[R-P] DARWIN ,hmmmmm

maría Sola mariadelsola en gmail.com
Sab Mayo 2 18:36:18 MDT 2009


Mis disculpas por haber opinado tan enfáticamente acerca  de que las
opiniones de Charles Darwin no estaban ligadas al Darwinismo
social.Hmmm.Por suerte me quedé con dudas . En realidad quería saber
cual era el nombre del supuesto primo.No lo envcontré .Pero el autor
de este trabajo , un profesor de biología , deja entrever que su fama
se debió entre otras cosas a que era el momento de poner el tema en
público .Parece que hubo varios que hablaron de selección natural
antes que Darwin.Copio un trabajo muy interesante .No solo pone en
duda la originalidad de Darwin sino que clarifica la utilización
publicitaria del tema.Al final hay un fragmento de Darwin que
clarifica el tema.
Pego una parte
Para vos Nestor enseguido a pego otra parte en donde reivindica a Lemark.



No parece necesario recurrir a profundos estudios psicológicos para
sospechar que la historia personal de Darwin y su formación como
clérigo, junto con el entorno social en el que ésta se desarrolló,
contribuyeron en gran medida a conformar su visión del mundo. Para no
dar la impresión de una animadversión personal (inexistente) contra
él, me limitaré a recomendar a este respecto la lectura del brevísimo
pero sustancioso libro "Darwin y la evolución" de Paul Strathern (Ed.
Siglo XXI) y a comentar sucintamente un episodio de su vida que puede
dar cuenta de esta posible influencia. Los asfixiantes
convencionalismos que constreñían a la clase media de la Inglaterra
victoriana, obligaban a llegar al matrimonio como único medio de
mitigar la frustración sexual. Tras unas prosaicas y poco edificantes
evaluaciones sobre el matrimonio y las mujeres que se han encontrado
entre sus notas personales, (Thuillier, 90) Darwin llegó a la
conclusión de que le interesaba una mujer "que sea un ángel y que
tenga dinero"[12]. Sin ir más lejos, su prima Emma Wedgwood
representaba una buena inversión. No era precisamente una belleza,
pero su familia disponía de unas magníficas rentas. Tras meticulosos
cálculos sobre lo que le correspondía, Darwin se casó con ella. La
narración de esta pequeña (pero práctica) hazaña intelectual no viene
a cuento aquí con el objeto de cuestionar su grandeza de espíritu,
sino para comprender su posible influencia en sus observaciones
científicas. En "El Origen del Hombre" sus ideas sobre la selección
sexual, consideradas fundamentales para reforzar la, ya para él
debilitada, selección natural, estaban basadas en su observación de
que, en todas las especies, las crías, tanto hembras como machos, se
asemejaban a las hembras. Esto le llevó a concluir que los machos
representaban un "estadío evolutivo más avanzado que las hembras"[13].
Según Paul Strathern: "Su trabajo en este terreno parece resentirse de
una falta de rigor científico atípica en él, así como de conclusiones
extraídas de un solo espécimen, su esposa" [14].

