[R-P] [Aritz Recalde] Hernández Arregui y la sociología argentina [2]

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Abr 23 11:50:26 MDT 2010


La sociología argentina, Gino Germani y los golpes militares.

“En verdad, la Nación y todo proyecto nacional, en el mundo de la
periferia siempre fueron objetos de campañas destinadas a mantener
dominio o conquistarlo. Los argentinos sabemos bien como funcionó el
famoso dilema Civilización y Barbarie blandido como verdad científica.
Hoy aquel primer término de la vieja disyuntiva ha sido remplazado por
“modernización”, “eficientísimo”, o “poder tecnológico contra el cual
no se puede”. Fermín Chávez

El punto de partida para comprender la obra intelectual de Hernández
Arregui y sus opiniones sobre la sociología, es el estrecho vínculo
existente entre la dictadura impulsada desde 1955 y la universidad. La
secuencia de golpes militares e intervenciones de las instituciones de
la cultura desde el año 1955 lo destituyeron de sus cátedras y le
bloquearon el ingreso a los ámbitos de debate académico, que fueron
ocupados por los representantes de los partidos políticos que apoyaron
la dictadura . La asonada militar que expulsó a gran parte de los
intelectuales que habían alcanzado sus puestos en democracia, dio
espacio para que los dirigentes del partido socialista y la UCR
intervinieran las universidades con el apoyo explícito y acordado de
los golpistas Eugenio Aramburu e Isaac Rojas . No se podía hablar de
“autonomía universitaria” o independencia de juicios, sobre la actitud
de un conjunto de intelectuales que, por ejemplo, habían sostenido un
grave silencio frente al bombardeo de Buenos Aires que dejó como saldo
aproximadamente 400 víctimas. El silencio, la justificación, la
aprobación de los intelectuales ante tan horroroso hecho de política,
sería un antecedente de su pacto con los sediciosos en 1956.
En este cuadro, Gino Germani y la sociología de la UBA inaugurada en
1956, fueron un interlocutor en la obra de Arregui. El autor cuestiona
con dureza el compromiso con la dictadura de Gino Germani y de los
intelectuales y docentes que implementaron la intervención
universitaria. El apoyo de los intelectuales al terrorismo de Estado
de 1956 realizado en nombre de la “ciencia” para Hernández Arregui,
implicaba tácitamente, un posicionamiento de apoyo de los letrados al
programa político que les entregó las instituciones. No existía
autonomía o ciencia independiente ya que implícitamente, su tarea de
intervención en la universidad implicó violar el orden democrático en
apoyo de la nueva gestión, que en opinión de Arregui: “A fines de
1955, con Aramburu, la Argentina entró de nuevo en la dependencia
colonial. La Argentina, que había rescatado la onerosa deuda externa,
contraída por la oligarquía, ingresó al Fondo Monetario Internacional
de acuerdo a las disposiciones de Bretton Woods en 1944. Con Aramburu
empieza la sistemática catástrofe económica, industrial y financiera
que actualmente descalabra al país. Desde entonces, la Argentina es
crónicamente deudora, con una economía estancada, con bajísima tasa de
crecimiento demográfico, una inflación incontenible y una moneda
sucesivamente devaluada, asociado este conjunto de efectos, a una
redistribución de los ingresos que han contraído el mercado interno y
reducido el poder adquisitivo de las masas trabajadoras y a la clase
media de menos entradas a límites intolerables. Centenares de empresas
argentinas han sido traspasadas – mediante las devaluaciones- a
capitales extranjeros” .
En dicho contexto histórico Arregui pone en tela de juicio la
vinculación directa que existió entre la violencia política de 1955,
el proyecto de extranjerización de la economía impuesto y la función
justificadora de la academia, ya que en sus palabras pronunciadas en
1969: “La universidad autónoma como institución, en más de una década,
no ha hecho oír su voz una sola vez en defensa de los trabajadores y
sus exigencias humanas. Amparada en su carácter apolítico, ha hecho
política antiobrera y antinacional” . Las opiniones de Arregui colocan
en el tapete un hecho poco difundido en la historia de la sociología
en el país y es la aprobación de varios profesores y funcionarios,
pública y manifiesta, al golpe militar de 1955 y a la violencia
política impuesta en el país que incluyó proscripciones, torturas,
asesinatos, derogación del orden legal y la instauración de una
seguidilla de acciones militares contra la voluntad popular.
Asimismo, el pacto de gobernabilidad entre los interventores de la
universidad y Eugenio Aramburu dieron apoyatura al nuevo programa
económico centrado en el desplazamiento de la esfera de decisiones
desde la soberanía popular y el Estado, al capital transnacional y la
oligarquía. Arregui, con un profundo y trágico conocimiento de causa,
reconoció que la intervención de la UBA fue el costo político e
institucional que cobraron algunos intelectuales por apoyar el
terrorismo y la violación de los derechos constitucionales. Para
Arregui no era posible comprender la actitud de la sociología bajo la
categoría de “autonomía” universitaria sino que, por el contrario, el
acuerdo entre radicales, socialistas y Eugenio Aramburu contempló un
apoyo tácito, sino a todas las políticas de la dictadura, a las
ligadas a la violencia sobre el gobierno saliente y a la modificación
de las políticas económicas de la revolución nacionalista anterior.

