[R-P] Mariano Grondona y la lucha en el cuartel contra la demagogia (la democracia)

QUIQUE REY quiquerey44 en gmail.com
Jue Mayo 28 21:39:50 MDT 2009


 Mariano Grondona y la lucha en el cuartel contra la demagogia (la democracia)



En una de sus editoriales en el diario La Nación, titulada: “La lucha
sin cuartel entre la demagogia y la democracia”, Mariano Grondona nos
hace un recorrido por las tensiones que subyacen al interior como al
exterior de la democracia.



DEMOCRACIA - DEMAGOGIA:



Tomando al autor Michael Signer, quien se sirve a su vez de algunas
consideraciones de Aristóteles sobre la democracia, Grondona va a
tratar los peligros de la democracia actual partiendo del considerando
que “una democracia saludable es aquella que no se sobrepone solamente
a sus enemigos de afuera, sino también a esos enemigos de adentro que,
habiendo nacido en su interior, la acechan para corromperla. El
principal enemigo de las democracias de hoy, ahora que ellas se han
impuesto a enemigos externos como el facismo, el militarismo y el
comunismo, es según Signer el demagogo porque, si ellas lo descuidan
por creerse seguras, podría atacarlas por sorpresa”. Siguiendo los
pasos del filósofo y médico de Estagira, el autor señala como
devenires posibles los de la “forma pura de la democracia” y los de la
“forma impura de la demagogia”.

La concepción de democracia del autor es considerada como el
funcionamiento meramente institucional de los poderes de la República,
y en tanto que cualquier acontecer o fenómeno político exceda esas
barreras limitadas por estas categorías de representación, cae
inmediatamente denunciado como disfuncional.

Notamos en el discurso de Grondona fuertes connotaciones biológicas en
adagios como: “La democracia es vulnerable a la demagogia que ella
misma puede engendrar como nuestro organismo es capaz de generar
tejidos cancerosos”, o como “otros gobiernos latinoamericanos […]
infectados por el virus demagógico”, o “la demagogia nace dentro de la
democracia y busca confundirse con ella como si fuera un virus
maligno”, o la alusión clínica de “una democracia saludable”.
Silogismos como estos pueden derivar en conclusiones como que la
demagogia produce, y se reproduce por,  subjetividades carentes de
recursos económicos y educativos, si ese es el mal, extirpemos del
cuerpo de la sociedad aquello que nos aqueja de ella como problema.



POLARIZACIÓN:



Podemos aseverar que Grondona escinde el espectro político en dos
bifurcaciones posibles, raro por de él, que fue uno de los tantos
periodistas y analistas políticos que vituperó al Gobierno Nacional
por las desavenencias que instalaba en la sociedad argentina. Este
modelo de polarización es para el periodista una lógica propia del
kirchnerismo y que es utilizada por este para muchos de sus modos de
obrar. Esta lógica de poder se despliega relacionalmente como un
“juego de suma cero”[1], es decir que cuando una de las partes avanza
en sus posiciones, lo hace siempre en detrimento de la otra.

Mariano Grondona reniega de una lógica política de la que él no es
ajeno. Este tipo de divisiones creadas que le adjudica hoy en día al
gobierno, no es diferente a la estrategia que él mismo diseña
continuamente, y mucho más en tiempos electorales. Estrategia que
consiste en escindir la coyuntura política en dos bifurcaciones[2] en
disputa: una democrática, con apego a las instituciones de la
república; y la otra, demagógica que afrenta continuamente contra las
reglas institucionales.

Ahora bien, esa polarización tiene sujetos políticos y sociales que la
sostienen y que se interrelacionan, unos sobre otros, en disputas por
el sentido de lo público. Confirmamos de esta manera que el autor
también está prisionero de una lógica de poder de “juego de suma
cero”, justamente porque la democracia tiene corrimientos pendulares
en sus extremos: “Allí donde el pueblo asciende, los demagogos
descienden. Allí donde el pueblo desciende, los demagogos ascienden”.

Vemos de esta manera como la lógica adoptada es: democracia vs.
demagogia y como esta atraviesa transversalmente todo el artículo.



