[R-P] John Le Carré, Industria Farmacéutica y El negocio del virus y el Tamiflu
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Mayo 22 11:57:39 MDT 2009
[La película es francamente excepcional. La novela no la leí. Pero
sospecho que no debe ser menos.]
EL JARDINERO FIEL
La conspiración es global, la corrupción es contagiosa
El Jardinero Fiel de John Le Carré es una novela comprometida. Aún
siendo pura ficción nos transporta a la caverna de las multinacionales
farmacéuticas sin escrúpulos capaces de poner al mercado medicamentos no
suficientemente testados para ganar más dinero. Sin embargo, también hay
que valorar que el personaje de la protagonista de la misma, Tessa
Quayle (interpretada en la película por una magistral Rachel Weisz) en
realidad está inspirado en la activista Yvette Pierpaoli miembro de
Refugiados Internacionales, una pequeña pero activa organización
americana creada en 1979 que ha participado dando asistencia a los
refugiados en conflictos por todo el mundo. Esta mujer que conoció al
novelista a finales de los años setenta se esforzó para convencerle de
que ayudara a su causa con una novela. En 1999 cuando tenía 60 años fue
asesinada en un accidente de coche en Albania cuando iba a un campo de
refugiados en Kosovo. Dos días antes de su
asesinato, John Le Carré aterrizaba en Kenya para empezar a escribir
su novela El Jardinero Fiel que planteaba como un homenaje al trabajo de
las personas que denuncian la extorsión global de gobiernos y empresas.
Sin duda, esta novela es un homenaje póstumo a Yvette Pierpaoli que
desde hacía 19 años participaba en misiones a favor de los refugiados de
conflictos bélicos por todo el mundo. Resulta insólito que la película
española El Secreto de las Palabras estrenada unas semanas antes de El
Jardinero Fiel también aborde la problemática de los refugiados pero
desde el punto de vista de las secuelas de los que sobreviven.
El mundo necesita más activistas, el de cada uno de nosotros el primero.
La película El Jardinero Fiel se tiñe de una bella historia de amor
entre un diplomático aburrido y una mujer vitalista y comprometida. Pero
quizás lo destacable es la trama que poco a poco irá descubriendo su
marido tras su muerte para denunciar a los que acabaron con su vida. Con
horror comprobará que el propio gobierno británico está implicado y que
el sufrimiento de los pobres se convierte en exterminio cuando se les
utiliza de conejillos de pruebas de medicamentos que nunca deberían
haberse comercializado. El fármaco Dypraxa, supuestamente para curar la
tuberculosis es a su vez un potente veneno que su fabricante en
connivencia con las autoridades no tendrá escrúpulos en comercializar.
La adaptación de esta novela al cine debe considerarse una obra maestra
a juzgar por el hecho que aunque el propio Le Carré podía vetar al
director, al guionista y al elenco de
actores este no intervino en nada. De todas maneras, el compromiso
sociopolítico del cineasta Fernando Meirelles es incuestionable y El
Jardinero Fiel es un filme comprometido que nos muestra apenas la
superficie del oscuro y profundo universo de la poderosa maquinaria
farmacéutica. La película acusa a gobiernos y empresas como responsables
de la muerte de millones de seres humanos en el Tercer Mundo. Un
comentario anónimo de un espectador al salir de la proyección exclamaba
“no hay duda que no sabemos nada” y la verdad es que la industria
farmacéutica tiene un largo historial en contra del medio ambiente.
Vertidos a ríos como el de la suiza Sandoz en el Rhin, contaminación con
transgénicos o envenenamientos masivos de humanos en todo el planeta con
la peligrosa práctica de la vacunación preventiva y masivas de niños son
algunos de los desmanes de un sector industrial que además lucha para
erradicar toda medicina no alopática.
El Jardinero Fiel es pues una denuncia contra la industria farmacéutica
y a la vez una dura crítica a la situación de los campos de refugiados.