La sociología, el neocolonialismo y la violencia sobre el peronismo.
“El saber es político en cuanto sirve a la liberación de los hombres
o, en otro sentido, en cuanto la menoscaba”. Justino M. O´Farrell

La interpretación de Gino Germani sobre la política argentina y el
peronismo se organizó en torno de una extravagante y primitiva
explicación sociológica que reposó en gran medida, en el respaldo
político de los interventores de la UBA. Más que su capacidad
explicativa y racional fue la razón de la fuerza, y no la fuerza de la
razón, la que dio respaldo a dicha teoría. El disloque en los enfoques
y sus dificultades para comprender la práctica lo llevaron a explicar
el peronismo en base a un juego de “paradojas” entre variables y
mezcló las migraciones internas, la falta de partidos políticos, el
autoritarismo en Europa y su modelo de la “democracia normal”. En su
opinión, las migraciones de población del interior a los centros
urbanos generaron una masa humana en “disponibilidad” y carente de
canales de representación, que fue permeable a una dictadura,
paradójicamente, ejercida por Perón a partir de una democracia. En sus
palabras “se llegó así a otra paradoja, de las que es fértil la
historia del país: un movimiento del tipo fascista desembocó en
régimen de indudable carácter totalitario, pero dotado de rasgos muy
distintos de su modelo europeo, un tipo de autoritarismo basado sobre
el consentimiento del apoyo de la mayoría, que por primera vez pudo
expresar su voto en elecciones regulares”. Dicho régimen democrático
al ser caratulado de “totalitario” habilitó a Germani a abrir la
posibilidad de que un gobierno militar posibilitara la apertura a una
“democracia normal”, ya que Eugenio Aramburu había surgido “después de
la caída de dictadores que habían salido de las filas militares y
fueron luego depuestos por los militares en combinación con grupos
civiles. (…) hicieron de gobiernos “amortiguadores”, interregnos que
permitieron la formación de partidos, la realización de elecciones
legales y la instalación de autoridades civiles”.
En este contexto, Arregui responsabilizó a Gino Germani de promover
dos de los aspectos característicos que dan cuenta de los objetivos
del golpe militar de 1955. Por un lado, se refiere al acercamiento
económico, político y cultural del país a la esfera de los intereses
norteamericanos; y por otro, hace alusión al intento de extirpar del
sistema político al peronismo. Sobre el primer aspecto, se puede
entrever en las opiniones de Arregui una fuerte crítica a la
sociología de Estados Unidos ya que:
(…) “Esta sociología no va más allá, ni puede ir, de los límites que
le asigna el Estado, que ha convertido a la nación, a raíz de la lucha
anticomunista, en una dilatada cárcel, donde vida privada, intimidades
morales y políticas, antecedentes juveniles, secretos de alcoba,
sospechas de espionaje, etc., van preparando las condiciones de un
fascismo infinitamente más cruel y refinado que el italiano o el
alemán (…) La libertad académica en los estados Unidos es una
mistificación. El caso de Charles Wright Mills, conminado a abandonar
la cátedra en la Universidad de Columbia por sus valerosos trabajos
sociológicos sobre la realidad norteamericana, puede servir de símbolo
con relación a todo el sistema universitario enmudecido, y que en
sociología ha terminado por convertir a esta disciplina en una mera
técnica, o conjunto de técnicas particulares descriptivas y grises de
la realidad envolvente y que, socolor de la “ciencia pura”, expurgada
cuidadosamente de toda crítica al sistema, permanece dormida ante la
necesidad de cambiar la estructura social y cultural de los Estados
Unidos. (…) No es extraño que en un medio así, la sociología se haya
convertido en un pudridero académico donde los profesores se arrastran
sin ruido, encerrados en su “especialidad”, o sea, en discreto acomodo
con la voluntad de los monopolios económicos que mandan sobre la
nación, y de los que, en gran parte, esas universidades y fundaciones
dependen” .
Arregui parte del supuesto de la existencia de una fuerte relación
entre las políticas del imperio norteamericano y sus instituciones
