[R-P] DARWIN ,hmmmmm
maría Sola
mariadelsola en gmail.com
Sab Mayo 2 18:53:28 MDT 2009
SOBRE UNA REDUNDANCIA: EL DARWINISMO SOCIAL
MÁXIMO SANDÍN. DEPARTAMENTO DE BIOLOGÍA. FACULTAD DE CIENCIAS.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.
ASCLEPIO Vol. LII, Fascículo 2, Año 2000. CSIC. Madrid.
Uno de los valores relevantes que las ciencias sociales, o las
humanidades, han aportado al progreso del conocimiento es un aspecto
autocrítico o relativista. La conciencia de que las explicaciones de
fenómenos son, en muchos casos, interpretaciones es, sin duda, una
actitud más fructífera que la fe ciega en las "observaciones
objetivas". Así, los historiadores, que saben de "la historia escrita
por los vencedores", nos pueden ayudar a los biólogos a reinterpretar
la historia del darwinismo escrita por darwinistas.
La entusiasta versión de esta historia en los textos tanto
académicos como divulgativos sobre la evolución contiene,
generalmente, ligeros matices sobre este tema: "la aparición, en 1859
del libro "El origen de las especies" de Charles Darwin supuso una
revolución intelectual que inauguró una nueva era en la historia
cultural de la Humanidad..." "Darwin, con la Teoría de la Evolución,
completa la revolución copernicana que comenzó en los siglos XVI y
XVII con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton..." "Su
libro constituyó una (a veces "la") de las mayores hazañas
intelectuales que el hombre haya llevado a cabo jamás". Generalmente,
tras una (no siempre) piadosa referencia a Lamarck y a su error de la
creencia en la herencia de los caracteres adquiridos, se reconoce a
A.R. Wallace (quien en 1858 envió desde Java su manuscrito a Darwin en
el que proponía el proceso de selección natural) un pequeño papel en
la copaternidad de la Teoría, pero puntualizando que Wallace difería
de Darwin en algunas cuestiones importantes como por ejemplo negar que
la selección natural era suficiente para explicar el origen del hombre
(lo que parece ser un grave error porque "está demostrado"). Los más
objetivos (o menos entusiastas) llegan a admitir que la idea de la
evolución "estaba ya en el aire" cuando Darwin publicó la teoría
definitiva. Pero los datos históricos nos demuestran que ya estaba
expresada en soportes más sólidos que el éter. Aunque autores como
G.C.Gillispie (59) y B.Glass (59) han identificado más de treinta
naturalistas y filósofos que expusieron claramente antes que Darwin la
idea de la evolución y/o la selección natural (y lo que es más
importante, para algunos la selección natural no era considerada un
mecanismo de evolución y para algunos otros ésta se consideraba
confinada a los límites de las especies), vamos a limitarnos a los
antecedentes más inmediatos a Darwin y que él conoció.
En 1809 se publicó en París "Filosofía Zoológica ", el primer
tratado completo sobre la evolución. Su autor, Jean Baptiste Pierre
Antoine de Monet, caballero de Lamarck, conservador del Jardin du Roi,
había adquirido una amplia formación en Historia Natural. Había
realizado estudios de Botánica, a menudo en compañía de Rousseau, y
obtenido puestos prestigiosos en instituciones científicas bajo el
apoyo de Buffon. Entre sus muchos logros están el aportar criterios
científicos actuales, como por ejemplo el término "invertebrado"
(hasta entonces los taxónomos usaban la presencia o ausencia de
sangre), o la denominación "Biología", que ponía nombre a una nueva
ciencia que estudiaba los principios de la vida.
La versión satírica que la mayoría de los biólogos hemos
recibido de la obra de Lamarck, elimina drásticamente su aportación a
nuestra ciencia con la sentencia de su "errónea creencia en la
herencia de los caracteres adquiridos" (ya saben, el cuello de la
jirafa). Pero ni esta era la idea fundamental de su obra ni fue
original de Lamarck. Era simplemente un criterio muy común por
entonces, que por cierto Darwin utilizó en los (muchos) casos que no
podía explicar mediante la selección natural. Su "error" fundamental
era que su visión global de la evolución sugería una tendencia natural
de los organismos a incrementar su complejidad (un error tan "grave"
que todavía ocupa tratados, debates y congresos encaminados a explicar
esta complejidad, "dependiendo de lo que consideremos progreso"
(Ayala, 88). Otro de sus "errores" derivados de la citada visión
globalizadora del proceso evolutivo es que veía éste fenómeno como un
camino por el que una especie podría sobrevivir, en una forma
alterada, a pesar de los cambios ambientales, es decir, una forma de
escapar a la extinción. Por si esta idea suena extraña, lo
explicaremos, en terminología más moderna, en palabras de Niles
Eldredge (97): "...Como nos dice tan elocuentemente el registro fósil,
el sistema se degrada y tiene que ser reconstruido, utilizando sus
supervivientes para moldear una nueva versión que funcione"[1].
Aunque la obra de Lamarck tuvo una importante repercusión
entre los naturalistas del siglo XIX (los partidarios de la evolución
eran llamados lamarckianos), el final de su vida cuya narración por
sus detractores no resulta exenta de cierta mordacidad ("En sus ratos
libres, Lamarck adquirió seis hijos y una esposa -en ese orden-. Más
adelante tuvo dos hijos más y otras dos o tres esposas" (Harris, 85)
[2] no parece muy merecido. En la ancianidad, fué vapuleado
científicamente por un joven y brillante Cuvier, catedrático de
Historia Natural, de Anatomía comparada y secretario de la Academia de
Ciencias de París. Pasó sus últimos once años de vida ciego y en la
indigencia. Fue enterrado en una fosa común y sus detractores no
olvidan recalcar que sus huesos fueron exhumados cinco años más tarde
para hacer sitio para otros. Sin embargo, finalmente, su memoria fue
rehabilitada: "La estatua de Lamarck en los jardines de Luxemburgo, le
reivindica de modo chovinista (el subrayado es mío) como "fundador de
la evolución" (Strathern, 99) [3].
