[R-P] SL y el "mal menor".
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Nov 6 17:17:33 MST 2009
[Los compañeros de "Socialismo Latinoamericano", han sacado en su
página Web una nota que reproduzco más abajo contra los partidarios
del "mal menor".Como en mí análisis anterior de las propuestas de SL
hablé del "mal menor", parece que se hicieron eco de mis modestas
opiniones.
En realidad, la idea del "mal menor", tiene su base en aquellas ideas
de Maquiavelo sobre que gobierno era conveniente para unificar a ese
conjunto de principados y republiquetas, que era la "Italia" de su
tiempo.Por supuesto, que un sedicente revolucionario no puede aceptar
"en abstracto", la idea del "mal menor".Pero como la "verdad es
concreta", como le gustaba decir a Hegel, quizá a veces no nos quede
otra opción que el "mal menor".Eso lo entendió perfectamente
Scalabrini Ortíz al decir que la opción en su momento era entre Perón
y Federico Pinedo; no entre Perón y el arcángel San Míguel, lección de
realismo político que la IN de su tiempo asimiló enfrentando el golpe
gorila de 1955, contra la opinión de toda la izquierda cipaya.
Se dice que quienes somos partidarios del "mal menor", aseguramos el
continuismo de los poderosos y renunciamos a ser una alternativa
independiente.
La alternativa de Lenin de un gobierno provisional con la burguesía,
en "Dos Tácticas...", ¿no era un mal menor, ante el poder del zarismo?
¿Cuando Trotsky pedía la unión con la socialdemocracia alemana contra
el nazismo, no era partidario, de alguna manera, del mal menor?¿Y la
"disolución" de los trotskistas franceses, con el apoyo de Bronstein,
en el ultracorrompido PS?¿Y su posición en favor de Cárdenas, haciendo
referencia al carácter DEFENSIVO de las nacionalizaciones de su
gobierno?
Pero no me quiero ir por las ramas, aunque los ejemplos serían
muchísimos. La Izquierda Nacional que apoya al gobierno de Cristina K,
entiende que puede ser independiente política y programáticamente de
este gobierno bonapartista, sin hacerle el juego a la oligarquía.
En la actual dialéctica de fuerzas de las clases en la Argentina, hay
dos bloques definidos.Uno hegemonizado por la oligarquía, con la SRA a
la cabeza, y otro que apoya una parte considerable de la Izquierda
Nacional, que tiene su eje en el movimiento obrero organizado, base
del gobierno de Cristina K.
Son a mi entender, los dos únicos centros de gravedad
posibles.Podremos profundizar el camino al socialismo, sólo si el
movimiento obrero se pone a la cabeza del cambio,con un programa
independiente.Esto no sucede hoy,pero, ¿debemos separarnos del
torrente popular?
La opción de "golpear" por igual a los Kirchner y a la oposición, es
una política que sólo beneficia a quienes quieren retrotraer a la
Argentina al Menemato, aquellos que se niegan a entender que este
gobierno no es un enemigo del pueblo, a pesar de sus deficiencias.]
HAY QUE ROMPER LA TRAMPA DEL CONTINUISMO OFICIALISMO-OPOSICIÓN
¿El kircherismo es el mal menor?
2009
06 de Noviembre
¿El kircherismo es el mal menor? Apostar a lo “menos malo” es
renunciar a construir una alternativa independiente. Por el contrario,
una política que se proponga poner en el orden del día las tareas de
contenido nacional, democrático, antiimperialista, no puede siquiera
formularse si no es a partir de romper la continuidad instaurada desde
1976. Los actos de celebración del 17 de octubre realizados por
kirchneristas y antikirchneristas, dejaron al desnudo la distancia
insalvable que separa, a unos y a otros, de los orígenes peronistas
que pretendían conmemorar. El justicialismo, en cualquiera de sus
versiones, está plenamente integrado al régimen partidocrático, al
punto que en los últimos veinte años los gobiernos surgidos de sus
filas, han sido instrumentos políticos perfectamente adaptados a las
exigencias de alguna de las fracciones del gran capital. Respecto a
los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández no hay
demasiado margen para engañarse. Sin embargo, hay quienes, tras
destacar los supuestos condicionantes que los han limitado y los
siguen limitando, aseguran que el futuro puede ser sin duda peor. Así,
por ejemplo, sostienen que en caso de ganar la oposición las próximas
elecciones presidenciales, el giro a la derecha sería cerrado y la
vuelta al pasado, inevitable. En consecuencia, habría que inclinarse
por lo “menos malo” o, lo que es lo mismo, votar por el “mal menor”.
