[R-P] Jorge Rivas, por Alberto Fernandez

eliana gabay egabay62 en gmail.com
Sab Mayo 30 10:59:47 MDT 2009


CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN

Me parecio una bella nota sobre todo al final dode Fernandez dice: en
tiempos en que la política corroe las lealtades y las vanidades
aplastan los compromisos de proyectos, hay un lugar para solidificar
con afecto las identidades personales. Saludos. Eliana

Bienvenido Jorge
En: www.elargentino.com  24-05-2009 /

Cuando por primera vez debí prestar mi informe de jefe de Gabinete de
Ministros ante la Cámara de Diputados de la Nación, recibí una
andanada de preguntas, signadas más por la vocación “chicanera” tan
propia de nuestra política que por la vocación constructiva de
realizar una mejor república.

De todos esos requerimientos, sin embargo, algunos me llamaron la
atención por la certeza de los argumentos que los fundamentaban. En
todos los casos, los cuestionamientos tenían un origen común. Quien
los formulaba era un diputado socialista y opositor. Su nombre: Jorge
Rivas.
Cuando llegué a mi despacho, le pedí a mi secretaria que me comunicara
con él. Cuando lo ubiqué, le pedí que revisáramos juntos sus
interrogantes. Nos reunimos, discutimos y comenzamos a darnos cuenta
de que los dos, parados en distintos ámbitos de la política, estábamos
en la búsqueda del mismo país.

Pasó el tiempo y cuando Juan Carlos Pezoa abandonó la Vicejefatura de
Gabinete para ocupar otras funciones en el Gobierno, le pedí a Néstor
Kirchner cubrir ese cargo con Jorge Rivas. Aunque no entendió con
claridad la causa de mi propuesta, el entonces Presidente aceptó que
así fuera. Creo que, al igual que yo, participaba de la idea de
ampliar nuestro espacio político hasta abarcar a todos quienes querían
hacer frente a los desafíos que suponía modificar el agobiante sistema
de poder que tanto daño le había hecho a la Argentina.

Muchos compañeros del peronismo renegaron por aquella decisión. Al fin
y al cabo se trataba de un socialista y muchos socialistas habían
confrontado a lo largo de la historia con las lógicas que imperaron en
los gobiernos conducidos por el peronismo.

Del otro lado, muchos de sus viejos compañeros de ruta también le
reprocharon su aceptación al cargo. Al fin y al cabo, a algunos de
ellos también les costaba entender que teníamos la oportunidad de
confluir en una nueva lógica de construcción de un país.

Desoyendo las quejas de uno y otro lado, Jorge Rivas se convirtió en
mi vicejefe de Gabinete. Desde entonces trabajó leal e
incansablemente. Ayudó con inteligencia a organizar el traspaso del
poder en Tierra del Fuego; allí, precisamente donde el peronismo
derrotado dejaba el poder en manos de una joven dirigente nacida en
las mismas filas del socialismo. Después, cuando el conflicto del
Indec comenzó a adquirir ribetes complejos, Rivas fue tejiendo
acuerdos mínimos con los gremios que facilitaron, cuanto menos, la
convivencia en el organismo.

Por su dedicación y compromiso con el proyecto político plural del que
participábamos se convirtió en uno de nuestros candidatos a diputado
nacional por la provincia de Buenos Aires. Y fue elegido por sus
conciudadanos.

Fue entonces cuando le pedí que no abandonara su cargo y me siguiera
acompañando. Se había convertido en un colaborador enormemente
valioso. Una y otra vez se le pedí, pero su vocación parlamentaria y
su compromiso con sus votantes parecían impulsarlo a desoír mis
pedidos.

De repente, todo pareció quedar inconcluso. Una mañana de noviembre
del 2007, mi secretaria me avisó que delincuentes habían atacado a
Jorge para robarle su auto. Todo había sucedido en el mismo momento en
que había bajado de su auto para comprar unos medicamentos en una
farmacia.
Muchos me preguntaban dónde estaba la custodia. Y yo respondía que
Jorge no tenía ni auto oficial, ni chofer ni custodia. El y yo
compartíamos nuestra preferencia por conducir nuestros vehículos y
transitar como ciudadanos comunes.

Poco después me enteré de la gravedad de la lesión. Inmediatamente fui
a visitarlo. Allí lo encontré intolerablemente lastimado. En silencio
me miraba expresando lo incomprensible de ese instante. Yo le hablaba
sin saber si me oía. Sólo quería imbuirlo de las fuerzas que yo, que
no era víctima de semejante barbarie, sentía no tener en ese instante.

Desde entonces, Jorge Rivas se fue recuperando. Poco a poco. Con el
enorme apoyo y amor de su familia y con el invalorable acompañamiento
de sus dos viejos compañeros de ruta: Oscar González y Ariel Basteiro.
Ellos dos han servido para demostrar también que, en tiempos en que la
política corroe las lealtades y las vanidades aplastan los compromisos
de proyectos, hay un lugar para solidificar con afecto las identidades
personales.

Con todo ello, un día Jorge Rivas volvió a su banca. El hecho maldito
de los violentos lo ha privado de su movilidad física. Pero Dios, con
la sabiduría que los socialistas le niegan, ha tenido para con él y
para con todos nosotros el cuidado de preservarle su intelecto y su
enorme integridad moral.
He contado todo esto para que todos adviertan que detrás de la
política no sólo se movilizan intereses mezquinos. Allí también
florecen –quizás cada vez con menos frecuencia– compromisos y
lealtades para con proyectos políticos, y fortaleza y moralidad para
con la administración de la cosa pública.

Jorge Rivas es hoy, para algunos, una nota de color para un semanario.
Un diputado con menos capacidades que a fuerza de voluntad lucha por
preservar su espacio.

Pero para otros, como yo, Jorge Rivas es la perfecta síntesis del
compromiso con las ideas y con la mejor calidad republicana. Es la
prueba viva de que aun en la adversidad y en la diversidad partidaria,
pueden encontrarse caminos comunes en pos de una sociedad más justa.

Hoy, su maravillosa oratoria está siendo reemplazada por la mecánica
voz que exhala su computadora. Pero en su interior, allí donde el alma
construye y fortalece responsabilidades y la cabeza diseña el
pensamiento más puro, se mantiene intacto su compromiso democrático,
plural y esencialmente socialista.

Semejantes realidades no deben servir para llenar espacios de un
periódico. Deben servir para reflexionar y darnos cuenta del valor de
su testimonio de conducta en un tiempo en el que las ideas ceden
espacio a la publicidad política, la riqueza predomina sobre la
militancia y las lealtades se confunden con obediencia.

Una vez más, bienvenido Jorge a la política. Hacías falta.



Ex jefe de Gabinete de la Nación




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