[R-P] Roca Cap 2 (1 de 2)

José María Cavalleri ingcavalleri en yahoo.com.ar
Dom Mayo 3 20:15:54 MDT 2009


A LA SOMBRA DE URQUIZA
1. — Las Letras
Quién era don Justo José de Ürquiza; su carácter, su medio y su política — El colegio de Concepción del Uruguay: una primera visión global del país — Condiscípulos y maestros — Los estudios de Roca — La instrucción militar y Simón de Santa Cruz — SI gran desfile de  Paraná   —  Nubarrones   de  guerra.
Hombre de una extrema complejidad de carácter, clon Justo José de Urquiza, gobernador del Entre Ríos y vence¬dor de Rosas, era en política personaje harto dubitativo y siempre contradictorio. Por la unión de ambos caracteres fue hombre de excepción, como excepcional fue la misión cumplida por él en la historia del país. La ambigüedad tra¬dicional de la política del Litoral, oscilando siempre entre la alternativa alianza con Buenos Aires o con el Interior, llegó a expresarse cabalmente, en su hora decisiva, en un individuo así, en quien los propios altibajos psicológicos confundíanse con la función harto complicada que el lugar y el tiempo asignaban a su provincia.
Cruzado de luces intensas y de sombras  profundas, la
gloria le fue dada en un mismo lote con la tragedia y el odio. Nunca se borrarían en los repliegues del alma algunas pasiones menores que su papel; si embargo por momentos se¬ría capaz de entregarse a dicho papel con la inteligencia, habilidad y constancia de un político de gran talla. Par eso, y a pesar de apuntar a una zona vital del caudillo, la opinión del brasileño Pandiá Calógeras es sin duda limitada e in¬justa: "Nao existia em Urquiza o estofo de un homen de Estado: nao pasava de un condottieri".
Venció a Rosas con el auxilio de los brasileños y de sus patacones, pese a la conocida aversión que sentía por los "macacos" del Imperio. Más tarde, llevaría nuevamente sus soldados a la guerra y al triunfo, sin atreverse empero a re¬coger los frutos de la victoriai. Muchedumbres fervorosas y valientes alzarían su nombre como bandera, hasta en los úl¬timos confines de la república, pero él asistiría impávido al exterminio de sus partidarios, sin dejar por eso de continuar suscitando y alentando esperanzas.
Había hecho en Buenos Aires su primera educación, pero la base de sus bienes y el principio de su poder fueron la ganadería y el comercio en su provincia, en estrecho con¬tacto con las campiñas orientales, cuya influencia, muy vigo¬rosa) en Entre Píos en los tiempos de Artigas, iría cediendo ante los compromisos anudados con -los hombres de tierra adentro, al oeste del Paraná. Hambre típico de la Mesopotamia en los años en que la separación uruguaya era cosa re¬ciente, y no del todo admitida, su formación política estuvo impregnada por, la doble influencia que le llegaba desde la banda opuesta de los dos grandes ríos. Y quedó marcada a' fondo por la relación, siempre problemática, con aquella ciu¬dad, antigua capital del Virreinato, que allá en la común desembocadura guardaba en sus potentes manos la llave del comercio de las demás provincias.
Los hábitos del antiguo señor de la estancia cimarrona mezclábanse en su personalidad con la osadía emprendedora de un moderno capitalista, y en la vastísima red de sus acti¬vidades tenían su lugar los potros y las lanzas pero también la navegación a vapor. Era conocedor profundo de su provincia y de sus hom¬bres. Además, estaba íntimamente familiarizado con las cosas de Corrientes y de Santa Fe, y fue en ésta última, como oca¬sional prisionero de Estanislao López, donde quizá recibió, directamente de labios del Patriarca de la Federación, los consejos y lecciones sobre la táctica más constante del Litoral con respecto a Buenos Aires. Pues nadie como López, en efec¬to, había acumulado tanta experiencia sobre la difícil y conflictiva vinculación entre el Litoral y el Puerto.
