[R-P] L.T. para María S.
maría Sola
mariadelsola en gmail.com
Mie Nov 18 13:14:56 MST 2009
Muchas gracias Gustavo. Es util para reflexionar.
El 18/11/09, Gustavo Battistoni <gustavo.battistoni en gmail.com> escribió:
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> [No sé cuanto valor puede tener para la Argentina actual este texto de
> Trotsky, escrito para la coyuntura francesa de principios de los
> treinta.Si deja bastante mal parados a sus sedicentes herederos que
> buscan destruir la unidad del sindicalismo argentino con el argumento
> de que son "burócratas" y "traidores" al movimiento obrero.Como
> Trotsky no era un dogmático, a pesar de que se lo quiere presentar
> muchas veces así, este escrito muestra su "cintura" en un caso
> particular.Porque eso es el marxismo vivo, el creativo, el que no
> repite consignas, sino que se adecua a la realidad concreta."Análisis
> particular de la situación concreta", afirmaba Lenin.Es lo que
> intentamos hacer los Socialistas de la Izquierda Nacional.No repetir
> como loros, sino aplicar flexiblemente aquellos principios que todavía
> a nuestro entender tienen plena vigencia.El capitalismo se derrumba
> ante nuestros ojos, el socialismo burocrático está muerto.Lo que
> todavía vive es el socialismo revolucionario que no ha claudicado, y
> que considera que la abolición de las clases dentro de una América
> Latina unida, es la única solución a la barbarie capitalista.]
>
>
>
> La cuestión de la unidad sindical
> Clásicos de León Trotsky* - SOBRE LOS SINDICATOS
> 23 08 2008
>
> 25 de marzo de 1931
>
>
>
> La cuestión de las organizaciones obreras no tiene una solución
> simple, adecuada para todas las formas organizativas y para todas las
> situaciones.
>
> Respecto al partido, la cuestión se resuelve más categóricamente. Su
> independencia total es la condición elemental para la acción
> revolucionaria. Pero este principio tampoco da de antemano una
> respuesta prefabricada para todos los casos: ¿Cuándo y bajo qué
> condiciones debe producirse una ruptura o, por el contrario, una
> unificación con una corriente cercana? Estas cuestiones se resuelven
> en cada caso sobre la base de un análisis concreto de las tendencias y
> de las condiciones políticas. El criterio principal por el que guiarse
> sigue siendo siempre la necesidad de que la vanguardia del
> proletariado organizado, el partido, preserve su total independencia y
> autonomía sobre la base de un claro programa de acción.
>
> Pero precisamente esa solución del asunto en lo que hace al partido
> generalmente admite y, lo que es más, hace indispensable adoptar una
> actitud muy diferente respecto al problema de la unidad de otras
> organizaciones de masas de la clase obrera: sindicatos, cooperativas,
> soviets.
>
> Cada una de estas organizaciones tiene sus propias tareas y métodos de
> trabajo, que son independientes dentro de ciertos límites. Para el
> Partido Comunista todas estas organizaciones son, sobre todo, un campo
> propicio para la educación revolucionaria de amplios sectores obreros
> y para el reclutamiento de los obreros más avanzados. Cuanto más
> amplias masas abarca una organización determinada, mayores son las
> posibilidades que ofrece a la vanguardia revolucionaria.
>
> Es por esto que, por regla general, no es el ala comunista sino la
> reformista la que toma la iniciativa de dividir las organizaciones de
> masas.
>
> Basta con comparar la conducta de los bolcheviques en 1917 con la de
> los sindicatos ingleses en los últimos años. Los bolcheviques no sólo
> permanecieron en los mismos sindicatos con los mencheviques, sino que
> en algunos toleraron una dirección menchevique aun después de la
> Revolución de Octubre, aunque los bolcheviques tenían una mayoría
> aplastante en los soviets. En cambio los sindicatos británicos, por
> iniciativa de los laboristas, no sólo alejan a los comunistas del
> Partido Laborista sino que también, cuando les es posible, de los
> sindicatos.
