[R-P] Cuentos chinos 4 - Mister £eland $tanford

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Sab Oct 31 19:28:46 MDT 2009


MISTER £ELAND $TANFORD

[Se llamaba Leland Stanford... pero su vida estaba signada por las libras y los dólares]


En 1882 se promulga el Acta de Exclusión China. La ley no sólo niega la ciudadanía a los trabajadores chinos; también les impide la entrada al país. Al año siguiente, al reducirse la fuerza laboral asiática, las empresas ferrocarrileras buscan fuentes alternativas de mano de obra barata y aumenta el reclutamiento de trabajadores mexicanos.

Posteriormente salen a relucir maniobras fraudulentas por parte de los empresarios ferrocarrileros y las empresas constructoras. Una comisión del Congreso descubre que la Union Pacific declara gastos por más de 93 millones de dólares, cuando en realidad ha invertido menos de 50 millones. En el caso de la Central Pacific, la estafa es mayor: cobra cerca de 120 millones de dólares cuando lo cierto es que ha desembolsado 50 millones.

También se descubre que el póker de ases compuesto por Crocker, Stanford, Huntington y Hopkins, además de “inflar” sus gastos y realizar continuas estafas al gobierno, también repartió sobornos, falsificó mapas y exageró mediciones. Sin embargo, no sucede nada. Más tarde, la Central Pacific se fusiona con el Western Pacific y nace un emporio ferrocarrilero aún más poderoso: el Southern Pacific Railroad. En ningún lado está escrito que los pioneros de una gran nación deben ser ejemplo de ética y honor. En todo caso, la leyenda se encargará de maquillar a los personajes.

Desde The San Francisco Examiner, William Randolph Hearst inicia una implacable campaña contra los cuatro turbios magnates. Uno de sus más brillantes columnistas, el escritor Ambrose Bierce (1842-1914), escribe el nombre de uno de los socios de la siguiente forma: £eland $tanford.

En 1884, Stanford lava su conciencia destinando parte de su capital para la fundación de una universidad. Nacido en 1824 cerca de Nueva York, era el quinto de ocho hermanos. Estudia leyes y monta un estudio de abogados en Wisconsin, que es destruido por un misterioso incendio. Durante la “fiebre del oro”, junto con sus hermanos, abre un local comercial en California: vende tiendas de campaña, faroles, botas, mantas de abrigo, alimentos en conserva, café, azúcar. El hombre progresa: en 1876 compra tierras en la península de San Francisco, establece una finca en Palo Alto y cría caballos de trote. Luego de la construcción del ferrocarril –y a pesar de que las maniobras fraudulentas ya eran públicas– progresa aún más e incursiona en la política: en 1885 resulta electo senador por “el estado dorado”.

Un año antes había fallecido su único hijo, Leland junior, de 15 años. La leyenda labrada por la propia familia relata que fue entonces cuando Stanford le dijo a su esposa: “Jane, los niños de California serán nuestros niños”. Y ambos deciden destinar parte de su riqueza para fundar la Leland Stanford Junior University, hoy conocida simplemente como Stanford y considerada entre las diez mejores de Estados Unidos.

La publicidad oficial destaca que, desde su creación, la Universidad de Stanford es mixta en una época en que la mayoría de las universidades privadas sólo aceptan estudiantes varones, y no es confesional, mientras casi todas se identifican con alguna corriente religiosa. La propaganda asegura, además, que la institución forma estudiantes “útiles y cultos”, mientras las demás sólo producen estudiantes “útiles”.

Los chinos, desde luego, no tienen tanta suerte en “la tierra de las oportunidades” ni se benefician con la magnanimidad de Leland Stanford. Las medidas restrictivas para limitar el ingreso de asiáticos a Estados Unidos se incrementan y endurecen. 

En 1904 se crea la primera Patrulla Fronteriza estadounidense para frenar a los asiáticos que se internan en Estados Unidos a través de México. Un año más tarde, una coalición de sindicatos californianos forma la Liga de Exclusión Japonesa y Coreana para oponerse al trabajo de los coolies. Esta organización recuerda al Partido “Los ignorantes” (“Know-nothing” Party), un grupo anti inmigrante surgido en el este del país en 1855, que hace honor a su nombre: califica a los irlandeses como “corruptos, sucios, degenerados, inferiores e indeseables”.
 
La Liga de Exclusión Japonesa y Coreana destaca entre sus principios: “Las razas blanca y asiática son inasimilables. El contacto entre esas dos razas resulta necesariamente en perjuicio de la primera. […] La preservación de la raza blanca sobre el suelo norteamericano, particularmente el de la costa occidental, requiere de la adopción de toda clase de medidas tendientes a prevenir o minimizar la inmigración de asiáticos a Estados Unidos. […] Hemos formado la Liga para la Exclusión Asiática con la finalidad de que el pueblo de Norteamérica se preserve para el pueblo norteamericano de la presente y las futuras generaciones, para que ellos puedan lograr los niveles morales y nacionalistas más altos posibles”.

A pesar de todo, la tenacidad es otra de las características de los chinos. Al concluir la fiebre del oro y la construcción de los ferrocarriles, buscan otras labores para subsistir. En general, se inclinan hacia los oficios de cocinero, zapatero, labriego y hojalatero. Algunos casi llegan monopolizar las industrias del tabaco, el calzado y las escobas. Muchos se emplean en tareas domésticas; unos cuantos son sirvientes en lejanos destacamentos del ejército.

El capitán Charles King (1844-1933), autor de varias novelas, cuentos y artículos sobre la vida de la milicia, escribe: “Un chino educado realizaba fácil y eficientemente el quehacer del humilde cuartel de un teniente y estaba generalmente empleado en eso en casi todas las guarniciones del Lejano Oeste”. El militar comenta que las esposas de oficiales que tenían sirvientes chinos confiaban totalmente en ellos. Y cita el testimonio de una señora que perdió a su cocinero después de la Ley de Exclusión: “Extrañaré los bellos abrigos de seda en la casa y su andar ligero y silencioso. No comprendo por qué no son empleados más esos chinos, porque son unos sirvientes excepcionales. Son maravillosamente económicos y pueden hacer el trabajo de dos sirvientas”.




  Roberto Bardini
http://bambupress.wordpress.com/   


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