Pero Lamarck no fue sólo el fundador de la teoría de la
evolución, no sólo aportó conceptos hoy obvios y fundamentales y nos
indicó y ensanchó a los biólogos nuestro campo de investigación; si
releemos sus textos veremos que también nos enseñó (lo intentó, al
menos) a pensar científicamente sobre la Naturaleza de la vida y a
buscar el sentido de este misterioso y complejo fenómeno. En palabras
de C. Leon Harris (85): "A partir de 1790 Lamarck empezó a ponerse
cada vez más pesado con sus grandes ideas de unificar toda la ciencia
bajo una filosofía general basada en unas pocas leyes" [4]. Estas son
las suyas:
"Sabemos que cualquier ciencia debe tener su filosofía y que
sólo por este camino hace progresos reales. Los naturalistas gastarán
vanamente su tiempo describiendo nuevas especies, captando nuevos
matices y todas las pequeñas particularidades de sus variaciones para
agrandar la lista inmensa de las especies inscritas, en una palabra,
instituyendo diversos géneros, cambiando sin cesar el empleo de las
consideraciones para caracterizarlas; si la filosofía de la ciencia se
descuida, sus progresos no serán reales y la obra entera
quedaráimperfecta" (Filosofía Zoológica), (1809)[5].
Algunos historiadores darwinistas admiten que "Tras la
aparición de los "Principles of Geology" de Lyell en 1832 y tras la
aparición en 1834 del popular "Vestiges of the Natural History of
Creation", de Robert Chambers (1802-1871), ningún ingles culto podía
considerar como propia la idea de la evolución" (Harris, 85)[6]. Lo
que, tal vez, les cueste más trabajo admitir es que ningún inglés,
culto o inculto, puede considerarse propietario de la idea de la
selección natural. En 1750, Pierre-Louis Moreau de Maupertuis, uno de
los científicos más prestigiosos de la ilustración escribió en su
"Essai de Cosmologie" una lúcida interpretación de este fenómeno. Lo
resumiremos en unas pocas líneas: "El azar, podríamos decir, produjo
un vasto número de individuos: de éstos, una pequeña proporción estaba
organizada de tal forma que los órganos de los animales podían
satisfacer sus necesidades. Un número mucho mayor no mostró ni
adaptación ni orden; estos últimos han perecido todos... Así pues, las
especies que vemos hoy no son más que una pequeña parte de las que el
destino ciego ha producido.[7]" Leon Harris reconoce que Maupertuis
era consciente del papel destructivo de la selección natural en la
eliminación de los no aptos, "pero no alcanzó a ver que de un proceso
así podrían surgir nuevas especies" [8]. Quizás Harris no haya
considerado que mediante la observación y la reflexión es muy poco
probable llegar a pensar que la "eliminación de los no aptos" sea un
medio de producción de nuevas especies, a no ser que te graben
laboriosamente la idea en el cerebro a lo largo de tus estudios de
Biología.
Conceptos semejantes de selección natural fueron repetidamente
planteados por Denis Diderot (1713-1784), William Charles Wells
(1757-1818) y Patrick Mattew (1790-1874). Este último, que al igual
que Darwin admitía la creencia, generalizada por entonces, de la
herencia de los caracteres adquiridos anticipó conceptos científicos
que podrían haber resultado muy fructíferos de no haber sido
sepultados en el olvido: los ecosistemas y la coevolución: "Entre los
millones de variedades específicas de seres vivos que ocupan la
porción húmeda de la superficie de nuestro planeta hasta donde podamos
remontarnos, no parece, con excepción del hombre, haber existido
ninguna raza especialmente acaparadora, sino un equilibrio bastante
justo de los poderes de ocupación, o más bien, una maravillosa
variación de las circunstancias paralela a la naturaleza de todas las
especies, como si estas o aquellas hubieran crecido juntas"
("Accomodation of Organized Life to Circunstance, by Diverging
Ramifications" 1831)[9].
Parece pues, meridianamente claro que los conceptos
científicos de evolución y selección natural no fueron en absoluto
originales de Darwin. En concreto, Matthew murió reclamando la
prioridad del "Principio de la Selección Natural". Darwin, muy molesto
por ello, se alegró mucho cuando le comunicaron que en 1813 el doctor
Wells lo había explicado con toda claridad por lo que "el pobre y
viejo Patrick Matthew no es el primero"[10]. Entonces: ¿Cuál fue
exactamente la "proeza intelectual" del "autor de una de las mayores
ideas de la humanidad" [11] (Strathern) (99) que completó la
revolución copernicana? Dado que las interpretaciones y argumentos
científicos no parecen poder aportar mucha luz a estas preguntas,
habremos de recurrir una vez más a la historia. Y hay que reconocer
que, en este caso, el personaje, en lo que respecta a sus
características y personalidad, por lo que ésto pueda tener de
influencia en su obra, no necesita de comentarios maliciosos de sus
detractores. Con las narraciones de sus apologistas tiene suficiente.
SOBRE UNA REDUNDANCIA: EL DARWINISMO SOCIAL
MÁXIMO SANDÍN. DEPARTAMENTO DE BIOLOGÍA. FACULTAD DE CIENCIAS.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.
ASCLEPIO Vol. LII, Fascículo 2, Año 2000. CSIC. Madrid.
Uno de los valores relevantes que las ciencias sociales, o las
humanidades, han aportado al progreso del conocimiento es un aspecto
autocrítico o relativista. La conciencia de que las explicaciones de
fenómenos son, en muchos casos, interpretaciones es, sin duda, una
actitud más fructífera que la fe ciega en las "observaciones
objetivas". Así, los historiadores, que saben de "la historia escrita
por los vencedores", nos pueden ayudar a los biólogos a reinterpretar
la historia del darwinismo escrita por darwinistas.