LOS DOS PUEBLOS: PUEBLO CLASE MEDIA – PUEBLO HUMILDE



Observamos que cada polo tiene su sujeto social que se conforma como
base y sentido del mismo. Por el lado del polo democrático el autor
apuesta a la clase media que habita en las grandes ciudades como
“Capital Federal, […] Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, La
Plata y […] áreas predominantemente rurales como, por ejemplo, el sur
de Santa Fe”, o casualidad, territorios que son bastiones de la
oposición. El autor sabe que los candidatos de la oposición tienen
muchas diferencias entre ellos, pero comprende también que apalean a
una apuesta discursiva en común en torno a temas como la
“institucionalidad democrática”, y que ese envite está dirigido a un
mismo sector de la sociedad: la clase media urbana y del interior
rural. Aquella clase en la que aún hacen ecos las ideas de progreso y
movilidad social propias de los itinerarios recorridos por sus
antepasados cuando llegaron a la Argentina[3].

Por el otro lado se encuentra el pueblo que “no es pueblo”, en tanto y
en cuanto siga con “sus escasos ingresos y su insuficiente nivel de
educación”. Aquel pueblo que se ubica geográficamente en el segundo
cordón del conurbano bonaerense y en algunas provincias norteñas. En
estos lugares lo político se interfiere con lo estatal, dado que,
según el autor, el oficialismo forma tipos de subjetividades afines a
su proyecto gracias a las dadivas que el estado le concede.

Nos preguntamos ¿La única manera en que se puede pensar la democracia
como posibilidad real es solo en sociedades sin pobres? ¿existen tales
sociedades? Sin caer en el trágico facilismo de aquel Presidente que
dijo que “pobres hubo siempre”, creo, a diferencia del autor, que la
democracia es un tópico mucho más plural y amplio que la simple
circunscripción a una condición de clase.



ESTRATAGEMA



El autor apunta a la clase media como sujeto privilegiado del sistema
político democrático porque solo con ella como eje puede funcionar
bien, y “así lo observó el propio Aristóteles cuando hizo notar que
las democracias son estables solamente allí donde predomina la clase
media”.

A la oposición la separa entre sí innumerables cuestiones, pero la une
una principalmente, su profundo antikirchnerismo. Creo así, que
Grondona, intenta darle una identidad política y cultural a una
oposición diseminada tanto, ideológica como políticamente. Pero en
tanto que da una identidad, esta tiene como móvil el restar adeptos
del polo opuesto para sumarlos al polo de la “democracia”.

 ¿Qué identidad le adjudica el autor? Este articula a lo largo del
artículo tres tipos de identidades: dos ya consumadas y una en proceso
de efectuarse. La primera identidad es de orden territorial y/o
geográfico, y se ubica por el lado del Gobierno Nacional en el
interior norteño del país y el segundo cordón del conurbano
bonaerense; y son territorios tangentes a la oposición: “Capital
Federal, […] Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, La Plata y […]
áreas predominantemente rurales como, por ejemplo, el sur de Santa
Fe”. La segunda identidad está planteada en el orden de lo
económico-social y del lugar que los sujetos ocupan en la estructura
social del país, por un lado las clases empobrecidas que viven de la
asistencia que le brinda el Estado Nacional y por el otro, la clase
media “[…] cuyo nivel económico y educativo es suficiente como para
desenmascarar a los demagogos”. El autor, subyacentemente, da por
sentadas a estas dos primeras identidades y urde su apuesta política a
la tercera, que es la que tiene mayores inconvenientes en formarse
como tal, hablamos ya de la identidad política-cultural, esta
identidad tiene como bandera la “democracia”, tiene un sujeto político
que es la clase media, tiene diferentes candidatos de la oposición que
la enuncian, pero le falta, para convertirse en bandera de triunfo
electoral, que personas humildes tomen “verdadera conciencia”, aunque
sea en el terreno de las fantasías, de “querer” dejar de ser pobres,
como si todo en la vida se subsumiría al querer, y pasen rápidamente a
ser “ciudadanos” de clase media aunque sea por estas elecciones…









ANEXO

Por Mariano Grondona

La lucha sin cuartel entre la demagogia y la democracia



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Domingo 19 de abril de 2009 | Publicado en edición impresa