>
> En Francia la división de los sindicatos también fue fruto de la
> iniciativa de los reformistas, y no es casual que la organización
> sindical revolucionaria, obligada a actuar en forma independiente,
> adoptara el nombre de unitaria.
>
> ¿Entonces exigimos que los comunistas abandonen ahora las filas de la
> CGT? En absoluto. Al contrario, hay que fortalecer el ala
> revolucionaria dentro de la confederación de Jouhaux (CGT).
>
> Con esto demostramos que para nosotros la división de la organización
> sindical no es en ningún caso una cuestión de principios. Todas las
> objeciones ultraizquierdistas previas que se pueden formular contra la
> unidad sindical se aplican en primer lugar a la participación de los
> comunistas en la CGT. Sin embargo, todo revolucionario que no haya
> perdido contacto con la realidad debe reconocer que la creación de
> fracciones comunistas en los sindicatos reformistas es una tarea de
> tremenda importancia. Una de las tareas de esas fracciones debe ser la
> defensa de la CGTU ante los miembros de los sindicatos reformistas.
> Esto no se puede lograr más que mostrando que los comunistas no
> quieren que se dividan los sindicatos sino que, por el contrario,
> están dispuestos en todo momento a restablecer la unidad sindical.
>
> Si se creyera por un instante que el deber de contraponer una política
> revolucionaria a la de los reformistas impone a los comunistas la
> división de los sindicatos, no habría que limitarse solamente a
> Francia: se debería exigir que los comunistas rompieran, sin tener en
> cuenta la relación de fuerzas, con los sindicatos reformistas y
> formaran sus propios sindicatos en Alemania, en Inglaterra, en los
> Estados Unidos, etcétera. En ciertos países los partidos comunistas
> han adoptado concretamente esta línea. Hay casos específicos en los
> que los reformistas no dejan realmente otra posibilidad. En otros los
> comunistas cometen evidentemente un error al responder a las
> provocaciones de los reformistas. Pero hasta ahora nunca y en ningún
> lado los comunistas provocaron una división por no admitir de antemano
> el trabajo junto a los reformistas en las organizaciones de las masas
> proletarias.
>
> Sin detenernos en las cooperativas, experiencias que no agregan nada a
> lo antedicho, tomaremos como ejemplo a los soviets. Estos surgen en
> los momentos más revolucionarios, cuando los problemas se plantean con
> la máxima agudeza.
>
> ¿Puede alguien imaginarse, siquiera por un momento, la creación de
> soviets comunistas como contrapeso de los soviets socialdemócratas?
> Sería liquidar la idea misma de soviets. A comienzos de 1917 los
> bolcheviques eran una minoría insignificante dentro de los soviets.
> Durante meses (y en una etapa en que los meses valían por años, si no
> por décadas) toleraron una mayoría conciliacionista en los soviets,
> incluso cuando ya representaban una abrumadora mayoría en los comités
> de fábrica. Finalmente, aun después de la conquista del poder,
> toleraron a los mencheviques dentro de los soviets mientras éstos
> representaban a un sector de la clase obrera. En el momento en que los
> mencheviques se habían comprometido y aislado totalmente,
> transformándose en una camarilla, los soviets los expulsaron.
>
> En España la consigna de soviets puede estar prácticamente a la orden
> del día en un futuro cercano. La creación misma de esos soviets
> (Juntas), suponiendo que haya una iniciativa enérgica y fuerte de los
> comunistas, no puede concebirse sino mediante un acuerdo
> técnico-organizativo con los sindicatos y con los socialistas sobre el
> método y los intervalos para la elección de los representantes
> obreros. Plantear en esas condiciones que es inadmisible trabajar con
> los reformistas en las organizaciones de masas sería una de las formas
> más desastrosas de sectarismo.
