[R-P] [I. Wallerstein] Cuba:El lento deshielo.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Mayo 28 08:56:43 MDT 2009
EL MUNDO
El lento deshielo
Por Immanuel Wallerstein *
Después de casi 50 años de hostilidad incesante hacia el gobierno
revolucionario de Cuba, Estados Unidos está dando sus primeros pasos
hacia un deshielo en las relaciones. El gobierno cubano responde con
cautela y escepticismo, pero deja la puerta abierta a esta
posibilidad. Algunos comentaristas han atribuido esta nueva situación
a un cambio en el liderazgo de ambos países. La explicación real
descansa mucho más en un cambio en la situación geopolítica –en el
sistemamundo como un todo– y en América latina en particular.
Los revolucionarios cubanos asumieron el poder en enero de 1959. Las
relaciones con Estados Unidos se deterioraron mucho en el lapso de un
año. En marzo de 1960, el presidente Eisenhower ordenó preparar una
invasión de exiliados cubanos para derrocar al gobierno de Cuba. En
marzo de 1961, poco después de llegar a presidente, John F. Kennedy
aprobó una versión revisada del plan Eisenhower. El plan se
instrumentó un mes después. Se lo conoce como la invasión de Bahía de
Cochinos (Playa Girón). Duró unos cuantos días y fue un fiasco militar
para los invasores respaldados por Estados Unidos.
En enero de 1962, Estados Unidos propuso en la reunión de la
Organización de Estados Americanos (OEA) que se le suspendiera su
membresía a Cuba. La propuesta de Estados Unidos fue aprobada por 14
de los 21 miembros, apenas las dos terceras partes necesarias para que
pasara. Cuba votó que no y se abstuvieron otros seis países
latinoamericanos. El argumento principal para la suspensión fue que
Cuba había anunciado su adhesión al marxismoleninismo, que se
consideró incompatible con la membresía.
Además, Estados Unidos lanzó un embargo total a las relaciones
comerciales con Cuba y buscó la aquiescencia con este boicot de los
aliados de la OTAN en Europa occidental y de los Estados
latinoamericanos.
Octubre de 1962 marcó la muy dramática crisis de los misiles cubanos.
La Unión Soviética colocó misiles nucleares en sitios de la isla.
Estados Unidos exigió que fueran retirados. El mundo temió que
estuviéramos a punto de una guerra nuclear. Al final, la Unión
Soviética retiró los misiles, supuestamente a cambio de un compromiso
secreto de Estados Unidos de que no respaldaría ninguna invasión más a
Cuba. El gobierno cubano indicó su desacuerdo con la decisión de la
Unión Soviética, pero mantuvo sus buenas relaciones con ese gobierno.
Como resulta evidente, el principal elemento en la hostilidad
estadounidense hacia el gobierno cubano se debió a consideraciones de
la Guerra Fría. De ahí en adelante, el gobierno de Estados Unidos puso
presión constante en sus aliados de la OTAN y en los Estados
latinoamericanos para que cortaran todos sus vínculos con Cuba, lazos
que, uno por uno, casi todos cortaron.
Al mismo tiempo, hubo un número creciente de exiliados cubanos en
Estados Unidos. Estos exiliados estaban decididos a derrocar al
gobierno cubano, y se organizaron políticamente para garantizar un
fuerte apoyo a esta idea por parte del Congreso y del gobierno
estadounidense. Durante los primeros 30 años, este esfuerzo tuvo más y
más éxito.
Contra esta hostilidad, el gobierno cubano buscó alianzas no sólo con
países del así llamado bloque socialista sino con gobiernos y
movimientos revolucionarios en el llamado tercer mundo. “Exportó” a
los países del tercer mundo su capital humano en la forma de médicos y
profesores bien capacitados. Ofreció ayuda militar crucial al gobierno
de la Angola independiente, que entonces luchaba contra los invasores
del gobierno de Sudáfrica, promotor del apartheid. Las tropas cubanas
ayudaron a derrotar a los sudafricanos en la crucial batalla de Cuito
Carnavale en 1988.
