[R-P] El discurso enterito de CFK en la Asamblea Nacional de Caracas
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Abr 20 08:51:07 MDT 2010
[Solo un ciego puede omitir la influencia poderosa de la IN sobre esta
concepción estratégica. Desde el principio hasta el final, desde la
vinculación de la lucha de Emancipación con las ideas más avanzadas de
su tiempo hasta su estrecha unidad con la lucha por la más profunda
transformación social, desde la comprensión de la relación entre
Ejército y masas populares hasta la reivindicación del jacobinismo
revolucionario, todo lleva la impronta de la IN. Son elementos
identitarios básicos, que hasta Cristina, quien solo está influida por
la IN, mantiene en alto...]
Gentileza de Carlos Ojeda
Palabras de la Presidenta de la Nación Asamblea Nacional de Rep
Bolivariana de Venezuela.
lunes, 19 de abril de 2010
PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACION CRISTINA FERNÀNDEZ ANTE LA
SESION SOLEMNE DE LA ASAMBLEA NACIONAL DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE
VENEZUELA, CON MOTIVO DE LOS ACTOS POR EL BICENTENARIO DE LA
INDEPENDENCIA DE ESA NACIÒN.
Señora Presidenta de la Asamblea Nacional; señores Diputados y
Diputadas de la Asamblea Nacional; señor Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela; señores Jefes de Estado presentes; señores
primeros ministros; movimientos sociales; comitivas que acompañan de
distintos lugares de Latinoamérica y del mundo: quiero, en primer
lugar, agradecer este increíble e inmerecido honor de hablar ante la
Asamblea Nacional de la bolivariana República de Venezuela, en su
Bicentenario. Faltan pocos días también para el 25 de mayo de 1810:
nuestro Bicentenario, que esperamos Comandante Chávez y a todos los
que están aquí nos acompañen, tambièn, en Buenos Aires. (APLAUSOS).
Escuchaba atentamente a Cilia cuando leía la decisión de esta Asamblea
que era conmemorar el Bicentenario de Venezuela, conmemorar el 19 de
abril. ¿Qué significa conmemorar? Viene de memoria y además de
festejos, de festejos de la memoria.
Hugo, cuando estaba por entrar aquí, me sugería - no puede con su
genio - que empezara mi discurso desde el Descubrimiento de América y
yo le dije que eso podía ser para él y sus interminables discursos,
pero que yo iba a empezar desde 1810. (RISAS Y APLAUSOS).
Y escuchaba también atentamente al historiador que me precedió en el
uso de la palabra y que reivindicaba las gestas libertarias de la
América del Sur diciendo que no era cierto que hubieran sido solamente
una planificación o una idea del liberalismo imperante en Europa. Yo
me voy a permitir- fiel a mi espíritu de legisladora, o ex
legisladora, ahora Presidenta y también un poco polemista, por qué no
- decir que creo que las acciones de la historia, las acciones de los
hombres son una profunda interacción y una relación también dialéctica
de intercambio permanente entre los unos y los otros. Por supuesto,
que las ideas de Belgrano, de Moreno, de Bernardo de Monteagudo, de
Castelli, los ideólogos, los jacobinos de aquel 25 de mayo de 1810, o
las de Francisco de Miranda eran ideas que tenían que ver con la
libertad de nuestros pueblos ante el insoportable coloniaje a los que
nos sometía España, la explotación que de estas tierras, de sus gente
hacía España y también de la nueva generación de criollos que habían
nacido de españoles, pero que ya sentían estás tierras como propias,
junto a los pueblos originarios, junto a los mestizos.
Pero no podemos tampoco ignorar que el mundo que estaba allí, que las
ideas de Voltaire, de Diderot, de Montesquieu había hecho nido en la
cabeza de estos hombres. No para copiarlas, sino para utilizarlas como
un instrumento que sirviera a sus pueblos, que de eso se tratan las
ideas: instrumentos que sirvan para la liberación de los pueblos y
para la construcción de sociedades más justas y más equitativas. Si
las ideas no pueden exhibir esos resultados sólo quedan en ideologías,
cuando pueden exhibir esos resultados se transforman en política y
adquieren toda la verdadera dimensión que tienen que tener las grandes
batallas culturales, que son precisamente las de transformar la
historia.