>
> ¿Cómo puede conciliarse entonces una actitud así de nuestra parte
> hacia las organizaciones proletarias dirigidas por los reformistas con
> nuestra caracterización del reformismo como ala izquierda de la
> burguesía imperialista? Esta no es una contradicción formal sino
> dialéctica, o sea que surge de la propia dinámica de la lucha de
> clases. Una parte considerable de la clase obrera (en muchos países la
> mayoría) rechaza nuestra caracterización del reformismo. En otros ni
> siquiera se ha planteado la cuestión. El problema consiste
> precisamente en llevar a las masas a conclusiones revolucionarias
> sobre la base de nuestras experiencias comunes con ellas.
>
> Decimos a los obreros no comunistas o anticomunistas: “Hoy todavía
> confiáis en los dirigentes reformistas a los que nosotros consideramos
> traidores. No podemos ni queremos imponeros nuestro punto de vista por
> la fuerza. Queremos convenceros.
>
> Intentemos entonces luchar juntos y examinemos los métodos y los
> resultados de esas luchas”. Esto quiere decir: total libertad para
> formar grupos dentro de los sindicatos unificados en que la disciplina
> sindical existe para todos.
>
> No puede proponerse ninguna otra posición de principios.
>
>
>
> * * * * * *
>
> Actualmente el Comité Ejecutivo de la Liga Comunista (primera
> Oposición de Izquierda de Francia) está poniendo correctamente en
> primer lugar la cuestión del frente único. Es la única forma de
> impedir que los reformistas, y sobre todo sus agentes del ala
> izquierda, los monattistas, contrapongan la consigna formal de unidad
> a las tareas prácticas de la lucha de clases. Vassart[1], como
> contrapeso a la estéril línea oficial, ha planteado la idea de frente
> único con las organizaciones sindicales locales. Es correcta la forma
> de plantear la cuestión, en el sentido de que en casos de huelgas
> locales lo primero que hay que hacer es trabajar con los sindicatos
> locales y con las federaciones correspondientes. También es cierto que
> los estratos más bajos del aparato reformista son más sensibles a la
> presión de los obreros. Pero sería erróneo hacer cualquier tipo de
> diferencia de principios entre los acuerdos con los oportunistas
> locales y los que se puedan hacer con sus jefes.
>
> Depende de las condiciones que se den, de la fuerza de la presión que
> ejerzan las masas y del carácter de las tareas que están a la orden
> del día.
>
> Queda claro que para luchar en cada caso específico no vamos a poner
> como condición indispensable y previa el acuerdo con los reformistas,
> local o centralizado. No nos guiamos por los reformistas sino por las
> circunstancias objetivas y por el estado de ánimo de las masas. Lo
> mismo se aplica al carácter de las reivindicaciones que se plantean.
> Sería fatal comprometernos de antemano a aceptar el frente único con
> las condiciones de los reformistas, o sea sobre la base de
> reivindicaciones mínimas. Las masas obreras no saldrán a la lucha por
> reivindicaciones que les parezcan fantásticas. Pero, por otra parte,
> si se limitan de antemano las exigencias, los obreros pueden decirse:
> “No vale la pena”.
>
> La tarea no consiste en proponerles formalmente siempre el frente
> único a los reformistas, sino en imponerles en cada caso las
> condiciones que correspondan lo mejor posible a la situación.
>
> Esto requiere una estrategia activa y flexible. En todo caso, no hay
> duda de que sólo precisamente de este modo podrá la CGTU mitigar las
> consecuencias de la división de las masas en dos organizaciones
> sindicales, hacer recaer la responsabilidad de la división sobre
> quienes corresponde y plantear sus posiciones de lucha.
>
> La particularidad de la situación francesa reside en el hecho de que
> durante muchos años existieron dos centrales obreras separadas. Ante
> el reflujo del movimiento en los últimos años, la gente se acostumbró
> a la división. Muchas veces hasta quedó olvidada. Sin embargo puede
> preverse que la reanimación en las filas de la clase reactualizará
> inevitablemente la consigna de unidad de las organizaciones
> sindicales. Si se considera que más del noventa por ciento del
> proletariado francés está fuera de los sindicatos se hace evidente que
> al acentuarse la reanimación crecerá la presión de los no organizados.