La entusiasta versión de esta historia en los textos tanto
académicos como divulgativos sobre la evolución contiene,
generalmente, ligeros matices sobre este tema: "la aparición, en 1859
del libro "El origen de las especies" de Charles Darwin supuso una
revolución intelectual que inauguró una nueva era en la historia
cultural de la Humanidad..." "Darwin, con la Teoría de la Evolución,
completa la revolución copernicana que comenzó en los siglos XVI y
XVII con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y Newton..." "Su
libro constituyó una (a veces "la") de las mayores hazañas
intelectuales que el hombre haya llevado a cabo jamás". Generalmente,
tras una (no siempre) piadosa referencia a Lamarck y a su error de la
creencia en la herencia de los caracteres adquiridos, se reconoce a
A.R. Wallace (quien en 1858 envió desde Java su manuscrito a Darwin en
el que proponía el proceso de selección natural) un pequeño papel en
la copaternidad de la Teoría, pero puntualizando que Wallace difería
de Darwin en algunas cuestiones importantes como por ejemplo negar que
la selección natural era suficiente para explicar el origen del hombre
(lo que parece ser un grave error porque "está demostrado"). Los más
objetivos (o menos entusiastas) llegan a admitir que la idea de la
evolución "estaba ya en el aire" cuando Darwin publicó la teoría
definitiva. Pero los datos históricos nos demuestran que ya estaba
expresada en soportes más sólidos que el éter. Aunque autores como
G.C.Gillispie (59) y B.Glass (59) han identificado más de treinta
naturalistas y filósofos que expusieron claramente antes que Darwin la
idea de la evolución y/o la selección natural (y lo que es más
importante, para algunos la selección natural no era considerada un
mecanismo de evolución y para algunos otros ésta se consideraba
confinada a los límites de las especies), vamos a limitarnos a los
antecedentes más inmediatos a Darwin y que él conoció.
En 1809 se publicó en París "Filosofía Zoológica ", el primer
tratado completo sobre la evolución. Su autor, Jean Baptiste Pierre
Antoine de Monet, caballero de Lamarck, conservador del Jardin du Roi,
había adquirido una amplia formación en Historia Natural. Había
realizado estudios de Botánica, a menudo en compañía de Rousseau, y
obtenido puestos prestigiosos en instituciones científicas bajo el
apoyo de Buffon. Entre sus muchos logros están el aportar criterios
científicos actuales, como por ejemplo el término "invertebrado"
(hasta entonces los taxónomos usaban la presencia o ausencia de
sangre), o la denominación "Biología", que ponía nombre a una nueva
ciencia que estudiaba los principios de la vida.
La versión satírica que la mayoría de los biólogos hemos
recibido de la obra de Lamarck, elimina drásticamente su aportación a
nuestra ciencia con la sentencia de su "errónea creencia en la
herencia de los caracteres adquiridos" (ya saben, el cuello de la
jirafa). Pero ni esta era la idea fundamental de su obra ni fue
original de Lamarck. Era simplemente un criterio muy común por
entonces, que por cierto Darwin utilizó en los (muchos) casos que no
podía explicar mediante la selección natural. Su "error" fundamental
era que su visión global de la evolución sugería una tendencia natural
de los organismos a incrementar su complejidad (un error tan "grave"
que todavía ocupa tratados, debates y congresos encaminados a explicar
esta complejidad, "dependiendo de lo que consideremos progreso"
(Ayala, 88). Otro de sus "errores" derivados de la citada visión
globalizadora del proceso evolutivo es que veía éste fenómeno como un
camino por el que una especie podría sobrevivir, en una forma
alterada, a pesar de los cambios ambientales, es decir, una forma de
escapar a la extinción. Por si esta idea suena extraña, lo
explicaremos, en terminología más moderna, en palabras de Niles
Eldredge (97): "...Como nos dice tan elocuentemente el registro fósil,
el sistema se degrada y tiene que ser reconstruido, utilizando sus
supervivientes para moldear una nueva versión que funcione"[1].
Aunque la obra de Lamarck tuvo una importante repercusión
entre los naturalistas del siglo XIX (los partidarios de la evolución
eran llamados lamarckianos), el final de su vida cuya narración por
sus detractores no resulta exenta de cierta mordacidad ("En sus ratos
libres, Lamarck adquirió seis hijos y una esposa -en ese orden-. Más
adelante tuvo dos hijos más y otras dos o tres esposas" (Harris, 85)
[2] no parece muy merecido. En la ancianidad, fué vapuleado
científicamente por un joven y brillante Cuvier, catedrático de
Historia Natural, de Anatomía comparada y secretario de la Academia de
Ciencias de París. Pasó sus últimos once años de vida ciego y en la
indigencia. Fue enterrado en una fosa común y sus detractores no
olvidan recalcar que sus huesos fueron exhumados cinco años más tarde
para hacer sitio para otros. Sin embargo, finalmente, su memoria fue
rehabilitada: "La estatua de Lamarck en los jardines de Luxemburgo, le
reivindica de modo chovinista (el subrayado es mío) como "fundador de
la evolución" (Strathern, 99) [3].
Pero Lamarck no fue sólo el fundador de la teoría de la
evolución, no sólo aportó conceptos hoy obvios y fundamentales y nos
indicó y ensanchó a los biólogos nuestro campo de investigación; si
releemos sus textos veremos que también nos enseñó (lo intentó, al
menos) a pensar científicamente sobre la Naturaleza de la vida y a
buscar el sentido de este misterioso y complejo fenómeno. En palabras
de C. Leon Harris (85): "A partir de 1790 Lamarck empezó a ponerse
cada vez más pesado con sus grandes ideas de unificar toda la ciencia
bajo una filosofía general basada en unas pocas leyes" [4]. Estas son
las suyas:
"Sabemos que cualquier ciencia debe tener su filosofía y que
sólo por este camino hace progresos reales. Los naturalistas gastarán
vanamente su tiempo describiendo nuevas especies, captando nuevos
matices y todas las pequeñas particularidades de sus variaciones para
agrandar la lista inmensa de las especies inscritas, en una palabra,
instituyendo diversos géneros, cambiando sin cesar el empleo de las
consideraciones para caracterizarlas; si la filosofía de la ciencia se
descuida, sus progresos no serán reales y la obra entera
quedaráimperfecta" (Filosofía Zoológica), (1809)[5].
