[R-P] [Alberto J. Franzoia] ¿Por qué Ramos escribió dos historias sobre la unidad latinoamericana?

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Sab Oct 17 09:13:49 MDT 2009


¿Por qué Ramos escribió dos historias sobre la unidad latinoamericana?*

Por Alberto J. Franzoia



A fines de la década del cuarenta del siglo pasado, Jorge Abelardo
Ramos escribió  “América Latina: un país”.  Era un primer intento para
expresar sistemáticamente y con un fundamento histórico la que sería
una de las tesis centrales de la Izquierda Nacional, a saber: la
tierra conquistada y colonizada por los ibéricos se ha convertido a lo
largo de los siglos, y como producto de una fuerte fusión
étnica-cultural (más allá de la evidente destrucción, explotación y
pillaje), en el fundamento de una patria común (un único país), que
sólo recuperando y fortaleciendo su  unidad podrá liberarse de las
fuerzas que la oprimen impidiéndole desarrollar todas sus
potencialidades.  Pero, a su vez, lo hace desde una concepción
claramente marxista. En dicho texto da los primeros pasos a la hora de
abordar la unidad de la Patria Grande,  desde una perspectiva marxista
autocentrada, tomando distancia de la versión eurocéntrica
predominante hasta entonces.

En 1968, veinte años después de “América Latina: un país”,  Ramos
escribe su magnífica “Historia de la Nación Latinoamericana”, texto
que aborda nuevamente esa cuestión. Cabe preguntarse entonces por qué
razón trata el mismo tema en dos oportunidades. Y la respuesta se
encuentra en el comienzo mismo de esta segunda obra, en dos páginas
escritas en el mes de enero de aquel año, que llevan por título:
Advertencia. Allí el autor reconoce en su primera obra dos
limitaciones propias de la edad,  ya que al escribirla era apenas un
veinteañero.  Por un lado había  intentado la osadía de abordar
simultáneamente, en un breve trabajo,  la cuestión de la unidad
latinoamericana y las grandes incógnitas de la historia argentina:

“Se proponía  exponer e historiar la cuestión nacional latinoamericana
y descifrar al mismo tiempo los enigmas incontables de una historia
argentina petrificada”.

Por otro, sus conocimientos históricos no eran suficientes en ese momento:

“Para rendir completa justicia a “América Latina: un país”, agregaré
que si bien adelantaba en sus páginas el núcleo de la  tesis
unificadora, el estado de mis conocimientos en esa época me impidió
expresar en toda su íntima complejidad los factores histórico-sociales
que posibilitaron el proyecto de Simón Bolívar al mismo tiempo que
decidieron su ruina.”

Por lo tanto, con muy buen criterio, Ramos decide no reeditar su
primer intento y vuelve veinte años después, con una excelente
formación en la materia, a concentrar todo su esfuerzo en una cuestión
central: “escribir un historia completa  de los combates físicos  y
teóricos librados  para unificar  América Latina”.

Los conocimientos que el autor había incorporando a lo largo de veinte
años le permitieron salvar los errores anteriores; además  adoptó la
correcta decisión metodológica de centrar su estudio en un solo
problema, mientras que las incógnitas de la historia argentina las
había abordado en otro trabajo (“Revolución y contrarrevolución en
Argentina” de 1957). Sin embargo, los logros que cosechó con su
segundo texto no hubieran  sido posibles sin un excelente uso del
método marxista, hecho minimizado por algunas interpretaciones más
recientes de la historia de Ramos. Esta cuestión es esencial,  no sólo
porque el marxismo es el único método capaz de penetrar en las oscuras
profundidades del tema, sino porque era frecuente por aquellos años
recurrir a una versión petrificada del materialismo dialéctico que
sólo gestaba criaturas muertas.  Un vulgar recetario importado de
Europa que para colmo había sido transformado, a partir de los años
treinta, en un nuevo positivismo en manos de los burócratas
stalinistas,  esos que con tanta facilidad se multiplicaban y
permanecían, sin honrar la vida,  en los países colonizados por las
potencias europeas. Así, cada vez que el marxismo arribaba a nuestras
costas, perdía esa creatividad original que le supieron imprimir
verdaderos revolucionarios como Marx, Engels, Lenin y Trotsky.  De
allí que la izquierda nacional, de la cual Ramos fue uno de sus
exponentes más notables, tuvo el enorme mérito de recuperar para
Argentina y otros lugares de nuestra América Latina, la fuerza
arrolladora de un método y una teoría surgidos para interpretar y
cambiar el mundo.

Para interpretar correctamente la realidad y transformarla era
necesario recurrir a la verdadera dialéctica materialista.  Esa que
partiendo de lo concreto abstrae sus aspectos centrales
convirtiéndolos en teoría y recién entonces regresa sobre  lo concreto
para modificarlo con la guía de una teoría revolucionaria.  Ramos,
como buen discípulo de los creadores del materialismo dialéctico,
rechazaba  deducir  la realidad  desde fórmulas abstractas gestadas en
realidades distintas a la nuestra, como si la práctica fuese para el
marxismo un concepto vaciado de contenido. A eso se refiere cuando en
la “Advertencia” que estamos considerando, escribe:

“Me esforcé por pensar como “americanocéntrico”  los episodios
capitales de este proceso y en emplear el método marxista  desde aquí,
contraponiendo a la versión sacro-marxista que tradicionalmente impuso
Europa  para interpretar  América Latina”.

Esa fue la llave que, a un Ramos ahora adulto y formado en la
complejidad histórica de nuestra tierra, le permitió abrir puertas
cerradas por décadas y  legarnos a las generaciones posteriores, la
posibilidad cierta de construir el camino de la  liberación nacional y
social en el marco de la Patria Grande.

* Este trabajo forma parte de la colección  “Un recorrido por
HISTORIA DE LA NACIÓN LATINOAMERICANA”, publicada en exclusividad por
El Cuaderno de la Izquierda Nacional (
http://www.elortiba.org/in.html)




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