> La consigna de unidad no es más que una de las primeras consecuencias
> de esa presión. Si se tiene una política correcta esta presión actuará
> en favor del Partido Comunista y de la CGTU.
>
> Dado que una política activa de frente único es el método de principio
> para el próximo período de la estrategia sindical de los comunistas
> franceses, sería un error garrafal contraponerla a la de unidad de las
> organizaciones sindicales.
>
> Es indudable que la unidad de la clase obrera sólo puede realizarse
> sobre bases revolucionarias. La política de frente único es uno de los
> medios para liberar a los obreros de la influencia reformista e
> incluso, en última instancia, de avanzar hacia la genuina unidad de la
> clase obrera. Debemos explicar constantemente esta verdad marxista a
> los obreros de vanguardia. Pero una perspectiva histórica, por
> correcta que sea, no puede reemplazar la experiencia viva de las
> masas. El partido es la vanguardia pero en su accionar, especialmente
> en su accionar sindical, debe ser capaz de volcarse sobre la
> retaguardia.
>
> Concretamente debe demostrarles a los obreros –una, dos, diez veces si
> es necesario– que está dispuesto en todo momento a ayudarlos a
> reconstruir la unidad de las organizaciones sindicales. Y en este
> aspecto somos fieles a los principios esenciales de la estrategia
> marxista: la combinación de la lucha por reformas con la lucha por la
> revolución.
>
> ¿Cuál es ahora la actitud de las dos Confederaciones hacia la unidad?
> Al conjunto de los obreros puede parecerles idéntica. En realidad el
> sector burocrático de ambas organizaciones ha declarado que la
> unificación sólo puede concebirse “desde abajo” y sobre la base de los
> principios de cada una de ellas.
>
> Amparándose en la consigna de unidad por abajo, que tomó prestada de
> la CGTU, la confederación reformista explota la poca memoria de la
> clase obrera y la ignorancia de la joven generación que no conoce el
> accionar divisionista de Jouhaux, Dumoulin y Cia. Al mismo tiempo los
> monattistas ayudan a Jouhaux al reemplazar la actividad combativa del
> movimiento obrero por la consigna aislada de unidad sindical. Como
> honestos integrantes palaciegos, dirigen todos sus esfuerzos contra la
> CGTU para sacarle el mayor número posible de sindicatos, nuclearlos a
> su alrededor y entrar entonces en negociaciones con los reformistas en
> pie de igualdad.
>
> Por lo que puedo juzgar desde aquí, en base al material que tengo,
> Vassart se ha pronunciado en favor de que los propios comunistas
> planteen la consigna de un congreso unificador de ambas
> confederaciones sindicales. Su propuesta fue rechazada
> categóricamente. En cuanto al autor, lo acusaron de pasarse a las
> posiciones de Monatte. No puedo pronunciarme sobre esta discusión por
> falta de datos, pero considero que los comunistas franceses no tienen
> ningún motivo para abandonar la consigna de congreso de fusión. Todo
> lo contrario.
>
> Los monattistas dicen: “Ambos son rupturistas, a cual peor.
>
> Somos los únicos que estamos por la unidad. Obreros, seguidnos”. Los
> reformistas replican: “Nosotros estamos por la unidad por abajo”. Es
> decir que “nosotros” permitiremos a los obreros que vuelvan a entrar a
> nuestra organización. ¿Qué debe decir a esto la Confederación
> revolucionaria? “No por nada nos llamamos Confederación unitaria.
> Estamos prontos a llevar a cabo hoy mismo la unificación de las
> organizaciones sindicales.
>
> Pero para lograrlo los obreros no necesitan de intrigantes palaciegos
> que no tienen el respaldo de ninguna organización sindical y que se
> alimentan de divisiones como gusanos en una herida infectada.
> Proponemos que se prepare y se especifique el plazo de realización de
> un congreso de fusión sobre la base de la democracia sindical”.
