[R-P] [Aritz Recalde] Hernández Arregui y la sociología argentina [1]

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Abr 23 11:43:34 MDT 2010


HERNÁNDEZ ARREGUI Y LA SOCIOLOGÍA ARGENTINA

(Aritz Recalde)

marzo 2010.

Juan José Hernández Arregui: un olvidado de la sociología argentina

Juan José Hernández Arregui (1912 – 1974) desarrolló un aporte
sustancial al estudio de la sociología del país y en varios aspectos,
cuestión que le otorga una inmensa actualidad, superó el esquematismo
de las corrientes de pensamiento hegemónicas en los ámbitos
académicos. Pese a sufrir la destitución violenta de sus cátedras por
intermedio del golpe militar de 1955, de ser parte de un ocultamiento
ejercido por el aparato de la prensa y las instituciones oficiales de
la cultura, no le impidieron ser uno los intelectuales argentinos con
mayor impronta en los debates de los ambientes juveniles y políticos
de los sesenta y setenta. Sus obras principales Imperialismo y Cultura
(1957), La Formación de la Conciencia Nacional (1960), ¿Qué es el Ser
Nacional? (1963), Nacionalismo y Liberación (1969) y Peronismo y
Socialismo (1972), fueron leídas y estudiadas masivamente hasta el año
1976.
La sociología de Hernández Arregui implicó una puesta en cuestión de
los cruces entre la ciencia, el campo intelectual y la política
argentina. Su fuerte compromiso político con el radicalismo
yrigoyenista primero y con el peronismo después, lo distanciaron de
las agendas de discusión y de las conductas tradicionales de los
miembros de las universidades, afines a la corrientes de pensamiento
liberal, desarrollistas o de izquierda europeísta. La relación
estrecha entre política y universidad existió siempre, pese a que se
lo niegue en nombre de la autonomía académica o la neutralidad
científica. Lo que no es habitual, y que caracterizó la experiencia de
Hernández Arregui, es el cruce entre el desarrollo científico y su
apoyo dado a los gobiernos de contenido nacionalista y popular.
La interpretación habitual de profesores de las universidades
tradicionales argentinas, definió a las figuras ligadas a los procesos
políticos populares como Juan José Hernández Arregui, Eduardo
Astesano, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José María Rosa,
Fermín Chávez o Abelardo Ramos, como parte de una supuesta
representación de una intelectualidad sin luces y carente de mayores
compromisos con la ciencia, más allá de sus intereses partidarios . A
Hernández Arregui y a muchos intelectuales de fuerte peso en la
cultura argentina de su época, las corrientes oficiales de la academia
los presentan como “ensayistas” que no forjan ciencia sino que harían
solamente “opinión” por ser pensadores carentes de “objetividad”.
Dicha simplificación, lamentablemente, continúa presente en las
actitudes de los académicos y de las instituciones de cultura
oficiales.
Una interpretación reiterada en los ámbitos académicos es la que se
organiza a partir de implantar supuestos como el “cientificismo”, a
partir del cual se introduce una aparente diferencia entre las
“ciencias independientes” y la “actividad política”. Tal cuestión fue
analizada críticamente por Oscar Varsavsky que alcanzó conclusiones
terminantes estableció que: “La ciencia actual, en resumen, está
adaptada a las necesidades del sistema social cuyo factor dinámico es
la producción industrial masificada (…) cientificista es el
investigador que se ha adaptado a este mercado científico, que
renuncia a preocuparse por el significado social de su actividad,
desvinculándola de los problemas políticos (…) es un factor importante
en el proceso de desnacionalización que estamos sufriendo; refuerza
nuestra dependencia cultural y económica, y nos hace satélites de
ciertos polos mundiales de desarrollo”. Tal como estableció Oscar
Varsavsky, la ciencia, el poder y la política caminan por un mismo
andarivel y la acción universitaria debe ser analizada a la luz del
orden social en el cual se inscribe. A las interpretaciones
cientificistas mencionadas se le suman discusiones banales sobre la
teórica distancia que existiría entre el “ensayo” y la “ciencia
objetiva”. Ambas concepciones operan como una justificación a partir
de lo cual la escasamente fértil sociología argentina, desplazó del
campo de estudio a intelectuales de envergadura cuyas obras son un
importante aporte al campo del pensamiento y las ciencias sociales y
humanas. El ocultamiento de estos intelectuales y la recuperación de
otros personajes de nulo o escaso valor analítico, más allá de sus
apoyos a las elites de turno, es presentado como un problema académico
pero, y por el contrario, es una operación política.
El letargo oscurantista de la dictadura de 1976 y el cariz liberal y
conservador de las universidades al regreso de la democracia en el año
1983, no fueron los mejores ámbitos para la recuperación de las obras
de Hernández Arregui entre los estudios de las ciencias sociales
argentinas. En este cuadro, es que consideramos oportuno acercar al
lector un breve comentario de algunas ideas del autor sobre la
sociología argentina. Dicha recuperación reposa en la certeza de que
sus investigaciones históricas, sus esquemas de análisis y sus
opiniones sobre diversos temas, son un importante aporte para los
estudios de la sociología y la ciencia política actual.