Dueño Urquiza de una fortuna cuantiosa, y con fama de "perfecto maestro en el arte de llevar agua para su molino", según hubo de consignarlo "Woodbine Hinchliff en 1861, es¬tuvo siempre aguijoneado hasta la avidez por las necesida¬des y urgencia de dinero. Pero como era hombre de profun¬dos contrastes, también fue capaz de prodigar ese dinero en planes sobre el futuro y en empresas políticas, inversión ésta que es azarosa siempre y en última instancia altruista. Este rasgo es suficiente, por sí solo, para distinguir a Urquiza de sus colegas y rivales los grandes ganaderos y saladeristas bonaerenses. Después de Caseros, no sólo aportaría su capi¬tal en proyectos industriales y comerciales de riesgoso porve¬nir, sino que también habría de financiar periódicos y ayudar a correligionarios, corresponsales y agentes en las provin¬cias, y eso aun después de decretado y en apariencia acep¬tado en Pavón su ostracismo político.     \
"Urquiza aparece asociado en empresas de transporte te¬rrestre y fluvial, en tentativas de explotación de la palma y de la yerba mate, en la instalación de un ingenio azucarero y de una fábrica de paños, en la venta de muías y en la exportación de lanas y cueros. Invierte dinero en acciones de ferrocarriles y de bancos, y en la ayuda a instituciones culturales, religiosas y de beneficencia. Subvenciona diarios y revistas, y sin interés alguno y sin más garantía que la pala¬bra dada, otorga préstamos personales en tal cantidad, que en el momento de su muerte cubren la cuarta parte de su fortuna".18
18 Bosch,  Beatriz:   Presencia  de  Urquiza. Editorial Raigal.  Buenos Airea, 1953, pág. 45. Muchas de las cosas que hizo Urquiza llevan la impronta del momento, o tienen el carácter de una solución a medias, impuesta por la urgencia1 de la hora. Otras, en cambio, osten¬tan el fuerte sello del hombre capaz de planear por encima de todo oportunismo inmediato, y explican en buena. parte, el prestigio de que llegó a gozar como jefe de partido y como caudillo de dimensiones realmente nacionales.
Una de esas obras de segura grandeza fue la creación del Colegio Entre-Riano de Concepción! del Uruguay, fundado en 1851 sobre la base del antiguo colegio de estudios prepa¬ratorios, y declarado nacional por decreto de mayo de 1854. Esta obra, y las atenciones que Urquiza siempre le dedicó, demuestran la visión del político y del estadista, y su capa¬cidad para proyectarse más allá de las urgencias y limita¬ciones inmediatas.
Martín Ruiz Moreno, que fue alumno del colegio histó¬rico, consigna el siguiente dato sobre los orígenes, en su obra La Organización Nacional (4 vols. Rosario, 1905/1908) :.
"En Entre Ríos se fundó el primer colegio de estudios preparatorios el año 1847. Algún tiempo después fundaron un colegio en la Concepción del Uruguay, el sacerdote don Juan Casas y don Lorenzo Jordana. Con la unión de estos dos establecimientos se fundó, en el año 1851, el colegio que adquirió fama con el nombre de colegio del Uruguay, cuyo nombre oficial fue Colegio   Entre-Riano".
El mismo autor sostiene que '' el programa de este colegio . era más amplio que el de Buenos Aires" y proporciona la nómina de las asignaturas: Idioma Nacional, Latín, Francés, Inglés, Literatura, Matemáticas (ampliadas en 1853 con toda la Geometría, Trigonometría y Agrimensura), Filosofía, His¬toria Antigua y Sagrada, Geografía, Nociones Elementales de Física, Historia General, Música Vocal e Instrumental, Cosmografía, Dibujo, y una clase de Comercio desde 1854, además de talleres manuales.
Al ingresar, el Dr. Alberto Larroque como Rector de la
casa, en mayo de 1854, el plan de estudios se amplió me¬diante la inclusión de algunas asignaturas de Derecho y Teo¬logía.
El Gobierno Nacional, constituido en Paraná, resolvió que cada una de las provincias de la Confederación enviara un grupo de cinco jóvenes a estudiar en el flamante establecimiento, así como en el viejo Monserrat de Córdoba, y creó para ello las becas necesarias.
Si se piensa en el aislamiento y la pobreza en que vivían las provincias en la época de Caseros - hasta el extremo de que el viaje y la estada de los constituyentes en Santa Fe era un .sacrificio para los respectivos presupuestos— podrá tenerse una idea de lo que significaba, para los trece ranchas, el concentrar, en uno o dos puntos del país, una pléyade de muchachos dispuestos a recibir una eclucación que, siendo común a todos ellos, pusiera los cimientos de una conciencia nacional, capaz de anular los amargos frutos de tantos años de enclaustramiento lugareño.
