[R-P] [E. Lacolla] Lo blanco es negro

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Oct 3 08:42:56 MDT 2009


*Lo blanco es negro*

/Por Enrique Lacolla/

/Pocas veces como en estos días la desinformación practicada por los 
medios de prensa privados (que conforman la gran mayoría del espectro 
comunicacional) se ha exhibido con más cinismo./

La desinformación puesta en práctica en los medios más en vista de 
nuestro país es en verdad sorprendente. Que la ley de comunicación es 
una ley mordaza, que debido a ella se verán amenazados muchos puestos de 
trabajo, que es totalitaria, que es fascista. Tal vez el colmo de esta 
catarata de mentiras fue una afirmación que escuché, al pasar, de parte 
del diputado Iglesias, de la Coalición Cívica, en el sentido de que los 
medios públicos –hoy, aquí y ahora- deforman las realidades que se 
agitan en torno de la ley de medios, desfiguran su contenido y apelan a 
armas burdas para defenderla.

Si no estuviéramos acostumbrados al cinismo esta desfachatez nos 
pasmaría. Es algo así como decir que lo blanco es negro. Es tornar la 
oración por pasiva. Es el viejo truco de Goebbels –y de Stalin- en el 
sentido de que cuanto más grande es una mentira, más fácil resulta 
creerla. La prédica contra lo que despectivamente se llama la “ley K”, 
escuchada desde la unanimidad de las voces que descargan los monopolios 
de la comunicación, intenta entontecer aun más a una opinión saturada 
desde hace décadas por los lugares comunes del discurso único 
neoliberal. No importa la opinión de los intelectuales y los 
especialistas en torno de un tema debatido en múltiples foros, no 
significan nada los pronunciamientos de todas las universidades 
nacionales a favor de la ley: la libertad de prensa está amenazada por 
una pulsión /chavista/ que amenaza la pluralidad de las voces…

Es al revés, lo sabemos, pero vaya uno a convencer a quien no desea 
pensar y prefiere prenderse de la cháchara socarrona y sensacionalista, 
o bien empecatada y solemne, de los voceros del sistema económico que 
arruinó a la Argentina y sigue conservando lo sustantivo de los 
atributos del poder: el dinero y el control de unos medios privados de 
comunicación que, como hemos dicho tantas veces, ocultan la identidad de 
un discurso siempre igual a sí mismo a través de variables superficiales 
que, sin embargo, fungen a modo de vaselina para hacer tragar las ruedas 
de molino que nos sirven todos los días. El “horror” que suscita Chávez 
es ejemplar en este sentido: lo han convertido en el referente del 
estrangulador de la libertad de prensa. ¡A Chávez, que no contrarrestó 
las campañas infamantes llevadas contra él y que incluyeron un golpe de 
Estado durante el cual los medios privados se convirtieron en el 
principal ariete contra su gobierno, suprimiendo toda la información que 
hablase de la resistencia popular al golpe! A Chávez que, cuando tomó 
acción, varios años más tarde, contra una cadena que había propulsado la 
subversión, limitó esa actividad a su atribución constitucional de no 
renovarle la licencia…

En cambio, en el caso de Honduras no vemos a ninguno de nuestros grandes 
medios desgarrarse las vestiduras por la supresión de Radio Globo, el 
único canal que difería de la línea informativa marcada por el gobierno 
de facto. El doble rasero sigue midiendo la realidad, sea en forma 
expresa o de esa manera más sutil que estriba en el ocultamiento o el 
ninguneo de la información…

A propósito de Honduras, la inteligente decisión brasileña de hospedar 
en la embajada en Tegucigalpa al presidente Daniel Zelaya, no parece 
haber conmovido a los factores que alentaron el golpe. Con ese acto 
Brasil se ha propuesto, de hecho, como un factor determinante y 
aglutinante de la resistencia latinoamericana a Estados Unidos. La 
crisis hondureña se había encaminado a un impasse en el cual había 
grandes posibilidades de que la situación cristalizase tal como estaba. 
La actitud brasileña (que debe haber contado con algún guiño de parte de 
Venezuela) apuntó a romper esa inmovilidad y a poner la protesta popular 
nuevamente en el centro de la escena.