culturales y en especial, hace referencia a la prensa monopólica y a
la universidad. La organización departamental de la sociología, a la
que Arregui cuestionó por su “especialidad”, sería una de las
manifestaciones en la que se expresa la dependencia cultural a los
monopolios y a los programas de las multinacionales norteamericanas.
Arregui sostuvo dicha lectura de la obra de Germani a lo largo de su
vida y en su último libro Peronismo y Socialismo (1972) estableció que
“Un buen ejemplo de esta ciencia “apolítica” fue Gino Germani, campeón
de una sociología neutral. Y hoy profesor en EEUU. Una sociología
subvencionada por la Alianza Para el Progreso. La universidad, pues,
no es nacional. Es una oficina de funcionarios administrativos y
técnicos de las empresas extranjeras. De becados de Estados Unidos por
fundaciones privadas. Esto es, por los monopolios norteamericanos. Una
enseñanza correlativa a los planes de EEUU” .
Por lo dicho, se deduce que la sociología académica norteamericana era
un instrumento de promoción “científica” de la política neocolonial
del imperio que la financia. Arregui entiende que la sociología de
Gino Germani retomó gran parte de los postulados de la academia
norteamericana ya que “esta sociología es una calcomanía yanqui (…) no
ha hecho más que un resumen colegial de las falsedades interpretativas
de la oligarquía colonial sobre el país”. La función política de la
sociología implementada por Germani implicaba (…) “renovar la tesis de
una Argentina de raza blanca, de la baja calidad de la población
criolla, de la superioridad del inmigrante, y como corolario, la
aprobación de la “teoría desarrollista” dictada coactivamente a la
Argentina por Estados Unidos. No en vano, es hoy profesor de la
Universidad de Harvard” . Germani y la sociología argentina fueron un
instrumento divulgador de la ciencia neocolonial, cuya matriz de
pensamiento operó como un medio de implementación de los proyectos
desarrollistas de extranjerización de la economía y la cultura. Dicha
operación científica era un instrumento de justificación intelectual
del programa de la dictadura, que permitió el ingreso de los
monopolios norteamericanos al país, favoreció la explotación y la
perdida del poder adquisitivo y de los derechos sociales de los
trabajadores.
La función política de la sociología y de los interventores de la UBA
luego del golpe de Estado fue la de expulsar de las instituciones
educativas a los miembros del gobierno democrático. Se trató, en la
terminología de la época, de “desperonizar”, o sea, de expulsar por la
fuerza a todos los docentes de la universidad argentina. Una vez
expulsados los docentes y funcionarios, se inició una acción educativa
para desvirtuar la realidad reciente ya que, según Arregui, la
“sociología pura” tiene por objeto apartar al estudiante de los
problemas reales del país” . Los “problemas” a lo que se refiere
Arregui en el año 1969 estaban, en su opinión, estrechamente
relacionados al debate sobre los modelos de desarrollo inaugurados con
el ascenso del peronismo en el año 1946. Germani, la carrera de
sociología de la UBA y el resto de los interventores de la universidad
argentina, puestos por el presidente de facto Eugenio Aramburu y los
gobiernos asentados en la proscripción del partido mayoritario,
cumplían la función iniciada por el imperialismo de impedir el regreso
democrático y legal de la voluntad popular ya que (…) “hay que
desconfiar de estos sociólogos atorados de estadísticas, de números
secos, fragmentos de la realidad total, y detrás de los cuales, lo que
se oculta es la política del imperialismo cultural. (…) Esta
sociología extranjera lo que pretende es desviar a los estudiantes del
país real. (…) No es a Gino Germani a quien negamos. Es a la
Universidad Nacional que contrata semejantes profesores. Hemos elegido
al “Signore” Germani, una paja en un montón de heno, como profesor
tipo del coloniaje cultural entronizado en nuestras altas casas de
estudios, por haber orientado durante años una materia que debe estar
en manos de argentinos y no subordinada a los planes educativos de
Estados Unidos para la América Latina” .