Arregui y los estudios de la cultura nacional
“El nacionalismo es el aspecto principal, al que debe subordinarse el
problema de clases”. Eduardo Astesano.
El tópico central de la obra de Arregui se estructura en torno de los
debates de las ciencias sociales y humanas en el contexto del
nacimiento de los Estados nacionales. En sus libros, los nacionalismos
y el movimiento cultural del siglo XIX europeo, son un interlocutor
reiterado. A partir de dichos procesos Arregui estudia la construcción
de los Estados en América Latina y además, los utiliza para analizar
el desenvolvimiento de la historia y la cultura del siglo XX y en
especial, lo interpreta a la luz del desarrollo y la consolidación del
Estado argentino.
La cultura en sus diversas dimensiones, y la labor de los
intelectuales vinculados a la sociología en particular, es analizada
en relación con el proceso de formación de la nación. En este marco,
no es casualidad que su primer libro publicado en el año 1957 lleve el
nombre de “Imperialismo y Cultura”, denominación que implica como
supuesto que la historia de los procesos culturales y de las
ideologías, debe ser analizada a la luz del problema nacional, cuya
contracara en el tercer mundo es la dependencia y el imperialismo. El
análisis de la cultura sin el estudio del fenómeno de la dependencia,
la historia, la economía y el imperialismo, es un ejercicio carente de
sentido y es por eso que Arregui sostiene en Imperialismo y Cultura
que: “En este trabajo la crítica estética cede a la historia crítica
de las ideas. El punto de partida es la consideración de la actividad
cultural como ideología, y en especial, con relación a la literatura
en tanto personificación encubierta de un ciclo económico”. En está
línea de argumentación y refiriéndose a un grupo de intelectuales y
hombres de la cultura cuyas obras aparecen analizados en la obra
mencionada, Arregui sostuvo que: “La finalidad es probar como esa
generación fue instrumento del imperialismo que se valió de ella para
reforzar la conciencia falsa de lo propio y desarmar las fuerzas
espirituales defensivas que luchan por la liberación nacional en los
países dependientes colocados en el cruce de la crisis horizontal y
vertical del capitalismo como sistema mundial” .
Arregui interpela y pone en debate el conjunto de instituciones que
estructuran la cultura del país a la luz del problema de la nación
atendiendo que “La conciencia nacional es la lucha del pueblo
argentino por su liberación” . La noción de “conciencia nacional”
supone la capacidad política de una comunidad para implementar las
soluciones a sus desafíos históricos y alcanzar la emancipación de las
organizaciones libres del pueblo. Como se observa en el planteo de
Arregui, los individuos productores de cultura en su actividad
intelectual acompañan o retardan la formación de la conciencia
nacional y la organización política del pueblo para liberarse de la
opresión neocolonial. Arregui menciona que el proceso de conformación
de la conciencia nacional se organiza a partir de instituciones como
los partidos políticos, la iglesia, las fuerzas armadas, la prensa o
las universidades. Dicha perspectiva de análisis cultural y como
desarrollamos más adelante, va a ser aplicada al examen de los
orígenes y las funciones de la sociología argentina.
La “conciencia nacional” en la definición del autor aparece como
resultado de un proceso histórico de avances y retrocesos políticos,
sociales, económicos y culturales, que transcurren de manera
conflictiva y contradictoria. En dicho proceso de conformación de una
identidad cultural capaz de garantizar la independencia política y
social del país, coexisten diversas corrientes históricas e
ideológicas, incluyendo tradiciones culturales disímiles como el
nacionalismo religioso o secular y las ideas de izquierda . Hernández
Arregui distinguió en el universo de ideas y tradiciones dentro de la
“izquierda” a dos agrupaciones diferenciadas. Por un lado, a la
corriente que podemos llamar europeísta; y por otro, a la que denominó
izquierda nacional que en sus palabras: “concilia el marxismo con la
realidad del país” (…) por izquierda nacional, en un país dependiente,