        Pero esta tendencia a convertir sucesos restringidos en leyes
generales, no parece limitarse a su opinión sobre más de la mitad de
la humanidad. Su (aparente) logro científico que se ha perpetuado
hasta la actualidad, la selección natural, no tenía un campo de visión
mucho más amplio. Su versión de este fenómeno, bastante más "sencilla"
que las precedentes, basadas en la observación de la naturaleza, era
una extrapolación directa de las actividades de los ganaderos y
criadores de palomas de su país (posiblemente sin ir muy lejos de su
casa): "Viendo que, indudablemente, se han presentado variaciones
útiles al hombre, ¿puede acaso dudarse de que de la misma manera
aparezcan otros que sean útiles a los organismos mismos, en su grande
y compleja batalla por la vida, en el transcurso de las
generaciones?.Si esto ocurre, ¿podemos dudar -recordando que nacen
muchos más individuos de los que acaso pueden sobrevivir- que los
individuos que tienen ventaja, por ligera que sea, sobre otros,
tendrán mayor probabilidad de sobrevivir y reproducir su especie?. Y
al contrario, podemos estar seguros de que toda variación perjudicial,
por poco que lo sea, será rigurosamente eliminada. Esta conservación
de las diferencias favorables de los individuos y la destrucción de
las perjudiciales es lo que yo he llamado Selección Natural"[15]. En
palabras del genetista de poblaciones F.J. Ayala (99): "La explicación
darwinista de la evolución de los organismos (el subrayado es mío) por
medio de la selección natural ,es, como tantas otras proezas de la
mente humana, extremadamente simple, al mismo tiempo que poderosa"
[16]. Y es cierto que, a juzgar por los resultados de su implantación
social, se ha convertido en muy poderosa. Pero es más cierto aún que
es extremadamente simple (probablemente esta sea la causa de su
poder). Incluso la selección forzada por los ganaderos de animales
extraños o defectuosos que en condiciones naturales lo tendrían muy
difícil (con enanismo, obesos, con gigantismo...) o con variaciones
superficiales o accesorias se ha realizado desde hace 10.000 años
pero, como habían observado Maupertuis y Diderot, sin transgredir los
limites de la especie. Y el que en la naturaleza los individuos
defectuosos sean eliminados por la "selección" o que una
característica superficial resulte favorecedora en un medio concreto
(como el manido ejemplo del "melanismo industrial" de la polilla del
abedul [Ayala, 99]) tiene muy poco que ver con los complejos cambios
de organización genética y morfológica que conlleva la evolución.

        Pero esta argumentación no en nueva. Experimentados
naturalistas contemporáneos de Darwin tenían claro este hecho: según
Fleeming Jenkin "Una planta o un animal no puede modificarse más que
dentro de ciertos límites. Existe una esfera de variación de la que el
organismo no puede salirse". Además, como se puede comprobar en
animales seleccionados cuando retornan a la libertad: "no solamente no
pueden variar indefinidamente, sino que muchos sujetos vuelven a la
condición primera " (Thuillier, 90)[17]. Ya en la década de 1860 se
dudaba de si unas variaciones muy débiles bastaban para explicar la
formación de especies nuevas. Por ejemplo, según Strathern (99), el
zoólogo católico George Mivart (por cierto, no es fácil encontrar
referencia al clérigo anglicano Charles Darwin, aunque cabe sospechar
que tendrá posiblemente un significado semejante) puso objeciones bien
precisas y sólidas: los órganos bien desarrollados (tales como el ojo)
constituían una evidente ventaja pero, ¿qué beneficios representaban
estos órganos en las primeras fases de su desarrollo?, ¿cómo es
posible que la selección pueda "percibir" innovaciones que al
principio no podían ser más que mínimas y poco ventajosas para el
organismo?

        Estos son sólo unos pocos ejemplos de las repercusiones
científicas de la "revolución darwinista". Sin embargo, cuando en los
libros "oficiales" se habla de las controversias que suscitó la obra
de Darwin, se mencionan las planteadas por las fuerzas conservadoras
ante el ataque a las creencias religiosas establecidas (el debate
entre Huxley y el obispo Wilbeforce se ha constituido en una
reiterativa rutina en estos libros). Pero es más difícil encontrar
información sobre criticas epistemológicas muy sólidamente
argumentadas por científicos prestigiosos. El reverendo Samuel
Haughton, filosofo y geólogo, afirmó: "Si a un químico o un
mineralogista cualquiera se le ocurriera establecer una teoría
geológica (tan mediocre) sobre el origen de la sosa y de la cal, sus
colegas le tomarían por un chiflado". Comentarios semejantes le dedicó
William Hopkins, especialista en matemática aplicada a la física y a
la geología, que añadió: "La teoría del señor Darwin no puede explicar
nada, ya que es incapaz de asignar una relación necesaria entre los
fenómenos y las causas que les atribuye". (Thuillier, 90)[18].

        Críticas y objeciones cada vez más contundentes se pueden
seguir encontrando a medida que nuevas simplificaciones de los
procesos naturales (que veremos más adelante) han ido consolidando el
darwinismo científico. Pero posiblemente las más relevantes sean las
dudas y objeciones planteadas por el mismo Darwin. Y éstas son tantas
y tan variadas que su transcripción sobrepasa, en mucho, las
dimensiones de este artículo. Vamos pues a limitarnos a reproducir
algunas significativas.

