[R-P] Bayer y su obsesión con Roca.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Dom Mayo 31 09:29:15 MDT 2009
31-05-09 | Por Alfredo Montenegro / La Capital
Una historia sin olvido ni perdón
Osvaldo Bayer habla sin levantar demasiado la voz. Pero sus palabras
tienen la fuerza necesaria: “Los gobiernos argentinos deben realizar
una autocrítica y pedir perdón por las matanzas cometidas contra los
pueblos originarios, así como lo hicieron Canadá y Australia con las
comunidades masacradas en esos países”. El periodista e historiador
dejó ese reclamo en Rosario, donde estuvo presentar el documental
Awka-liwen —”Rebelde amanecer”, en mapudungun, lengua mapuche—, una
película que relata “la historia del saqueo, de la llamada conquista
del desierto, desde el general Julio Argentino Roca a la actualidad,
cuando aún se les niega sus tierras a las comunides originarias”.
El documental, dirigido por Mariano Aiello y Kristina Hille, está casi
terminado. “Fue filmado en todos los lugares donde hay pueblos
originales, con sus respectivos problemas, sueños y luchas que
mantienen para reconquistar el territorio”, según la explicación de
Bayer al público que colmó el auditorio del Museo del Diario La
Capital. El autor de La Patagonia Rebelde fue presentado por el
director del Museo de la Memoria, Rubén Chababo.
En una entrevista con Señales, Bayer insiste en la necesidad de la
reparación histórica del genocidio. “Hoy todo se vende, aunque en el
medio de un terreno queden comunidades. Se trata de antiguos
habitantes de esas tierras, que no tienen títulos de propiedad porque
nunca creyeron en la propiedad privada. Pero esas comunidades han
retomado la organización, hacen encuentros y están unidas. Además,
participan en el movimiento que iniciamos para terminar con los
monumentos de Roca y para cambiar los nombres de las calles que los
recuerdan a él y sus oficiales, como ya ocurrió en Rojas, Puerto
Madryn y Concepción del Uruguay, entre otras localidades”.
Sobre la autocrítica exigida al Estado, Bayer resalta que “hace cinco
años, un serio estudio antropológico realizado por investigadores de
la Universidad de Buenos Aires, registró que el 56 por ciento de los
argentinos tienen sangre ancestral. Ese porcentaje, ahora ha subido al
61 por ciento, por la corriente que viene del norte. Por eso debe
hacerse el pedido de perdón, si la mayoría de la población lleva
sangre de comunidades originarias, no admitirlo es un acto de racismo
y desprecio a todos esos pueblos que cayeron”.
Los realizadores y el escritor fueron recibidos por la presidenta
Cristina Fernández, a quien le solicitaron apoyo para el
financiamiento del film, y una declaración del gobierno argentino con
disculpas “por el genocidio instrumentado por el Estado, en la campaña
de Roca”.
El silencio oficial
La reparación de la historia encubierta por “la versión oficial” es
una de las largas luchas del escritor. Ya en 1973, al escribir sobre
los fusilamientos de peones rurales en la Patagonia durante 1921,
Bayer había solicitado investigar el episodio y realizar un juicio de
la verdad. “El entonces rector de la Universidad de Buenos Aires,
Rodolfo Puiggrós, apoyó la instancia. Le dije que necesitaba un equipo
de excavación en las tumbas masivas para hallar los restos de los
fusilados. Aceptó la idea y agregó que la Universidad financiaría el
proyecto. Pero a la semana cayó Cámpora y ya nadie se interesó por el
tema”, recuerda Bayer.
“Luego, cada vez que asumía una nueva autoridad en la UCR —agrega— les
solicité que aceptaran la responsabilidad del entonces presidente
Hipólito Yrigoyen en la matanza de los trabajadores. Pero el
radicalismo siempre se negó. Desafié a los historiadores radicales
para hacer un congreso y que cada uno presentara sus pruebas, pero
nunca respondieron”.
Luego, “invité a (Ricardo) Balbín a que dejara una flor en la estancia
santacruceña La Anita, un 10 de diciembre, para homenajear a los
fusilados. Le recordé que en 1972, en su primer acto de gobierno, el
primer ministro alemán Willy Brandt fue al monumento al Holocausto y
se puso de rodillas para pedir perdón en nombre del pueblo alemán.
Pero nunca respondió, y también Alfonsín se negó rotundamente a ese
reconocimiento”.
“Tampoco lo hicieron los historiadores militares, que en el libro La
tragedia patagónica, del coronel Orlando Mario Punzi, se justifica el
accionar del ejército en esos asesinatos, pero sin rechazar ninguno de
mis argumentos. Sin embargo, ya con el título reconocen que hubo una
tragedia, aunque no murieron soldados o estancieros”, afirma Bayer.
Estatuas y billetes
Bayer explica que la Sociedad Rural Argentina (SRA), fundada en 1868,
tuvo como primer presidente a José María Martínez de Hoz, “bisabuelo
del ministro de Economia de la dictadura de la desaparición de
personas”. La entidad financió la llamada conquista del desierto
“comprando bonos de 4 pesos, a cambio de una hectárea de tierra.
Después se entregaron 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes. Al
presidente de la SRA le dieron 2,5 millones de hectáreas y 541
oficiales recibieron 4.679.500 mil hectáreas”.
Roca recibió 65 mil hectáreas y fundó una estancia en Guaminí. “Al
final de la campaña, decía ante el Congreso: «La ola de bárbaros que
han inundado por siglos la llanura ha sido por fin destruida». Pero no
aclaró que vivían en esas tierras y que los españoles llegaron
después”.
La campaña y el exterminio de los aborígenes, sigue Bayer, fueron
justificados por destacados intelectuales. En el diario La Tribuna, de
1877, Estanislao Zeballos escribió por ejemplo que “para acabar con
los restos de los que fueron peligrosas tribus”, no hacía falta otra
táctica “que la que los cazadores europeos utilizan contra el jabalí,
mejor dicho contra el ciervo, porque el indio ya es un ciervo
disparador y jadeante”. E indicaba: “es preciso no tenerles lástima”.
Bayer opone la figura de Roca —“con él como ministro de Guerra, se
lanzó el proyecto de exterminar a los salvajes y bárbaros”— a la de
San Martín, que cuarenta años antes hablaba de “nuestros paisanos, los
indios”.
En ese sentido, el historiador santafesino (nació en la capital de la
provincia en 1927) remarca que “el monumento más grande de la ciudad
de Buenos Aires no es de San Martín sino de Roca: está en la Diagonal
Sur, que desemboca en la Plaza de Mayo. Ahí se lo ve en su brioso
corcel, a pesar que no sabía andar a caballo —lo dicen sus oficiales
en memorias—, y debió hacer la campaña patagónica en carroza”.
Bayer señala la distinta valoración de los personajes en otro detalle.
“La imagen de San Martín está en el billete de 5 pesos. Pero Roca
figura en el de 100. El poder económico no es tonto”, dice. Y quizá
esa sea una manera en que el mismo poder reconoce a quien lo favoreció
como ningún otro.
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