Cuestiones de metodología.
(…) “No se puede hacer ciencia y técnica sin preguntarnos para qué
fin, a quién sirve, si implica un bien para la sociedad, la nación y
la humanidad. (…) Debemos insistir permanentemente en que la
racionalidad científico tecnológica debe estar sometida a la razón
social, a la racionalidad crítica, con decisión y compromiso ético”.
Ana Jaramillo

Un tema central en Arregui es su aplicación a los estudios históricos
de categorías del marxismo aplicadas a la realidad, acompañando lo que
denominó como la corriente ideológica, artística y política de la
“izquierda nacional”. El marxismo de Arregui como comentamos
anteriormente, se relacionó a los aportes e interpretaciones de
Rodolfo Mondolfo que fueron releídos en el marco de la política
nacional, latinoamericana y anticolonial de los años cincuenta al
setenta. Su concepción marxista de la historia se conformó de diversas
tradiciones culturales que se actualizaron a lo largo de su biografía.
Es a partir de aquí, que a lo largo de su obra se pueden encontrar
referencias a Karl Marx, Vladimir I. Lenin, Karl Kautsky, Georg
Lukács, León Trotsky, Ho Chi Minh, Mao Tse-tung, Silvio Frondizi,
Jorge A. Ramos, John W. Cooke, Rodolfo Puiggrós, Frantz Fanon o a
Fidel Castro. En sus debates con la sociología, Arregui retomó algunos
aspectos del marxismo y, por ejemplo, cuestionó la operación política
de Germani centrada en la articulación del saber con el orden social
dominante y mencionó además, su incapacidad para analizar los
fenómenos en su dimensión histórica.
Hernández Arregui además, debatió un conjunto de postulados que
definieron al núcleo central del pensamiento de Germani para la
interpretación de los fenómenos sociales. Un tema determinante se
refiere al lugar que ocupa la estadística en el análisis de los
procesos sociales. En opinión de Arregui “Germani entiende por
sociología la recopilación de datos estadísticos y el estudio de
minúsculos problemas de grupos –investigaciones de campo, como se
llama- mediante encuestas, test, etc., o sea, de inexpresivos casos
sociológicos, contentándose con describirlos y dejando de lado todos
aquellos problemas relacionados con la transformación social y la
forma de encararlos en la práctica”. La utilización de la estadística
por Germani caería en el error teórico de no interpretar correctamente
los fenómenos de transformación social e histórica ya que “En
realidad, esta seudo sociología, desprovista de valor, no ha superado
lo que el fundador de la sociología -Agusto Comte- denominase
“estática social”, que es la observación de los hechos sociales, no en
movimiento sino en formas de reposo, dejando aparte el otro aspecto de
la sociología, designado por el mismo Comte “dinámica social”, es
decir, el examen de los fenómenos sociales en estado de cambio (…)
Germani enseña estática, no dinámica social” .
Frente a dicho método Hernández Arregui expone lo que deberían ser las
bases para un análisis de la realidad social capaz de comprender los
acontecimientos del país y el continente en su contenido profundo y