        En sucesivas ediciones de "El Origen de las Especies", Darwin
fue introduciendo nuevas y confusas aclaraciones, "intentando remediar
las dificultades que surgían" (Thuillier, 90)[19]. El problema para
explicar como en la naturaleza un pequeño cambio individual podía
mantenerse, le obligó a proponer una "tendencia a variar de la misma
manera"[20]. Esta tendencia sería impulsada por el medio. Más tarde,
ante la observación de que una variación única tendería a diluirse
entre la población, propuso que estas variaciones "debían aparecer
simultáneamente en gran número de individuos"[21]. En otros casos, sus
explicaciones se encuadran dentro de lo que llamamos neutralismo, es
decir, variaciones "sin importancia para la prosperidad de la
especie"[22] debido a que "han podido actuar diversas causas que han
hecho constantes las diferencias, pero sin ninguna intervención de la
selección natural"[23]. En otras ocasiones, "El uso (...) refuerza y
desarrolla algunas partes, mientras que la falta de uso las disminuye;
y (...) estas modificaciones son hereditarias"[24]]. Pero, tal vez,
las objeciones más lúcidas dentro de esta confusión son las que
siguen: "Hasta este punto he hablado como si las variaciones (...) se
debieran al azar. Esto, por supuesto, es una expresión totalmente
incorrecta, pero sirve para reconocer sin ambages nuestra ignorancia
acerca de las causas de cada variación particular"[25]. O "¿Por qué si
las especies han descendido de otras especies mediante gradaciones
insensiblemente diminutas, no vemos en todas partes innumerables
formas de transición? ¿Por qué no está toda la naturaleza en
confusión, en lugar de estar las especies como las vemos, bien
definidas?"[26]. Pero esta evidente contradicción con su teoría no
sólo se mostraba nítidamente en los seres vivos, sino que reflejaba su
historia en el registro fósil, ya que, según Darwin, si las
transiciones de las morfologías de unos tipos de organismos en otras
se produjeran de forma gradual; "...La cantidad de eslabones
intermedios y de transición entre todas las especies vivas y
extinguidas ha de haber sido inconcebiblemente grande"[27] . Y, aunque
justificaba esta ausencia como consecuencia de " imperfecciones en el
registro fósil", le intranquilizaba la opinión de los más eminentes
geólogos y los más grandes paleontólogos contemporáneos suyos que
mantenían la persistencia sin cambios de las especies en el registro
fósil[28].

        Ante todos estos problemas "Darwin continuó buscando una
teoría de la evolución largo tiempo después de darse cuenta de que se
produce algún tipo de selección natural" (Harris, 85)[29]. Finalmente,
abandonó la idea de la selección natural. En palabras de Paul
Strathern: "De lo sublime a lo ridículo. En su lugar propuso una
teoría pergueñada por primera vez en el siglo V a.C. por el filósofo
griego Demócrito, conocida como Pangénesis. Su versión moderna
afirmaba que cada órgano y sustancia del cuerpo segregaba sus propias
partículas características, que luego se combinaban para formar las
células reproductivas. Las partículas segregadas por cada órgano eran
un eco fiel no sólo de las características, sino también de la
respectiva fuerza, tamaño y salud del órgano". Como vemos no tiene
nada de ridículo ya que es una especie de "camino inverso" de los
mecanismos genéticos desconocidos por aquel entonces. El error más
terrible es que "Suponía, por ejemplo, que si un individuo expandía su
musculatura haciendo pesas, su aspecto musculoso sería transmitido a
la descendencia. En otras palabras, la pangénesis conducía a Lamarck y
sus características heredables"[30].

        Pero, posiblemente, esta fue su única "convergencia" vital con
Lamarck. Darwin, que murió rodeado de fama y abundancia económica, fue
enterrado entre honores en la catedral de Westminster a pocos metros
de Isaac Newton.