>
> Esta forma de plantear la cuestión les quitará inmediatamente su base
> de sustentación a los monattistas, que son un grupo político
> totalmente estéril pero que puede sembrar gran confusión en las filas
> del proletariado. ¿No nos costará muy cara esta liquidación del grupo
> de los palaciegos? Podría objetarse que en caso de que los reformistas
> aceptaran un congreso de unificación los comunistas podrían quedar en
> minoría y la CGTU tendría que ceder paso a la CGT.
>
> Semejante planteamiento sólo puede resultar convincente para un
> burócrata sindical de izquierda que lucha por su “independencia”
> perdiendo de vista las tareas y las perspectivas del conjunto del
> movimiento obrero. La unidad de las dos organizaciones sindicales, aun
> cuando el ala revolucionaria permaneciera en minoría por un tiempo,
> pronto demostraría ser favorable al comunismo. La unificación de las
> confederaciones acarrearía un gran flujo de miembros nuevos. Con esto
> la influencia de la crisis se reflejaría más profunda y decisivamente
> en los sindicatos. Aprovechando esta nueva oleada el ala 62 izquierda
> podría comenzar una batalla decisiva para conquistar la confederación
> unitaria. Solamente los sectarios o los funcionarios pueden preferir
> una mayoría segura en una confederación sindical pequeña y aislada en
> vez de un trabajo de oposición en una organización amplia y realmente
> masiva; nunca los revolucionarios proletarios.
>
> Para un marxista que piensa es bastante evidente que una de las
> razones que contribuyeron a los monstruosos errores de la dirección de
> la CGTU provienen de la situación planteada. Gente como Monmousseau,
> Semard y otros, sin preparación teórica ni experiencia revolucionaria,
> se autoproclamaron inmediatamente “dueños” de una organización
> independiente y tuvieron por lo tanto la posibilidad de experimentar
> con ella bajo las órdenes de Losovski, Manuilski y Cía.[2] Es
> indudable que si los reformistas no hubieran provocado en determinado
> momento la ruptura de la Confederación, Monmousseau y Cía. habrían
> tenido que contar con masas más amplias. Este solo hecho hubiera
> disciplinado su aventurerismo burocrático. Por eso las ventajas de la
> unidad hubieran sido inmensamente mayores que las desventajas. Si el
> ala revolucionaria permaneciera uno o dos años en minoría dentro de
> una confederación unificada que reuniera cerca de un millón de
> obreros, esos dos años serían indudablemente mucho más fructíferos
> para la educación no sólo de los sindicalistas comunistas sino de todo
> el partido que cinco años de zigzags “independientes” en una CGTU cada
> vez más débil.
>
> Son los reformistas y no nosotros los que pueden temer la unidad
> sindical. Si aceptan un congreso unificado (no en las palabras sino en
> los hechos) estarán dadas las condiciones para sacar al movimiento
> sindical francés de su callejón sin salida.
>
> Precisamente por esto los reformistas no lo consentirán.
>
> Las condiciones de la crisis están creando grandes dificultades a los
> reformistas, principalmente en el campo sindical. Por eso les es tan
> imprescindible cubrirse el flanco izquierdo, y los intrigantes
> palaciegos de la unidad se les ofrecen como escudo.
>
> Ahora una de las tareas más importantes e indispensables es
> desenmascarar el trabajo divisionista de los reformistas y el
> parasitismo de los monattistas. La consigna de congreso de unificación
> contribuye en mucho a su solución. Cuando los monattistas hablan de
> unidad usan esta consigna contra los comunistas. Si la propia CGTU
> propone una vía para la unidad, asestará un golpe mortal a los
> monattistas y debilitará a los reformistas. ¿Está claro? Es cierto que
> sabemos de antemano que, debido a la resistencia de los reformistas,
> la consigna de unidad no deparará ahora los resultados que se
> obtendrían en caso de una verdadera unidad de las organización
> sindicales. Pero se logrará indudablemente un resultado más limitado,
> siempre que los comunistas sigan una política correcta. Las grandes
> masas obreras verán quién está realmente por la unidad y quién está en
> contra, y se convencerán de que no son necesarios los servicios de los
> palaciegos. No hay duda de que los monattistas terminarán reducidos a
> la nada, la CGTU fortalecida y la CGT debilitada y más inestable.