Concepción del Uruguay, la vieja capital de Ramírez, vio llegar la muchaehada despreocupada o curiosa de todos los rumbos, para alojarse en los dos pisos del colegio, que bien pronto alcanzó a albergar hasta más de cuatrocientos pupilos. Con el buen humor de la edad y con sus tonadas regionales, que resonarían exóticas entre el verdor húmedo y cálido del arroyo de la China, los adolescentes invadieron la villa con sus peculiares atuendos, sus equipajes y sus recuerdos del te¬rruño. Entrerrianos, salteños, catamarqueños, mendocinos, paraguayos, cordobeses, tucumanos, orientales y hasta porteños, aquello era todo un congreso, muchos menos solemne, es cierto, que el de Santa Fe, pero con un futuro conquistable y a la larga conquistado... Baste recordar que de entre estos colegiales del Uruguay, ejecutores testamentarios de Urquiza, saldría el elenco que habría de cumplir, para las relegadas provincias, la revancha de Pavón.
En  efecto;  campeones   de la  federalización   de Buenos


Aires, que el entrerriano no pudo o no se atrevió a imponer ;■ vencedores militares, políticos refinados; ministros nacionales; presidentes de la República; gobernadores de provincia; publicistas y escritores; legisladores, educadores y constructores de una Argentina nueva; todos los cuales habrían de actuar desde la década del 70, se formaron, bajo la sombra protectora de Urquiza, en las aulas y patios de. ese histórico Colegio del Uruguay. La sola mención de algunos de los alumnos parece ya un programa de los años futuros, no sólo para la época del 80 sino también para el 90: Onésimo Leguizamón, Victorino de la Plaza, Wenceslao Pacheco, Olegario Ojeda, Julio Argentino Roca, Isaac M. Chavarría, Olegario Víctor Andrade, Francisco Fernández, Valentín Virasoro, Eduardo Wildé, Lisandro Segovia, Tiburcio Benegas, Lucas Córdoba, Martín Ruiz Moreno, Pedro Nolasco Arias,Rafael Igarzábal, Ventura Ruiz de los Llanos, Federico Ibarguren,
 Francisco Barroetaveña, Martín Coronado, entre muchos otros.. .
La revista de esos nombres viene a confirmar la obser¬vación del general Vélez, cuando sostiene que Urquizai al crear el colegio y darle proyecciones nacionales, "como obedeciendo a miras políticas institucionales de ulteriores consecuencias para la nación, se propuso convertirlo en escuela de elegidos, que instruyera y vinculara entre sí a futuros ciuda¬danos destinados, por la actuación o fortuna de las respectivas familias, a ser llamados a puestos dirigentes en el gobierna, o ejercer influencia, más o menos grande, en los destinos del país".19
Desde las vísperas de Caseros, parecía claro que lo que Urquiza se proponía era mezclar las cartas de la política tradicional y proceder a un reajuste.de líneas que hiciera posible un juego nuevo. Pero la política llamada dé "fusión de partidos", pregonada tan insistentemente por el caudillo entrerriano, no podía tener sino una vigencia muy inestable, mientras los encargados de ejecutarla fueran los mismos hom
19 Vélez, Francisco M. (Gral. fie División): Ante la Posteridad, Personalidad marcial del Teniente General Julio A. Boca.KTomo I, pág. 57. Buenos   Aires,   1938.       bres que durante décadas se habían dividido profundamente, por cuestiones nacionales o locales, en todas las provincias de la Confederación. Ni los viejos partidos, ni los que resul¬taran artificialmente de la fusión, podrían encarnar en un elenco de suficiente homogeneidad, y con la mínima cohesión es¬piritual y programática, mientras sus componentes no fueran otros hombres, es decir, en definitiva, mientras no fueran los representantes de una generación hueva.
Urquiza, por lo visto, tenía de ello plena conciencia o, por lo menos, una segura intuición. Al convocar a Concep¬ción del Uruguay a la juventud provinciana, no hacía sino poner la simiente para la formación de una élite a escala nacional. El carácter político de este plan no estaba en con¬tradicción con la forma puramente pedagógica de la empresa, sino que más bien resultaba confirmado por ella, dadas las condiciones del país en esos años.
En la época en que los hijos del coronel Segunda" Roca convivieron en el colegio, los alumnos "del Uruguay'', casi quinientos muchachos20, traían de sus hogares los viejos recuer¬dos de las campañas de la Independencia, oídos de labios familiares, y las historias, más recientes, de las tremendas guerras civiles. Era mucho lo que podían contarse los unos a los otros... En el viaje desde sus aldeas remotas y polvorientas, habían comenzado a descubrir el rostro del enorme país, con ojos asombrados, desde el ventanuco, de esas diligencias o mensajerías que, de posta en posta, les habían conducido, a través de los llanos secos y de la pampa, a Buenos Aires o al Rosario, antes del tramo final hasta el Arroyo de la China. Y ya en el colegio, sus . visiones y sus recuerdos comenzaron seguramente a depurarse, tomando nueva forma en la confrontación con los demás, con lo que el sentimiento de la nacionalidad común iba adquiriendo en todos ellos un
 tono de vivencia franca.