        En definitiva, la historia de Darwin escrita por darwinistas
nos muestra al hombre responsable de la "proeza intelectual" que
condujo a una "nueva era en la historia cultural de la humanidad" como
una persona no muy brillante (en palabras de su padre "un chico muy
corriente, más bien algo por debajo del promedio" [Hemleben, 71])[31],
siempre perseguido, como hemos visto, por las dudas derivadas de su
honestidad intelectual, que queda demostrada en la plañidera carta que
escribió al geólogo Lyell sobre el manuscrito de Wallace recibido en
1858: "...Por favor, devuélvame el manuscrito, ya que aunque él no me
dice que desee que lo publique, escribiré inmediatamente y lo ofreceré
a cualquier revista. Así, toda mi originalidad, valga lo que valga,
quedará destruida, aunque mi libro, si es que alguna vez llega a tener
valor, no quedara deteriorado, ya que todo el trabajo consiste en la
aplicación de la teoría"[32]. Sin embargo, a pesar de sus dudas sobre
su creatividad, era un trabajador metódico y voluntarioso. A lo largo
de su vida publicó abundantes obras sobre observaciones geológicas,
orquídeas, percebes y animales y plantas domésticos que posiblemente
ofrezcan una dimensión más real de sus aportaciones científicas. Lo
que resulta más difícil de explicar, basándonos en sus propios
escritos, es cómo sus paisanos contemporáneos consiguieron convencerle
(si es que llegaron a hacerlo) de que su obra principal había
desentrañando los misterios de la naturaleza. Aunque según Leon
Harris: "...Darwin no fue, en efecto, el primero en sugerir la idea de
la evolución y de la selección natural. No obstante, una cosa es que
los evolucionistas anteriores propusieran la idea, y otra bien
distinta que consiguieran convencer a los científicos" [33]. A los que
nos han inculcado el noble ideal de que las aportaciones científicas
son patrimonio de la humanidad y de que la única compensación que al
autor le cabe esperar de ellos es el reconocimiento, nos resulta
extraña la justificación de la consagración de Darwin como una de las
más relevantes figuras de la humanidad en función de unos méritos
exclusivamente publicitarios.

        De todos modos, la afirmación de que "consiguió convencer a
los científicos" quizá sea una generalización injustificada, tanto por
las reacciones que, como hemos visto, suscitó, como porque ni él mismo
lo estaba. Lo que sí es cierto es que su principal libro "El Origen de
las Especies" tuvo una gran acogida y un éxito inmediato. El primer
día de su publicación, la edición de 1.250 ejemplares se agotó, y lo
mismo ocurrió, en unos pocos días, con la segunda edición de 3.000
ejemplares. Estos hechos sorprendieron a Darwin, ya que, según él, su
libro era "bastante aburrido". Pero este éxito, que lo convirtió en
"la obra científica más leída del siglo" (Hemleben, 71[34], no fue,
evidentemente, un éxito científico (cabe suponer que de los 4.250
lectores iniciales, solo una pequeña proporción estaría formada por
hombres de ciencia). ¿Cuál pudo ser, pues, el verdadero motivo del
éxito? Para comprenderlo habrá que situar el hecho en un contexto
histórico y social.

        La situación social de la Inglaterra de finales del siglo
XVIII y los primeros años del siglo XIX era turbulenta. Fueron los
tiempos de la masacre de Peterloo y de los mártires de Tolpuddle. En
pleno auge de la expansión colonial y de la revolución industrial se
había producido "un desplazamiento de riquezas que no actuó de igual
forma sobre los beneficiarios y las víctimas" (Mozaré, 77)[35]. Las
leyes de cercamiento de fincas, promulgadas en el siglo XVIII,
permitieron a los propietarios vallar sus tierras para utilizarlas
como pastos para el ganado y al mismo tiempo, desalojar a sus
renteros, condenándoles a ser barata mano de obra industrial en las
ciudades. La miseria y la superpoblación inquietaron al clérigo y
economista Thomas Malthus, quien convenció a su primer ministro de que
en las "casas de trabajo" destinadas a los indigentes, los sexos
deberían estar separados. Su "Ensayo sobre el principio de la
población", publicado en 1798 y ampliado en 1803, proponía que el
aumento geométrico de la población en un mundo en el que la producción
de alimentos aumentaba aritméticamente impondría siempre la "lucha por
la supervivencia". Y no eran precisamente principios filantrópicos los
que guiaban a Malthus. Según R.C. Lewontin (92) el ensayo era un
argumento contra la vieja "Ley Inglesa de los Pobres", que encontraba
demasiado protectora, y en favor de un control mucho más estricto de
los pobres para que no se reprodujeran y crearan inquietud social (lo
cual no le impidió tener numerosos hijos). Para C. Leon Harris, "El
razonamiento de Malthus era que el progreso era imposible a menos que
exista un abastecimiento ilimitado de alimentos, por lo que las
políticas dirigidas a mejorar la situación de los pobres eran
equivocadas (...) Los defensores del Laissez faire podría así ignorar
a los niños hambrientos con la conciencia tranquila"[36].