>
> Planteadas así las cosas, ¿no equivale esto a una maniobra más que a
> lograr una unidad efectiva? Esta objeción no nos asusta. Así es como
> los reformistas caracterizan especialmente nuestra política de frente
> único: como ellos no quieren dar la batalla declaran que nuestro
> objetivo es hacer maniobras.
>
> Hacer de antemano diferencias entre la política de frente único y la
> de fusión de las organizaciones sindicales sería totalmente erróneo.
> Mientras los comunistas mantengan la total independencia de su
> partido, de su fracción en los sindicatos, de toda su política, la
> fusión de las confederaciones no es más que una forma de la política
> de frente único. Una forma más amplia. Al rechazar nuestra propuesta,
> los reformistas la transforman en una “maniobra”. Pero es una
> “maniobra” legítima e indispensable de nuestra parte: con maniobras
> así se educa a las masas obreras.
>
>
>
> * * * * * *
> El Comité Ejecutivo de la Liga Comunista, repetimos, tiene toda la
> razón cuando repite insistentemente que la unidad de acción no puede
> darse hasta que no se logre la unificación de las organizaciones
> sindicales. Tal como se ha hecho hasta ahora, hay que desarrollar esta
> idea, explicarla y aplicarla en la práctica.
>
> Pero esto no exime del deber de plantear con toda energía, en el
> momento preciso, la cuestión de la fusión de las confederaciones (o de
> las simples federaciones).
>
> El problema consiste en saber si la dirección comunista es capaz de
> efectuar ahora una maniobra tan enérgica. El futuro dirá. Pero si el
> Partido Comunista y la dirección de la CGTU se niegan hoy a seguir el
> consejo de la Liga (que es lo más probable) muy bien puede suceder que
> se vea obligado a seguirlo mañana. No es necesario agregar que no
> hacemos un fetiche de la unidad sindical. No posponemos nada que
> signifique lucha para cuando se logre la unidad. Para nosotros no es
> una panacea sino una lección sobre cosas importantes y decisivas que
> debe enseñarse a los obreros que la han olvidado o que no conocen el
> pasado.
>
> Por supuesto, para participar en el congreso de unificación no
> plantearemos ninguna condición de principios.
>
> Cuando los palaciegos de la unidad, a los que no avergüenza la
> fraseología barata, dicen que la confederación unificada debe basarse
> sobre el principio de la lucha de clases, etcétera, es que están
> haciendo acrobacias verbales en provecho de los oportunistas. Como si
> se les pudiera pedir seriamente a Jouhaux y Cía. que emprendan, en
> nombre de la unidad con los comunistas, el camino de la lucha de
> clases que estos caballeros abandonaron deliberadamente en nombre de
> la unidad de la burguesía. Y estos mismos palaciegos, estos Monattes,
> Ziromskis y Dumoulins, ¿qué entienden por “lucha de clases”? No,
> nosotros estamos prontos a entrar en el terreno de la unidad sindical,
> pero no para “corregir” (con la ayuda de fórmulas de curanderos ) a
> los mercenarios del capital, sino para arrancar a los obreros de la
> influencia de sus traidores.
>
> Las únicas condiciones que ponemos son simplemente garantías
> organizativas de la democracia sindical, en primer lugar la libertad
> de crítica para la minoría, siempre con la condición de que se someta
> a la disciplina sindical. No pedimos más, y por nuestra parte no
> prometemos nada más.
