[R-P] [Alfredo Eric Calcagno] La verdad y la propaganda

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Mayo 15 09:15:36 MDT 2009


[A los datos tan precisamente analizados por Eric Calcagno (h), podemos 
agregar el siguiente elemento: si se divide la cantidad de homicidios 
dolosos diarios por la población respectiva de EEUU y Argentina se 
obtiene que en el país del Norte se cometen 1,67 homicidios diarios por 
cada diez millones de habitantes, mientras que en la Argentina la tasa 
es de 1,14. Por cada seis homicidios dolosos que se cometen en la 
Argentina, en EEUU se cometen siete. Quizás Barack Obama pueda 
asesorarse con... Aníbal Fernández! Se omiten los gráficos por problemas 
de formato. De todos modos, la explicación es perfectamente clara.]

Gentileza de Carlos García Blaya

<Queridas amigas y amigos:

Durante algunos meses del año pasado estuve registrando los homicidios 
ocurridos en BA y GBA, publicados en Clarín y Nación en INTERNET.
Los resultados decepcionaron a casi todos a los que comuniqué mi 
trabajo. Dejé de hacerlo.
Después me dediqué a buscar en ese mismo espacio, datos semejantes a los 
que había obtenido referidos a otras ciudades grandes de AL.
La comparación no es exacta porque las informaciones tienen agrupamiento 
en 7 formatos diferentes. Más o menos arreglado todo, me dio que BA está 
un orden de magnitud mejor que de México, Bogotá, Río y San Pablo, igual 
a Montevideo, mejor que Lima o Santiago. Un poco peor que Madrid, 
bastante mejor que Miami.
Lean lo que sigue, mis resultados están muy próximos a lo que dice. Es 
periodístico pero el autor es un académico reconocido y los datos son de 
una fuente indubitable..
Carlos García Blaya>


Es indudable que la seguridad constituye uno de los reclamos más 
acuciantes en todo el mundo. Se trata, como dice el diccionario, de 
estar seguro, es decir "libre y exento de todo peligro, daño o riesgo". 
En particular en la Argentina se presenta a la seguridad como uno de los 
problemas fundamentales, si no el más importante. Sin embargo, entre 
nosotros este reclamo se refiere sólo a la seguridad de la vida y la 
propiedad, que son exigencias esenciales de la convivencia humana; pero 
se omiten la seguridad en la satisfacción de otras necesidades básicas 
de un ser humano (por ejemplo, alimentación, salud, educación, vivienda, 
trabajo, cultura).

Tampoco se resalta como se debería, la evidente interconexión entre la 
desigualdad social y económica, la miseria y el desempleo, con los 
delitos contra la propiedad.

Todos conocemos o sufrimos casos de violencia para robar, lo cual 
suscita una justificada indignación personal y colectiva. Pero no se 
trata de un caso excepcional. En la Argentina, en 2007 se perpetraron 
711.987 robos, hurtos y otros delitos contra la propiedad (datos del 
Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Sistema Nacional 
de Información Criminal). A su vez, en Francia, desde febrero de 2007 
hasta enero de 2008 se comprobaron 2.352.951 delitos contra los bienes, 
es decir 6.446 delitos por día. De ellos, los robos fueron 1.778.888 y 
las destrucciones y degradaciones 461.977 (datos del Ministerio del 
Interior, Policía Nacional, Observatorio Nacional de la Delincuencia, 
Bulletin Mensuel, febrero de 2009). De acuerdo con estas cifras, la tasa 
de delitos contra la propiedad por cada 1.000 habitantes fue en 
Argentina de 17,8 y en Francia de 37,3; es decir, sufrimos menos de la 
mitad de robos y destrucciones que en Francia. Esto no es un consuelo y 
deben extremarse las medidas para impedir los delitos; pero debe saberse 
que es un fenómeno universal y que la Argentina no es un caos en medio 
de un mundo que vive en orden. Veamos de acuerdo con las estadísticas 
nacionales y de organismos internacionales, qué dicen las cifras con 
respecto a los homicidios dolosos.

La protesta actual sobre la inseguridad tiene dos características. 
Primero, sostiene que la situación ha empeorado de modo notorio desde 
2003 y que desde entonces la Argentina se ha transformado en un infierno 
en el que rige la inseguridad, frente a los demás países, que la 
mantienen dentro de límites satisfactorios. Segundo, que quienes 
delinquen nunca van a la cárcel.

Homicidios dolosos en Argentina. El gráfico 1 muestra la evolución de 
los homicidios dolosos en la Argentina, desde 1991 hasta 2007. Se 
advierte una tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, de 7 a 9 
puntos entre 1991 y 2002, con picos en 1997 y 2002. Después, desde 2003, 
la cifra de 9,20 cayó a 5,26 en 2007. Queda así demostrado que lejos de 
haber aumentado, la tasa de homicidios dolosos, en 2007 cayó casi a la 
mitad de las cifras de 1997 y 2002.