Y ese 1810 tenía una América que bullía en todas partes, que había
también conocido fuertes levantamientos de los pueblos originarios; en
el Alto Perú la figura de Túpac Amaru descuartizada; en el Perú es el
símbolo de que la idea de libertad e igualdad no tiene nacionalidad,
son valores universales. (APLAUSOS), que han atravesado la historia,
no desde 1810, desde mucho antes, porque son valores que hacen a la
condición humana, la libertad para decidir sobre la propia vida. Pero
no solamente la libertad para decidir sobre la propia vida, sino para
tener una vida igual o mejor de la que tengo y por lo tanto una
libertad para sostener la igualdad.
Por eso digo que en realidad nada nuevo se ha inventado cuando
hablamos de libertad e igualdad. Esos hombres y esas mujeres, la Juana
Azurduy que hace poco entregué al Presidente Morales su sable de
Generala, la hicimos Generala en la República Argentina (APLAUSOS).
Esos hombres y esas mujeres interpretaron, entonces, valores
universales que vienen desde el fondo de los tiempos y que es la
necesidad de la autodeterminación de los pueblos y de que cada
sociedad pueda construir su historia, su presente y su futuro.
¿Y cómo nos fue en ese primer centenario, que culmina en 1910? Y por
eso también la interacción a lo que yo hablo, a lo que había pasado en
el mundo, aquí en la América del Sur los libertadores, los fundadores
en su gran mayoría terminaron exiliados, olvidados, aunque también
perseguidos. El primer centenario en 1910, nos encuentra a los
argentinos - y voy a hablar de la experiencia nuestra- en un
centenario muy diferente al que vamos a celebrar ahora. Era un
centenario donde, como en casi toda la región, se habían consolidado
repúblicas en un modelo de división internacional del trabajo, donde
nosotros proveíamos materias primas que eran industrializadas y
generaban riqueza y valor muy lejos de estas tierras.
Y los hombres que habían hecho 1810 pensaban exactamente lo contrario.
Cuando uno conoce el pensamiento económico de Manuel Belgrano, de
Mariano Moreno hablan de la necesidad, precisamente, de generar
riquezas en nuestros propios países. Podríamos decir que a lo largo de
este primer centenario las ideas de esos fundadores y las ideas de
esos libertadores habían quedado muy alejadas de las prácticas
políticas concretas de nuestras sociedades y fundamentalmente de
quienes tenían la responsabilidad institucional de conducir los
países.
Este segundo centenario nos encuentra también en un mundo
absolutamente diferente. Si el del siglo pasado lo dividieron la
contradicción este-oeste, que impuso en nuestra región la feroz
Doctrina de la Seguridad Nacional, que sufrimos en muchos de nuestros
países y que significó también la desaparición de generaciones enteras
y fundamentalmente en retraso económico más formidable del que se
tenga memoria, debemos decir que este Bicentenario encuentra a los
pueblos de la América del Sur en una nueva etapa de transformación y
en lo que yo denomino una segunda independencia. (APLAUSOS).
¿Por qué segunda independencia? Y ahí sí voy a coincidir absolutamente
con quien me precedió en el uso de la palabra, es necesario ante un
mundo que se ha vuelto a derrumbar en valores como los del libre
comercio, que en realidad el Estado debía desaparecer, que el mercado
todo lo decidía y todo lo resolvía, valores que se derrumbaron
estrepitosamente nos encuentra a todos nosotros - hombres y mujeres de
la América del Sur - ante no solamente la responsabilidad histórica de
conducir y dirigir por voluntad democrática nuestras sociedades, los
Estados que nos toca gobernar, sino también la de atrevernos como se
atrevieron aquellos hombres a formular categorías de pensamientos que
nos sean propias, códigos, ideas que sean elaboradas por nosotros
mismos, en materia económica, en materia política, en materia de
interpretar la historia y fundamentalmente en algo que propiciaron
aquellos hombres de 1810, y que fue lograr la unidad latinoamericana
con un objetivo fundante para la liberación de nuestros pueblos.
(APLAUSOS).
Crear la América del Sur, crear la unidad de nuestra región,
Latinoamérica y el Caribe no debe llevarnos a pensar que todos debemos
ser iguales, porque creo que allí está el secreto precisamente que
hemos logrado reconstruir y recrear en estos tiempos de la América del
Sur: aceptar nuestras diversidades, nuestros diferentes procesos
históricos, nuestras diferentes identidades.