Entre 1930 y 1983, la Argentina vivió un período pendular cuyos
extremos fueron la democracia y la autocracia. Ahora que los regímenes
militares han desaparecido, ¿quiere decir que hemos instalado
definitivamente la democracia? El analista político Michael Signer se
permite dudarlo. En su reciente libro El Demagogo. La lucha por salvar
la democracia de sus peores enemigos (Demagogue. The Fight to Save
Democracy From its Worst Enemies, Palgrave Macmillan, 2009), Signer
sostiene que la democracia tiene dos clases de enemigos: unos son sus
enemigos "externos", como fueron entre nosotros los golpes militares,
y otros son sus enemigos "internos", porque nacen dentro de ella. A la
cabeza de estos enemigos internos, Signer coloca a los demagogos .



Ya cuando Aristóteles propuso su famosa clasificación de las formas de
gobierno, incluyó en contra de la forma pura de la democracia la forma
impura de la demagogia. Pero a la inversa de la autocracia, que ya
desde su nacimiento reconoce ser antidemocrática, Signer observa que
la demagogia nace dentro de la democracia y busca confundirse con ella
como si fuera un virus maligno.



Que la democracia haya triunfado entre nosotros a partir de Alfonsín
contra sus enemigos externos, no quiere decir que se haya vuelto
invulnerable porque en sus propias entrañas acecha un enemigo cuyo
origen es, paradójicamente, democrático. Una democracia saludable es
aquella que no se sobrepone solamente a sus enemigos de afuera, sino
también a esos enemigos de adentro que, habiendo nacido en su
interior, la acechan para corromperla. El principal enemigo de las
democracias de hoy, ahora que ellas se han impuesto a enemigos
externos como el facismo, el militarismo y el comunismo, es según
Signer el demagogo porque, si ellas lo descuidan por creerse seguras,
podría atacarlas por sorpresa como el dengue a esta sociedad que lo
había olvidado.



No existe tal cosa entonces como una "democracia segura". La
democracia es vulnerable a la demagogia que ella misma puede engendrar
como nuestro organismo es capaz de generar tejidos cancerosos. A la
vista de lo ocurre hoy en el mundo, las nuevas democracias que no
tienen todavía una larga experiencia son las más expuestas a esta
amenaza latente. Esto es particularmente cierto tanto en la Rusia de
Putin como en América latina, donde países como Venezuela, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua, Honduras y la Argentina están sufriendo los
ataques de los demagogos sin haber llegado todavía a padecer la
tiranía aunque ella, como la Cuba de los Castro lo demuestra, es la
meta final de los demagogos.



La seducción del pueblo



Signer, siguiendo a Aristóteles, compara la acción de los demagogos
con la de los cortesanos porque, mientras éstos tratan de seducir al
rey mediante la adulación para desviarlo después hacia sus propios
fines, los demagogos intentan seducir al "rey" de la democracia, que
es el pueblo, halagándolo mediante falsos elogios y promesas para
ponerlo finalmente en sus manos. Una vez que el pueblo se les ha
rendido como un rey vanidoso a sus cortesanos, lo demás es
relativamente fácil porque, como los demagogos van obteniendo en el
transcurso de su progreso político cuotas crecientes de poder en
dirección de lo único que les importa, que es la totalidad del poder,
si el pueblo termina por reconocer demasiado tarde que ha sido
engañado, cuando quiere reaccionar ya está en cadenas. Es en ese
momento preciso que la intención tiránica del demagogo queda al
descubierto. Ya el pueblo cubano no puede rebelarse contra los Castro.
Podría decirse que los Castro al fin se quitaron sus máscaras, pero la
verdad es que han dejado de necesitarlas.



Chávez se halla, en este sentido, en un tramo intermedio entre la
demagogia y la tiranía. Un poco más atrás de él lo siguen otros
gobiernos latinoamericanos también infectados por el virus demagógico.
Cuando Chávez perdió el plebiscito mediante el cual pretendía
eternizarse en el poder, a fines de 2007, la democracia venezolana
conservaba esperanzas. Pero ahora que Chávez ha ganado su segundo
plebiscito en febrero de este año, ¿las conserva todavía? El
presidente venezolano ha empezado a encarcelar a sus opositores. Según
Signer, esto es lógico porque, debido a que su sed de poder es
insaciable, el signo que finalmente revela el verdadero carácter de
los demagogos es su inclinación por la violencia mediante la cual
aterran a los disidentes. Los bolivianos, los ecuatorianos, los
nicaragüenses, los hondureños, ¿están todavía a tiempo de experimentar
en cabeza ajena?



