[R-P] MURO DE BERLIN Y FILOSOFIA Y LETRAS ( Prof. Pedro Godoy )

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Nov 21 11:23:16 MST 2009


¡Qué impresionante testimonio nos da el Profesor Godoy!

¡Cuánto daño hizo el stalinismo al movimiento socialista y al marxismo!

En realidad, el infame Muro de Berlín fue la respuesta bárbara de las 
dirigencias soviética y germano-oriental a la permanente agresión 
económica, política y social que recibían desde Berlín Occidental.

En último análisis, el muro era menos producto del régimen opresivo de 
Ulbricht y Honecker que de la calculada y pérfida negativa de la 
burguesía occidental a aceptar todas las propuestas de unificación de 
Alemania que, a partir de 1945, se hicieron desde la que (_luego, contra 
su voluntad_) sería la RDA. Cabe señalar que algunas de esas propuestas 
incluían la realización de elecciones generales en toda la Alemania 
ocupada, y que en esos tiempos la dirigencia de la RDA no incorporaba 
solamente comunistas sino también representantes de los partidos 
"burgueses" y aún burgueses (a condición de que no tuvieran nada que ver 
con el que había sido el partido de la burguesía alemana hasta ese 
momento, el Partido Nacional Socialista). En cierto estúpido modo, la 
dirigencia stalinista de la RDA creía posible revivir algo así como la 
Alemania de Weimar.

La dirigencia burguesa de Alemania Occidentalse negó permanente y 
redondamente a todo acuerdo con sus pares del área de ocupación 
soviética.  Es lógico: la dirigencia de la Alemania de Adenauer SÍ 
incorporaba diversos representantes del nazismo (y con cierta fruición 
descarada, como la de ese diputado, demócratacristiano creo aunque bien 
podía haber sido un socialdemócrata, que incluía en su currículum su 
paso por la Luftwaffe nazi: esto está testimoniado en una interesante 
historia de Alemania, cuyo autor ahora no recuerdo y publicada por los 
Breviarios del Fondo de Cultura Económica, pero que leí porque la 
encontré citada en alguna obra de Jorge Abelardo Ramos).

Es que la Alemania de Weimar era posible, para Occidente, solo a 
condición de aplicar el Plan Morgenthau de desindustrialización 
controlada del gran problema geopolítico que representaba la industria 
germana. El ataque desde Berlin Occidental, en realidad, es una 
consecuencia de la aplicación del plan Marshall, cuando ese plan se 
desecha. Mientras que Morgenthau pensaba en términos "clásicos", y 
consideraba que la verdadera solución a los problemas de Europa pasaba 
por eliminar el poderoso elemento desestabilizador que era la industria 
pesada de la cuenca del Ruhr, Marshall se colocaba en los parámetros de 
la Guerra Fría y de hecho su Plan era el primer paso en ese sentido: 
convertir a Europa Occidental en un "paraíso" capitalista para seducir a 
las poblaciones de Europa Oriental, provocar su apoyo masivo a la 
restauración del orden burgués, y conseguir que por diversos modos 
terminara minando, como de hecho ocurrió con creces, el poder de la URSS.

En la medida que Europa (y en especial Alemania) se convirtió en una 
gallera donde EEUU confrontaba con el único poder capaz de contrarrestar 
su dominio exclusivo del planeta, Berlín se convirtió en el principal 
ariete virósico contra cualquier proyecto no burgués. En primer lugar, y 
ante todo, en la Alemania Oriental. Ésta tenía muchos problemas 
gravísimos para poder desarrollarse, y con ellos contaba la dirigencia 
occidental para tumbarla. Berlín Occidental era una pieza clave en esta 
arquitectura.

Ante todo, el nada menor de que en rigor la zona de ocupación soviética 
era la "Alemania central, agraria y poco industrializada" de la antigua 
República de Weimar: el mapa industrial de la vieja Alemania se extendía 
entre dos grandes nodos, el centrado en Frankfurt y el centrado en los 
confines silesianos, cuya interrelación mantenía unido el país. Al 
entregarse los territorios al Este del Oder-Neisse a Polonia, para abrir 
paso a la expansión de la URSS hacia los antiguos límites del Imperio 
Zarista, la URSS, el país quedó mutilado gravemente y tanto el área 
industrial de Turingia como las plantas de Dresde y de Jena, así como la 
industria berlinesa que había sido el eje del proletariado 
revolucionario alemán, quedaron fuera del antiguo circuito geoeconómico 
que daba vida y unidad al país.

En segundo lugar, la brutalidad soviética desmontó centenares de 
fábricas en el territorio que terminaría siendo la RDA, que además cargó 
solita con el enorme peso de las reparaciones de guerra exigidas por la 
URSS, y vio también cómo miles de kilómetros de vía férrea doble eran 
reducidos a la condición de "vía única" con los rieles viajando hacia la 
URSS. Todavía hoy (en Google Earth, cualquiera puede encontrar los 
testimonios) atraviesan la vieja RDA largas líneas de durmientes sin 
vías. Lo peor del caso es que buena parte de este saqueo burocrático, 
por motivos técnicos, ni siquiera pudo volver a montarse en la URSS y de 
resultas del mismo, en el fondo, solo quedó la satisfacción vengativa de 
una Unión Soviética que ya entonces empezaba a imbuirse de "nacionalismo 
gran ruso" y zarista. MUCHO MÁS GRAVE AÚN, esa venganza de gran potencia 
provocó un enorme debilitamiento del proletariado alemán oriental.

