[R-P] [CUPV] Descubrimiento de la Patria

abulafia abulafia en arnet.com.ar
Mar Mayo 26 15:06:34 MDT 2009


gracias por hacernos llegar al entrañable Marechal.
También por don Nimio de Anquín, refacho el hombre, pero respetabilisimo creador de un proyecto educativo que fue, a mi criterio, el mejor que tuvo nuestro país. Un proyecto integral y autocentrado, como gusta decir el Goro.
aplausos.


Outa
----- Original Message ----- 
From: "Patricia" <desdemilibertad01 en yahoo.com.ar>
To: <abulafia en arnet.com.ar>
Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina" <reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Tuesday, May 26, 2009 4:10 PM
Subject: [R-P] [CUPV] Descubrimiento de la Patria


> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
> 
> 
> 
> En este aniversario del 25 de Mayo de 1810 va este maravilloso poema de nuestro enorme Leopoldo Marechal (enviado por J. Baraibar a CUPV)
> 
> Descubrimiento de la Patria
> 
> ---- I ----
> 
> Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
> “La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
> Los apisonadores de adoquines
> me clavaron sus ojos de ultramar;
> y luego devoraron su pan y su cebolla
> y en seguida volvieron al ritmo del pisón.
> 
> ---- II ---- 
> 
> ¿Con que derecho definía yo a la Patria,
> bajo un cielo en pañales
> y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
> Los apisonadores de adoquines
> escupieron la palma de sus manos:
> en sus ojos de allende se borraba una costa
> y en sus pies forasteros ya moría una danza.
> “Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
> “Llegan como el otoño, repletos de semilla,
> vestidos de hoja muerta.”
> Yo venía del sur en caballos e idilios:
> “La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.
> 
> ---- III ----
> 
> Una lanza española y un cordaje francés
> riman este poema de mi sangre.
> Yo ambién soy un hj del otoño
> Que llegó del oriente sobre la tez del agua.
> ¿Qué harían en el sur y en su empresa de toros
> un cordaaje perdido y una lanza en destierro?
> Con la virtud erecta de la lanza
> yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
> con el desvelo puro del cordaje
> yo descubrí la Patria y su inocencia.
> 
> ---- IV ---- 
> 
> La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
> Yo la vi talonear los caballos frisones
> en tiempo de labranza,
> o dirigir los carros graciosos del estío,
> con las piernas al sol y el idioma en el aire.
> (Los hombres de mi estirpe no la vieron:
> sus ojos de aaritmética buscaban
> el tamaño y el peso de la fruta.)
> 
> ---- V ---- 
> 
> La Patria era un retozo de niñez
> en el Sur aventado, en la llanura
> tamborileante de ganaderías.
> Yo la vi junto al fuego de las hierras:
> estampaba su risa en los novillos;
> o junto al universo de los esquiladores,
> cosechando el vellón en las ovejas
> y la copla en las dulces guitarras de septiembre.
> (No la vieron los hombres de mi clan:
> sus ojos verticales se perdían
> en las cotizaciones del Mercado de Lanas)
> 
> ---- VI ---- 
> 
> Yo vi la Paria en el amanecer
> que abrían los reseros con la llave
> mugiente de las tropas.
> La vi en el mediodía tostado como un pan, 
> entre los domadores que soltaban y ataban
> el nudo de la furia en sus potrillos.
> La vi junto a los pozos del agua o del amor,
> ¡niña y trazando el orbe de sus juegos!
> Y la vi en el regazo de las noches australes,
> dormida y con los pechos no brotados aún.
> 
> ---- VII ---- 
> 
> Por eso desbordé yo mi copa de tierra
> y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
> Por eso no he logrado todavía 
> sacarme de los hombros este collar de frutas,
> ni poner en olvido aquel piafante 
> cinturón de caballos 
> ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.
> 
> ---- VIII ----
> 
> Guardosos de semilla, vestidos de hoja muerta,
> los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
> Con el temblor sin sueño del cordaje 
> la descubrí yo solo allá en Maipú.
> Y, de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo, 
> sentí yo la piedad que se alarmaba
> y el miedo que nacía.
> “La Patria es un temor que ha despertado”, 
> me dije yo en el Sur y en su empesa de toros.
> “Niña, y pintando el orbe de su infancia,
> en su mano derecha reposa la del ángel
> y en su izquierda la mano tentadora del viento.”
> 
> ---- XI ----
> 
> Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
> que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
> Y así les hablé yo a los inventores
> de la ciudad plantada junto al río
> y a sus ensimismados arquitectos
> o a sus frutales hombres de negocio.
> “La Patria es un dolor en elumbral,
> un pimpollo terrible y un miedo que nos busca:
> no dormirán los ojos que la miresn,
> no dormirán ya ell sueño de los bueyes”.
> (Los apisonadores de adoquines
> masticaban su pan y su cebolla.)
> 
> ---- X ---- 
> 
> Y así les hablé yo a los albañiles:
> “La Patria es un peligro que florece:
> niña y tentada por su hermoso viento,
> necesario es vestirla con metales de guerra
> y calzarla de acero para el baile
> del laurel y la muerte”.
> (Los albañiles, desde sus andamios
> hacían descender caautelosas plomadas.)
> 
> ---- XI ----
> 
> Y dije todavía en la Ciudad,
> bajo el caliente sol de los herreros:
> “No sólo hay que forjar el riñón de la Patria,
> sus costillas de barro, su frente de hormigón:
> es urgente poblar su costado de Arriba, 
> soplarle en la nariz el ciclón de los dioses
> la Patria debe ser una provincia 
> de la tierra y el cielo”.
> 
> ---- XII ---- 
> 
> Me clavaron sus ojos en ausencia
> los amontonadores de ladrillos.
> Los abismados hombres de negocio
> Medían en pulgadas la madera del norte.
> Nadie oyó mis palabras, y era justo:
> Yo venía del Sur en caballos y églogas.
> 
> ---- XIII ---- 
> 
> Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
> No es el año ni el siglo ni la edad.
> La niñez de la Patria jugará todavía 
> mas allá de tu muerte y la de todos
> los herreros que truenan junto al río.”
> 
> ---- XIV ----
> 
> La Patria no ha de ser para nosotros
> una madre de pechos reventones;
> ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
> de la flor y la fruta;
> ni siquiera una novia que nos pide la sangre
> de un clavel o una herida.
> 
> ---- XV ---- 
> 
> Yo la vi talonear los caballos australes, 
> niña y pintando el orbe de sus juegos.
> La Patria no ha de ser para nosotros 
> nada más que una hija y un miedo inevitable,
> y un dolor que se lleva en el costado
> sin palabra ni grito.
> 
> ---- XVI ---- 
> 
> Por eso, nunca más
> hablaré de la Patria.
> 
> Leopoldo Marechal (de Hepatamerón) 
> 
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