Yo pertenezco a un partido político, a un movimiento político que hizo
punta en 1945, cuando el mundo se dividía entre este y oeste, en crear
lo que fue la tercera posición, un principio absolutamente
latinoamericano, donde no nos planteábamos como parte ni de un mundo
ni del otro, sino que recreábamos -desde nuestra propia historia,
nuestra propia identidad, nuestras propias necesidades - una forma de
gestión, una forma de ver el mundo, una forma de conducirnos y una
forma también de relacionarnos con el mundo.
El mundo ha cambiado profundamente, en estos últimos 20 ó 30 años, ha
cambiado más que en los últimos 200 años todos juntos. Esto nos obliga
a nuevos desafíos y a nuevas interpretaciones. Yo se que es difícil en
proceso históricos de mucha fuerza poder abstraerse por un minuto y
poder mirar el mundo desde la perspectiva diferente que se está
gestando. Se está gestando un nuevo orden internacional, más allá
inclusive de sus propios protagonistas.
Interpretar esto, pivotear sobre esto y usarlo en el buen sentido de
la palabra en beneficio de la construcción de nuestro proceso
histórico en la América del Sur, debe estar en la inteligencia de
todos nosotros, como estuvo en la inteligencia de esos hombres y de
esas mujeres de 1810, de codificar aquel mundo, reinterpretarlo y
aplicarlo a su propia realidad para, desde allí, pivotear y efectuar
la transformación que aún está pendiente.
Menos pendiente que antes, cierto es, porque, en realidad, ese
Consenso de Washington que dominó toda la América del Sur, fue lo que,
precisamente, generó la reacción que vino después. Y que puso
precisamente en marcha numerosos procesos en nuestra América del Sur
donde la noción de libertad se asoció a la de igualdad una vez más
como en 1810.
Porque, tal vez, estos dos valores, libertad e igualdad, expresan como
pocos lo que sentimos aquí los hombres y mujeres en la América del
Sur. Una sociedad más equitativa, más igualitaria, donde sabemos que
no todos son iguales, pero sí queremos darles igualdad de
oportunidades a todos los que han nacido. (APLAUSOS) No puede ser que
el solo hecho de nacer en un hogar pobre condene a nuestros niños o a
nuestras niñas a cancelar toda posibilidad de futuro.
Por eso hablaba de ese movimiento político que empezó en el '45 y del
cual yo he sido una militante toda mi vida. Yo le digo "peronismo",
algunos le dicen "justicialismo". A mí me gusta decirle "peronismo".
(APLAUSOS)
Fue un movimiento político que hizo de la movilidad social ascendente
su eje fundamental y que permitió que los hijos de los obreros
pudieran llegar a la universidad y que, aún, el hijo o la hija de
trabajadores pudieran llegar a ser presidentes de la república por el
voto popular y democrático de sus pueblos. (APLAUSOS)
Yo no sé si será esta realidad de hoy exactamente la que soñaron San
Martín, Bolívar, Belgrano, Moreno, Monteagudo, Sucre, Juana Azurduy,
pero estoy segura que se le parece bastante más que la que teníamos
hace quince años en nuestra región y en nuestro continente. De eso
estoy absolutamente convencida. (APLAUSOS)
Esto significa, entonces, que hemos dado también un gran paso, un gran avance.
Este siglo XXI debe plantearnos a nosotros, hombres y mujeres de la
América del Sur, y lo he charlado con el presidente Chávez y con otros
compañeros presidentes de la región en muchísimas oportunidades, que
el mundo que viene o que ya está, para ser más precisos, va a ser un
mundo ambivalente, un mundo de grandes adelantos científicos y
tecnológicos pero, al mismo tiempo, un mundo cruzado por
contradicciones que no van a ser las del siglo XX, del más puro
racionalismo, porque aún cuando el enfrentamiento entre Oeste-Este era
muy ideológico, era un enfrentamiento del mundo moderno, era un
enfrentamiento del mundo racional.
