[R-P] Roca cap 4 (1 de ...)
José María Cavalleri
ingcavalleri en yahoo.com.ar
Jue Mayo 7 17:03:59 MDT 2009
Capítulo 4
PAVÓN Y LAS VACACIONES LARGAS
Un nuevo Presidente recoge las consecuen¬cias del Pacto de Familia — Quién era el Dr. Santiago Derqiti — Papel del Interior en la bicefalía del poder — Virasoro y Aberastain — Clima de guerra — Actitud del Congreso de la Confederación para evitar un nuevo pacto — Campaña y batalla de Pavón — Actuación del teniente Julio A. Poca — Urquiza y el derrumbe de la Confederación — Las "vacaciones largas" del Colegio del Uruguay,
Con su. bautismo de fuego en las baterías del Rosario y su actuación en Cepeda, el muchacho de Tucumán entraba en la edad viril. De ese modo asumía, con su propia experiencia la del país entero, en una maduración tan breve como intensa donde su vicia comenzaba a salir ya del ámbito privado. Bastarían las diferencias de edad y la influencia política del padre para suponer que sus sentimientos e ideas no serían idénticos a los que alentaban en López Jordán, su examinador del colegio en materia de Caballería, o en las milicias de Santa Fe, donde permanecía vivo el recuerdo del Patriarca.de la Federación. Pero el haber afrontado juntos los riesgos de la muerte ante el fuego porteño, el haber combatido bajo la misma bandera que en el Interior enfervorizaba a los mendocinos de Segura, a los cordobeses de Guzmán, a los correntinos de Virasoro o a los catamarqueños de Navarro, era lec¬ción que dejaría profundas huellas en el espíritu del
muchacho, huellas que, soterradas para él mismo en los turbulentos años próximos, habrían de reaparecer mucho después cuando hasta el recuerdo de la disidencia tucumana defendida por su tío Marcos Paz se convirtiera, él también, es cosa tan del pasado como los huesos de ese gauchaje que venía muriendo desde los tiempos de las primeras montoneras.
Aunque la fidelidad a esa bandera común de los provincianos se reflejaría más tarde en el prisma de otros tiempos, otro temperamento y otro estilo político, bueno será no olvidarlo, para poder explicar todas las motivaciones de la carrera que habría de recorrer el teniente de Cepeda.
Volvamos, mientras tanto, al año 1869.
Las semanas que siguieron a la victoria inconclusa y al "pacto de familia" coincidieron con la terminación del man¬dato de Urquiza como Presidente constitucional de la Nación.
Mientras el teniente Roca se reintegraba a sus estudios,
con la suficiente dedicación para obtener las excelentes cali¬
ficaciones que ya hemos visto, se activaban en las provincias
los trabajos electorales para la elección de Presidente, traba¬
jos que, comenzados antes de Cepeda, se habían consumado
con una definición de Urquiza a favor del Dr. Derqui, su
Ministro del Interior. Por la misma época, el doctor y coronel
Marcos Paz, tío de los jóvenes Roca, había terminado su gobierno de Tucumán y se incorporaba como Senador Nacional
al Congreso de Paraná. .
(Tocaría pues, al nuevo Presidente y sucesor de Urquiza, tener que ajusfar su política no a lineamientos elegidos por, él, sino a los que eligiera el gobernador de Entre Ríos cuando pactó con Buenos Aires los compromisos para la incorporación de la provincia hermana. El asunto, aun enunciado así escuetamente, es de la mayor importancia para juzgar sobre la responsabilidad, problemas y conducta que debió afrontar Santiago Derqui, así como para entender, en definitiva, las razones de su derrumbe.
El año 60 comenzó para la Confederación bajo el signo —nada inadvertido— de un poder compartido, o más bien bicéfalo. Tal poder se dividía entre el caudillo entrerriano que bajaba de la Presidencia, y el doctor cordobés que la asumía, como segundo Presidente del país confederado.
A esa bicefalía debe agregarse otra influencia que no tenía entonces gravitación desisiva, pero que, en el año y medio siguiente llegaría a tomar cuerpo favorable para la estrategia de Buenos Aires: la existencia de grupos locales que, si bien declarando acatar la causa de la Confederación, actuaban bajo la divisa liberal y buscaban el apoyo del Par¬tido Liberal porteño1. Para muchos de esos partidos provin¬ciales la bandera del federalismo no era ciertamente una. más¬cara, como lo reveló el nacimiento del autonomismo liberal después de Pavón. En otros casos, en cambio, la divisa liberal correspondía a grupitos minúsculos que sólo tomarían consis¬tencia bajo el exclusivo amparo de las armas porteñas.