cambiante. Frente al estudio estadístico y de la “estática social” que
realizaba Germani, era oportuno incluir los análisis de disciplinas
como la etnología, “la única rama de la sociología en la que los
norteamericanos han hecho aportes efectivos ”.
Asimismo y cuestión fundamental de su obra, el autor incluye en la
sociología a los estudios culturales, ya que es (…) “indispensable
recurrir a la sociología de la cultura. Que el señor Germani,
estadígrafo, parece ignorar” . Dicha recuperación de la cultura como
fenómeno elemental para el estudio de la realidad social, le permite
al autor reconocer que “es el folclore lo que tipifica una cultura
nacional (…) La cultura Hispanoamérica, como toda cultura auténtica,
es inconfundible” . El punto de partida metodológica lleva a Arregui a
incluir entre las variables del análisis de la realidad de
Latinoamérica la literatura, la lengua, la música, la pintura o las
tradiciones folclóricas de cada región o país.
El análisis cultural implicaba estudiar detenidamente la historia de
las transformaciones, continuidades, disputas de poder ya que: “Estas
afinidades vienen de lejos, de nuestra lengua e historia comunes. Se
abonan e interfecundizan sobre un principio de historicidad”.
Los principios teóricos rectores de Germani lo llevaron a conclusiones
claramente encontradas con los planteos de Arregui. En especial le
cuestionó a Germani el supuesto de que Argentina se parece más
sociológicamente a Europa que a America latina. El argumento de
Germani para simplificarlo, se centró en que existirían diferencias
raciales entre el país y el resto del continente. Dichas distancias
del país con América se complementaban con los datos de la población
urbana, la clase media y la inmigración. En su polémica con Germani
que era teórica, sociológica y política, Arregui sostuvo que
atendiendo un estudio etnológico, la población porteña y provinciana
estaba más cerca de América que de Europa y que cultural y
lingüísticamente la población del país tenía similitudes con Bolivia,
Chile, México o con Paraguay. La clase media en las provincias, en
opinión de Hernández Arregui y en general, era pobre y tenía
condiciones de vida y tradiciones propias del país y distantes de
Europa. En sus palabras: “En la Argentina no hay uno, sino tres
países: Buenos Aires, el litoral y el interior mediterráneo, con
semejanzas, si, pero con rasgos diferenciados bien definidos. En
cuanto a la inmigración, ha sido asimilada por el país, no sin
deterioros para la cultura nacional, que finalmente ha predominado. La
tradición criolla no sólo no ha muerto. Ha triunfado” .
El análisis histórico de los procesos en la óptica de Arregui, era un
elemento central para el estudio de las ciencias sociales ya que
otorgan al investigador variables de análisis para interpretar los
fenómenos sin las cuales se corre el peligro de simplificar o
desvirtuar la realidad. Los sucesos sociales reflejados por la
estadística, debería ser analizados a la luz de la sociología de la
cultura y a partir de recuperar los procesos históricos y la
conformación de las relaciones de poder a través del tiempo.