Hoy estamos ante otros desafíos, ante otros dilemas más insolubles,
pero también estamos ante una oportunidad aquí en nuestra América del
Sur, una región libre de conflictos o enfrentamientos raciales o
religiosos, al contrario, una región rica y respetuosa de la
diversidad y de la pluralidad como pocos que, al mismo tiempo, cuenta
con riquezas, con recursos naturales inconmensurables, que deberemos
prepararnos también para agregarles valor también, por qué no, para
defenderlos. Porque ahí está, en mi país, una plataforma que vino
navegando 14.000 kilómetros para sacar petróleo de nuestras Islas
Malvinas.
Ese espejo, es un espejo en el cual debemos mirarnos todos los hombres
y mujeres de los distintos países y saber que la batalla por los
recursos naturales, la batalla por el agua, la batalla por la defensa
de nuestros recursos, tal vez, sea una de las claves que debamos
entender en el siglo XXI. (APLAUSOS)
Por eso también quiero agradecer aquí y ahora la solidaridad de la
República Bolivariana de Venezuela, de todos los países de la región
-y cuando digo todos, son todos- el apoyo permanente en lo que es, no
una causa de la Argentina, ni siquiera una causa regional: desterrar
enclaves coloniales como el que tiene el Reino Unido en el sur del
continente que es, por sobre todas las cosas, una obligación
universal. (APLAUSOS PROLONGADOS)
Allí en Malvinas, a la que nosotros denominamos "causa universal".
¿Por qué? Porque una de las cosas que deberemos discutir y debatir los
países de la América del Sur en todos los foros, los que estamos
reunidos aquí, en todos los foros, en Naciones Unidas, en todos los
espacios institucionales y no institucionales, es fundamental que se
termine el doble estándar en el mundo, en donde los poderosos pueden
violar las disposiciones de Naciones Unidas o de la Organización de
Estados Americanos y solamente estamos obligados a respetarlas los que
somos más débiles o no tenemos la fuerza necesaria para que se nos
respeten nuestros derechos. (APLAUSOS PROLONGADOS)
Se tiene que terminar el doble estándar internacional en materia de
respeto a las normas vigentes. Si todos somos signatarios de la Carta
de San Francisco, si todos somos miembros de las Naciones Unidas, ¿por
qué algunos respetan sus disposiciones y otros las violan una y otra
vez en forma sistemática? (APLAUSOS)
Yo quiero en este nuevo escenario internacional, ejercer el
multilateralismo en serio en todos los ámbitos y en todos los frentes.
Es la garantía de volver a ser una sociedad de justicia, una sociedad
de derecho en términos universales.
Tenemos que lograr, finalmente, que los derechos de todos sean
respetados. (APLAUSOS) Y, fundamentalmente, defender aquí en la
América del Sur, el concepto de paz y de respeto a la voluntad
democrática de cada pueblo expresada libremente. (APLAUSOS)
El respeto a la soberanía popular es para nosotros una cuestión que
está en nuestro ADN. Fuimos un partido proscrito, perseguido, en donde
se prohibió en mi país mencionar el nombre de sus fundadores o cantar
la marcha que nos distingue.
Esto no pasó hace cuatro siglos con los españoles; esto pasó hace
mucho menos tiempo, fue durante el siglo XX.
Por eso digo que una de las claves que debemos entender aquí, la hemos
entendido y así lo hicimos, cuando acudimos a ayudar a la hermana
República de Bolivia, su Presidente elegido democráticamente, Evo
Morales (APLAUSOS), cuando presidentes y presidentas de la UNASUR nos
reunimos allí, en La Moneda. Fíjense que curioso: un organismo como la
UNASUR, que no está institucionaliza en términos de acuerdos o
tratados como tienen otros tipos de organizaciones, pudo lograr lo que
otros no pudieron en etapas más recientes en Centroamérica. Y fue,
precisamente, impedir la violación de la voluntad popular que quería,
precisamente, destituir al Presidente Evo Morales.
Lo tomo como ejemplo, pero como ejemplo de lo que podemos hacer,
fundamentalmente, cuando unimos nuestros esfuerzos y nuestras
inteligencias que, ¡ojo!, no significa quién grita más fuerte, sino
quién puede con mayor inteligencia unir esfuerzos y lograr resultados,
que de eso se trata esencialmente la política. (APLAUSOS)
Por eso, y no quiero extenderme demasiado porque si no voy a batir
algunos récords que creo que le pertenecen y le van a seguir
perteneciendo al comandante Chávez o a Fidel también, es cierto, no sé
si han ganado alguno vos, me parece todavía, habría que cronometrar
tal vez y ver, quiero decirles algo.