Tales condiciones llegaron a tener, para esos grupos, las virtudes de un sol de primavera, ahondando las disidencias locales y poniéndolas en situación de favorecer a la única política que, en definitiva, podía aprovecharse de ellas: la política de Buenos Aires. Así lo vieron de inmediato los hombres del círculo porteño, quienes, invocando su flamante con¬dición de hermanos reincorporados, no escatimaron halagos, insinuaciones, intrigas ni dinero para transformar esas disidencias locales en algo así como un "partido" que pareciera nacional.
En todos los aspectos, el nuevo presidente era el reverso de Urquiza. Nunca había mandado ejércitos y no tenía otro oficio que el de los libros y los papeles. En un país de mu¬chedumbres ecuestres, él no pasaría de ser un jinete de paseo. No tenía ni prestigio militar ni fortuna personal como para organizar y mantener los gastos de un partido. Y sin em¬bargo llegó a tenerlo. Su nombre —fenómeno que en tales circunstancias puede parecer curiosa— sirvió de bandera pre¬cisamente a ios más duros federales del interior cuando éstos entraron a desconfiar de Urquiza por sus blanduras frente a Buenos Aires.
Sin embargo, es equitativo reconocer que Urquiza, al aceptar y propiciar la candidatura de su Ministro del Inte¬rior, había superado, aunque fuera por el momento, sus con¬diciones limitativas de caudillo y estanciero litoralense, para echar un cabo firme hacia las provincias de tierra adentro.. Sus clásicas vacilaciones y sus ataduras con el Puerto, que a la larga resultarían fatales para la Confederación, lo harían, después retraerse hacia Entre Ríos, pero en el momento de la sucesión presidencial había optado por el lado más nacional de su política.
El nuevo presidente era un doctor cordobés.
Su actuación como secretario de Paz en Corrientes y su exilio en Montevideo han bastado para dar fundamento, sin mayor examen, a la tenaz y difundida leyenda de su unita¬rismo, leyenda que va de la mano con una supuesta indolencia y blandura de carácter. Porque el hecho de que Derqui fuera opositor a Rosas constituye toda la "prueba'' de ese supuesto" unitarismo, tanto para la historiografía oficial como para la' rosista o filorrosista, vertientes ambas que a pesar de su enemistad concuerdan sistemáticamente en desconocer o deformar los rasgos del federalismo provinciano o, dicho con más propiedad, en desvirtuar el carácter provinciano del federalismo. El escritor José María Rosa, dejando su revisionismo en vacaciones cuando se trata de Derqui, sostiene que se. "pasaba los días durmiendo, ajeno al acontecer político" (La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas). Afirma también que Derqui era "un formidable haragán"; que las
circunstancias lo habían llevado "inexplicablemente" a ceñir¬se la escarapela punzó, y lo califica de "orgánicamente unita¬rio por su gravedad magistral, sus pocas y solemnes palabras, su grado doctoral", etc.'(Nos, los Representantes del Pueblo). Habrá de convenirse que es cosa curiosa esta definición de lo que sería un "'unitario orgánico", opuesto a un hombre de chiripá, suponemos, y carente de grado doctoral. No falta más que la levita en la definición, argumento de sastrería en que
viene a reflejarse, invertido por un rosista, el dualismo sarmientmo de civilización y barbarie.. .
Por. su parte el historiador José Luis Busaníche, que en su Historia Argentina levanta muchos de los cargos contra Derqui, persiste en la leyenda al sostener que "el nuevo Presidente había sido unitario emigrado".
Santiago Derqui había nacido en la ciudad de Córdoba en junio de 1809. Hizo y terminó sus estudios universitarios en los años de Juan Bautista Bustos, uno de los hombres del interior más odiados por Buenos Aires. Y durante el breve gobierno de José María Paz pudo observar los esfuerzos que hacían algunos federales de su provincia, colmo Saráchaga y Learte, por teñir con su programa a la Liga del Interior.
Tras la caída de Paz, el joven doctor Derqui, que enton¬ces tenía veinte años, hizo su iniciación en política escribiendo y dirigiendo periódicos federales bajo los gobiernos de Reinafé y de Pedro Nolasco Rodríguez. Como magistrado, de¬fendió la potestad del Estado contra las pretensiones del obispo Lazcano y fue excomulgado por ello. Su estilo político, de un nítido federalismo liberal, tenía sus raíces en la tradición consolidada en Córdoba durante el gobierno de Bus¬tos, época en que se dispensó a los pobres del pago de los derechos parroquiales y se suprimió, de la Constitución cordobesa el requisito del juramento confesional del gobernador. 4S
En los días oscuros que siguieron a la tragedia "de Barranca Yaco, Derqui, como presidente de la Legislatura, trató de embotar la ofensiva de Rosas contra Córdoba y propuso, sin éxito, la candidatura gubernativa de don Mariano Lozano, un rico comerciante cordobés que residía en Buenos Aires y era amigo del gobernante porteño. Detenido con muchos otros cuando asumió Manuel López, fue llevado prisionero a Santa Fe, desde donde* consiguió autorización para pasar a Corrientes (Don Estanislao, como se adviente, y pese a su larga
45 Terzaga, Alfredo: Clericalismo y Liberalismo: dos caras dé- la ■medalla cordobesa, en revista Todo es Historia, Buenos Aires, julio-agosto de 1973.