Algunos historiadores darwinistas admiten que "Tras la
aparición de los "Principles of Geology" de Lyell en 1832 y tras la
aparición en 1834 del popular "Vestiges of the Natural History of
Creation", de Robert Chambers (1802-1871), ningún ingles culto podía
considerar como propia la idea de la evolución" (Harris, 85)[6]. Lo
que, tal vez, les cueste más trabajo admitir es que ningún inglés,
culto o inculto, puede considerarse propietario de la idea de la
selección natural. En 1750, Pierre-Louis Moreau de Maupertuis, uno de
los científicos más prestigiosos de la ilustración escribió en su
"Essai de Cosmologie" una lúcida interpretación de este fenómeno. Lo
resumiremos en unas pocas líneas: "El azar, podríamos decir, produjo
un vasto número de individuos: de éstos, una pequeña proporción estaba
organizada de tal forma que los órganos de los animales podían
satisfacer sus necesidades. Un número mucho mayor no mostró ni
adaptación ni orden; estos últimos han perecido todos... Así pues, las
especies que vemos hoy no son más que una pequeña parte de las que el
destino ciego ha producido.[7]" Leon Harris reconoce que Maupertuis
era consciente del papel destructivo de la selección natural en la
eliminación de los no aptos, "pero no alcanzó a ver que de un proceso
así podrían surgir nuevas especies" [8]. Quizás Harris no haya
considerado que mediante la observación y la reflexión es muy poco
probable llegar a pensar que la "eliminación de los no aptos" sea un
medio de producción de nuevas especies, a no ser que te graben
laboriosamente la idea en el cerebro a lo largo de tus estudios de
Biología.
Conceptos semejantes de selección natural fueron repetidamente
planteados por Denis Diderot (1713-1784), William Charles Wells
(1757-1818) y Patrick Mattew (1790-1874). Este último, que al igual
que Darwin admitía la creencia, generalizada por entonces, de la
herencia de los caracteres adquiridos anticipó conceptos científicos
que podrían haber resultado muy fructíferos de no haber sido
sepultados en el olvido: los ecosistemas y la coevolución: "Entre los
millones de variedades específicas de seres vivos que ocupan la
porción húmeda de la superficie de nuestro planeta hasta donde podamos
remontarnos, no parece, con excepción del hombre, haber existido
ninguna raza especialmente acaparadora, sino un equilibrio bastante
justo de los poderes de ocupación, o más bien, una maravillosa
variación de las circunstancias paralela a la naturaleza de todas las
especies, como si estas o aquellas hubieran crecido juntas"
("Accomodation of Organized Life to Circunstance, by Diverging
Ramifications" 1831)[9].
Parece pues, meridianamente claro que los conceptos
científicos de evolución y selección natural no fueron en absoluto
originales de Darwin. En concreto, Matthew murió reclamando la
prioridad del "Principio de la Selección Natural". Darwin, muy molesto
por ello, se alegró mucho cuando le comunicaron que en 1813 el doctor
Wells lo había explicado con toda claridad por lo que "el pobre y
viejo Patrick Matthew no es el primero"[10]. Entonces: ¿Cuál fue
exactamente la "proeza intelectual" del "autor de una de las mayores
ideas de la humanidad" [11] (Strathern) (99) que completó la
revolución copernicana? Dado que las interpretaciones y argumentos
científicos no parecen poder aportar mucha luz a estas preguntas,
habremos de recurrir una vez más a la historia. Y hay que reconocer
que, en este caso, el personaje, en lo que respecta a sus
características y personalidad, por lo que ésto pueda tener de
influencia en su obra, no necesita de comentarios maliciosos de sus
detractores. Con las narraciones de sus apologistas tiene suficiente.
El 2/05/09, maría Sola <mariadelsola en gmail.com> escribió:
> Mis disculpas por haber opinado tan enfáticamente acerca de que las
> opiniones de Charles Darwin no estaban ligadas al Darwinismo
> social.Hmmm.Por suerte me quedé con dudas . En realidad quería saber
> cual era el nombre del supuesto primo.No lo envcontré .Pero el autor
> de este trabajo , un profesor de biología , deja entrever que su fama
> se debió entre otras cosas a que era el momento de poner el tema en
> público .Parece que hubo varios que hablaron de selección natural
> antes que Darwin.Copio un trabajo muy interesante .No solo pone en
> duda la originalidad de Darwin sino que clarifica la utilización
> publicitaria del tema.Al final hay un fragmento de Darwin que
> clarifica el tema.
> Pego una parte
> Para vos Nestor enseguido a pego otra parte en donde reivindica a Lemark.
>
>
>
> No parece necesario recurrir a profundos estudios psicológicos para
> sospechar que la historia personal de Darwin y su formación como
> clérigo, junto con el entorno social en el que ésta se desarrolló,
> contribuyeron en gran medida a conformar su visión del mundo. Para no
> dar la impresión de una animadversión personal (inexistente) contra
> él, me limitaré a recomendar a este respecto la lectura del brevísimo
> pero sustancioso libro "Darwin y la evolución" de Paul Strathern (Ed.