Ahora bien, el expediente no parece empero haber tenido éxito. La 
embajada brasileña sigue rodeada, el estado de sitio está en vigor y los 
límites de la protesta pacífica han sido puestos en evidencia. La 
mecánica de los hechos tiende a confirmar que Estados Unidos está 
involucrado en la trama de acuerdo a un esquema que reconoce dos 
posibilidades, a cuál más inquietante. Una, que Obama y Clinton están 
detrás del golpe y que este se ha efectuado con su consentimiento; o, 
dos, que la CIA y el /Southcom/ –es decir, el Pentágono- se despreocupan 
de la autoridad presidencial y proceden por cuenta propia, sin temores a 
una reacción del poder civil. No hay indicaciones de que Obama vaya a 
imponer cambios al rumbo impreso a la política exterior de Estados 
Unidos, fuera de algunas expresiones retóricas y del despliegue de una 
simpatía personal que da pasto a nuestros medios de desinformación para 
seguir evadiendo el corazón de las cuestiones y ocupándose de aspectos 
laterales.

Volviendo a nuestro país, una exhibición suprema de esta voluntad de 
soslayar el núcleo de las cosas para divagar en zonas aledañas estuvo 
dada por el despliegue de hipocresía puesto de manifiesto en el 
Seminario de Políticas Públicas organizado por la Universidad del 
Salvador, la Escuela de Posgrado de la Ciudad Argentina y la Universidad 
Carlos III de Madrid. En el señorial escenario del hotel Alvear, en la 
Recoleta, el cardenal primado de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, 
la senadora Hilda “Chiche” González de Duhalde y el rabino Sergio 
Bergman disertaron sobre la pobreza. El cardenal Bergoglio, que ha 
fogoneado el tema en los últimos tiempos como parte de la guerra que la 
jerarquía eclesiástica argentina mantiene con el gobierno, dijo muchas 
cosas puestas en razón contra la exclusión social y lo imperdonable que 
resulta la existencia de tales lacras en una sociedad que tiene todas 
las condiciones objetivas para evitarlas. Ahora bien, estas afirmaciones 
tan sabias excluyeron el señalamiento de los motivos que generaron la 
pobreza en este país, no hicieron mención a las políticas deliberadas de 
saqueo puestas en práctica en las últimas décadas y en particular en la 
de los 90, y se abstuvieron de cualquier juicio sobre la naturaleza del 
sistema económico que requiere de estos mecanismos de exclusión para 
perpetuar una siempre mayor concentración de los beneficios en pocas 
manos. Una suprema pero reveladora ironía estuvo dada por el hecho de 
que el Seminario fue organizado nada menos que por un responsable de la 
generalización del desempleo en Argentina, Roberto Dromi, factótum del 
desguazamiento del Estado durante el menemismo y célebre por su ¿lapsus? 
cuando dijo que “nada que deba pertenecer al Estado seguirá en manos del 
Estado”. Aerolíneas Argentinas, ferrocarriles y caminos fueron víctimas 
de la liquidación consumada por este personaje, en operaciones tras las 
cuales se instruyeron causas por decenas de millones de dólares pagados 
en sobornos por parte de las empresas privadas favorecidas por la 
liquidación estatal. Causas que fueron oportunamente cajoneadas por la 
Justicia y prescribieron con el correr del tiempo.

“La gente es tonta” es la divisa de estos charlatanes siniestros. La 
memoria social, suponen, puede ser anulada por el discurso de la Caja 
Boba y por el torrente desinformativo que baja de ella. Quizá no tengan 
toda la razón, pero la verdad es que este discurso, si no destruye 
completamente la conciencia de las cosas, conserva siempre la facultad 
de paralizar, ralentizar o desviar la reacción contra el mantenimiento 
del estatus quo, lapso durante el cual los entes beneficiarios del 
sistema y sus personeros siguen enriqueciéndose y profundizando las 
desigualdades que algunos de ellos condenan de labios para afuera.

Si no hubiese otra razón para defender la aprobación de la Ley de 
Medios, la animadversión que ella suscita entre estos individuos sería 
suficiente para motivarla. Es indispensable instituir una verdadera 
pluralidad de voces en el escenario nacional. Es necesario recuperar la 
memoria crítica de la historia y tornarla en un elemento activo para la 
reconstrucción de la realidad.

(www.enriquelacolla.com)




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