>
> Supongamos que el partido Comunista, si bien no inmediatamente, sigue
> nuestro consejo. ¿Cómo actuaría su Comité Central? En primer lugar
> debería preparar cuidadosamente el plan de la campaña dentro del
> partido, para discutirlo en las fracciones sindicales en base a las
> condiciones locales, de modo que la consigna de unidad pueda lanzarse
> al mismo tiempo desde arriba y desde abajo. Justo después de una
> cuidadosa preparación y elaboración, y de haber eliminado todas las
> dudas y malentendidos dentro de sus propias filas, la dirección de la
> CGTU debería dirigirse a la de la confederación reformista con
> propuestas concretas: crear una comisión paritaria para la
> preparación, en un plazo por ejemplo de dos meses, del congreso de
> unificación sindical, al que todas las organizaciones sindicales del
> país deben tener acceso.
>
> Simultáneamente, las organizaciones locales de la CGTU se dirigen a
> las organizaciones locales de la CGT con la misma propuesta, formulada
> precisa y concretamente.
>
> El Partido Comunista debería realizar una gran agitación en el país
> apoyando y explicando la iniciativa de la CGTU. Por un cierto tiempo
> debe concentrarse la atención de amplios sectores obreros,
> principalmente los de la CGT, en la sencilla idea de que los
> comunistas proponen lograr inmediatamente la unidad de las
> organizaciones sindicales. Cualquiera que sea la actitud de los
> reformistas, cualesquiera que sean las tretas a las que recurran, los
> comunistas saldrán beneficiados de esta campaña, aun si en este primer
> intento sus propuestas no llevan más que a una demostración de su
> actitud.
>
> Durante este periodo, la lucha en nombre del frente único no cesa ni
> un minuto. Los comunistas continúan atacando a los reformistas en las
> provincias y en la metrópolis, basándose en la creciente actividad de
> los obreros renovando sus ofertas de acciones combativas sobre la base
> de la política de frente único, desenmascarando a los reformistas,
> fortaleciendo sus propias filas, etcétera. Y bien puede suceder que en
> seis meses, o en uno o dos años, los comunistas se vean obligados a
> repetir su propuesta de fusión de las confederaciones sindicales, y a
> poner a los reformistas en una posición más difícil que la primera
> vez.
>
> La verdadera política bolchevique debe tener precisamente este
> carácter de tomar la ofensiva y ser al mismo tiempo flexible y firme.
> Es la única forma de preservar al movimiento del desgaste, de librarlo
> de formaciones parásitas y de acelerar la evolución de la clase obrera
> hacia la revolución.
>
> La lección propuesta anteriormente no tiene sentido ni puede prosperar
> si la iniciativa no parte de la CGTU y del Partido Comunista. La tarea
> de la Liga no consiste naturalmente en lanzar independientemente la
> consigna de congreso de unificación, enfrentándose tanto a la CGTU
> como a la CGT. La tarea de la Liga es empujar al Partido Comunista
> oficial y a la CGTU hacia una política, estimularlas a llevar a cabo
> en el momento propicio (y en el futuro habrá muchos) una ofensiva para
> la fusión de las organizaciones sindicales.
>
> Para poder cumplir sus tareas hacia el partido Comunista, la Liga debe
> (y éste es su primer deber) alinear sus propias filas en el campo del
> movimiento sindical. Es una tarea que no puede posponerse. Debe ser
> cumplida y lo será.
>
> 25 de marzo de 1931.
>
>
>
> [1] Vasaart, Albert (1898-1958). Uno de los dirigentes del Partido
> Comunista en los sindicatos rojos que, habiendo sido ardiente
> ultraizquierdista durante el “tercer período”, impugnó la política del
> PC. En sus polémicas, los dirigentes del PC tachaban a veces las
> posiciones de Vassart de "semitrotskistas".
>
> [2] Losovski, Manuilski y Cia. A. Losovski (ver nota notas 5 en
> Comunismo y Sindicalismo y nota 1 en Los errores de los sectores de
> derecha…). Dimitri Manuilski (1883-1959) encabezó la Comintern de 1929
> a 1934, o sea durante el “tercer período”.
>
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