[R-P] Rv: Una Respuesta a Pagina12WEB "Sobre el dolor y el delito"

Franco Agostinelli Nicoletti arq_agostinelli en yahoo.com.ar
Dom Mayo 3 12:39:44 MDT 2009




--- El lun 20-abr-09, Franco Agostinelli Nicoletti <arq_agostinelli en yahoo.com.ar> escribió:

De: Franco Agostinelli Nicoletti <arq_agostinelli en yahoo.com.ar>
Asunto: Rv: Una Respuesta a Pagina12WEB "Sobre el dolor y el delito"
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--- El lun 20-abr-09, Franco Agostinelli Nicoletti <arq_agostinelli en yahoo.com.ar> escribió:







SOBRE LA VIOLENCIA, LOS POLÍTICOS, LA SOCIEDAD Y EL ROL DE LOS ARQUITECTOS 
 
Comparto lo de página 12, referente a lo dicho en "Apuntes sobre el dolor y el delito" pero es una forma de ver en forma particular un grave problema,  un gravísimo problema de carácter general, pero no articula una solución de fondo, ni quiere ver (tal vez por prejuicios ideológicos) que cuando se contrae un cáncer las curas son dolorosas y heroicas, quirurgicas, y no importa si el médico que opera es de izquierda, derecha o ambidiestro, lo importante es que opere bien. 
 
Pero agradezco haber leído el artículo y a mi amigo Abel que me lo ha enviado, ya que me abrió el apetito para aportar un poco de leña al fuego y dar comida caliente a las fauces de un debate, que hace a la sociedad de estos días una mesa indigesta, donde a los postres se discute respecto de la violencia que nos está matando el futuro (porqué quienes matan son jóvenes sin futuro), pero como dije antes sin aportar soluciones.
 
La pobreza, la indigencia de unos no crea derechos para matar a otros y salir impunes. La pobreza e indigencia crea obligaciones que deben ser asumidas por el Estado, por la sociedad, por las instituciones que se han creado a fines especificos. Mientras el Estado no sea capaz de promover el bienestar de los que nada tienen, será también incapaz de proteger a los que todo tienen, porqué los que nada tienen se sienten usados, marginados y obligados a un canibalismo social para sobrevivir en un mundo cada vez más hostil a los débiles y marginados, en una especie de limpieza étnica o eutanasia social, haciendo del hambre el instrumento del verdugo. 
 
El hambre es el mejor acicate para matar, robar, o saquear en soledad o en masa. El hambre bestializa, pero hambre y droga hacen un cóctel especial en el boliche del diablo. Y este es el caso de nuestra sociedad, que sin remedio va camino a una bestialización de los miembros más desprotegidos que forman parte de su composición. Esa transformación, diferencia, hace cundir el pánico, crea sicosis y destruye el equilibrio social. Pero parece ser que estamos anestesiados o sufrimos de un patético cinismo frente a este peligrosísimo problema  
 
Basta ver la indiferencia de nuestros políticos, que están peleando candidaturas como caraduras, pero nadie se acuerda de los indigentes, de los pobres de alimentos y educación que deambulan en los medios ambientes de la marginalidad obligada de los urbanismos insólitos de rascacielos precarios, que van creando cada vez más carenciados de inteligencia y neuronas, (a causa de la desnutrición y la droga), pariendo más púberes e inocentes asesinos, para darnos cuenta de que no cambiar desapareceremos como sociedad viable.  Para seguirla y mejor entenderla me voy a permitir contar una anécdota ocurrida ayer en la calle Arroyo. 
 
Caminábamos mi amigo Abel y yo por dicha calle rumbo a Retiro, comentando sobre heroicos arquitectos y afamados  constructores, tratando de descubrir o adivinar autores de palacios y mansiones cuyas firmas fueron borradas de sus frentes  tal vez por porteros extremistas de limpiezas "in fine" o por la mano implacable del tiempo, y hete aquí que vimos a dos reconocidos políticos en la puerta de un digno y lujoso hotel (surgido del reciclado de un palacio  de seguro y original propietario tal vez fallecido y de anónimos y plurales  apellidos). Eran Julio Barbaro y Jorge Telerman hablando animadamente, seguramente después de haber comido opíparamente como lo demostraba su sonrisa de satisfechos (aclaro que nosotros veníamos de comer dos envidiables porciones de pizza y compartido un vaso de moscato porqué estabamos flacos de bolsillos).  
 
Nos acercamos y los saludamos, hasta Abel se animó a cargarlos un poco. Pero en seguida nos preguntamos que hacían ahí dos políticos casi... defenestrados, pero en eterno reciclaje, un sábado a la tarde, en fin serán son cosas de ellos, pensamos, mientras seguíamos hablándanos de Vidal o Virasoro, del Kavanagh o de los palacios franceses de embajadas y consulados. 
 
