[R-P] Un escriba indignado.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Mayo 13 11:39:05 MDT 2009
[Luis Gregorich está indignado.Según él las candidaturas
"testimoniales" son una estafa que busca captar:" los votos de las
capas menos politizadas, más aferradas al clientelismo, que leen menos
los diarios y que ni siquiera se preocupan -porque no tienen tiempo ni
ganas- de los debates por televisión."
En fin, para decirlo como lo piensa el escriba en su fuero íntimo, de
la "negrada". Las clases medias "informadas" no votarán por el
"oficialismo"...
Pensar que este tipo la iba de ultra-marxista...Hoy no es más que un
lamentable alcahuete de la oligarquía que tiene como vocera a "La
Nación"...]
Aberrante manipulación
Luis Gregorich
Para LA NACION
Miércoles 13 de mayo de 2009
¿Por qué los candidatos "testimoniales" del oficialista Frente para la
Victoria? Escuchar las explicaciones de ellos mismos causa a la vez
risa, depresión y vergüenza ajena. Es por convicción, para defender el
modelo, para no volver a los 90 y evitar el caos y la explosión. ¿Y
para eso hace falta designar a candidatos que nunca ocuparán las
bancas que eventualmente ganen en las elecciones? ¿No sería mejor
dedicarse a administrar eficazmente el gobierno? ¿No sería mejor que
las elecciones transcurran, simplemente, con normalidad? En
particular, el gobernador Scioli da tristeza cuando justifica su
actitud con "sanatas" dignas del Fidel Pintos de la mejor época.
No, no se trata de un problema de convicción o de modelos. Se trata de
un asunto de (dudosa) conveniencia electoral, motivado por la gradual
pérdida de apoyo en sectores de la población antes considerados
seguros. Se trata, ya que las clases medias urbanas en su gran mayoría
no votarán al Gobierno, de al menos retener los votos de las capas
menos politizadas, más aferradas al clientelismo, que leen menos los
diarios y que ni siquiera se preocupan -porque no tienen tiempo ni
ganas- de los debates por televisión. En un imperdonable menoscabo a
la inteligencia de los votantes, se trata de confundirlos, de
asustarlos, de hacerles creer que perderán lo poco que tienen si el
Gobierno es derrotado, de sugerir ambiguamente que debe votarse a los
candidatos-señuelo porque están en juego, en cierto modo, sus cargos
ejecutivos de gobernadores o intendentes, y no meras bancas
legislativas.
Dentro de este aberrante mecanismo de confección de listas y de
manipulación del voto, que ignora toda prudencia institucional
-probablemente se vuelva contra quienes lo han generado-, el caso del
gobernador de Buenos Aires es el más flagrante ejemplo de ilegalidad,
que en su caso ya no vulnera sólo el sentido común y las leyes, sino
que hace tabla rasa de nuestra Carta Magna, como han señalado
distinguidos constitucionalistas. El artículo 73 de la Constitución,
que no ha sido modificado por ninguna reforma, dice con claridad: "Los
eclesiásticos regulares no podrán ser miembros del Congreso, ni los
gobernadores de provincia por la de su mando". Es decir que Daniel
Scioli no puede, simultáneamente, ser gobernador de Buenos Aires y
representar a su provincia en el Congreso; como no ha renunciado a su
cargo, su candidatura es nula de toda nulidad, inexistente y sin
sustento alguno, por aspirar a una banca que le está prohibida
expresamente. Ya no importa, siquiera, si asumirá el cargo o no;
simplemente, no puede ser candidato.
Pero en el imaginario del Gobierno todo es posible. Solo faltó, por
pudor (o tal vez por miedo), la candidatura de la Presidenta en la
ciudad de Buenos Aires, tan refractaria al discurso de la
desesperación oficialista.
El autor es escritor y ensayista
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