> Siglo XXI) y a comentar sucintamente un episodio de su vida que puede
> dar cuenta de esta posible influencia. Los asfixiantes
> convencionalismos que constreñían a la clase media de la Inglaterra
> victoriana, obligaban a llegar al matrimonio como único medio de
> mitigar la frustración sexual. Tras unas prosaicas y poco edificantes
> evaluaciones sobre el matrimonio y las mujeres que se han encontrado
> entre sus notas personales, (Thuillier, 90) Darwin llegó a la
> conclusión de que le interesaba una mujer "que sea un ángel y que
> tenga dinero"[12]. Sin ir más lejos, su prima Emma Wedgwood
> representaba una buena inversión. No era precisamente una belleza,
> pero su familia disponía de unas magníficas rentas. Tras meticulosos
> cálculos sobre lo que le correspondía, Darwin se casó con ella. La
> narración de esta pequeña (pero práctica) hazaña intelectual no viene
> a cuento aquí con el objeto de cuestionar su grandeza de espíritu,
> sino para comprender su posible influencia en sus observaciones
> científicas. En "El Origen del Hombre" sus ideas sobre la selección
> sexual, consideradas fundamentales para reforzar la, ya para él
> debilitada, selección natural, estaban basadas en su observación de
> que, en todas las especies, las crías, tanto hembras como machos, se
> asemejaban a las hembras. Esto le llevó a concluir que los machos
> representaban un "estadío evolutivo más avanzado que las hembras"[13].
> Según Paul Strathern: "Su trabajo en este terreno parece resentirse de
> una falta de rigor científico atípica en él, así como de conclusiones
> extraídas de un solo espécimen, su esposa" [14].
>
> Pero esta tendencia a convertir sucesos restringidos en leyes
> generales, no parece limitarse a su opinión sobre más de la mitad de
> la humanidad. Su (aparente) logro científico que se ha perpetuado
> hasta la actualidad, la selección natural, no tenía un campo de visión
> mucho más amplio. Su versión de este fenómeno, bastante más "sencilla"
> que las precedentes, basadas en la observación de la naturaleza, era
> una extrapolación directa de las actividades de los ganaderos y
> criadores de palomas de su país (posiblemente sin ir muy lejos de su
> casa): "Viendo que, indudablemente, se han presentado variaciones
> útiles al hombre, ¿puede acaso dudarse de que de la misma manera
> aparezcan otros que sean útiles a los organismos mismos, en su grande
> y compleja batalla por la vida, en el transcurso de las
> generaciones?.Si esto ocurre, ¿podemos dudar -recordando que nacen
> muchos más individuos de los que acaso pueden sobrevivir- que los
> individuos que tienen ventaja, por ligera que sea, sobre otros,
> tendrán mayor probabilidad de sobrevivir y reproducir su especie?. Y
> al contrario, podemos estar seguros de que toda variación perjudicial,
> por poco que lo sea, será rigurosamente eliminada. Esta conservación
> de las diferencias favorables de los individuos y la destrucción de
> las perjudiciales es lo que yo he llamado Selección Natural"[15]. En
> palabras del genetista de poblaciones F.J. Ayala (99): "La explicación
> darwinista de la evolución de los organismos (el subrayado es mío) por
> medio de la selección natural ,es, como tantas otras proezas de la
> mente humana, extremadamente simple, al mismo tiempo que poderosa"
> [16]. Y es cierto que, a juzgar por los resultados de su implantación
> social, se ha convertido en muy poderosa. Pero es más cierto aún que
> es extremadamente simple (probablemente esta sea la causa de su
> poder). Incluso la selección forzada por los ganaderos de animales
> extraños o defectuosos que en condiciones naturales lo tendrían muy
> difícil (con enanismo, obesos, con gigantismo...) o con variaciones
> superficiales o accesorias se ha realizado desde hace 10.000 años
> pero, como habían observado Maupertuis y Diderot, sin transgredir los
> limites de la especie. Y el que en la naturaleza los individuos
> defectuosos sean eliminados por la "selección" o que una
> característica superficial resulte favorecedora en un medio concreto
> (como el manido ejemplo del "melanismo industrial" de la polilla del
> abedul [Ayala, 99]) tiene muy poco que ver con los complejos cambios
> de organización genética y morfológica que conlleva la evolución.
>
> Pero esta argumentación no en nueva. Experimentados
> naturalistas contemporáneos de Darwin tenían claro este hecho: según
> Fleeming Jenkin "Una planta o un animal no puede modificarse más que
> dentro de ciertos límites. Existe una esfera de variación de la que el
> organismo no puede salirse". Además, como se puede comprobar en
> animales seleccionados cuando retornan a la libertad: "no solamente no
> pueden variar indefinidamente, sino que muchos sujetos vuelven a la
> condición primera " (Thuillier, 90)[17]. Ya en la década de 1860 se
> dudaba de si unas variaciones muy débiles bastaban para explicar la
> formación de especies nuevas. Por ejemplo, según Strathern (99), el
> zoólogo católico George Mivart (por cierto, no es fácil encontrar
> referencia al clérigo anglicano Charles Darwin, aunque cabe sospechar
> que tendrá posiblemente un significado semejante) puso objeciones bien
> precisas y sólidas: los órganos bien desarrollados (tales como el ojo)
> constituían una evidente ventaja pero, ¿qué beneficios representaban
> estos órganos en las primeras fases de su desarrollo?, ¿cómo es
> posible que la selección pueda "percibir" innovaciones que al
> principio no podían ser más que mínimas y poco ventajosas para el
> organismo?
>
> Estos son sólo unos pocos ejemplos de las repercusiones
> científicas de la "revolución darwinista". Sin embargo, cuando en los
> libros "oficiales" se habla de las controversias que suscitó la obra
> de Darwin, se mencionan las planteadas por las fuerzas conservadoras
> ante el ataque a las creencias religiosas establecidas (el debate
> entre Huxley y el obispo Wilbeforce se ha constituido en una
> reiterativa rutina en estos libros). Pero es más difícil encontrar
> información sobre criticas epistemológicas muy sólidamente
> argumentadas por científicos prestigiosos. El reverendo Samuel
> Haughton, filosofo y geólogo, afirmó: "Si a un químico o un
> mineralogista cualquiera se le ocurriera establecer una teoría
> geológica (tan mediocre) sobre el origen de la sosa y de la cal, sus
> colegas le tomarían por un chiflado". Comentarios semejantes le dedicó
> William Hopkins, especialista en matemática aplicada a la física y a
> la geología, que añadió: "La teoría del señor Darwin no puede explicar
> nada, ya que es incapaz de asignar una relación necesaria entre los
> fenómenos y las causas que les atribuye". (Thuillier, 90)[18].