        Los defensores del Laissez faire habían trasladado a Gran
Bretaña una simplificación de la visión "científica" de la economía de
los fisiócratas franceses, convenientemente adecuada a los intereses
de las clases dominantes. Su figura más influyente fue Adam Smith, que
tradujo ese término mediante la metáfora de "la mano invisible del
mercado" y al que también preocupaba que los trabajadores y "otras
clases inferiores de personas" engendraban demasiados hijos, los
cuales harían disminuir los salarios a un nivel de subsistencia. Había
nacido el Liberalismo económico, que convirtió a los ciudadanos y a
los países en competidores, y con el murió la idea del precio justo,
ya que desde entonces los precios estarían regulados por la "ley" de
la oferta y la demanda (El poeta Oscar Wilde describió perfectamente
(una vez más) las consecuencias: "Es posible saber el precio de todo y
no conocer el valor de nada")[37]. En 1851, el filósofo y economista
Herbert Spencer, en su libro "La Estática Social" acuñó el término de
"supervivencia del más apto" para definir el motor de las relaciones
sociales. En su opinión el intento de ayudar a los pobres era un
entorpecimiento de las Leyes naturales que se regían por la
competición. La ciencia apoyaba totalmente estos argumentos: según
Spencer, "las civilizaciones, sociedades e instituciones compiten
entre sí para sobrevivir, y sólo resultan vencedores aquellos que son
biológicamente más eficaces". (Woodward,82)[38].

        Estas eran las ideas que a mediados de siglo "flotaban en el
aire" entre la burguesía inglesa (parece evidente que no serían
compartidas por los trabajadores y "otras clases inferiores de
personas"). También parece obvio que el éxito de ventas del libro de
Darwin tuvo lugar dentro de esta clase social, sobre todo si tenemos
en cuenta que su titulo completo, del que en los tratados darwinistas
se suele omitir habitualmente, posiblemente por descuido, párrafos en
cantidades variables (a veces hacen referencia a "EL Origen") es "Del
Origen de las Especies por medio de la Selección Natural, o la
Conservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida".

        En definitiva, cabe sospechar que el éxito del libro de Darwin
(naturalmente, limitado a las personas con capacidad económica para
adquirirlo) pudo deberse menos a su profusa recopilación de datos y a
sus, a menudo, confusas y contradictorias explicaciones científicas,
que a la aplicación a la naturaleza de las doctrinas económicas y
sociales de Malthus y Spencer, a los que Darwin reconoce el mérito de
los conceptos "lucha por la vida"[39] y "supervivencia del más apto"
[40]. En 1882, Friedrich Nietzshe, que no se caracteriza precisamente
por su dulzura, pero tampoco por su simpleza, escribió: "Alrededor de
todo el darwinismo inglés ronda algo así como un aire pestilente de
exceso de población inglesa, un olor a pequeñas gentes marcadas por la
necesidad y la estrechez. Pero como naturalista, debería de salir de
su rincón humano: en la Naturaleza no reina la necesidad, sino la
abundancia, el derroche hasta lo insensato". (Hemleben, 71 ) [41]

        Sin embargo, no parece que los paisanos de Darwin tuvieran
interés en explicaciones sobre cómo "...Una raza de osos, gracias a la
selección natural, se haga cada vez más acuática en su estructura y
sus costumbres, con un hocico cada vez más grande hasta que surja una
criatura tan monstruosa como la ballena"[42]. Lo que identificaba, lo
que definía a los darwinistas era la adopción de la "explicación
científica" de la situación del mundo y de su sociedad, y no la
preocupación por las vicisitudes de los pinzones en las Islas
Galápagos. De hecho, el primo de Darwin, Sir Francis Galton, llamado
"padre de la eugenesia", escribía en 1869 en su famoso libro "El Genio
Hereditario" que "las altas clases inglesas poseen la máxima capacidad
hereditaria, y, por lo tanto, el privilegio biológico de ser caudillos
y dirigentes" [43]. Galton propuso que se prohibieran los cruzamientos
entre razas, puesto que acarrearían la disolución de aquellas dotadas
con mayor intelecto. También se sorprendía de encontrar en algunas
personas "cierto pesar, en su mayor parte inexplicable, por la
extinción gradual de las razas inferiores".