Docentes peronistas de la Carrera de sociología.
“En lo nacional, la universidad era una isla: caía un presidente bajo
un golpe militar. Pero dentro de ella el ritmo electoral seguía poco
menos que normalmente. (…) De pronto, el país entró por la ventana.
Con ejercito, policía y todo”. Conrado Engers Lan. .

Como pudimos observar, Hernández Arregui realizó un fuerte
cuestionamiento a la carrera de sociología de la UBA y a algunos
intelectuales relacionados a la disciplina. Con ellos tenía
diferencias políticas y también, como mencionamos, se refirió a la
existencia de distintas maneras de interpretar la realidad. En dicho
marco y tomando distancia con la sociología de Germani, el autor
rescata en el Anexo a la segunda edición de la Formación de la
Conciencia Nacional, una “Declaración de los docentes peronistas de la
Carrera de sociología” de diciembre de 1969 . La declaración se
relacionó al proceso político que se recuerda como “nacionalización de
los sectores medios” y en especial, varios de los sociólogos
mencionados se vincularon con la génesis de las llamadas Cátedras
Nacionales .
En la declaración se toma distancia de las operaciones políticas de
los interventores de la UBA de 1956 y se estableció que la sociología
debería servir para poner “su vinculación práctica y real con el
movimiento nacional, que consideran la profundización de los estudios
sobre la realidad argentina y sistematización de la experiencia
colectiva de las masas populares”. Las referencias a lo popular o al
movimiento nacional hacían mención especial a que “La incorporación
militante a las luchas populares y antiimperialistas, en las
condiciones de nuestra patria, tiene un sentido concreto, debe hacerse
en el movimiento nacional peronista”. El punto de partida era la
mención explicita a que la producción de saber debía articularse con
el proyecto popular.
El paso siguiente implicó tomar distancia de las formas de producción
científica de la sociología de la UBA ya que en sus palabras
“rechazamos todo intento de revivir la sociología modernizante que
actuó como ideología antipopular”. Dicha crítica abarcó un fuerte
cuestionamiento a la disciplina ya que establecieron que “consideramos
que los sociólogos institucionales, sin distinción de escuelas
académicas, actúan al servicio de la dominación imperialista en
nuestro país y en los demás países que sufren esa opresión”.
La acción de algunos de los sociólogos, en particular en el contexto
de las Cátedras Nacionales adquirió suma importancia en los años
posteriores a la aparición de la Declaración. Entre ellos y
posiblemente, fue Roberto Carri el intelectual de mayor impronta en
las Cátedras Nacionales que continuó una acción teórica y política
similar, en algunos aspectos, a lo establecido por Hernández Arregui.
Carri compartió muchos aspectos del diagnóstico de Arregui y en
especial su cuestionamiento acerca del rol político conservador de la
disciplina ya que, en sus palabras “la sociología tiene como fin
ocultar la apoliticidad de las relaciones sociales”. De la misma
manera que Arregui, Roberto Carri consideró que el conocimiento tenía
connotaciones directas sobre la acción política ya que “el
conocimiento del mundo también es tarea política o no es verdadero
conocimiento”.

Breves palabras a modo de conclusión.
“El país necesita una Universidad profundamente politizada; que el
estudiante sea parte activa de la sociedad y que incorpore a la
técnica universalista la preocupación por las necesidades de la
comunidad, el afán de resolverlas, y que, por consecuencia, no vea en
la técnica el fin, sino el medio para la realización nacional”. Arturo
Jauretche