>
> Críticas y objeciones cada vez más contundentes se pueden
> seguir encontrando a medida que nuevas simplificaciones de los
> procesos naturales (que veremos más adelante) han ido consolidando el
> darwinismo científico. Pero posiblemente las más relevantes sean las
> dudas y objeciones planteadas por el mismo Darwin. Y éstas son tantas
> y tan variadas que su transcripción sobrepasa, en mucho, las
> dimensiones de este artículo. Vamos pues a limitarnos a reproducir
> algunas significativas.
>
> En sucesivas ediciones de "El Origen de las Especies", Darwin
> fue introduciendo nuevas y confusas aclaraciones, "intentando remediar
> las dificultades que surgían" (Thuillier, 90)[19]. El problema para
> explicar como en la naturaleza un pequeño cambio individual podía
> mantenerse, le obligó a proponer una "tendencia a variar de la misma
> manera"[20]. Esta tendencia sería impulsada por el medio. Más tarde,
> ante la observación de que una variación única tendería a diluirse
> entre la población, propuso que estas variaciones "debían aparecer
> simultáneamente en gran número de individuos"[21]. En otros casos, sus
> explicaciones se encuadran dentro de lo que llamamos neutralismo, es
> decir, variaciones "sin importancia para la prosperidad de la
> especie"[22] debido a que "han podido actuar diversas causas que han
> hecho constantes las diferencias, pero sin ninguna intervención de la
> selección natural"[23]. En otras ocasiones, "El uso (...) refuerza y
> desarrolla algunas partes, mientras que la falta de uso las disminuye;
> y (...) estas modificaciones son hereditarias"[24]]. Pero, tal vez,
> las objeciones más lúcidas dentro de esta confusión son las que
> siguen: "Hasta este punto he hablado como si las variaciones (...) se
> debieran al azar. Esto, por supuesto, es una expresión totalmente
> incorrecta, pero sirve para reconocer sin ambages nuestra ignorancia
> acerca de las causas de cada variación particular"[25]. O "¿Por qué si
> las especies han descendido de otras especies mediante gradaciones
> insensiblemente diminutas, no vemos en todas partes innumerables
> formas de transición? ¿Por qué no está toda la naturaleza en
> confusión, en lugar de estar las especies como las vemos, bien
> definidas?"[26]. Pero esta evidente contradicción con su teoría no
> sólo se mostraba nítidamente en los seres vivos, sino que reflejaba su
> historia en el registro fósil, ya que, según Darwin, si las
> transiciones de las morfologías de unos tipos de organismos en otras
> se produjeran de forma gradual; "...La cantidad de eslabones
> intermedios y de transición entre todas las especies vivas y
> extinguidas ha de haber sido inconcebiblemente grande"[27] . Y, aunque
> justificaba esta ausencia como consecuencia de " imperfecciones en el
> registro fósil", le intranquilizaba la opinión de los más eminentes
> geólogos y los más grandes paleontólogos contemporáneos suyos que
> mantenían la persistencia sin cambios de las especies en el registro
> fósil[28].
>
> Ante todos estos problemas "Darwin continuó buscando una
> teoría de la evolución largo tiempo después de darse cuenta de que se
> produce algún tipo de selección natural" (Harris, 85)[29]. Finalmente,
> abandonó la idea de la selección natural. En palabras de Paul
> Strathern: "De lo sublime a lo ridículo. En su lugar propuso una
> teoría pergueñada por primera vez en el siglo V a.C. por el filósofo
> griego Demócrito, conocida como Pangénesis. Su versión moderna
> afirmaba que cada órgano y sustancia del cuerpo segregaba sus propias
> partículas características, que luego se combinaban para formar las
> células reproductivas. Las partículas segregadas por cada órgano eran
> un eco fiel no sólo de las características, sino también de la
> respectiva fuerza, tamaño y salud del órgano". Como vemos no tiene
> nada de ridículo ya que es una especie de "camino inverso" de los
> mecanismos genéticos desconocidos por aquel entonces. El error más
> terrible es que "Suponía, por ejemplo, que si un individuo expandía su
> musculatura haciendo pesas, su aspecto musculoso sería transmitido a
> la descendencia. En otras palabras, la pangénesis conducía a Lamarck y
> sus características heredables"[30].
>
> Pero, posiblemente, esta fue su única "convergencia" vital con
> Lamarck. Darwin, que murió rodeado de fama y abundancia económica, fue
> enterrado entre honores en la catedral de Westminster a pocos metros
> de Isaac Newton.
>
> En definitiva, la historia de Darwin escrita por darwinistas
> nos muestra al hombre responsable de la "proeza intelectual" que
> condujo a una "nueva era en la historia cultural de la humanidad" como
> una persona no muy brillante (en palabras de su padre "un chico muy
> corriente, más bien algo por debajo del promedio" [Hemleben, 71])[31],
> siempre perseguido, como hemos visto, por las dudas derivadas de su
> honestidad intelectual, que queda demostrada en la plañidera carta que
> escribió al geólogo Lyell sobre el manuscrito de Wallace recibido en
> 1858: "...Por favor, devuélvame el manuscrito, ya que aunque él no me
> dice que desee que lo publique, escribiré inmediatamente y lo ofreceré
> a cualquier revista. Así, toda mi originalidad, valga lo que valga,
> quedará destruida, aunque mi libro, si es que alguna vez llega a tener
> valor, no quedara deteriorado, ya que todo el trabajo consiste en la
> aplicación de la teoría"[32]. Sin embargo, a pesar de sus dudas sobre
> su creatividad, era un trabajador metódico y voluntarioso. A lo largo
> de su vida publicó abundantes obras sobre observaciones geológicas,
> orquídeas, percebes y animales y plantas domésticos que posiblemente
> ofrezcan una dimensión más real de sus aportaciones científicas. Lo
> que resulta más difícil de explicar, basándonos en sus propios
> escritos, es cómo sus paisanos contemporáneos consiguieron convencerle
> (si es que llegaron a hacerlo) de que su obra principal había
> desentrañando los misterios de la naturaleza. Aunque según Leon
> Harris: "...Darwin no fue, en efecto, el primero en sugerir la idea de
> la evolución y de la selección natural. No obstante, una cosa es que
> los evolucionistas anteriores propusieran la idea, y otra bien
> distinta que consiguieran convencer a los científicos" [33]. A los que
> nos han inculcado el noble ideal de que las aportaciones científicas
> son patrimonio de la humanidad y de que la única compensación que al
> autor le cabe esperar de ellos es el reconocimiento, nos resulta
> extraña la justificación de la consagración de Darwin como una de las
> más relevantes figuras de la humanidad en función de unos méritos
> exclusivamente publicitarios.
