[R-P] Este particular 1 de mayo (Palabras de Perón que recobraron vigencia, artículos de Anguita y Giles)

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Dom Mayo 3 21:19:55 MDT 2009


UNA FRASE DE PERÓN

     /“Nosotros no hemos sido nunca fuertes en los bufetes/
     / de los dirigentes políticos, pero en la calle hemos sido/
     / invencibles. Hay que llevar la acción a ese terreno, hay/
     / que ganar la calle en todo el país. Si ganamos la calle le/
     / podemos regalar a la dictadura toda la televisión/
     / las radios, los diarios y las revistas, seguros de que/
     / con todo eso no harán nada”/

     *PERÓN – Mensaje a los Trabajadores – 1973*

     *
DOS NOTAS PUBLICADAS EN MIRADAS AL SUR DEL 3 DE MAYO DE 2009

¡FELIZ DÍA…!
Por Eduardo Anguita

No todos completaban la frase. Pero fue notable. Porque del orgullo del 
trabajador se pasó a una época de cierta incomodidad, que no llegaba, 
desde ya, a ser vergüenza pero que tampoco encontraba el espacio como 
para ser un saludo grato. Por muchos años, "¡Feliz día del trabajador!" 
sonaba extraño. Porque alcanzaba con el de la secretaria, el del animal 
y, sobre todo, con el del amigo. Porque amigo se le dice a cualquier 
desconocido y se puede compartir la mesa y el saludo fácil sin poner en 
riesgo la identidad. La pacatería del festejo público fue a tono con la 
flexibilidad laboral, con el trabajo en negro y con la deliberada 
sospecha sobre el sindicato.

Cualquiera sea. Las secciones sindicales de los diarios desaparecían o, 
mejor dicho, las hacían desaparecer. Pero este 1º de mayo -después de 
una concentración con una convocatoria de una masividad que sorprendió a 
propios y ajenos- se extendió el saludo con la misma naturalidad con que 
se reparten banderas o escarapelas en una fecha patria. Parecía algo así 
como el "Todos somos José Luis Cabezas" de mediados/finales del 
menemismo. El que expende nafta se lo decía al que llegaba en su auto a 
cargar. El que tenía un celular a mano mandaba mensajitos de texto a sus 
agendados. Ni hablar de los mails colectivos.

La recuperación, lenta, de derechos laborales de los últimos años da sus 
frutos también en la legitimidad social. En eso llamado dignidad. Eso 
que alguna vez fue proclamado de modo solemne por Perón en el Teatro 
Colón y que se llamaron Derechos del Trabajador pero que, por la cultura 
de la banalidad, perdió espacio en el idioma cotidiano. Que fue 
reemplazado por el "andá a laburar, dejate de joder, que los 
sindicalistas son una manga de vagos y corruptos", y que coincidía con 
la caída en picada de los ingresos de los asalariados.

Muchas cosas tienen que ver con un 1º de mayo celebrado en los pequeños 
gestos. La recuperación económica y el aumento del empleo. La práctica 
de las paritarias y el crecimiento de la actividad sindical. El respeto 
entre distintas corrientes gremiales. Pero hay dos cosas más que pesan 
mucho. La primera es la sensación generalizada de que el canallesco 
sistema financiero puso al capitalismo en una cara ya conocida: los 
platos rotos no los pagan los ejecutivos ricos sino los asalariados, que 
pierden de a millones sus puestos de trabajo en todo el mundo. Los 
argentinos lo sufrimos en una medida mínima en comparación con países 
que jamás pensaron que les tocaría.

El otro elemento es más etéreo y difícil de definir, pero no menos 
importante. Campea en el último año un tufillo gorila. Parece que sólo 
ganan la calle los gritos a favor del campo, como se han definido ahora 
los que antes lograron imponer que la gente era más grata que el pueblo. 
Y en estos años, a no dudarlo, los argentinos, en promedio, trabajamos 
mucho. Con jornadas largas, no siempre con la retribución merecida, pero 
con la suficiente como para estar con una sonrisa y como para legitimar 
que, un día al menos, todos somos trabajadores, todos nos ponemos en la 
piel del que pone el lomo y la yuga para que otros tengan lo que 
necesitan o, simplemente, quieren.


El Trabajo y la política
Por Jorge Giles

El panorama político fue sacudido por el masivo acto de la CGT conducida 
por Hugo Moyano.

De un lado y del otro de las posiciones en pugna, se hicieron oír con 
absoluta nitidez las voces que definen el país de los argentinos en 
estas circunstancias históricas.

El racismo escuchado en distintos programas de TV y radio, durante estos 
días es parte de un anacronismo que parecía ya superado. Hay un odio de 
clase inocultable por parte de aquellos que no toleran el ejercicio de 
la democracia protagonizado por los sectores populares, Son los que no 
pueden o no quieren comprender la profundidad del hecho producido por 
decenas de miles de trabajadores y entonces cargan histéricos contra el 
caos vehicular que provocaron, o la cuota de candidatos sindicales para 
las listas electorales o el dinero para las obras sociales.

Deberían mirar la historia para valorar el parteaguas que se acaba de 
producir. Los trabajadores demostraron, con absoluto orden además, que 
ellos saben mejor que nadie que se dirimen dos modelos de país, y 
entienden que es este gobierno el que expresa el modelo de inclusión social.

Lo significante para la etapa, es esta irrupción masiva de los 
trabajadores organizados reafirmando su pertenencia histórica a la hora 
de definir su lugar y su dirección.

Ya no son las masas de desocupados y excluidos que pugnaban por entrar 
al circuito del trabajo. Son los que se sienten incluidos por derecho 
propio y defienden con uñas y dientes lo conquistado. Cuando irrumpen 
con decisión en la escena política, superan con creces el antiguo 
eufemismo de "la opinión pública": ese que alimenta las huecas mesas de 
análisis de algunos comentaristas políticos.

Hugo Moyano habló sin ambigüedades. Fue la expresión de quienes saben 
todo lo que el país recuperó desde el gobierno de Néstor Kirchner hasta 
acá. Y no quieren desandar caminos, sino profundizarlos.
Ahora vendrá la tarea de convencer y persuadir a otros sectores, de que 
esta disputa no es por las formas sino por el contenido. Se podrá 
disentir con los modales de los que gobiernan, pero queda claro que si 
este proyecto pierde en las urnas, pierden todos los que buscan 
construir una patria más justa y solidaria. No hay alternancia 
respetable entre la causa del pueblo y la tabla partidaria de los que 
flotan y navegan al compás del humor de los grandes medios.

Es la hora de transformar la realidad, no sólo de interpretarla.



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