20 El número de matriculados creció de 303 alumnos en 1857 a 424
en 1860. Datos de Oscar F. Urquiza Almandoz en El Colegio del Uruguay al filo de su medio siglo. [Revista de Historia Entrerriana. Buenos
Adres,  mayo de 1967.	'
... Esta comunidad, por cierto, no podía ser idílica, pues los años de aislamiento habían contribuido a mantener des¬piertas las vanidades y rencillas localistas, pero "todas sus escaramuzas de cordobeses contra tucumanos, de santafesinos contra entrerrianos, etc., quedaban zanjadas cuando se trataba defensai común— de aliaje contra los porteños".21 Repetíase así, en los patios del Colegio, lo que en grande sucedía en la extensión del país, y aunque la hora de su destino histórica no había sonado para estos muchachos de trece a dieciocho años, su vida, reglada a la sombra del señor de San José, les garantizaba desde ya su papel de escogidos. Formando una vanguardia apretada y en permanente contac¬to, muchos de ellos recorrerían en común un largo camino, hasta después de 1880.
La primaria educación política que suponía la vida de los provincianos en este falansterio juvenil, encontraba su contraparte en la formación que vivían los jóvenes escogidos de Buenos Aires por la misma época y aun mucho después. Miguel Cané, en Juvenilia, recordará esa división: "Provincianos y porteños formaban dos bandos, cuyas diferencias se zanjaban a menudo en duelos parciales. Los provincianos eran dos terceras partes de la totalidad del internado, y nosotros, los porteños, ocupábamos modestamente el último tercio; eran más fuertes, pero nos vengábamos ridiculizán¬doles y remedándoles a eada instante".
Si el pequeño tucumano había sido algo díscolo en la escuela de primeras letras, en el Colegio del Uruguay tuvo pronta ocasión de educar su voluntad, en un régimen de vida bastante parecido a la disciplina militar, régimen que, por lo demás, se hacía indispensable en un establecimiento de tales proporciones, donde la mayoría de los alumnos eran internos y debían convivir bajo un mismo techo con el Director y los profesores.
21 Mareó del Pont, A.:   Op. cit. Don Alberto Larroque el inolvidable rector, había im¬puesto horas fijas no sólo para los estudios y los recreos," sino también para levantarse, desayunar, almorzar, cenar y dormir. Eran "contados y escasos los días de salida y, du¬rante las escasas horas de asueto, los jóvenes debían guardar una compostura ejemplar". Fuera del colegio estaban obli¬gados, para con sus superiores, a la misma obediencia que dentro de él. Y en esas salidas, sólo los alumnos del cuarto curso de jurisprudencia gozaban del envidiable derecho de fre¬cuentar "fondas, billares y cafés".22
Aunque hijos de militar, como muchos de sus condiscípu¬los, Julio y sus hermanos quizá debieron apelar al orgullo familiar para aclimatarse a esa disciplina. Pero ésta se en¬contró pronto atemperada por la camaradería de los demás muchachos y por el intercambio de sentimientos, recuerdos y experiencias con los compañeros venidos de todos los rincones, del país. Asimilado rápidamente al régimen del colegio, Roca se entregó al estudio con entera dedicación. Que tomó en serio la tarea, lo prueban sus excelentes notas en muchas de las materias: Sobresaliente en Gramática Castellana, Aritmética, Geografía y Latín, en 1857; Bueno en Matemáticas, Filosofía y Latinidad, en 1858; Bueno en Aritmética y Filosofía en . 1859; Sobresaliente en Historia Antigua en 1860.
Esta dedicación iba de la mano con un acrecentado sen¬tido de responsabilidad familiar, más despierto seguramente desde la muerte de la madre, y que la lejanía del hogar con¬tribuía a reforzar. El rasgo resulta curioso y hasta risueño en quien era sólo el quinto de los hijos. Así, en sus cartas de colegial alternan los recuerdos cariñosos a la pequeña herma¬na, con reproches por la escasa dedicación que Julio advertía en los estudios de Celedonio. Con algunos de los condiscípu¬los intimó especialmente: Olegario Andrade, Francisco Fernández, Victorino de la Plaza, Olegario Ojeda e Isaac Chavarría, un mendocino inteligente y reservado, dueño por en-
22 Sagarna, Antonio: El Colegio del Uruguay. Facultad de Filosofía y Letraa de la Universidad de Buenos  Airea,  1943.
tonces del apodo de zorro, que pronto pasaría a ser el de Julio Argentino.