Comparación internacional. En el gráfico 2 se advierte la tasa de 
homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes, por regiones y 
subregiones. La Argentina tiene una tasa levemente menor de homicidios 
intencionales que Europa y Estados Unidos.

Si se compara la situación de Argentina con otros países americanos, 
nuestra tasa es de 5,4 de homicidios intencionales por cada 100.000 
habitantes. Esta cifra es inferior al 5,8 de Estados Unidos, y mucho 
menor que el 53,3 de Colombia, el 28,5 de Brasil, el 11,1 de México; 
igual está Uruguay (5.4), y por debajo Chile (4,2) y Canadá (1,9).
(Fuente: Naciones Unidas, Office on drugs and crime, International 
homicide statistics). Una observación: la tasa de homicidios en Estados 
Unidos es mucho más alta en los Estados de la Unión con pena de muerte 
que en los que no la tienen.

Quiere decir que en la comparación internacional, tanto a nivel mundial 
como americano, la Argentina está ubicada entre los países con tasas por 
homicidios delictivos más bajas.

Tasa de encarcelamiento por delitos. Otro eslógan afirma que en la 
Argentina los delincuentes entran a la cárcel por una puerta y salen por 
la otra. Las estadísticas internacionales muestran que no es así, y que 
la tasa de encarcelamiento por cada 100.000 habitantes en la Argentina 
es de 148, cerca de la de España (145), Reino Unido (145), Brasil (191) 
y México (196). Estamos, pues, ubicados en el medio de la escala; las 
tasas no son muy bajas ni excesivas, y más bien están en relación con 
las tasas de delitos. (Los datos utilizados son del National Council on 
Crime and Delinquency, U.S. rates of incarcelations, a global 
perspective, Christopher Hartney, Washington, Noviembre de 2006.)

La Argentina demonizada. Las afirmaciones apocalípticas con respecto a 
la seguridad en la Argentina se han transformado en propaganda política 
y son materia de intensas campañas en diarios, radio y televisión. Sin 
embargo, los gráficos 1 y 2 muestran con respecto a la tasa de 
homicidios en la Argentina, primero una fuerte disminución desde 2003, y 
segundo, que está en el promedio europeo y por debajo de la tasa de 
Estados Unidos. Integra también el grupo de menor tasa de América latina.

La situación en cuanto a homicidios dolosos mejoró de modo sustancial 
desde 2003. En 2007, esa tasa era de 5,26 por cada 100.000 habitantes, 
mientras que fue de 8,0 por 100.000 entre 1991 y 2002. Claro está que 
esta cifra significa 2.071 homicidios durante 2007, o sea 5,67 por día. 
Si una cadena de medios de comunicación quisiera dar una sensación de 
inseguridad, le bastaría con exhibir cinco asesinatos por día en la 
primera página, y a la semana el país tendrá la sensación de que está en 
medio de una guerra abierta; algo de eso es lo que está ocurriendo. Si 
los diarios de Estados Unidos se propusieran hacer lo mismo, no les 
alcanzaría el lugar para cubrir los casi 50 homicidios que hay cada día, 
en promedio, en ese país. Aun si lográramos bajar la tasa de homicidios 
hasta un nivel similar al de Suiza o Suecia, los medios de comunicación 
podrían seguir dando la sensación de altísima inseguridad, con una 
amplia cobertura a los dos o tres homicidios por día que seguirían 
ocurriendo.

En síntesis, es cierto, primero, que el de la seguridad es uno de los 
problemas más angustiantes que enfrentamos; segundo, que deben cubrirse 
todos los aspectos de la seguridad, comenzando por el primero, que es la 
vida; pero después, junto con el resguardo de la propiedad está la 
seguridad frente al hambre, al desempleo, a la salud, a la educación y, 
en general, a las necesidades básicas insatisfechas; tercero, que la 
situación de la Argentina en materia de la inseguridad frente a los 
homicidios delictivos ha mejorado mucho desde 2003, tanto que en este 
momento nuestros índices son similares a los de Europa y mejores que los 
de Estados Unidos; cuarto, que el Gobierno debe intensificar al máximo 
la política de seguridad de la vida en primer término, y al mismo tiempo 
la de protección de la propiedad y de los demás derechos humanos básicos.


*Alfredo Eric Calcagno forma parte del Comité Editorial de nuestra 
revista Realidad Económica. Abogado y economista. Ex funcionario de la 
ONU en CEPAL y UNCTAD. Autor de El universo neoliberal (en colaboración) 
y La perversa deuda.



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