luna de miel con Buenos Aires, se reservaba siempre alguna carta del mazo...)
Establecido en Corrientes, trabó amistad, el año 40, con su comprovinciano José María Paz. No era el primer federal cordobés que lograba entenderse con el general "unitario" de La Tablada. Allí redactó El Nacional Correntino y allí también se hizo amigo de un joven que militaba en el ejército del Manco, y que luego descollaría en las contrarias filas de Urquiza, para sucumbir trágicamente veinte años después: José Antonio Virasoro. Estuvo en Montevideo en la época del Sitio, aunque sin participar en los trabajos políticos de los emigrados porteños, pese al vínculo que se estableció con algunos de ellos. Viajó luego a Río de Janeiro, con José María Paz, y en el año 45 estuvo de nuevo en Corrientes, donde casó eon doña Modesta García de Cossio, hija de uno de los hombres destacados de la generación de Mayo.
Caseros rompió la amistad política entre los dos cordobe¬ses : mientras Paz entraba a servir a Buenos Aires, Derqui, constituyente del 53, ingresaba al flamante gobierno de la Confederación como ministro del Interior, para sostener la misma causa que había defendido en sus años juveniles de periodista federal. Su espíritu independiente, puesta ya de manifiesto en su época cordobesa, tuvo ahora ocasión de ma¬nifestarse, concitándole adhesiones tan firmes como tenaces enemistades. No es extraño por eso que su casa en Paraná, donde se dice que consumía infatigablemente mates y novelas, fuera frecuentada, según Mansilla, "por todo lo que era hom¬bre de acción o de armas llevar".
Un presidente entrerriano y un ministro del Interior cordobés constituían la expresión visible de esa alianza —tantas veces buscada y tantas veces frustrada— entre el Litoral y el Interior frente a Buenos Aires. Mas como se trataba de una alianza y no de una simple absorción, por fuerza tenían que reflejarse en ella fricciones y disidencias, y abrirse paso las críticas que las contemplaciones de Urquiza suscitaban en tierra adentro. Mientras la casa del vicepresidente Del Carril era "un cenáculo donde se murmuraba entre dien
tes contra el libertador, la de Derqui era un club político. Allí se hablaba claramente hasta de Ur.quiza".46
La famosa ley de derechos diferenciales (año 1856), que tanta oposición encontrara, y que fue la piedra angular de la prosperidad de Rosario, fue propiciada por un hombre que entonces pertenecía al círculo de Derqui: el cordobés Manuel Lucero, y aprobada con el desempate de otro cordobés: del mismo círculo: el doctor Mateo J. Luque. Otros comprovin¬cianos, como Eusebio Ocampo, José Severo de Olmos y Pedro Lucas Funes (diputado por Santa Fe), junto a Gordillo, Colodrero y el porteño Emilio de Alvear, integraban el foco dirigente del derquismo, muy activo cuando se levantó la candidatura de Derqui para la Presidencia. Dicha candidatura contó en el interior con el apoyo de hombres de indiscutido prestigio regional, como el general Navarro, de Catamarca; el puntano don Juan Saá y los cordobeses del partido llamado "ruso".
Entre los adversarios estaban Juan María Gutiérrez, el Dr. Gorostiaga, el Dr. Marcos Paz, y otra falange cordobesa: Fragueiro, Posse, Del Viso, Bouquet y el Dr. Luis Cáceres, redactores estos dos últimos de El Imparcial de Córdoba, como así también Exequiel Paz, que "fundó otro diario en Túcumán para hacer oposición a su candidatura".4*
La experiencia de sucesivas frustraciones de la. causa provinciana, unida a sus hábitos sedentarios, a su formación universitaria y a su cautela forense, pueden quizá explicar que la acción fuera en Derqui algo intermitente, mas no por ello dejaba de ser, como político nato, un hombre de acción. Así lo advirtió Lucio V. Mansilla en sus recuerdos del Paraná: "porque la verdadera acción está en la voluntad que se conoce a sí misma, que tiene conciencia de su yó, que sabe lo que quiere, adonde va, por qué y cómo. Derqui poseía esas cualidades". Este juicio del veleidoso porteño tiene es¬pecial valor, además de su contexto, por el hecho de haberse
4S Mansilla, Lucio V.: Retratos y Recuerdos. Edic. Borocaba. Bs. Aires, 1953.