¿Es cierto esto? Está fuera de discusión el contenido antinacional de
los programas que desde la derecha del PRO, y el centro de radicales,
cobistas y cívicos con su ala izquierda socialista, convergen en el
campo opositor. Sin embargo, el interrogante no es si alguna
combinación de estas fuerzas puede llegar a ganar las elecciones, sino
qué consistencia puede alcanzar un gobierno de este tipo. La derecha
que se unifica en torno a Macri y De Narváez no tiene suficiente
consistencia social: cuenta con la adhesión de la alta clase media y
ha organizado su propia política clientelística entre las capas más
sumergidas del Gran Buenos Aires, pero una cosa es el voto y otra muy
distinta la densidad social mínima sobre la que sostener un programa
de gobierno. ¿Y un ensamble que logre reunir en una fórmula a algunas
de las “grandes figuras republicanas”: Carrió, Morales, Cobos,
Binner…? En este caso salta inmediatamente a la memoria la
experiencia de la Alianza de radicales y “progresistas”, y su triste
final tras dos desastrosos años de gobierno, en los cuales quedó al
desnudo la ambigüedad, la hipocresía y, en definitiva, la ausencia de
política propia por parte de la pequeña burguesía, y su falta de
consistencia de clase para sostenerse en el gobierno. En verdad, el
principal riesgo para la continuidad kichnerista parece estar
encerrado en al aparato del PJ. A partir del enfrentamiento con el
bloque agrario el oficialismo ha experimentado importantes
desprendimientos en provincias claves como Santa Fe y Córdoba,
mientras que en Buenos Aires la zapa de Duhalde ha comenzado su
silencioso y paciente trabajo. En definitiva, los giros de la política
nacional de las últimas dos décadas se han producido a través de los
cuadros del aparato justicialista. Pero el problema sigue siendo el
mismo: ¿si el kirchnerismo no sobrevive al 2011 se avecina un período
de cruda reacción?, ¿un retorno a la etapa negra de los 90’? En este
punto hay que tener en cuenta lo siguiente. Todo giro en un sentido de
reacción que implique cambios estructurales en la situación política y
económica e impacte socialmente, es siempre precedido por
modificaciones materiales en la correlación entre las clases y las
fuerzas partidarias: los fusiles del terrorismo de Estado en marzo de
1976; el poder del terrorismo hiperinflacionario de “los mercados”, en
febrero de 1989. Sin un disciplinamiento brutal del conjunto de la
sociedad es imposible sostener programas como los que lograron imponer
la dictadura y el menemismo. Hoy, la primera variante no tiene
consenso alguno en los círculos del poder económico, ni aún entre sus
fracciones más a la derecha, pues esta vez no encontraría la base
social necesaria en la clase media. La segunda no interesa a quienes
habitualmente son sus grandes beneficiados: la fuga de capitales ha
disminuido y los bancos no compran dólares sino títulos de la deuda,
que en la actualidad constituyen un jugoso negocio. El apoyo a lo
“menos malo” siempre ha sido garantía de continuidad para los círculos
del poder pues, tanto lo menos como lo más malo son la cara y la
contracara de un programa que, en lo sustancial, reproduce las
condiciones de dominación. Apostar a lo “menos malo” es renunciar a
construir una alternativa independiente. Por el contrario, una
política que se proponga poner en el orden del día las tareas de
contenido nacional, democrático, antiimperialista, no puede siquiera
formularse si no es a partir de romper el círculo del hierro de esta
continuidad. Seis décadas atras, el campo de fuerzas, las ideas y las
prácticas políticas que dieron lugar a la conjunción nacional-popular
del 45 fueron contruidas desde el Estado, como consecuencia de una
ruptura radical con el pasado. Hoy las condiciones han variado por
completo. Es a partir de la iniciativa de las grandes masas obreras y
populares, de la decisión de la militancia, de la organización de una
voluntad colectiva, que las fuerzas de un gran Frente
Nacional-Antiimperialista se pondrán nuevamente en marcha.
http://www.izquierdanacional.org/soclat/articulos/520/
Apostar a lo “menos malo” es renunciar a construir una alternativa
independiente. Por el contrario, una política que se proponga poner en
el orden del día las tareas de contenido nacional, democrático,
antiimperialista, no puede siquiera formularse si no es a partir de
romper la continuidad instaurada desde 1976.
Los actos de celebración del 17 de octubre realizados por
kirchneristas y antikirchneristas, dejaron al desnudo la distancia
insalvable que separa, a unos y a otros, de los orígenes peronistas
que pretendían conmemorar. El justicialismo, en cualquiera de sus
versiones, está plenamente integrado al régimen partidocrático, al
punto que en los últimos veinte años los gobiernos surgidos de sus
filas, han sido instrumentos políticos perfectamente adaptados a las
exigencias de alguna de las fracciones del gran capital.