Con ser tan previsora la distribución del tiempo impuesta por el Rector, siempre quedaba margen para otras activi¬dades, que no eran, precisamente, las de alumno modelo. .. La edad se ingeniaba para tomar su desquite burlando a los latines y a la disciplina, como en ese episodio en que Roca practicó su temprana "zorrería" con Maese Pedro, portero del colegio: de vuelta: de una escapada, nocturna, y luego de esconder los zapatos entre sus ropas, el tncumano consiguió que Pedro le franqueara el acceso, a pesar de la hora, por la tentadora suma de dos pesos. Una vez que Julio estuvo dentro, pídele al portero que le alcance los zapatos y, cuando éste se vuelve, aprovecha la ocasión para cerrarle la puerta. Ante la perspectiva de ser sorprendido por el inflexible La¬r-roque o por alguno de los profesores, no tuvo el cancerbero más remedio que devolver el soborno, mientra el muchacho desaparecía velozmente en dirección a los dormitorios....
A veces la osadía de los estudiantes se excedía de punto, llegando a extremos que pudieron costarles un disgusto, como arriesgaron en la campaña para las elecciones legislativas de 3 958. En esa oportunidad, los jóvenes del Colegio, desafiando nada menos que las muy conocidas preferencias de Urquiza, se lanzaron a trabajar por el nombre de Evaristo Carriego, contra la candidatura oficialista de Benjamín Victorica. El episodio no les impediría organizar una alegre serenata para despedir a Victorica, que se trasladaba a Paraná, despedida de la que participó Julio Argentino', y que el propio Victo-rica recordaría, varias décadas después, en una carta emocio¬nada y bella.
La formación recibida por estos jóvenes no estaba dada solamente por los estudios y explicaciones docentes, sino tam¬bién por la convivencia que el régimen del colegio imponía a profesores y alumnos, con la familiaridad que ello supone y las múltiples ocasiones para la charla informal. Allí,  en esa
apartada localidad entrerriana pudieron los muchachos tener noticias vivas de otros horizontes: de Chile, del Paraguay y de Montevideo, por condiscípulos venidos de esos lugares, de las costumbres y anécdotas del Buenos Aires del Restaurador, por los relatos del jovial Victorica, que había sido profesor del Colegio y que ahora integraba asiduamente sus mesas examinadoras; de cosas de Francia y Europa, por el propio rector Larroque y por sus compatriotas los franceses Du Pasquier y Peyret; y de tierras y hechos más remotos aun, por boca del sabio Stanislas Folkran, un ruso que enseñaba Cos¬mografía. Fue también en el Colegio donde los jóvenes co¬menzaron a sentir con mayor frecuencia un nombre que a Roca le sonó familiar: el de Juan Bautista Alberdi, un tucumano ya famoso, que andaba por el Viejo Mundo, cuyas ideas difundía Alejo Peyret, el profesor de Historia y Geografía, y cuyas cartas recibía Juan F. Mougiullot, otro profe¬sor de los
 primeros tiempos, que compartía con Victorica las mesas examinadoras y que ocupaba un cargo en el gobierno nacional del Paraná. La influencia de Alberdi, al decir de Lucio V. Mansilla, flotaba entonces por sobre las trece provincias...
Las artes daban un carácter integral a los estudios, con la enseñanza del Dibujo, impartida por el pintor oriental Juan Manuel Blanes, y con la de la música instrumental, a car¬go de Doroteo Larrauri, oriental también, que había estudiado en España.
En materia militar, el Colegio había tenido una experiencia fuera de programa ya en 1852, cuando el correntino Madariaga, enviado por Buenos Aires para impedir la reunión de la Constituyente convocada en Santal Fe, cañoneó la villa desde el vapor que lo conducía, y desembarcó en Concepción del Uruguay combinando su movimiento con la inva¬sión que Hornos realizaba en el sur de la provincia. En esa oportunidad, el coronel Ricardo López Jordán, para rechazar a los invasores, echó mano de las escasas milicias locales y de los alumnos del colegio, quienes pudieron acreditarse así su primera victoria "confederada" sobre el estado separatista.
Bajo la dirección del coronel Nicolás Martínez Fontes se



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