Pero al subir el tren del Belgrano rumbo a Boulogne, ver la miseria que con su impudicia va achicando a las bellezas de nuestra ciudad, que va reduciendo las vistas panoramicas mediante villas y rascacielos irregulares  y nos obliga a escuchar a vocingleros vendedores que nada venden en trenes y andenes, me hicieron recordar a Bárbaro y Telerman y preguntarme que carajo hicieron en treinta años de trayectoria política, ocupando sillones y despachos manejando dineros y políticas, gozando de prebendas y poderes para hacer y deshacer?. Claro que les sobró un poco de guita para gozar de buenos almuerzos y tal vez otros goces, pero con que favores retribuyeron a la sociedad lo que bien o mal merecieron por su paso en los palacios como inquilinos del poder?. Seamos justos(ellos no fueron los peores), ambos no son, ni fueron, ni serán los únicos, hubo otros que están en el fondo de la historia y otros que están en el umbral que tuvieron o
 tienen responsabilidades políticas e históricas jamás correspondidas con honor e hidalguía. 
 
Este desvarío político de políticos pasados y aspirantes a poderosos, nos hace ver que la responsabilidad manifiesta y criminal de un chico de 14 o 16 años cuando mata o roba a un Capristo trabajador y a tantos otros, es nuestra, es de los singulares miembros de esta sociedad que se encierra en murallas y fortalezas, y se esconde atrás de cámaras callejeras, porqué no tenemos los civiles cojones (como diríamos si fueramos españoles) para exigir jueces probos, funcionarios capaces y estadistas educados para imaginar soluciones, o desaprovechamos ingenuamente la oportunidad para reprochar (como Abel y yo con Barbaro y Telerman, que nos cayeron simpáticos) a los políticos los desmanes e idioteces que han cometido.
 
Claro que se deben tomar medidas, pero quién le toca el cascabel a la víbora, quién tiene la imaginación para crear las condiciones para cambiar el plano inclinado que nos lleva a la muerte como sociedad civil organizada?. Con semejantes políticos probados o por probar no hay demasiadas esperanzas, con ciudadanos asustados y arrinconados no vamos a cambiar nada, a pesar del dolor, con lloriqueos ante las TV sólo damos lástima y alguna indignación.
 
 Sólo nos puede salvar una política consensuada (previo debate) por todos los actores que hacen funcionar a la sociedad, no dejar sólo a los políticos profesionales el rol de pensadores, no dejar a los jueces la comodidad de obedecer códigos sin interpretar el espíritu de las leyes del sentido común, no permitir a los legisladores el libre albedrío de aceptar las seducciones de los "lobbies" de los intereses y de poderes ocultos que buscan la impunidad del delito y la vigencia de leyes favoritistas para sectores en desmedro de las mayorías. 
Hay que operar con mano diestra ese cáncer del que hablamos antes, pero en democracia y no escapar de nuestras responsabilidades, ya que justamente al no asumirlas están ausentes o vacantes,  y ese vacío es lo que nos hace débiles e irresolutos ante los problemas que debemos afrontar.. 
 
Esas debilidades también son las que nos hacen elogiar a los profetas de la mano dura, y nos hacen dudar de la infabilidad de la justicia y nos hacen fallar en nuestras elecciones arruinando nuestros proyectos de vida.   
 
Esa ausencia de responsabilidades asumidas, a su vez provoca la vacancia de los cargos políticos que terminan siendo  ejercidos por aventureros e ineptos, y ello hoy nos obliga a repensar nuestro rol en la sociedad como arquitectos y ciudadanos. Porqué tal vez para salvar a la sociedad debamos reconstruirla y en esa tarea tenemos nuestra propia misión que cumplir, y para esto debemos asumir nuestras responsabilidades devolviendo a la sociedad la inversión onerosa efectuada en nuestra formación profesional.
 
 Nos fijamos (es nuestra profesión, no es reprochable) en palacios, monumentos y rascacielos, miramos el suelo como un plano donde podría surgir la obra de nuestros sueños, pero creo que podemos aportar mucho más si somos capaces de pelear y ocupar nuestro lugar en los espacios del poder, para crear mejores obras,  promover urbanismos humanizados y sustentables, construyendo mejores presentes y deseables futuros a esta sociedad que empieza a reclamar la participación política de gente capaz de crear y construir bienestar para los demás, como los arquitectos, que por formación y destino lo hacemos todos los días. 
 
Con afecto dedico este artículo a mis amigos del Colegio de Arquitectos CAPBA Distrito IV . Saludos, Franco.     
                