La situación cambió por completo en los años ‘90, en tres modos
cruciales. El primer nuevo elemento fue el colapso de la Unión
Soviética. Esto significó que las consideraciones de la Guerra Fría se
volvieran irrelevantes. Significó también que Cuba sufriera grandes
penurias económicas en los años ’90 debido al fin de la asistencia
económica ruso/soviética, y que tuviera que ajustar su programa
interno.
El segundo nuevo elemento, especialmente evidente en la presidencia de
George W. Bush, fue la aguda decadencia del poderío geopolítico
estadounidense. Esto desató un serio revés en la política
latinoamericana, con la subida al poder de gobiernos de
centroizquierda en un país tras otro. Una por una, todas estas
naciones empezaron a reestablecer relaciones con Cuba y llamaron a
ponerle fin al boicot estadounidense y a la reintegración de Cuba a la
OEA.
El tercer elemento fue una marcada transformación en el escenario
político estadounidense. Por vez primera, comenzó a hablarse con
seriedad del “fracaso” de las políticas estadounidenses hacia Cuba.
Hubo presión de los agricultores que se interesaron en conseguir el
derecho de vender sus productos en Cuba. Esto obtuvo respaldo de
muchos senadores republicanos, incluido, notablemente, Richard Luger,
el decano republicano en el Comité de Relaciones Exteriores del
Senado.
Más importante aún fue el hecho de que, después de 50 años, la
comunidad de exiliados en Cuba evolucionó en sus puntos de vista
políticos. Un gran número de cubanoestadounidenses más jóvenes
comenzaron a argumentar en favor de su derecho a viajar a Cuba, enviar
dinero ahí y establecer un intercambio libre y abierto.
Cuando Barack Obama llegó a la presidencia, recibió algunas presiones
para emprender el “deshielo” en las relaciones cubanoestadounidenses.
Esto lo hizo mediante varios gestos iniciales, deshaciendo las
restricciones a las remesas familiares y a los viajes que su
predecesor había impuesto.
Qué tan lejos está dispuesto a llegar Obama para mejorar las
relaciones es algo que no sabemos todavía. Pero mientras que hace
apenas 10 años las presiones políticas internas en Estados Unidos
estaban abrumadoramente en favor de un boicot económico, hoy el
público y los políticos están divididos. Y debido a la evolución de la
opinión latinoamericana y el tamaño creciente de la población latina
en Estados Unidos, es probable que la opinión pública evolucione
todavía más en uno o dos años por venir.
La reacción de Cuba ha sido prudente. Fidel Castro lo explicó bien el
5 de abril. Dijo que los gestos y afirmaciones de Obama estaban
destinados primordialmente al público estadounidense y expresaban la
opinión de un presidente de Estados Unidos. “Sin duda es mucho mejor
que Bush y McCain” (algo que muchos críticos de izquierda no quieren
admitir de Obama), pero Obama está constreñido por las realidades. “El
imperio es mucho más poderoso que él y sus buenas intenciones.”
Así que Cuba está tentativamente explorando qué tan lejos quiere
llegar Estados Unidos. Hay discusiones diplomáticas de “nivel bajo”
que ya están en curso. El gobierno de Obama tiene presiones que
empujan hacia el “deshielo”. El gobierno de Castro tiene presiones en
América latina en favor de un “deshielo”. Si las realidades
geopolíticas continúan evolucionando en la dirección en la que se han
encaminado en los últimos años, no es imposible que Cuba y Estados
Unidos logren relaciones diplomáticas “normales”. No hay duda de que
ambos continuarían teniendo perspectivas diferentes con respecto al
mundo, y que prosigan diferentes objetivos, pero eso es cierto para
casi todas las relaciones bilaterales. Lograr una situación en que las
relaciones entre Cuba y Estados Unidos fueran unas de dignidad y
respeto mutuo sería un gran avance con respecto a las relaciones de
los pasados 50 años.
* De La Jornada de México. Especial para Página/12.
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