41 Gálvez, Víctor (Ernesto Quesada): Op. cit.
del Interior, comenzaba a girar visiblemente fuera de la órbita del siempre tratable caudillo entrerriano.
Nada bueno presagiaba- el año 60 para la Presidencia de la Confederación. La acción de los grupos disidentes en las provincias alentada desde el Puerto, complicaba las co¬sas para el gobierno interior de la República e impedía, al Presidente tener las manos libres en su relación con Buenos Aires. En San Juan, al calor de los errores del. gobernador. Virasoro, el escaso grupo liberal acaudillado por el.Dr. Aberastain agitaba y conspiraba. En el Norte, los santiagueños Taboacla trabajaban por la extensión de su influencia, en combinación con los liberales de Tueumán. En Córdoba, Fragueiro renunciaba a su gobernación después de una revolución de los federales duros, pero su cargo era ocupado por don Félix de la Peña, un antiguo rosista tibio y ahora jefe de una fracción liberal entendida con Buenos Aires. Desde Córdoba, también, y sobre el trampolín del mismo grupo, se alentaban conspiraciones dirigidas a quebrar la influencia de Saá
en San Luis y en el resto de Cuyo. Tampoco iban mejor las cosas en Corrientes, la segunda patria chica de Derqui, pese a. que éste había designado al Dr. Juan Pujol en el Ministerio del Interior.
La elección de Vicepresidente, disputada entre Marcos Paz y el general Juan Esteban Pedernera, y decidida por el Congreso a favor del segundo, había sido otro motivo de ásperas fricciones.
El primer gabinete de Derqui se formó con el correntino Pujol (Interior), los porteños Victorica (Guerra) y Emilio de Alvear (Relaciones Exteriores), el cordobés José Severo de Olmos (Instrucción Pública) y otro porteño, Norberto de la Riestra, en Hacienda, recomendado éste por el general Mitre a solicitud de Derqui.
Este último nombramiento no fue la primera ni la última de las peligrosas concesiones que el Presidente hizo -.a Buenos Aires. Otra — y ésta de bulto— fue el decreto en
contado Mansilla entre los adversarios políticos de Santiago Derqui, y haber sido también uno de los hombres del Paraná que más intrigó, en su correspondencia al Interior, contra el segundo Presidente de la Confederación Argentina. Tanto, quizá, como para hallar justificativo al paso que luego dio, al volver al bando de Buenos Aires en la víspera de Pavón... Como hombre del Interior en el ministerio del ramo, Derqui era sin duda el hombre para el cargo. Y como representante de una implícita alianza, nada resulta más logico que, cuando le tocó ser Presidente, tratara de imponer su línea, transformando de hecho esa alianza en una bicefalía del poder. Las circunstancias eran quienes ya habían elegido por él, si bien su política estuvo teñida por las consecuencias de un arreglo que no era imputable a él sino al presidente saliente: el arreglo del famoso "Pacto de Familia" como lo hemos puntualizado más arriba. La tentativa de Derqui, por
lo demás, estaba en la línea adoptada por el propio Urquiza cuando éste, por el hecho de Caseros, del Acuerdo de San Nicolás y de la Constitución, se había comprometido en una política que sólo podía ser viable a condición de ser nacional. La alianza de Urquiza con las provincias o dicho de otro modo, la vía de la "unidad nacional" vino a ser, en los hechos, un contrapeso enérgico y definitivo contra los riesgos de esa alianza brasileña a que el entrerriano había echado mano para derrocar al Restaurador .
Derqui, hombre débil, fundaría en su debilidad su estrategia política, pero sin arriar las banderas del federalismo del interior. Alabó, simuló, transigió en múltiples frentes, aún más allá de los límites de la prudencia, pero hizo cara resueltamente al peligro cuando éste se presentó. Buenos Aires, más próxima al ganadero del Litoral, aceptó en Urquiza al gobernador de Entre Ríos pero no aceptó a.Derqui, y se empeñó entera para derrumbar en su persona todo el edificio de la Confederación. Y es que este edificio, a pesar de sus fisuras internas y de su extrema penuria financiera, ofrecería al Puerto una peligrosidad mayor que antes de Cepeda, porque su política, en manos de. hombres
____________________________________________________________________________________
¡Viví la mejor experiencia en la web!
Descargá gratis el nuevo Internet Explorer 8
http://downloads.yahoo.com/ieak8/?l=ar
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular