[R-P] [Enrique Lacolla] La persistencia de la razón
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Oct 31 09:10:08 MDT 2009
[Importante artículo, que toca asuntos que hemos venido discutiendo
asidua y profundamente en este medio de prensa electrónico.]
*La persistencia de la razón *
/Por Enrique Lacolla/
/A pesar del caos impuesto por la pretensión de hegemonizar el planeta
de parte de Estados Unidos, las resistencias se afirman en países que
no tienen la intención de atarse al Titanic del dólar. /
El mundo sigue moviéndose en torno de las coordenadas marcadas por el
intento globalizador que tiene a Estados Unidos como punta de lanza.
Sin embargo, más allá de los titulares que apuntan a la
intensificación de la guerra en Afganistán y su irradiación a los
países vecinos, y más allá también de la exacerbación de la violencia
en otros puntos del planeta, hay indicios bastante fuertes en el
sentido de que la corriente hegemónica está comenzando a encontrar
obstáculos más que considerables, basados no sólo en la protesta
fundamentalista sino también en políticas racionales que apuntan a
estructurar contramedidas de un carácter más deliberado. No es posible
saber en qué grado podrán fructificar esas tendencias en el futuro,
habida cuenta de la oposición que habrán de encontrar de parte de la
potencia o las potencias dominantes, pero son indicativas de la
persistencia de la razón en un ámbito global invadido, en los últimos
años, por la locura del “bushismo”, los /kamikazes/ y “la guerra
infinita”.
En América latina dos son los referentes que saltan a la vista. El
ALBA (Alternativa Bolivariana para los pueblos de América) es uno de
ellos. El otro es el surgimiento ya incontrastable de Brasil como
potencia global. Ambos hechos, a pesar de las diferencias de
naturaleza específica que separan los países del ALBA de los países
que conforman el MERCOSUR, son significativos de una propensión a
unificar esfuerzos con miras a obtener las posibilidades de un
desarrollo autónomo, capaz de desprenderse de la relación dependiente
en que los países de América latina se han encontrado respecto del
Primer Mundo.
La Cumbre de Cochabamba puso en evidencia que el presidente Hugo
Chávez ha logrado formar un núcleo limitado pero cohesionado de países
dispuestos a marchar en pos de reivindicaciones comunes. Bolivia,
Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Cuba y otros dos del Caribe, la
Mancomunidad Dominicana y Antigua y Barbuda (dos añadidos de lengua
inglesa y con poco peso específico) conforman esa agrupación. Lo más
original de la reunión fue la decisión de abandonar el dólar como
moneda de intercambio comercial entre los países socios y, en su
lugar, adoptar una moneda regional, el Sucre, que entrará en vigencia
el año próximo.
La cosa no debería tener gran importancia a escala global, si no fuera
porque es sintomática de una tendencia cada vez más marcada (aunque
mantenida en reserva por ahora) en el sentido de que otras economías y
otros países, provistos de un peso mucho mayor y de una significación
geoestratégica muy grande, estarían en camino de adoptar resoluciones
parecidas. De acuerdo a filtraciones reproducidas por Robert Fisk, el
más confiable de los periodistas británicos expertos en el Medio
Oriente, en meses recientes ha habido una serie de reuniones entre
representantes de los mayores países productores de petróleo,
incluidos Arabia Saudita y Rusia, con exponentes de los principales
países consumidores, entre los que se cuentan China y Japón. El
objetivo sería generar una canasta de divisas respaldadas por el oro e
integrada por una mezcla de monedas incluyendo al yen, al euro y al
yuan. Brasil se integraría al grupo tanto en calidad de país productor
como consumidor.
Si esto se verifica estaríamos contemplando una ruptura de la primacía
del dólar papel como moneda de reserva mundial, lo que acabaría con la
habilidad de Wall Street y de la Bolsa de Londres para dominar y
controlar los mercados financieros mundiales, ya tambaleante en este
momento como consecuencia de la recesión desencadenada por la crisis
de los valores hipotecarios en Estados Unidos. Desde luego, un paso de
esta naturaleza -en algún momento indispensable si los grandes países
que han estado financiando el déficit estadounidense no quieren
hundirse con él- suscitaría una febrilidad tremenda en el núcleo del
poder mundial, que con mucha probabilidad reaccionaría contra esa
deriva con el principal y casi único elemento de superioridad que
todavía mantiene: su formidable panoplia militar. Como dicen los
chinos, los tiempos se pondrían malditamente interesantes.