Respecto a los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández no
hay demasiado margen para engañarse. Sin embargo, hay quienes, tras
destacar los supuestos condicionantes que los han limitado y los
siguen limitando, aseguran que el futuro puede ser sin duda peor. Así,
por ejemplo, sostienen que en caso de ganar la oposición las próximas
elecciones presidenciales, el giro a la derecha sería cerrado y la
vuelta al pasado, inevitable. En consecuencia, habría que inclinarse
por lo “menos malo” o, lo que es lo mismo, votar por el “mal menor”.
¿Es cierto esto?
Está fuera de discusión el contenido antinacional de los programas que
desde la derecha del PRO, y el centro de radicales, cobistas y cívicos
con su ala izquierda socialista, convergen en el campo opositor. Sin
embargo, el interrogante no es si alguna combinación de estas fuerzas
puede llegar a ganar las elecciones, sino qué consistencia puede
alcanzar un gobierno de este tipo. La derecha que se unifica en torno
a Macri y De Narváez no tiene suficiente consistencia social: cuenta
con la adhesión de la alta clase media y ha organizado su propia
política clientelística entre las capas más sumergidas del Gran Buenos
Aires, pero una cosa es el voto y otra muy distinta la densidad social
mínima sobre la que sostener un programa de gobierno.
¿Y un ensamble que logre reunir en una fórmula a algunas de las
“grandes figuras republicanas”: Carrió, Morales, Cobos, Binner…? En
este caso salta inmediatamente a la memoria la experiencia de la
Alianza de radicales y “progresistas”, y su triste final tras dos
desastrosos años de gobierno, en los cuales quedó al desnudo la
ambigüedad, la hipocresía y, en definitiva, la ausencia de política
propia por parte de la pequeña burguesía, y su falta de consistencia
de clase para sostenerse en el gobierno.
En verdad, el principal riesgo para la continuidad kichnerista parece
estar encerrado en al aparato del PJ. A partir del enfrentamiento con
el bloque agrario el oficialismo ha experimentado importantes
desprendimientos en provincias claves como Santa Fe y Córdoba,
mientras que en Buenos Aires la zapa de Duhalde ha comenzado su
silencioso y paciente trabajo. En definitiva, los giros de la política
nacional de las últimas dos décadas se han producido a través de los
cuadros del aparato justicialista.
Pero el problema sigue siendo el mismo: ¿si el kirchnerismo no
sobrevive al 2011 se avecina un período de cruda reacción?, ¿un
retorno a la etapa negra de los 90’? En este punto hay que tener en
cuenta lo siguiente. Todo giro en un sentido de reacción que implique
cambios estructurales en la situación política y económica e impacte
socialmente, es siempre precedido por modificaciones materiales en la
correlación entre las clases y las fuerzas partidarias: los fusiles
del terrorismo de Estado en marzo de 1976; el poder del terrorismo
hiperinflacionario de “los mercados”, en febrero de 1989. Sin un
disciplinamiento brutal del conjunto de la sociedad es imposible
sostener programas como los que lograron imponer la dictadura y el
menemismo. Hoy, la primera variante no tiene consenso alguno en los
círculos del poder económico, ni aún entre sus fracciones más a la
derecha, pues esta vez no encontraría la base social necesaria en la
clase media. La segunda no interesa a quienes habitualmente son sus
grandes beneficiados: la fuga de capitales ha disminuido y los bancos
no compran dólares sino títulos de la deuda, que en la actualidad
constituyen un jugoso negocio.
El apoyo a lo “menos malo” siempre ha sido garantía de continuidad
para los círculos del poder pues, tanto lo menos como lo más malo son
la cara y la contracara de un programa que, en lo sustancial,
reproduce las condiciones de dominación. Apostar a lo “menos malo” es
renunciar a construir una alternativa independiente. Por el contrario,
una política que se proponga poner en el orden del día las tareas de
contenido nacional, democrático, antiimperialista, no puede siquiera
formularse si no es a partir de romper el círculo del hierro de esta
continuidad. Seis décadas atras, el campo de fuerzas, las ideas y las
prácticas políticas que dieron lugar a la conjunción nacional-popular
del 45 fueron contruidas desde el Estado, como consecuencia de una
ruptura radical con el pasado. Hoy las condiciones han variado por
completo. Es a partir de la iniciativa de las grandes masas obreras y
populares, de la decisión de la militancia, de la organización de una
voluntad colectiva, que las fuerzas de un gran Frente
Nacional-Antiimperialista se pondrán nuevamente en marcha.
por Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional
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