Hoy cuando asistimos a este maravilloso desfile que tuvo lugar para
conmemorar el Bicentenario de Venezuela, yo sé, Hugo, bueno, que tú
eres un militar y como a todos los militares les encantan los aviones,
los tanques y esas cosas, es una cosa que ya viene en el ADN de cada
uno, pero yo quiere decirle algo, presidente Chávez: la parte del
desfile que más me gustó fue la última, la del caballo blanco, con
toda la caballería, como debió de haber sido en 1810, cuando dijeron:
"¡A la carga!" y corrieron frente a nosotros. Así deben de haber hecho
en Ayacucho, así debe haber sido Carabobo, así debe haber sido Maipú,
así debe de haber sido la batalla del Norte, así deben haber sido
todas las batallas que fueron construyendo la independencia.
(APLAUSOS)
Yo creo que no fue solamente una cuestión militar. Lo militar siempre
implica la noción de fuerza. Yo creo que el gran poder estuvo en las
ideas, en esa cultura por la libertad que es capaz de hacer que un
pueblo haga los sacrificios más extremos con tal de obtener su
liberación.
Me acuerdo del éxodo jujeño. Cuando Manuel Belgrano mandó quemar todas
las casas para que los realistas cuando pasaran no encontraran nada,
ni hacienda, ni casas, ni pasturas y no fueron sus soldados los que
quemaron todos, fue el pueblo jujeño que quemó sus propiedades y
acompañó, junto al ejército de Belgrano, en la tarea liberadora.
Hace poco, el día viernes, estuvo visitándonos en la República
Argentina el Primer Ministro de la República Socialista de Vietnam.
Nosotros cumplimos 200 años y él me decía que Hanoi cumple este año
1.000 años, mil años. Mil años en los que pasaron las principales
potencias del mundo ocupando su territorio. La última, la más
importante de la última centuria.
Y fíjense ustedes, con mucho poderío militar, en Vietnam se tiraron el
doble de bombas que durante toda la Segunda Guerra Mundial y, sin
embargo, ese pequeño gran pueblo, pudo vencer durante siglos a
santísimas ocupaciones. (APLAUSOS)
Y conversando con él, porque claro, cuando sucedía Vietnam yo era una
estudiante, era muy joven, pero era un icono, como era también la
Revolución Cubana, un icono de nuestras juventudes. Entonces así
charlando con él en un momento hablaba de la ofensiva de allá del año
Tet, del '68, y entonces él me dice: "Mire, esta herida -y me muestra
una pequeña cicatriz, porque fue un combatiente de los 12 años- me la
hicieron durante la ofensiva del año Tet". Y yo pensaba: pensar que
nosotros a nuestros libertadores los miramos desde una estatua o desde
un cuadro; ellos los siguen mirando, los están gobernando y los pueden
ver todavía recorriendo las calles.
Pero lo importante, y me parece que es lo que une toda la historia
completa aquí y en el mundo, es que no hay poderío militar, no hay
poderío económico que pueda con la decisión de un pueblo cuando este
decide liberarse. (APLAUSOS)
Y yo creo, para terminar, que este es el mensaje que nos dan esos
hombres y esas mujeres que enfrentaron al ejército más poderos en
aquel momento, en 1810, el mensaje es que lo que define la libertad de
los pueblos, la construcción de nuestras sociedades, es el valor y el
coraje que tengan sus ciudadanos para defender los sagrados derechos
de la libertad y de la igualdad. (APLAUSOS)
En nombre de esos valores, vengo hoy aquí a saludar ante esa Asamblea
Nacional, legítimo lugar donde está representada la soberanía popular
de Venezuela, al coraje de sus hombres y mujeres, los del 19 de abril
de 1810 y los del 19 de abril de este 2010.
¡Gloria y honor a ambos!
Muchas gracias, ¡viva la patria!, ¡viva Venezuela!, ¡viva Argentina!,
¡viva el Bicentenario!
Gracias. (APLAUSOS)
Fuente: http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=7127&Itemid=66
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Cuando la Patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla.
José de San Martín
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Néstor Gorojovsky
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