De Chávez a Kirchner



El ascenso de los demagogos hasta la cima del poder no es de todos
modos instantáneo. Como su clave es engañar al pueblo, su ruta es
tortuosa. Chávez lleva ya diez años de poder. Kirchner lleva sólo
seis. ¿Es por eso que está "atrasado" en la búsqueda de ese poder
total que ansía al igual que su precursor venezolano? ¿O está
encontrando en la Argentina, además, dificultades más importantes que
las que enfrenta el demagogo-dictador caribeño?



En la medida que esas dificultades más importantes se dan entre
nosotros, podrían provenir de que el pueblo argentino contiene una
mayor proporción de clase media que el pueblo venezolano. Chávez
perdió y ganó un plebiscito en busca de la reelección indefinida.
Kirchner, en cambio, sólo se atrevió a ensayar este mismo camino en
forma indirecta cuando apoyó el afán reeleccionista del gobernador
Rovira en Misiones, pero el pueblo misionero le dijo que no. Kirchner
ha tenido que resignarse entonces sólo a adelantar las elecciones
parlamentarias de este año, presentándolas, eso sí, como si fueran un
plebiscito. Su ruta, por lo visto, es más trabajosa que la de Chávez.



Aquí viene a cuento una observación de Signer cuando anota que la
suerte de los demagogos depende de que en el pueblo prevalezca, como
en las naciones desarrolladas, la clase media, entendiendo como tal a
aquella cuyo nivel económico y educativo es suficiente como para
desenmascarar a los demagogos. Así lo observó el propio Aristóteles
cuando hizo notar que las democracias son estables solamente allí
donde predomina la clase media.



Nuestro problema es que a estos efectos no tenemos un solo pueblo sino
dos, uno humilde por sus escasos ingresos y su insuficiente nivel de
educación, que habita sobre todo en el segundo cordón del Gran Buenos
Aires y en algunas provincias norteñas como el dramático Chaco, y el
otro expresivo de la clase media que habita en la Capital Federal, el
primer cordón del conurbano y el interior de la provincia de Buenos
Aires, en las ciudades de Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, La
Plata y otras y en áreas predominantemente rurales como, por ejemplo,
el sur de Santa Fe.



Por eso, Kirchner se concentra, casi desesperadamente, en el
conurbano. La paradoja es que a los habitantes de las zonas más pobres
lo que menos les conviene es el kirchnerismo porque la intención de
sus gobernadores e intendentes es mantenerlos en la pobreza ya que, si
accedieran a la clase media, dejarían de votarlos. Pero la meta social
de los demagogos es reforzar la pobreza y la ignorancia, a las que no
conciben como una instancia dramática que el país debiera superar
cuanto antes sino como una reserva electoral, con sus calles de tierra
y sus cloacas a cielo abierto, a la que necesitan seguir explotando.
Allí donde el pueblo asciende, los demagogos descienden. Allí donde el
pueblo desciende, los demagogos ascienden. Esta es la injusta
contradicción que exhibe la política argentina, a sólo 70 días de las
elecciones.













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[1]Por ejemplo, en su artículo del 6 de mayo del 2009 titulado “Vivir
con lo nuestro” dice lo siguiente: “La filosofía del populismo
proviene de la idea de que la economía es un ‘juego de suma cero’. Si
algunos ganan, es porque otros pierden. Si gana el campo, pierde ‘la
mesa de los argentinos’. Si gana ‘la mesa de los argentinos’, pierde
el campo.” http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1125015&pid=6382274&toi=6261

[2] “Nuestro problema es que a estos efectos no tenemos un solo pueblo
sino dos, uno humilde por sus escasos ingresos y su insuficiente nivel
de educación […] y el otro expresivo de la clase media” Ver en:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1119852.

[3] No es casual que Francisco de Narváez se la pase arengando sobre
el itinerario de progreso social de sus abuelos inmigrantes.

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