En tercer lugar, el planteo stalinista de la coexistencia pacífica, que 
equivalía a tapar el sol con el pulgar, desarmaba ideológicamente al 
movimiento comunista mundial (y en especial al de la RDA) para denunciar 
el papel siniestro que había tomado la división de Alemania en la 
geoestrategia general de la burguesía imperialista mundial, ordenada 
ahora en torno a New York, Los Angeles y Washigton.

De este modo, el stalinismo no tenía otro remedio contra el acoso 
permanente que construir una muralla. En cierto modo, esa muralla la 
construyó el stalinismo POR CUENTA DE LAS BURGUESÍAS IMPERIALISTAS, QUE 
NI SIQUIERA TUVIERON QUE PAGAR EL COSTO DE LA DIVISIÓN DE ALEMANIA. Ni 
el costo político, que recayó (adecuadamente agigantado, además, por la 
prensa de Occidente) sobre el "campo socialista", ni tampoco el costo 
específico de las tareas concretas que pusieron en pie esa siniestra 
muralla. Que, en el fondo, no difiere de las que se alzaron en otros 
sitios después de su caída: expresión material, territorial, del poder 
imperialista.

No fue el stalinismo quien dividió Alemania. El stalinismo respondió 
estúpida y tardíamente a una política dirigida desde los centros del 
poder imperalista, y ése fue su peor error político. Aquello que habían 
ganado los combatientes soviéticos en Stalingrado y Kursk se perdió en 
el campo de la lucha política. En lugar de aparecer como los abanderados 
de la unidad alemana -que es lo que, natural y correctamente, habían 
pretendido ser en 1945- asumieron el papel, guionado por su enemigo, de 
partidarios de la eterna división de una Alemania que, como le dijo 
alguna vez a Honecker el imperturbable Brezhnev, tenía que asumirse como 
un dato positivo puesto que en el marco de la lucha entre Occidente y 
Moscú, a todos los fines prácticos, "Alemania no volvería a existir 
nunca más".

Todo esto, y mucho más, hubiera podido exponer ante el Profesor Godoy y 
sus alarmados compañeros de 1961 el burócrata momio-stalinista del 
Campus Macul (salvo la conversación de Honecker con Brezhnev, que se dio 
muchísimo después, pero que estaba implícita en la política anterior). 
Pero, como cabía esperar, en su doble cipayismo ni siquiera se le pasó 
por la cabeza dar una explicación de este tipo. Prefirió mentir 
descaradamente. La Gran Guerra Patria, que es como Stalin presentó la 
lucha contra el nazismo, era para él tan valiosa que estaba dispuesto a 
sacrificar a los objetivos de la burocracia moscovita no ya el destino 
del pueblo alemán, sino la verdad misma. Supremo pecado en un 
socialista, porque como sabemos "solo la verdad es revolucionaria". Cómo 
no iba a sacrificarle también el destino del propio Chile.

La bárbara insensibilidad stalinista al futuro de nuestros pueblos no 
implica que el Muro de Berlín fuera otra cosa que lo que fue: la 
respuesta del mundo stalinista a la agresión que recibió de Occidente. 
Una mala respuesta. Pero la única que una cruel confrontación planetaria 
impuso a quienes hubieran deseado otra cosa, pero rápidamente 
suplantaron su voluntad socialista por la voluntad de salvar a la URSS 
tal como ella era: un contendiente "pacífico" con el más belicista, 
criminal y despiadado régimen que ha visto la faz de la Tierra. En ese 
combate, la suerte de los pueblos se decidía en función de las 
necesidades de la casta policial-socialdemócrata que se había hecho con 
la URSS al fin de la Guerra Civil y tras la muerte de Lenin.

¡Cómo iba a decir otra cosa Ramírez Necochea!

¡Cuánto horror y cuánta desilusión, cuántos Arthur Koestler se nos 
hubiera ahorrado si el stalinismo no hubiera sido lo que fue!

Impresionante.

INFOR-MET escribió:

> 
> MURO DE BERLIN Y FILOSOFIA Y LETRAS
> 
> En la primavera de 1961 una veintena de estudiantes del  Campus Macul
> , recinto de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
> Nacional, visitamos  a nuestro profesor Hernán Ramírez Necochea. Nos
> inquieta  el Muro que edifican Ulbrich y Honeker.  Ya habíamos
> padecido dos ciclones -el informe de Nikita sobre el crímenes de
> Stalin y el genocidio de Hungría por el Ejército Rojo- ahora  venía
> encima un tercero. Nuestra devoción marxista se terremoteaba. Después
> de polémicas al interior de la parroquia de Corvalán y Gladys Marin
> entre fieles filigreses  y potenciales disidentes, se acuerda
> entrevistarnos con quien es catedrático, historiador y miembro de la
> cúpula del PC. Cuento corto: con amabilidad nos manifiesta de modo
> tajante que las imágenes de esa gigantesca valla alambrada son un
> montaje fotográfico. Se  trata -argumenta- "de otra maniobra de la
> prensa capitalista y de la CIA" (sic). Al poco tiempo se sabe la
> amarga verdad. Sin embargo, opta por el silencio. El oportunismo
> político se impone. Ignoro si por convicción o hipocresía. Si por
> conveniencia o cinismo. Lo cierto: se echa al bolsillo la vocación de
> cientista y la ética académica. El "maestro" jamás nos da
> explicaciones. Lo recuerdo a propósito de la demolición de aquel Muro
> de la ignominia.
> 
> 
> Prof. Pedro Godoy P.




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