[R-P] [Página 12] Pensando nuestra América.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Sab Mayo 23 07:14:05 MDT 2009
Sábado, 23 de Mayo de 2009
CULTURA › PENSANDO NUESTRA AMERICA, EN EL C. C. DE LA COOPERACION
Debate sobre el ser nacional
La conferencia, a cargo de Atilio Boron, Inés Izaguirre, Federico
Schuster, Horacio González, Vicente Battista y Raúl Rizzo, propuso el
inicio de la reflexión sobre el Bicentenario. “En 1910 éramos ricos,
pero éramos zonzos”, explicó Battista.
A falta de espacio entre las gradas de la Sala Solidaridad del Centro
Cultural de la Cooperación (CCC), los últimos en llegar poblaron las
escalinatas y ocuparon el suelo, a casi un metro de la mesa
rectangular en la que Atilio Boron, Inés Izaguirre, Federico Schuster,
Vicente Battista y Raúl Rizzo aguardaban el inicio de la conferencia
Pensando nuestra América, realizada el miércoles pasado con el fin de
iniciar la reflexión sobre el sentido del Bicentenario que se aproxima
en tierras propias y aledañas. El primero en tomar el micrófono fue
Battista y con su discurso la exposición ya quedó en off–side: la
imposibilidad de condensar doscientos años en pos de una praxis
pretendidamente enriquecedora derivó en una catarata de fechas,
conceptos y reflexiones sin límites claros, a modo de brainstorming.
“En 1810 nos liberamos del español y teníamos una idea continental.
Recordemos a San Martín en Chile y en Perú, buscando la liberación de
América latina. En 1910 éramos el octavo país del mundo, pero ya ‘lo
continental’ no funcionaba. Eramos ricos, pero éramos zonzos y no nos
interesaban nuestros vecinos de enfrente”, subrayó el autor de Los
muertos.
“Vinieron años muy duros, muchas muertes, muchas torturas y
desesperanza. Después, el proyecto neoliberal de la última dictadura
militar, que significó la venta al país. Pero de las cenizas renace el
Fénix”, proclamó Battista. La vicepresidenta de la Asociación
Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Inés Izaguirre, arrancó
con una advertencia: “Siempre que se habla de violencia, las imágenes
dominantes remiten al ejercicio de la fuerza material. Los golpes, las
armas, los hechos de sangre. Esas prácticas han permanecido
encubiertas, no como el genocidio de los ‘70”, dijo la socióloga. Y lo
ejemplificó contrastando la amenaza que representan los pobres para la
clase media mientras la misma pasa por alto la violencia generada por
las “fuerzas armadas de seguridad estatal” y las constantes muertes
“silenciadas por el hambre”.
“Se encubre el funcionamiento de las relaciones violentas más
frecuentes, que han sido legitimadas porque, en ellas, uno de los
términos está situado en el lugar del poder y de la autoridad. El otro
sólo le debe respeto y obediencia”, prosiguió su análisis. “Sabemos
que podemos enfrentar a los viejos genocidas. Quizá la prueba mayor
sean los juicios de derechos humanos que se llevan adelante desde hace
al menos tres años. Cada uno de los juicios es un enfrentamiento y
debemos apoyarlos”, culminó ante un nuevo aplauso cerrado.
“La Argentina –dijo, a su turno, Horacio González– es fruto de un
largo proceso de amansamiento de la conciencia colectiva y que se
relaciona con el nombre que le dieron los primeros exploradores que
buscaban plata. Fueron los dominicos, venidos de la ciudad de
Strassburgo, los que comenzaron a mover esa denominación. Strassbourg
es una ciudad de la plata también y quiere decir ‘argentinorum’. De
modo que el nombre viene cargado de una forma de la economía y su
expansión, pero al mismo tiempo genera formas de lo colectivo”,
explicó con parsimonia. Más tarde, el director de la Biblioteca
Nacional reparó en la proximidad del Bicentenario. “Un aniversario no
puede ser una entidad museística, tiene que ser una forma de
movilización, de replanteo de la figura histórica de la Argentina, de
la valoración de las fuerzas productivas.”
“Mi mirada –dijo Raúl Rizzo– no es un análisis histórico, sino la
mirada de un ciudadano ante un signo de interrogación: ¿cómo nos va a
encontrar el Bicentenario?”, le puso el cuerpo a algunos murmullos
ingratos que bajaban de la platea. Rizzo se despachó con críticas e
ironías hacia unos y otros. No perdonó a la ex vicejefa de Gobierno
porteño Gabriela Michetti ni a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo,
Estela Carolotto. Tampoco a los trabajadores. “A veces escucho hablar
de la clase trabajadora como una idealización de ella. No creo que por
pertenecer a la clase trabajadora se saque título de trabajador y
honesto. Hay algunos que sí lo son y hay otros que no. Cuando era
afiliado al Partido Comunista íbamos a hacer pintadas en una fábrica
de Liniers. ¿Saben quién nos denunciaba a la policía? Eran obreros
quienes nos mandaban al frente”, reseñó el actor.
El decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Federico
Schuster, centró su coloquio en el Bicentenario y no se desplegó
demasiado, como se había hecho hasta aquí. “¿Por qué 1810?”, le
preguntó a la audiencia. “Porque es una construcción histórica, que se
tomó desde el Siglo XIX”, simplificó. A esta altura, algunas
justificaciones se repetían y los que hablaban citaban a los que ya
habían hablado. “No se puede pensar la capacidad transformadora de la
política sin pensar en el conflicto y en ese sentido el Bicentenario
es el escenario de una batalla ideológica”, señaló.
Atilio Boron agradeció la ovación que lo precedió y comenzó su
monólogo: “El Bicentenario es una posibilidad de arrancar la discusión
de qué país queremos. Tiene que ver con una revolución inconclusa y
derrotada, que fue la Revolución de Mayo, lo cual hay que asumir”,
propuso. Luego, mostró unas hojas que Osvaldo Bayer le había enviado,
el boceto de un trabajo que el escritor prepara, según contó. “Aquí se
mencionan cosas importantísimas.” “Eran avances extraordinarios. En
Brasil recién en 1889 acabarían con las esclavitud. EE.UU. lo haría en
1865. Esta gente estaba realmente a la vanguardia, pero fueron
aplastados”, se lamentó Boron. “Hay que plantearnos la necesidad de
rever esa historia, de hacer una operación rescate, porque la historia
argentina está llena de falsedades y mitificaciones”, enfatizó.
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