: Ob. Cit. 253
37.- Ramos: Ob. Cit. 257
38.- Eduardo Galeano: “Las Venas Abiertas de América Latina”. Editorial Siglo XXI. Segunda Edición. Buenos Aires- Argentina. Páginas 295 a 301. La cita se incluye también en el texto: “La Caracterización de Bolivia y la Contradicción Fundamental”, de Andrés Soliz Rada. Ediciones “Octubre”. Paz-Bolivia, 1978. Página 12. 
39.- José Vasconcelos: “Breve Historia de México”. Compañía editorial “Continente” S.A. Vigésima impresión. Marzo, 1976. pagina 113.
40.- http:uykalipedia.com/historia-uruguay.
41.- Entrevista de Luís Vigñolo a Alberto Methol Ferré (marzo, 17 mdt 2007)
42.- www.uruguayinforme.com/news/24112006/24112006_tappa.php
43.- Citado por Alberto Buela: Bolpress, 26-02-10
44.- Ramos: Ob. Cit. Página 274
45.-Galasso: “Vida de San Martín”. Página 240
46.- Ramos: Ob. Cit.  274





      





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