debe entenderse en sentido lato, la teoría general aplicada a un caso
nacional concreto, que analiza a la luz del marxismo, en tanto método
de interpretación de la realidad, y teniendo en cuenta, en primer
término, las peculiaridades y el desarrollo de cada país, la economía,
la historia y la cultura en sus contenidos nacionales defensivos y
revolucionarios, y coordina tal análisis teórico con la lucha práctica
de las masas contra el imperialismo, en el triple plano nacional,
latinoamericano y mundial, y en este orden. La izquierda europeísta la
identificó en el Partido Socialista o el Partido Comunista. En este
marco, Arregui mencionó a intelectuales y políticos como Juan B. Justo
o Américo Ghioldi a los que vinculó ideológicamente a las acciones de
divulgación de la historia oficial de Bartolomé Mitre y de las tesis
de civilización y barbarie de Domingo Faustino Sarmiento. En el
terreno político, el autor remarcó críticamente los enfrentamientos
desarrollados por ambos partidos contra las figuras populares como
Hipólito Yrigoyen o Juan Perón y mencionó su tendencia a promover el
libre cambio en la economía que obstruyó la industria argentina. Por
último, y cuestión central que los diferencia de la izquierda
nacional, Arregui reveló su incapacidad para denunciar la acción
imperialista en el continente.
Sobre el nacionalismo Arregui tiene una posición crítica centrada en
la incapacidad de dicha corriente intelectual de acercar sus
posiciones de defensa del patrimonio nacional a las luchas populares.
En varios casos Arregui mencionó que su práctica incluyó acciones y
manifestaciones públicas en contra de los programas de gobierno de
contenido popular. Asimismo, el autor les reconoce cuestiones
positivas en la medida en que: “El merito cierto del nacionalismo
argentino y su verdadero aporte a la formación de la conciencia
nacional ha sido su labor historiográfica que, despecho de su
ideologismo, ha liquidado, a través del examen crítico de las fuentes,
la colación de textos, la exhumación de tradiciones orales y los
veneros autobiográficos poco conocidos u ocultos por la historiografía
liberal”. En este cuadro, Arregui reconoce que el nacionalismo
promovió una denuncia del imperialismo y una crítica al liberalismo
contribuyendo al cuestionamiento del proyecto neocolonial.
En relación a estas dos grandes corrientes de pensamiento Arregui
escribió a lo largo de su prolífera obra, una historia del desarrollo
de la cultura. En este cuadro, remarcó la importancia cumplida para la
formación de “conciencia nacional” de algunos intelectuales y
políticos de diversa ideología o de diferentes campos de acción. Entre
ellas, mencionó particularmente a figuras como Carlos Astrada ,
Rodolfo Mondolfo , José María Rosa o Abelardo Ramos en el campo
historiográfico. El autor reconoció que en el campo literario
individuos como Leopoldo Lugones , Manuel Gálvez o Roberto Arlt , han
tenido la capacidad de encarnar y transmitir valores nacionales. En su
reconstrucción de la historia cultural del país, Arregui planteó que
el grupo Fuerza de Orientación de la Joven Argentina (FORJA) y en
especial Raúl Scalabrini Ortiz , expresaron lucidamente los conceptos
nacionalistas . Es interesante ver como FORJA, en la opinión de
Hernández Arregui, sintetiza en varios aspectos la contracara de la
sociología argentina. Según el autor, dicho movimiento representó un
retorno a las ideas federalistas y nacionalistas de Yrigoyen, una
vuelta a las ideas originales de la reforma de 1918, la formulación de
un pensamiento argentino no europeizado y una defensa de la revolución
latinoamericana y antiimperialista .
Contrariando a sus opiniones sobre FORJA, el autor estableció que la
sociología argentina, en particular aquella ligada a la intervención
de la UBA pactada con Eugenio Aramburu en 1956, asumió una función
poco auspiciosa para la cultura nacional apuntalando los gobiernos
golpistas y oligárquicos al mismo tiempo que introducía una acción
extranjerizante de la cultura. En opinión del autor, una de las
falencias más graves de Gino Germani y la sociología de la UBA, eran
su escasa referencia a la historia argentina y del continente la hora
de interpretar la realidad del país.