>
> De todos modos, la afirmación de que "consiguió convencer a
> los científicos" quizá sea una generalización injustificada, tanto por
> las reacciones que, como hemos visto, suscitó, como porque ni él mismo
> lo estaba. Lo que sí es cierto es que su principal libro "El Origen de
> las Especies" tuvo una gran acogida y un éxito inmediato. El primer
> día de su publicación, la edición de 1.250 ejemplares se agotó, y lo
> mismo ocurrió, en unos pocos días, con la segunda edición de 3.000
> ejemplares. Estos hechos sorprendieron a Darwin, ya que, según él, su
> libro era "bastante aburrido". Pero este éxito, que lo convirtió en
> "la obra científica más leída del siglo" (Hemleben, 71[34], no fue,
> evidentemente, un éxito científico (cabe suponer que de los 4.250
> lectores iniciales, solo una pequeña proporción estaría formada por
> hombres de ciencia). ¿Cuál pudo ser, pues, el verdadero motivo del
> éxito? Para comprenderlo habrá que situar el hecho en un contexto
> histórico y social.
>
> La situación social de la Inglaterra de finales del siglo
> XVIII y los primeros años del siglo XIX era turbulenta. Fueron los
> tiempos de la masacre de Peterloo y de los mártires de Tolpuddle. En
> pleno auge de la expansión colonial y de la revolución industrial se
> había producido "un desplazamiento de riquezas que no actuó de igual
> forma sobre los beneficiarios y las víctimas" (Mozaré, 77)[35]. Las
> leyes de cercamiento de fincas, promulgadas en el siglo XVIII,
> permitieron a los propietarios vallar sus tierras para utilizarlas
> como pastos para el ganado y al mismo tiempo, desalojar a sus
> renteros, condenándoles a ser barata mano de obra industrial en las
> ciudades. La miseria y la superpoblación inquietaron al clérigo y
> economista Thomas Malthus, quien convenció a su primer ministro de que
> en las "casas de trabajo" destinadas a los indigentes, los sexos
> deberían estar separados. Su "Ensayo sobre el principio de la
> población", publicado en 1798 y ampliado en 1803, proponía que el
> aumento geométrico de la población en un mundo en el que la producción
> de alimentos aumentaba aritméticamente impondría siempre la "lucha por
> la supervivencia". Y no eran precisamente principios filantrópicos los
> que guiaban a Malthus. Según R.C. Lewontin (92) el ensayo era un
> argumento contra la vieja "Ley Inglesa de los Pobres", que encontraba
> demasiado protectora, y en favor de un control mucho más estricto de
> los pobres para que no se reprodujeran y crearan inquietud social (lo
> cual no le impidió tener numerosos hijos). Para C. Leon Harris, "El
> razonamiento de Malthus era que el progreso era imposible a menos que
> exista un abastecimiento ilimitado de alimentos, por lo que las
> políticas dirigidas a mejorar la situación de los pobres eran
> equivocadas (...) Los defensores del Laissez faire podría así ignorar
> a los niños hambrientos con la conciencia tranquila"[36].
>
> Los defensores del Laissez faire habían trasladado a Gran
> Bretaña una simplificación de la visión "científica" de la economía de
> los fisiócratas franceses, convenientemente adecuada a los intereses
> de las clases dominantes. Su figura más influyente fue Adam Smith, que
> tradujo ese término mediante la metáfora de "la mano invisible del
> mercado" y al que también preocupaba que los trabajadores y "otras
> clases inferiores de personas" engendraban demasiados hijos, los
> cuales harían disminuir los salarios a un nivel de subsistencia. Había
> nacido el Liberalismo económico, que convirtió a los ciudadanos y a
> los países en competidores, y con el murió la idea del precio justo,
> ya que desde entonces los precios estarían regulados por la "ley" de
> la oferta y la demanda (El poeta Oscar Wilde describió perfectamente
> (una vez más) las consecuencias: "Es posible saber el precio de todo y
> no conocer el valor de nada")[37]. En 1851, el filósofo y economista
> Herbert Spencer, en su libro "La Estática Social" acuñó el término de
> "supervivencia del más apto" para definir el motor de las relaciones
> sociales. En su opinión el intento de ayudar a los pobres era un
> entorpecimiento de las Leyes naturales que se regían por la
> competición. La ciencia apoyaba totalmente estos argumentos: según
> Spencer, "las civilizaciones, sociedades e instituciones compiten
> entre sí para sobrevivir, y sólo resultan vencedores aquellos que son
> biológicamente más eficaces". (Woodward,82)[38].
>
> Estas eran las ideas que a mediados de siglo "flotaban en el
> aire" entre la burguesía inglesa (parece evidente que no serían
> compartidas por los trabajadores y "otras clases inferiores de
> personas"). También parece obvio que el éxito de ventas del libro de
> Darwin tuvo lugar dentro de esta clase social, sobre todo si tenemos
> en cuenta que su titulo completo, del que en los tratados darwinistas
> se suele omitir habitualmente, posiblemente por descuido, párrafos en
> cantidades variables (a veces hacen referencia a "EL Origen") es "Del
> Origen de las Especies por medio de la Selección Natural, o la
> Conservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida".