Juan José Hernández Arregui cuestionó con dureza a la sociología
argentina y en especial a la figura de Gino Germani. Vinculado a su
concepción marxista, Arregui creyó que la producción de conocimiento
debe articularse con la emancipación de los sectores populares. A
partir de aquí, su obra se relacionó a la defensa, la justificación y
la puesta en debate del peronismo, que en su opinión expresó la
síntesis del momento más alto de la conciencia de la clase trabajadora
argentina. La historia de las universidades argentinas ya había
conocido dicho intento de vinculación entre sociología y peronismo tal
cual lo había expresado Alfredo Poviña en los primeros años de
gobierno. En realidad, más allá de las opiniones de los sociólogos, la
historia misma de la universidad y tal cual lo muestra Arregui en su
obra, se relacionó estrechamente al interés del orden social y al
Estado: la historia de la universidad argentina es la historia de
nuestra dependencia cultural.
Arregui consideró que el saber y la acción política se relacionan
estrechamente en el camino de formación u obstrucción de la conciencia
nacional. En dicho marco, Germani y la sociología en la opinión del
autor, fueron un instrumento de apuntalamiento de la dictadura que
derrocó al peronismo e impulsó un nuevo orden económico. Arregui le
atribuyó a la sociología una función de divulgación de una ciencia
social dependiente de la norteamericana y cuya función era acompañar
la extranjerización del patrimonio material y cultural de la
Argentina. El argumento se centró en que la sociología intentó
apuntalar el programa desarrollista de Eugenio Aramburu y de Arturo
Frondizi y que ofició como un medio de justificación del programa de
extranjerización económica. Asimismo, la acción de la sociología
implicó una tarea de justificación de la violencia política contra los
opositores y en particular, contra el peronismo. Por último, Hernández
Arregui cuestionó la incapacidad teórica de Germani para aplicar al
estudio de la sociología una perspectiva histórica y dinámica capaz de
contemplar los procesos en su desenvolvimiento e interpretar a los
actores como producto de prácticas y tradiciones previas. El autor
planteó que los fenómenos sociales y políticos debían ser analizados a
partir de los estudios culturales en una perspectiva histórica. El
marco general de interpretación de los fenómenos sociológicos debía
circunscribirse al problema nacional que dejaba como saldo la
condición de dependencia estructural del país. El problema nacional y
el imperialismo en opinión de Arregui, debían articular los
desarrollos teóricos, cuestión que Germani desestimó a lo largo de su
obra.

La sociología argentina actual tiene vigente este y otros debates que
nos llevan a sus orígenes fundacionales y nos invitan a interpelar su
rol pasado, presente y cuestión importante, lo que se pone en cuestión
es su construcción hacia el futuro.