Ciencias sociales y peronismo.
“Son funciones de las universidades de las cuales no podrán apartarse
(…) Afirmar y desarrollar una conciencia nacional histórica,
orientando hacia esa finalidad la tarea de profesores y alumnos; (…)
El profesor Titular.... No podrá defender intereses que estén en
pugna, competencia o colisión con los de la Nación, provincias o
municipios, salvo los casos de defensa de intereses personales del
profesor, su cónyuge, ascendientes o descendientes, siendo pasibles,
si lo hicieren, de suspensión, cesantía o exoneración”. Ley
Universitaria 13.031 de 1947.

Arregui acompañó al gobierno peronista y durante la década que culminó
con el golpe militar en 1955, desarrolló algunas funciones en la
universidad y en la radio del Estado. Dicho contexto político, pese a
que Arregui fue protagonista de conflictos entre corrientes
ideológicas internas del mismo gobierno, fue un ámbito de debate y de
proliferación de la cultura en el cual Arregui consolidó muchos de sus
puntos de vista fundamentales, que quedarían redactados en su primer
libro Imperialismo y Cultura.
Hay dos cuestiones centrales que dieron contenido a la cultura del
peronismo y debieron influenciar en Hernández Arregui. Primero y
principal, hay que remarcar que la revolución social, económica y
política antiimperialista que implementó el gobierno implicó un
cuestionamiento de los valores tradicionales de las élites y permitió
la consolidación de nuevos marcos para la cultura y las formaciones
ideológicas del país en todos los campos . Asimismo y como segunda
cuestión, la etapa del primer peronismo implementó una gestión
cultural centrada en la democratización del acceso y la promoción del
arte y la cultura nacional. Medidas como la declaración de la
gratuidad universitaria sancionada en noviembre de 1949, la promoción
y defensa del cine argentino , la publicación masiva de libros, la
promoción del teatro popular, la creación de la televisión, la
promoción del turismo social, la masificación del acceso a la
radiodifusión y la organización de nuevos marcos normativos o la
inmensa inversión en infraestructura educacional , fueron elementos
importantes del proyecto cultural. El mejoramiento de las condiciones
de vida de los trabajadores implicó la posibilidad objetiva para el
esparcimiento popular. La década de gobierno favoreció la elevación
del nivel cultural y de debate de las organizaciones libres del pueblo
y masificó muchas producciones artísticas y sociales a través del
apuntalamiento del apoyo oficial. El contenido antiimperialista del
discurso y de los actos de gobierno ofició como un profundo disparador
para la aparición y divulgación de nuevas teorías e ideologías para
interpretar la realidad argentina. Dicho contexto de reverdecimiento
de los debates políticos y culturales fue un marco propicio para la
transformación de la conciencia política de los trabajadores e influyó
profundamente sobre los ámbitos de producción de los intelectuales
como Hernández Arregui.
En dicha década, pese a su brevedad en relación a la historia del
campo intelectual argentino, se produjeron importantes avances en
disciplinas como la filosofía o la sociología, de cara a las
posteriores transformaciones durante los años sesenta. En este
contexto, el pensamiento argentino ocupó un lugar central en las
políticas de estado que le brindó un fuerte apoyo institucional y por
ejemplo, el Congreso Nacional de Filosofía que se realizó en Mendoza
el 30 de marzo del año 1949 incluyó la participación, discurso de por
medio, del presidente de la nación Juan Domingo Perón. Una figura
prominente del Congreso, que fue Director del Instituto de Filosofía
de la UBA, fue el pensador argentino Carlos Astrada, al cuál Arregui
menciona en varias oportunidades en su obra. En el Congreso de Mendoza
existió una mesa sobre Filosofía de la Historia, la cultura y la
sociología. La participación extranjera y las intervenciones de los
pensadores argentinos , dieron envergadura internacional a nuestro
incipiente campo de reflexión filosófica que en su historia posterior,
no conocería jamás el apoyo oficial como el otorgado en 1949. De dicho
período Arregui rescató particularmente la influencia de Rodolfo
Mondolfo. Este último fue docente de la Universidad Nacional de
Córdoba e impulsor de los estudios de marxismo en Hernández Arregui.
La sociología argentina del periodo peronista se relacionó
estrechamente a las figuras de Alfredo Poviña y Rodolfo Tercera de
Franco que fueron presidente y vice respectivamente de la Asociación
Latinoamericana de Sociología (ALAS). La institución se fundó en el
año 1950 y cumplió un rol importante para la futura
institucionalización de la disciplina en el país y el continente.
Ambos intelectuales además, desarrollaron funciones en el Instituto de
Sociología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Poviña fue
Director del Instituto de Sociología y acompañó la organización en el
país del Primer Congreso Latinoamericano de Sociología en septiembre
del año 1951 . El italiano Gino Germani, quien fue fundador de la
Carrera de Sociología en la UBA, y pese a sus diferencias públicas con
el peronismo, escribió en el Boletín del Instituto de Sociología
durante estos años . Analizando las ponencias del Congreso del año
1951 y atendiendo los debates y elaboraciones de las ciencias sociales
y humanas, se puede aseverar que fue un período importante en la
producción de la sociología y de las ciencias humanas argentinas y sin
dichos avances difícilmente se pueda comprender el campo intelectual
de las décadas del sesenta y setenta.
La década del sesenta fue trascendente para la formación educativa de
Hernández Arregui y también reforzó muchas de sus opiniones políticas
que conservó a lo largo de su vida. El ascenso del peronismo implicó
un marco para analizar la sociología argentina y en especial, aquella
surgida en el año 1956.




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