La escena en el Sudán donde los cooperantes son evacuados en avión
mientras la población local recibe la visita exterminadora de una tribu
violenta. También muestra como las organizaciones humanitarias que
intentan luchar contra la corrupción global son sometidas a vejaciones
policiales y precisamente no en países del Tercer Mundo sino ante las
narices de la divina democracia como Alemania. Si la novela de John Le
Carré no dejaba títere con cabeza, la película de Meirelles hace
derramar lágrimas a quien le quede sensibilidad en el cuerpo. La
violencia que palpita en la acción de todo el filme no se refleja en
ninguna imagen. El propio asesinato del protagonista al final del filme
es magistral, Con apenas un movimiento circular a su alrededor y las
sombras de los verdugos detrás sabe sacar la rabia
del espectador ante la impotencia. Pero no es menos emotiva la escena
del avión de Naciones Unidas despegando mientras una refugiada lo hace a
su lado dejando atrás su mundo arrasado por la violencia sin razón.
Esta es una película indispensable no sólo por el mensaje sino por la
propia maestría con que ha sido rodada. Una historia de denuncia llena
de ira que no perderá vigencia con los años y que, sin embargo, nos
puede concienciar sobre el abuso que hacemos de los medicamentos que
encumbran al olimpo divino a la industria farmacéutica. También nos
encontramos ante una película que pone en entredicho toda la maquinaria
gubernamental para supuestamente ayudar a los colectivos necesitados del
Tercer Mundo. En cualquier caso El Jardinero Fiel tiene el valor de
airear todavía más lo que un libro pudo por estar firmado por el
novelista de bestsellers John Le Carré con el arte de un cineasta
emergente y unos actores entregados. Una película que debería ser vista
por los escolares del mundo rico y próspero como el nuestro.
Curiosidades:
Sandy Woodrow y Sir Bernard Pellegrin así como los demás miembros del
Alto Comisionado Británico están convencidos de que el viudo de Tessa,
el apacible y poco ambicioso diplomático Justin Quayle dejará el asunto
de la muerte de su esposa en sus manos. Sin embargo, el asesinato de
Tessa, con la que Justin mantenía un apasionado idilio le conducirá a
dar su vida para hallar los motivos por los que fue brutalmente aniquilada.
El Alto Comisionado Británico es una especie de oficina comercial a la
vez que de espionaje que sirve a los intereses de las grandes
corporaciones y en este caso en concreto de las empresas farmacéuticas y
por las que es capaz de asumir cualquier método para que se consigan
determinados beneficios económicos.
El director de la película, el brasileño Fernando Meirelles asumió este
proyecto tras su éxito en la Ciudad de Dios (2002) sobre la vida de la
favelas de Río de Janeiro y que impactó al mundo por lo que fue nominada
a los oscars más importantes. Su nueva película El Jardinero Fiel fue
rodada en Kenya, Berlín y Londres. En África se rodó con cámara la
hombro para darle más realismo y para poder captar las personas reales
que pueblan este mar de pobreza que alrededor de la vía del tren se
cierne sin fin.
EL JARDINERO FIEL
Argumento
Cuando Justin Quayle (Ralph Fiennes), diplomático británico en Nairobi,
se entera de que su mujer, Tessa (Rachel Weisz), ha sido violada y
asesinada, comienza su propia investigación. Descubre una trama
internacional de corrupción, burocracia y acciones lucrativas de la
Industria farmacéutica.
Haciendo caso omiso de la advertencias, amenazas y palizas, Justin
descubre que Tessa había destapado una gran compañía farmacéutica que
distribuía medicamentos contra la tuberculosis, en previsión de una
epidemia masiva a escala mundial, que quieren afrontar desde una
posición privilegiada. Pero esta medicina tenía importantes efectos
secundarios que intentaron ocultar enterrando los cadáveres de las
víctimas en fosas comunes.
Al final, Justin regresa al lugar donde apareció el cadáver de Tessa,
sabiendo que los conspiradores han pagado a un grupo para que acaben con
él, pero sólo una vez que ha arreglado su plan para desenmascarar en
Gran Bretaña a los políticos corruptos que habían consentido lo sucedido.
Comentarios
Es una adaptación al cine de la novela de John le Carré publicada en 2000.
La película se rodó en los poblados de chabolas de Kibera y
Loiyangalani, en Kenia. Las condiciones de pobreza del lugar llegaron a
afectar de tal modo a los participantes en el filme que estos crearon
una organización llamada Constant Gardener Trust para ofrecer educación
básica en esos poblados. Weisz, Fiennes y Le Carré son patronos de la
Fundación.
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