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ANEXO I - RESUMEN BIBLIOGRÁFICO
Juan José Hernández Arregui (1912-1974). Filósofo, político y
ensayista. Adscribió en su juventud al Partido Radical de la provincia
de Córdoba, colaborando con numerosos artículos en los periódicos
Debate, Nueva Generación, Doctrina Radical, Intransigencia y La
Libertad. En 1935, publicó su primer libro de cuentos, Siete notas
extrañas. Durante la década del 1940, estudió en la Facultad de
Filosofía y Letras de Córdoba, en la que tuvo como principal maestro a
Rodolfo Mondolfo, quien lo acercó a los debates del pensamiento
europeo y al marxismo. En el año 1944, se graduó como Doctor en
Filosofía con medalla de oro y diploma de Honor. En el año 1947, tras
renunciar al Partido Radical, se produjo su acercamiento al Peronismo
de la mano de Arturo Jauretche, quien lo llevó a colaborar en el
gobierno bonaerense como Director de Publicaciones y Prensa del
Ministerio de Hacienda. En 1948, comenzó su labor docente en la
Universidad Nacional de La Plata siendo profesor en la Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación, en el Colegio Nacional Rafael
Hernández, ambos de la UNLP y en la Facultad de Ciencias Económicas de
la UBA. En el año 1951, desarrolló un programa en Radio del Estado
sobre literatura y filosofía en el cual formuló profundas críticas e
interpretaciones sobre la cultura. Publicó en esta época, entre otros,
los trabajos Las corrientes históricas durante el siglo XIX (1951), El
siglo XVI y el nacimiento del espíritu moderno (1952) e Introducción a
la historia (1953). El golpe militar de septiembre de 1955 lo relegó
de forma violenta al silencio y al aislamiento, retirándole sus
cátedras universitarias y prohibiendo las revistas, periódicos y
medios masivos de comunicación en donde había publicado. Se sumó en
este período a la Resistencia Peronista y comenzó una ardua labor
intelectual y militante, que conjugó lúcidamente la teoría
revolucionaria marxista con el ideario peronista de las masas
trabajadoras. En 1957, publicó Imperialismo y cultura, obra
fundamental en la historia de las ideas en la Argentina, donde analizó
la influencia de las ideas dominantes en la intelectualidad nacional.
Poco después, en 1960, publicó La formación de la Conciencia Nacional,
con el objetivo explícito de contribuir desde la izquierda a
esclarecer la cuestión nacional. En 1962, apareció un nuevo libro,
¿Qué es el ser nacional?, en el que abordó nuevamente la cuestión
nacional desde una óptica latinoamericana. En 1964, junto con Eduardo
Luis Duhalde, Rodolfo Ortega Peña, Ricardo Carpani y otros
intelectuales y activistas, lanzó el movimiento CONDOR. Hacia el año
1969 publicó Nacionalismo y liberación (Metrópolis y colonias en la
era del imperialismo) y en 1972, Peronismo y Socialismo, donde abogó
por la transformación del peronismo en un partido revolucionario capaz
de construir el socialismo nacional. El 19 de octubre de 1972, sufrió
un atentado político en su domicilio y comenzó a recibir sucesivas
amenazas. Tras el triunfo popular de las elecciones del 11 de marzo de
1973, fue distinguido como Profesor Emérito de la UBA, recibiendo la
distinción en manos del prestigioso historiador y Rector Rodolfo
Puiggrós. Dirigió poco tiempo después, la Revista Peronismo y
Socialismo, que tras la muerte de Perón, en julio de 1974, pasó a
llamarse Peronismo y Liberación, desde donde bregó por la unión del
campo antiimperialista y el fortalecimiento de la izquierda nacional
dentro del peronismo. Tras el recrudecimiento de las intimidaciones de
la Triple A viajó a Mar del Plata, donde sufrió un síncope que le
causó la muerte.

ANEXO II
OBRAS Y CAPÍTULOS DE LIBRO PUBLICADOS SOBRE J.J. HERNÁNDEZ ARREGUI
• Galasso Norberto (1986). Juan José Hernández Arregui, del peronismo
al socialismo. Ed. Del Pensamiento Nacional, Buenos Aires.
(1983) La izquierda Nacional y el FIP. Ed Centro Editorial de América
Latina, Buenos Aires.
(2007) Aportes críticos a la historia de la izquierda Argentina, Ed.
Nuevos Tiempos, Tomo II.
• Ibáñez, Germán (2004). Juan José Hernández Arregui y la Liberación
Nacional. Ed. Digital.
• Iñiguez Piñeiro, Carlos (2007). Hernández Arregui Intelectual
peronista. Pensar el Nacionalismo Popular desde el marxismo, Siglo
XXI, Buenos Aires.
(2006) Pensadores Latinoamericanos del siglo XX. Ed. Siglo
XXI.
• Kohan Néstor (2000). De Ingenieros al Che. Ensayos sobre marxismo
argentino y latinoamericano. Ed. Biblos, Buenos Aires.
• Neiburg Federico (1988). Los intelectuales y la invención del
peronismo. Ed. Alianza, Buenos Aires.
• Recalde Iciar (2008). Reseña sobre Juan J. Hernández Arregui,
Diccionario de autores argentinos, Ecuación editores y Petrobras.
• Romano Eduardo (1973). Hernández Arregui, un pensador nacional.
Revista Crisis Nº 19.
• Sigal Silvia (2002). Intelectuales y poder en Argentina. Ed. Siglo
XXI, Buenos Aires.




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