        Estas ideas repugnantes forman parte de lo que se conoce como
Darwinismo social, tendencia que según el tópico "horrorizaba a
Darwin", una afirmación que, como veremos más adelante, es
rigurosamente inexacta. Pero antes de hablar del darwinismo social
cabe preguntarse si existe algún darwinismo que no sea social, o más
bien qué es el darwinismo "científico". Desde luego, no la idea de la
evolución. Tampoco la hipótesis de la selección natural, ya sea en su
versión anglosajona de Wells y Matthew o en la francesa (tal vez más
ajustada al realidad) de Diderot y Maupertuis. Entonces: ¿tal vez el
neutralismo?, ¿la herencia de caracteres adquiridos?, ¿la pangénesis?
Si revisamos las fuentes originales, da la impresión de que, de la
misma forma que de toda la obra de Lamarck parece que sólo ha quedado
"su" visión errónea de la herencia de los caracteres adquiridos, la
"destilación" de todas las explicaciones y dudas de Darwin ha
producido los indiscutibles conceptos básicos del azar como fuente de
variabilidad (oportunidades) y la competencia como motor de cambio
(progreso). En palabras de Bertrand Russell (35): "una extensión al
mundo animal y vegetal de la economía de Laissez faire"[45]. De hecho,
entre otros muchos científicos, el propio Lyell (otro "precursor")
percibió claramente las implicaciones biológicas del principio
malthusiano como un argumento contra la evolución (en términos
actuales, adaptación no es sinónimo de evolución sino todo lo
contrario). Como ha escrito el filósofo de la ciencia R.M. Young (73)
sobre el principio malthusiano: "Lejos de ser un mecanismo en favor
del cambio, era una defensa del status quo, tanto en la naturaleza
como en las sociedades"[46].

        Por si esta argumentación no resulta convincente, volvamos al
otro manido tópico: el supuesto horror de Darwin ante la aplicación a
la sociedad de "su" teoría. Permítanme reproducir el final de una
carta de Darwin a Heinrich Fick, un profesor de leyes de la
Universidad de Zurich partidario de la aplicación de la teoría
darwiniana a la legislación. En dicha carta, fechada el 26 de Julio de
1872 en Beckenham, Kent, Darwin comenta lo interesante que le había
parecido el ensayo elaborado por el citado jurista, en el que sugería
que el gobierno debería imponer restricciones al matrimonio de los
individuos "no aptos" para el servicio militar. También utilizaba el
darwinismo para oponerse a los intentos de crear una igualdad
socioeconómica, "porque esto puede beneficiar a los débiles y conducir
a la degeneración". Darwin finaliza su carta (en su característico
estilo) con estas palabras :

" ...Me gustaría mucho tener la ocasión de discutir con usted un punto
relacionado, si se consolida en el continente, en concreto la idea en
la que insisten todos nuestros sindicatos, de que todos los
trabajadores, los buenos y los malos, los fuertes y los débiles, deben
trabajar el mismo número de horas y recibir las mismas pagas. Los
sindicatos también se oponen al trabajo a destajo (en suma, a toda
competición). Me temo que las sociedades cooperativas, que muchos ven
como la principal esperanza para el futuro, igualmente excluyen la
competición. Esto me parece un gran peligro para el futuro progreso de
la humanidad. No obstante, bajo cualquier sistema, los trabajadores
moderados y frugales tendrán una ventaja y dejarán más descendientes
que los borrachos y atolondrados.

Con mis mejores agradecimientos por el interés con que he recibido su
ensayo, y con mi respeto, quedo, querido señor.

Suyo sinceramente

C. Darwin".



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