[R-P] El difícil momento de Judas Cobos...

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Oct 6 09:24:54 MDT 2009


Los Andes Online
Martes 6 de octubre de 2009 | 12:21 hs
Política



El momento más difícil de Julio Cobos

Contra todas las predicciones, el Vice no cesó de crecer en prestigio
social luego de su voto “no positivo”. Pero hay indicios de que con
eso sólo ya no basta.


El momento más difícil de Julio Cobos
Su prestigio no paró de crecer desde el "no positivo", pero es difícil
de sostener.

martes, 06 de octubre de 2009

El vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, sigue siendo el político
con la mejor imagen del país, pero ella parece comenzar a sostenerse
más en las glorias pasadas que en las prácticas actuales.

Su fama se basó en un hecho puntual: su ya legendario voto no
positivo. Y la acrecentó el posterior divorcio creciente del
kirchnerismo con la sociedad, frente al cual a Cobos le bastó con
sistemáticamente ponerse moderadamente en contra de toda acción de
gobierno, como el hombre del consenso sistemático contra el conflicto
infinito.

Además, la cantidad apabullante de pequeñas maldades con que el
oficialismo intentó deteriorarlo contribuyeron a consolidarlo.
Pero lo cierto es que luego el Senado no repitió jamás su voto
negativo contra el Ejecutivo, como que el Gobierno hubiera soldado la
brecha que se abrió en esa votación.

En los últimos tiempos, el kirchnerismo más que seguir haciéndolo
zancadillas a Cobos, se ocupó en mostrar la contradicción que
significa ser la segunda autoridad del país y a la vez la primera
figura opositora, en pos de forzar su renuncia. El Vice, por su parte,
sabe que si renuncia corre el riesgo de perder gran parte del apoyo
popular ganado, ya que la gente desea -en general- que siga donde
está. Pero también sabe que mientras más tiempo pasa, la
Vicepresidencia le limita avanzar en la construcción de una opción
opositora.

Es que una cosa es desde allí ponerle frenos a los excesos del
Gobierno -algo muy bien visto por la sociedad- pero otra diferente es
desde ese lugar construir poder político propio, cuestión que genera
menos adhesiones porque ello lo acerca más a la figura de un político
convencional, cuando su crecimiento en el imaginario social fue por
expresar casi exactamente lo contrario.

Además, su retorno al radicalismo no resultó tan fácil como él supuso.
Es que muchos dirigentes de la UCR no lo quieren como su jefe sino
sólo como la cabeza de lista de una probable fórmula presidencial,
pero sin cederle a cambio la conducción partidaria, como pretende
Cobos.

El radicalismo sigue siendo un enorme cuerpo sin cabeza, pero no por
ello quiere que Cobos lo encabece. Sólo quiere que el mendocino le
preste sus potenciales votos, pero no que por ese préstamo se haga
dueño del cuerpo entero. En cambio, Cobos quiere competir por la
conducción de la UCR como si nunca se hubiera ido con Kirchner.

Es así que una modesta elección como la del domingo en Corrientes se
transformó en un adelanto de la interna radical nacional. Y en la
medida de que se impuso el candidato del Comité Nacional por sobre el
de Cobos, se comienza a poner en duda la invulnerabilidad electoral
del mendocino, o al menos la posibilidad de transferir popularidad.

También la reaparición de Elisa Carrió marcha en el mismo sentido, ya
que el mensaje de la impulsiva dama arroja casi tantas críticas hacia
Kirchner como hacia Cobos. Para ella el matrimonio presidencial es el
presente a vencer en las urnas, pero Cobos expresa el pasado que no
debe volver; por eso lo busca pegar a Eduardo Duhalde.

En suma, casi toda la dirigencia política nacional -por una razón u
otra- se siente bien alejada de Julio Cobos. Algunos buscan
destrozarlo y otros utilizarlo pero casi nadie en la élite desea ser
liderado por él, por dos razones principales: porque le desconfían y
porque no queda claro hacia dónde quiere ir o con quién quiere
hacerlo.

Sin embargo, esa desconfianza de los políticos es una de las razones
que mantiene vivo su prestigio social. Pero la gente parte del
supuesto de que ese prestigio debería ayudarlo a modificar la realidad
política ya mismo (más que en una eventual Presidencia) como lo hizo
con el campo. Ahora, si ese prestigio es neutralizado impidiéndole
cambiar las relaciones de poder, puede comenzar a perder encanto.

Es que Cobos supo seguir más que bien las tendencias mayoritarias de
la sociedad y con eso mantenerse en la cúspide, pero tarde o temprano
deberá demostrar que es capaz de conducir al pueblo. Y para eso no
basta con ser la contracara del Gobierno, sino alguien capaz de
ofrecer una alternativa mejor. Que a los buenos modales (algo nada
formal ni adjetivo frente a un gobierno que hace del conflicto
artificial y de la guerra de todos contra todos casi la única razón de
su existencia) sea capaz de sumarle buenas ideas y mostrar capacidad
para convertirlas en realidad. Carlos S. La Rosa -
clarosa en losandes.com.ar




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