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Contratapa  |  Sábado, 18 de Abril de 2009

Apuntes sobre el dolor y el delito




Por Sandra Russo
Lo que pasó en Lanús es lo que no pasó antes frente al Cabildo, cuando tronó el rabino Bergman. En uno y otro suceso se puede ver claramente la diferencia entre lo montado y lo que emana como pus social. El bramido que surge del dolor, aunque ese dolor sea real, también es pasto de manipulación, está recargado con significados que llevan agua a un río revuelto.
A propósito del dolor, uno se pregunta a qué habilita, a qué condena, a qué desvíos llega cuando es compartido y pasa de semilla a yuyo. Ese dolor, en sí mismo, dadas las circunstancias, puede cambiar la historia para bien o para mal. Del dolor dicen que se aprende, pero no siempre. A veces se desaprende. En materia de seguridad, el dolor de las víctimas es un hito de la derecha para soluciones finales de distinto tipo. Pero eso tampoco implica que uno pueda lavarse las manos ante algunos temas, o rechazar la verosimilitud de algunas historias, como la de este jueves. Se esperaba un detonante, y lo hubo.
Si uno le echa una mirada al escenario, ve, de abajo para arriba:
- Una generación de chicos excluidos, los que hoy tienen entre 14 y 16 años, que nacieron y crecieron en la cloaca social que muchos hombres y mujeres trabajadores suponen que no les incumbe. La fallida instalación de un muro entre ricos y pobres no garantiza que otros muros invisibles no funcionen. Por ejemplo, el que se erige entre los indigentes y los pobres. Allí se juega una carta enorme: la de seguir perteneciendo a la estirpe humana.
- Hay una clase trabajadora, esto es, incluida, que diariamente hace malabarismos para no caerse en la cloaca. Pero eso no la dispensa de la impiedad con los otros, sobre todo con aquellos que nunca decidieron nada sobre sus vidas. Los camiones de Andreani que ayer se vieron en el centro de Buenos Aires dan cuenta de la inclusión de la víctima: otros incluidos, sin ir más lejos en la posibilidad del afecto, la lloran y se movilizan por ella y por las demás víctimas del delito. Tienen derecho, por supuesto, y tienen razones. Hay otros por los que nadie llora.
- Hay crisis y desatención: por un lado, no hay trabajo ni educación; por otro, el paco, que es el Rivotril de la cloaca, enferma y mata, pero la sociedad actúa como si no estuviera involucrada: se decomisan éxtasis, cocaína, efedrina, se conoce hasta la jerga del cartel de Sinaloa, pero nadie va preso por traficar paco. Y a los adictos al paco nadie los rehabilita, el Estado no los rehabilita, ontológicamente se los da por perdidos.
- Hay delito. Y hay mucha irritación cuando se citan estadísticas que dicen que sí, que hay delito, pero que no tanto, que estamos todavía muy lejos de los índices de las verdaderas ciudades violentas. No queremos llegar a serlo, pero asociar automáticamente delito con pobreza es un hecho en sí mismo violento.
- Cuando se ametralla desde los micrófonos con pedidos de pena de muerte habría que calibrar también el efecto que esas operaciones mediáticas tienen en los que se propone parar frente al paredón. Esas operaciones mediáticas son disparadores de violencia.
- Lo que atemoriza es el gatillo fácil del paco. Hace unos años había que no oponer resistencia a los asaltos. Hoy el terror proviene de que se mata más fácil y por menos motivos. Los motivos de una mente podrida por el paco son inescrutables. El paco ha terminado de hacer de esa generación de chicos de la cloaca seres que habitan una dimensión distinta. Mental, espiritual, orgánica. Están muy lejos.
- El gatillo fácil del paco puede asociarse con el gatillo fácil del ingeniero Santos, que fue el pionero en esto de dejar aflorar el instinto asesino del incluido, y también con el gatillo fácil de la maldita policía. En los tres casos, en situaciones y con protagonistas bien distintos, se trata de un gatillo que se aprieta contra cualquiera. Lo que caracteriza al gatillo fácil no es quién dispara, sino contra quién dispara: es cualquiera. Eso está uniendo a la gente en este malestar. Cualquiera pueden ser todos.
- Los chicos de la cloaca que asesinan no son muchos. No es un ejército de asesinos el que se agazapa en la periferia del sistema. Es más bien un montón de asustados que se vuelven feroces porque viven como bestias de corral más que como personas. Pero un chico de catorce años mató a un hombre en Valentín Alsina, y de eso hay que hacerse cargo.
- La situación de actual inimputabilidad no es algo que los beneficie. Por el contrario, los sumerge aún más en la nada que son, sin causa, sin proceso, sin defensa. Los hace trabajar para otros. Muchas veces para la policía.
- Una nueva ley que les dé a ellos garantías constitucionales, y a los familiares de las víctimas la posibilidad de que se haga justicia, es lo que se cae de maduro. Pero habría que aclarar que esa ley serviría para reparar este malestar y para evitar que en ese malestar nazcan larvas imprevisibles. Con nueva ley, la cloaca permanecerá allí. Llena de chicos que no saben dónde están.


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