[R-P] El terrorismo global
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Mayo 7 11:31:05 MDT 2009
[“Del fin de la guerra fría al frío de la guerra sin fin”]
Gentileza lista Redial Simón Bolívar
EL TERRORISMO GLOBAL
Por Rafael Bautista S.
La actualidad del terrorismo evidencia las consecuencias de un mundo sin
alternativas. El triunfalismo neoliberal propició, de este modo, su más
temible utopía: el fin de todas las utopías. En eso consistía la última
conquista moderna. Por eso, el fin de la guerra fría dio lugar al frío
de la guerra infinita. El triunfalismo de haber vencido al “big red
dog”, ponía al “mundo libre” sin rival alguno; ya no tenía que demostrar
nada, había conquistado todo, el mundo ya no tenía más alternativas.
Pero si no hay alternativas, entonces, ¿qué queda? El que acaba con
todas las alternativas, se priva a sí mismo de toda alternativa. Lo que
le queda es el suicidio. Así amanece el siglo XXI, con el (auto)
atentado suicida a los santuarios del mercado: los colosos gemelos.
Se trataba de un deicidio, lo que desata un odio infinito: el bien
contra el mal (¿dónde que la modernidad no era religiosa?). La
insensatez de la respuesta desata la condición original del conquistador
(el inicio de su marcha lúcida hacia la destrucción total): el genocidio
global. Pero ahora el conquistador, triunfante, y con la bendición
mediática, ya no necesita ocultar sus intenciones. Se hace cínico.
Produce terror para acabar con el terror imponiendo más terror. Las
crisis que genera ya no le quitan el sueño, pues generando más crisis
cree estar lejos de ella y, si pese a todo, la crisis le llega, entonces
la exporta. Un mundo sin alternativas es preso del terror. Las guerras
de cuarta generación expresan esta apuesta. La reconquista moderna busca
acabar con aquello que su tecnología ha desplazado y hecho prescindible:
los sobrantes, los pobres del mundo. Ya Toffler sentenciaba, de esta
manera, a los “casualties” del mercado: “se los va a cortar brutalmente”.
Por eso las pandemias ya no han de ser casuales, son parte de una
estrategia. Si USA ya podía fabricar armas biológicas, en Los Álamos,
usando muestras de gripe aviar de la propia OMS; no resulta raro que
laboratorios militares gringos ya hayan perfeccionado estas armas con
virus porcino, aviar y otros que no tienen respuesta inmunológica.
Diversas investigaciones actuales señalan que estos laboratorios han
alterado enfermedades virulentas, de tal modo, que ya no hay defensa
contra ellas y que éstas, además, han sido esparcidas en diversos
lugares del planeta. Algo que llama la atención: en 1971, la CIA había
proveído a gusanos cubanos de virus que causan fiebre porcina; seis
meses después, en Cuba, se tuvo que sacrificar medio millón de puercos
y, ojo, la población fue posteriormente afectada por el dengue (la
reciente epidemia de dengue que sufrió Bolivia, podría estar ligada a
algo que ya se venía denunciando: la fumigación sospechosa de extensas
áreas del Chapare, por parte de la DEA, antes de su retiro forzoso).
Esto es parte de una planificación del desastre o una producción por la
destrucción, como aquella que sufren los animales que luego, son consumo
humano (el hacinamiento, la alimentación artificial de suplementos
hormonales y químicos –que coadyuvan a la evolución de enfermedades
patógenas–, responden a un principio de rentabilidad, inherente a la
lógica del capital); pues estos son objeto, dentro de la producción
pecuaria, de un descuartizamiento físico y psicológico: todo esto es
posteriormente depositado en nuestra corporalidad porque es nuestro
alimento principal. Un modo de producción es también responsable de
estas hecatombes. Lo cual se halla además relacionado con toda una
estrategia global de expansión de mercados. La gripe porcina aparece
justo cuando las grandes corporaciones farmacéuticas registran serias
bajas en sus cotizaciones; es el caso de la suiza Roche, que controla el
90% de tamiflu (producto altamente demandado para contrarrestar la gripe
porcina). Para poner el cherry sobre la torta: Gilead Science Inc.,
tiene los derechos sobre el fármaco Tamiflu y, cosa curiosa, Donald
Rumsfield, ex secretario de defensa de la administración Bush, dirige
tal consorcio. Provocar una pandemia se trataba de un negocio altamente
rentable.
Esto es lo que, en definitiva, constituía el foco de la estrategia
corporativa mundial: crear terror. Porque hace más de dos años que la
industria farmacéutica mundial venía registrando preocupantes caídas en
sus ventas. Además que los organismos financieros mundiales necesitaban
un respiro inmediato o, dicho de mejor modo, un desvío mediático: pasar
la crisis financiera a segundo plano. Las casualidades no operan por
casualidad: después de la reunión de abril del G7, con aquel anuncio de
fomentar la economía de los países “dispuestos a colaborar”, México
anuncia (después de la reunión Obama-Calderón) la aparición del virus.
El terror es un modo de hacer la guerra. La guerra es el principio
fundamental de toda preservación del poder. Pierden siempre los pueblos,
pero gana el capital financiero mundial, porque gracias a la pandemia,
la industria farmacéutica vuelve a poner en movimiento a la economía
mundial. El país sacrificado es México, pero de ese sacrificio salen
beneficiados algunos; por eso el anuncio de ayuda a los países
“dispuestos a colaborar”.
La especulación ha dado lugar al terror diseminado en el planeta entero.
Puede que haya sido un ensayo global, pero lo que ese ensayo ha
demostrado es esto: el mundo es rehén del capital. Si no hay
alternativas la única salida parece acabar con todo. Esta es la apuesta
del debacle imperial: si cae está dispuesto a que todo el mundo caiga;
por eso apuesta por el terror y regresa a su condición original: su
última cruzada civilizatoria es la reconquista (si el mundo no se le
somete, está dispuesto a acabar con el mundo entero). Por eso se
reconoce en el terrorismo que ha creado y diseminado; en eso consiste su
ceguera: en nunca responsabilizarse de aquello que ha desatado. Como la
oposición en Bolivia; que prefiere el descuartizamiento nacional a
reconocer lo indigno de sus privilegios. Esta ceguera ya no es motivo de
culpa sino de soberbia. Cuando el soberbio se hace cínico ya no necesita
mentir: su amenaza no esconde nada.
Doble tarea para los medios: bendecir el terrorismo y luego ejercerlo.
También son suicidas, porque el terror mediático que difunden, amputa ya
la poca credibilidad que todavía poseen. Después de las últimas
revelaciones que involucran a quienes ya habían desatado el golpe
cívico-prefectural (el prefecto Costas, el cívico croata Marikonvic, el
ganadero –y ex ministro del general Banzer– Nayar, el empresario
agropecuario Roca, etc.), no cesan ni concluyen los altisonantes
pronunciamientos de las figuras mediáticas en defensa del “supuesto”
terrorismo (ahora reclaman que las imputaciones sean puras declaraciones
cuando, en la “Masacre del Porvenir”, puras declaraciones les sirvieron
para inventar un “enfrentamiento”, que nunca fue “supuesto”). Seguirán
vociferando, como el torturador que amedrenta a su víctima. Pero la
lección última nos sirve para cuidarnos de esa otra pandemia que amenaza
la salud moral del mundo: la mediocracia.
La Paz, mayo de 2009
Rafael Bautista S.
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