[R-P] [O.Vergara Bertiche] Cuando la vieja diva viene marchando.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Nov 12 20:52:41 MST 2009


CUANDO LA VIEJA DIVA (o diva vieja) VIENE MARCHANDO

En 1935 el célebre trompetista y cantante Louis Armstrong (apodado
satchmo) presentaba, lo que se convertiría en un clásico, “Cuando los
santos viene marchando”, que entre otros temas de su autoría se
convertirían en símbolo de la creatividad del negro norteamericano.

En 2005, se estrena la película argentina documental-musical “Cuando
los santos vienen marchando” del Director Andrés Habegger, con guión
de Teresa Torrealba y Andrés Habegger

Es la historia de un grupo de niños de entre 7 y 13 años que forman
parte de una orquesta infantil de música clásica en Lugano, al sur de
la ciudad de Buenos Aires.

Ellos van y vienen entre Tchaikosky y calles de tierra, entre Schubert
y la falta de agua, entre Beethoven y los conflictos familiares.

“Cuando los santos vienen marchando” como expresión ha servido en
muchas oportunidades para aprobar o denostar actitudes grupales.

Así, ha permitido que los “santos” o “gauchos de Boedo”, los del
“gasómetro”, los de San Lorenzo de Almagro, club futbolero que se
iniciara al amparo del sacerdote salesiano Lorenzo Massa y que fuera
magistralmente representado en el cine por Ángel Magaña, utilizan tal
fraseología para magnificar sus triunfos.

Por otra parte, como antípoda, ha servido como en el caso de un
titular de Página 12 del 31 de Mayo de 2008, para criticar que el
ejercito estadounidense desembarcara en la sierra peruana para prestar
“ayuda humanitaria” con fusiles de largo alcance M 16 y ametralladoras
de combate MAC en medio de una región en la que los enfrentamientos de
las fuerzas de seguridad peruanas con la guerrilla y el narcotráfico
son cosa cotidiana, lo que ha disparado las suspicacias sobre lo que
estaría detrás de esta presencia militar.

“Venir marchando” es venir andando, trasladándose, moviéndose, es en
definitiva “venir avanzando”.

Y hay quienes “avanzan” en demasía. Avanzan en aras de intereses, como
paradoja, “non sancto”. Y este es el caso de la diva televisiva, la de
los almuerzos de figurones/nas, entonados/as y vanidosos/as.
Entonados/as son los que sienten la excitación y alegría propia del
comienzo de la embriaguez y se embriagan no por vahos alcohólicos sino
por pedantería y exhibicionismo.

Y haciéndole coro a la diva, varios/as como Su, la de amores erráticos
y beneficencia dudosa, y el líder del espectáculo nocturno degradado y
degradante, llaman a “marchar” contra la inseguridad, o sea por que
exista mayor seguridad. Pero claro, no seguridad social, sino
“seguridad” para evitar “a ultranza” los delitos.

El matutino nacional antinacional de hoy, 12 de Noviembre de 2009,
indica que se “está en plena organización del acto, que no se tratará
de una marcha sino de un evento que se realizará en algún lugar
cerrado, tal vez un teatro de Palermo”. Pero eso sí “Sin banderas
políticas” y “se tratará de mostrar el descontento con lo que está
pasando, pero en silencio. El cierre del mismo será cantar el himno
nacional sobre el escenario del lugar elegido”.



Y ¿qué está pasando?... Lo que pasa es que hay hurtos, robos y crímenes.

Hay palanqueros, tableristas, espadistas , escaparatistas,
escaladores, boqueteros, revientacabinas, carteristas, piqueros,
bolsilleros, lanceros, descuidistas, maleteros, mecheros, gateras y
cuanto nombre la jerga policial-delictiva ha impuesto.

Hay armas en manos de los delincuentes, desde el simple e inocente
cuchillo que usamos para comer hasta sofisticadas y poderosas de
fuego.

Hay de hecho, delincuentes corregibles y otros incorregibles.

Hay sin lugar a duda temor, en distintos estamentos de la sociedad, ya
que la inseguridad genera miedos, y el miedo se potencia cuando se
exacerba, machaconamente, el conflicto.

Hay, entonces, en el escenario social e instalado ex profeso, como
cuestión primordial: la inseguridad. Es el nuevo hecho trascendente
que hacen trascender los medios.

Y frente a estos “hay” hay generadores del delito y la violencia, que
no se enumeran por parte de tan “preocupados” activistas de la
seguridad segura.

La causa fundamental es, mal que les pese, la distribución desigual de
la riqueza, que no es otra cosa que un eufemismo por acrecentamiento
de la pobreza.

Nunca fue tan grande la brecha entre los más ricos y los más pobres. Y
la inseguridad no está radicada en los “espacios ricos o medios ricos”
de cualquier ciudad, sino también en las villas, donde el pobre le
roba o mata al indigente. O, en otros términos, el pobre le roba al
miserable.

Y no se escucha, salvo a los involucrados, que se manifiesten estos
“inseguros” por el drama de la pobreza y la marginalidad.

No se los escucha protestar por la pobreza infantil. Porque ese
fenómeno por sí no afecta a los “piqueteros” del eterno bienestar. El
niño pobre no les afecta, les afecta lo que el niño pobre puede hacer.
Esto es lo que no les deja vivir, lo que les crea temor.

Los pobres, los niños pobres son problemas de otros. Y no piensan que
esa pobreza y desigualdad social podrían ser vectores de la misma
inseguridad que temen.

No se escucha que esta troupe convoque a una marcha por la seguridad
social. Por el derecho de todos a tener derechos.

La paranoia que sufren algunos sectores se resolvería con la terapia
de la “mano dura”, “mayor poder de fuego”, “disminución de la edad
punible”, o sea “tolerancia cero” que al igual que el ingeniero que no
era tal, se inclinan por seguir los métodos de William Bratton, que
fue jefe de la policía de Nueva York y verdadero arquitecto de las
medidas ultrarrepresivas que puso en marcha el alcalde Rudolph
Giuliani.

Bratton manifestó en una Conferencia en Buenos Aires que “la
desocupación no está relacionada con el delito”, y terminó su
conferencia afirmando que la causa del delito “es el mal
comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones
sociales”.

Por el contrario, Adam Crawford, en su libro “Prevención del crimen y
seguridad de la comunidad”, señala que sería más exacto describir las
formas de actividad policial realizadas en nombre de la “tolerancia
cero” como estrategias de “intolerancia selectiva”.

La intolerancia selectiva es perseguir, amedrantar y castigas a los
sectores empobrecidos de la sociedad, sean o no delincuentes.

No es poder de fuego lo que se necesita sino dignidad. La dignidad de
alimentarse, de tener a la salud, a la vivienda, a la educación, al
trabajo.

En nuestro país existen tres generaciones de desempleados y gravísimas
lesiones neurológicas en los niños subalimentados.

Podemos afirmar que en nuestro país los niños dejaron ser privilegiados.

Los niños expuestos a la calle, son la carne de cañón de
inescrupulosos que sólo tienen para ofrecerles el cóctel del delito,
explotación y muerte.

Y todos esperan la oportunidad de una vida nueva. Que es una causa
prioritaria como problemática de existencia y de justicia social.

Los piqueteros que “molestan” con sus reclamos son la expresión diaria
y visible de los “nuevos enanos sociales”: de los niños muertos de
hambre con panzas de raquitismo, de los enfermos sin tratamiento
posible, de las bocas desdentadas, de las caras famélicas de los
menores buscando alimentos en la basura, de la falta de higiene, de
los daños neurológicos irreparables, de la promiscuidad y el
hacinamiento.

A este sector es al que hay que reprimir. A los enlazados en la mesa
de enlace, (los de la guerra agraria), a los provocadores de toda
índole que cortan rutas y calles se los debe considerar como
luchadores consecuentes por la libertad y la democracia.

Hay que reprimir al país monstruoso. Para eso se debe marchar. Marchar
contra viento y marea.

Para lograr que algún día los verdaderos santos “vengan marchando”
debemos impedir que estos “non sancto” lo hagan. Debemos cerrarles el
paso.

Nota: El Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio
Alak, ha señalado que "Tenemos la segunda tasa más baja en América
Latina de delitos dolosos después de Chile", quien entendió que, de
esta forma, "los números le otorgan a Argentina una situación
privilegiada en América Latina", más allá de la percepción de "una
sensación de inseguridad importante más allá de las estadísticas".

"Pese a que las estadísticas son buenas para Argentina, se trabaja
irresponsablemente para aumentar la sensación de inseguridad. En ese
marco, el tema de la seguridad se usa para lograr raiting y de utiliza
también de forma indigna como elemento electoral".

En este marco, afirmó que si bien "se hizo mucho en materia de
seguridad, todavía falta mucho por hacer", y remarcó que "la mejor
política, la más importante que se puede dar en materia de seguridad,
es la inclusión social".

Además, consideró que "una de las maneras en las que no hay que
trabajar" para abordar esta problemática "es a partir de la
crispación" y sostuvo que las definiciones que son tomadas en esos
contextos "son siempre regresiones al pasado que no mejoran la
situación".

Osvaldo Vergara Bertiche

Rosario, Provincia de Santa Fe, 12 de Noviembre de 2009




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