Otro factor emergente que indica que los tiempos están cambiando es el
ascenso en apariencia imparable de Brasil. Lula ha manifestado que la
intención del Estado brasileño es promover el ascenso del país desde
el rango de séptima potencia económica mundial al nivel de la quinta
economía del globo en un lapso no superior a los diez años. El interés
que el mundo dispensa a Brasil -ostensible, entre otras cosas, por la
designación de Río como sede del Mundial de Fútbol en 2014 y de las
Olimpíadas en 2016- indica que el coloso brasileño se ha situado como
actor global y como líder regional. Claro que no todo son rosas: la
violencia urbana (que tanto asusta a los argentinos) en las metrópolis
brasileñas alcanza niveles inéditos, de los que da cuenta, por
ejemplo, del derribo de un helicóptero policial durante los combates
que continuamente se producen en las favelas entre los efectivos del
orden y las bandas de narcotraficantes.
Todo esto pone de manifiesto lo desparejo del crecimiento brasileño y
la existencia de grandes bolsones de pobreza tanto en las ciudades
como en el interior del país, pero el dato fundamental es que, por
primera vez, la clase media supera en número a los integrantes de la
clase baja, y que en Septiembre se crearon 250.000 nuevos puestos de
trabajo formales, consolidando una tendencia que lleva ya ocho meses
consecutivos. Este crecimiento interno tiene un correlato exterior.
Dentro de un cuadro de gran prudencia diplomática, Brasil está
empezando a desarrollar iniciativas exteriores que tienen el aire de
ser propias de una gran potencia. Como el alojamiento dado en su sede
diplomática en Tegucigalpa al presidente hondureño Gabriel Zelaya,
depuesto por un golpe militar inspirado por la CIA, y las advertencias
y el refuerzo de las Fuerzas Armadas con miras a contrabalancear la
presencia estadounidense en Colombia y la amenaza que esta puede
significar para la Amazonia.
¿Y por casa cómo andamos? Gran parte del espectro opositor sigue
trabajando como una gran máquina de impedir (no hay ley que le venga
bien, desde la ley de medios al fruncimiento de nariz que le provoca
el aumento de las asignaciones familiares) y, en el plano de las
determinaciones de carácter drástico que debería tomar el gobierno
para terminar con la hegemonía neoliberal, las cosas no terminan de
cuajar.
Ahora se ha comenzado a hablar, desde sectores vinculados a la pampa
sojera, de un eje Rosario-Córdoba que representaría el nuevo centro de
gravedad de la economía argentina, generador de una riqueza que se
opondría al polo de pobreza concentrado entre la Matanza y el
Riachuelo, en Buenos Aires. Esto no es sino la reafirmación descarada
del proyecto que tomó forma durante la rebelión campestre en torno de
la ley de retenciones. Tal eje no sería otra cosa que la renuncia a
cualquier proyecto industrialista para el país y su reemplazo por un
modelo agroexportador que nos devuelva a principios del siglo XX… en
las condiciones infinitamente más complicadas de principios del siglo
XXI. Es una afirmación tan mezquina y egoísta como suicida. Como
señala Federico Bernal en un notable artículo, en el que destaca esa
nueva articulación “teórica”, el país debe crecer en todas
direcciones, “siguiendo un eje bidireccional y de tipo triangular
entre Buenos Aires, La Quiaca y Ushuaia, sus tres vértices”. Esta es
una cabal representación de una geopolítica autocentrada y semejante a
la que aplica Brasil. En vez de esto, nuestros campestres de la Pampa
gringa y el conjunto de intereses que los patrocina -léase Sociedad
Rural y monopolios agroquímicos fusionados con empresas
transnacionales dedicadas a la explotación intensiva del campo-
quieren un país jibarizado y expuesto a una desertificación creciente.
Las comparaciones huelgan. En un mundo en vertiginoso cambio,
Argentina todavía no acompasa su paso y sigue de rehén de un sueño tan
mezquino como perimido.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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