>
> En definitiva, cabe sospechar que el éxito del libro de Darwin
> (naturalmente, limitado a las personas con capacidad económica para
> adquirirlo) pudo deberse menos a su profusa recopilación de datos y a
> sus, a menudo, confusas y contradictorias explicaciones científicas,
> que a la aplicación a la naturaleza de las doctrinas económicas y
> sociales de Malthus y Spencer, a los que Darwin reconoce el mérito de
> los conceptos "lucha por la vida"[39] y "supervivencia del más apto"
> [40]. En 1882, Friedrich Nietzshe, que no se caracteriza precisamente
> por su dulzura, pero tampoco por su simpleza, escribió: "Alrededor de
> todo el darwinismo inglés ronda algo así como un aire pestilente de
> exceso de población inglesa, un olor a pequeñas gentes marcadas por la
> necesidad y la estrechez. Pero como naturalista, debería de salir de
> su rincón humano: en la Naturaleza no reina la necesidad, sino la
> abundancia, el derroche hasta lo insensato". (Hemleben, 71 ) [41]
>
> Sin embargo, no parece que los paisanos de Darwin tuvieran
> interés en explicaciones sobre cómo "...Una raza de osos, gracias a la
> selección natural, se haga cada vez más acuática en su estructura y
> sus costumbres, con un hocico cada vez más grande hasta que surja una
> criatura tan monstruosa como la ballena"[42]. Lo que identificaba, lo
> que definía a los darwinistas era la adopción de la "explicación
> científica" de la situación del mundo y de su sociedad, y no la
> preocupación por las vicisitudes de los pinzones en las Islas
> Galápagos. De hecho, el primo de Darwin, Sir Francis Galton, llamado
> "padre de la eugenesia", escribía en 1869 en su famoso libro "El Genio
> Hereditario" que "las altas clases inglesas poseen la máxima capacidad
> hereditaria, y, por lo tanto, el privilegio biológico de ser caudillos
> y dirigentes" [43]. Galton propuso que se prohibieran los cruzamientos
> entre razas, puesto que acarrearían la disolución de aquellas dotadas
> con mayor intelecto. También se sorprendía de encontrar en algunas
> personas "cierto pesar, en su mayor parte inexplicable, por la
> extinción gradual de las razas inferiores".
>
> Estas ideas repugnantes forman parte de lo que se conoce como
> Darwinismo social, tendencia que según el tópico "horrorizaba a
> Darwin", una afirmación que, como veremos más adelante, es
> rigurosamente inexacta. Pero antes de hablar del darwinismo social
> cabe preguntarse si existe algún darwinismo que no sea social, o más
> bien qué es el darwinismo "científico". Desde luego, no la idea de la
> evolución. Tampoco la hipótesis de la selección natural, ya sea en su
> versión anglosajona de Wells y Matthew o en la francesa (tal vez más
> ajustada al realidad) de Diderot y Maupertuis. Entonces: ¿tal vez el
> neutralismo?, ¿la herencia de caracteres adquiridos?, ¿la pangénesis?
> Si revisamos las fuentes originales, da la impresión de que, de la
> misma forma que de toda la obra de Lamarck parece que sólo ha quedado
> "su" visión errónea de la herencia de los caracteres adquiridos, la
> "destilación" de todas las explicaciones y dudas de Darwin ha
> producido los indiscutibles conceptos básicos del azar como fuente de
> variabilidad (oportunidades) y la competencia como motor de cambio
> (progreso). En palabras de Bertrand Russell (35): "una extensión al
> mundo animal y vegetal de la economía de Laissez faire"[45]. De hecho,
> entre otros muchos científicos, el propio Lyell (otro "precursor")
> percibió claramente las implicaciones biológicas del principio
> malthusiano como un argumento contra la evolución (en términos
> actuales, adaptación no es sinónimo de evolución sino todo lo
> contrario). Como ha escrito el filósofo de la ciencia R.M. Young (73)
> sobre el principio malthusiano: "Lejos de ser un mecanismo en favor
> del cambio, era una defensa del status quo, tanto en la naturaleza
> como en las sociedades"[46].
>
> Por si esta argumentación no resulta convincente, volvamos al
> otro manido tópico: el supuesto horror de Darwin ante la aplicación a
> la sociedad de "su" teoría. Permítanme reproducir el final de una
> carta de Darwin a Heinrich Fick, un profesor de leyes de la
> Universidad de Zurich partidario de la aplicación de la teoría
> darwiniana a la legislación. En dicha carta, fechada el 26 de Julio de
> 1872 en Beckenham, Kent, Darwin comenta lo interesante que le había
> parecido el ensayo elaborado por el citado jurista, en el que sugería
> que el gobierno debería imponer restricciones al matrimonio de los
> individuos "no aptos" para el servicio militar. También utilizaba el
> darwinismo para oponerse a los intentos de crear una igualdad
> socioeconómica, "porque esto puede beneficiar a los débiles y conducir
> a la degeneración". Darwin finaliza su carta (en su característico
> estilo) con estas palabras :
>
> " ...Me gustaría mucho tener la ocasión de discutir con usted un punto
> relacionado, si se consolida en el continente, en concreto la idea en
> la que insisten todos nuestros sindicatos, de que todos los
> trabajadores, los buenos y los malos, los fuertes y los débiles, deben
> trabajar el mismo número de horas y recibir las mismas pagas. Los
> sindicatos también se oponen al trabajo a destajo (en suma, a toda
> competición). Me temo que las sociedades cooperativas, que muchos ven
> como la principal esperanza para el futuro, igualmente excluyen la
> competición. Esto me parece un gran peligro para el futuro progreso de
> la humanidad. No obstante, bajo cualquier sistema, los trabajadores
> moderados y frugales tendrán una ventaja y dejarán más descendientes
> que los borrachos y atolondrados.
>
> Con mis mejores agradecimientos por el interés con que he recibido su
> ensayo, y con mi respeto, quedo, querido señor.
>
> Suyo sinceramente
>
> C. Darwin".
>
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