[R-P] Alfredo Terzaga LA CONQUISTA DEL DESIERTO
José María Cavalleri
ingcavalleri en yahoo.com.ar
Vie Mayo 1 15:09:50 MDT 2009
Les cuento que mi hijo menor me enseñó a escanear en pdf, confieso que soy un burro cibernético!!!
Y empecé por escanear el capítulo 17 de la Historia de Roca del cordobés Alfredo Terzaga, una verdadera maravilla que me ayudó a cerrar los agujeros que tenía sobre nuestra historia, creo que Spili dijo alguna vez que había que nacionalizar a Terzaga, y es cierto. Me tomaré el trabajo de digitalizar TODO el libro para los que estén interezados. A don Lizardo Sánchez le costará mas de un asado ...
y con el resto es cuestión de negociar, como diría el Mendieta. A Bayer, si me lo pide, se tendrá que poner con bayaspirinas ...
Un par de cosas:
Hasta 1879 las "fronteras" de Argentina eran al norte el Salado y al sur el Río Cuarto; don Bartolo, el visionario, dijo por entonces que la solución del "problema" indígena demoraría por lo menos TRECIENTOS AÑOS ... en el 74 un malón atacó Villa María, de lo que puede dar fé la compañera Almendra ... Rosas y Alsina optaron por las zanjas defensivas ... si no fuera por don Julio Argentino la compañera Marta Gorsky, que vive en Gral Roca, sería mapuche-chilena ...y ni hablemos de los K y de Hugo Santos.
Bueno, va el capítulo 17, ya irá el resto. Saludos y feliz día del trabajador. José
PD porqué será que Bayer no se metió con Mitre, siendo que Roca actuó en cumplimiento de su Ley 947? Alguien lo escuchó hablar de "La invasión grande" de Namuncurá? que asoló Tandil, Azul,Tapalqué Tres Arroyos y Alvear? Sólo en Azul 400 vecinos fueron asesinados, 500 cautivados y los indios arrearon 300.000 vacunos ... que fueron a Chile y California.
Porqué el Pepe Rosa le pega a Roca y no a Rosas y Alsina?
la seguimos después
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Capitulo 17
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LA CONQUISTA DEL DESIERTO
El argumento del paseo militar - La expedición al Río Negro - Proclama de Carhué -Resumen de la marcha de las cinco Divisio¬nes - Sinopsis de los resultados de la Campa¬ña - Regreso a la Política.
"Cuando el general Roca efectuó su expedición al Desierto en 1879, las tribus de la Pampa estaban aniquiladas, y esa campaña fue un verdadero paseo militar entre brindis, retretas y celebraciones, en que algunas columnas no hallaron un solo indio, como la del propio Ministro de Guerra, que en parte expedicionó en galera, terminando su marcha con el arribo teatral a las márgenes del Río Negro, él 25 de mayo de 1879". A lo que parece, el mérito debió consistir en que se tratara de un periplo sangriento desde Plaza de Mayo hasta Choele -Choel, con el General al frente blandiendo su espada tinta en sangre, reventando caballos en el trayecto y no en galera... Sin embargo, Facundo fue en galera a Oncativo, y Ruiz Huidobro fue en galera a Las Acolla-
Justo. Liborío-: Los Imperios del Desierto. Polémica, nº 21. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1970.
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radas, donde derrotó a Yanquetruz; y López Jordán fue en galera a Ñaembé, para ser derrotado por Baibiene y por Roca. Los generales expedicionaban en galera, no sólo porque eran generales, sino porque en la galera se llevaban los mapas, la secretaría, el archivo del jefe y la caja del ejército... . Para el mérito militar no es condición forzosa que un Gene¬ral en Jefe deba marchar sudando a lomo de potro. Y el que la división en. que iba el Ministro no se topase con los indios, no quita lustre a la gigantesca operación. Tratábase, lite¬ralmente, de llevar la frontera al Río Negro sin que queda¬sen indios a la espalda, para lo cual éstos habían sido pre¬viamente batidos durante las operaciones de la primera fase del plan. La empresa en que Roca se había empeñado —con o sin candidatura mediante— implicaba por su magnitud, por la coordinación de sus detalles, por su preparación previa, algo que excedía las proporciones
habituales de un ejérci¬to que marcha a batir un enemigo en sitio más o menos previsible. Aquí se trataba de la marcha simultánea y sin¬cronizada de cinco divisiones armonizando sus operaciones entre sí, hasta con indicación de fechas y lugares precisos, y marchando luego todas juntas en dirección al Sur, par¬tiendo desde el sur de Mendoza; sur de San Luis y Córdoba, y Oeste y Sur de Buenos Aires, teniendo al caudaloso Río Negro como meta, para tomar posesión efectiva, en nombre de la Nación, de un inmenso territorio de más de quince mil leguas.
El argumento del paseo militar no es de ahora. Al tra¬tarse el proyecto de premios en tierras a los que hubieren actuado en las operaciones del traslado de la frontera a los ríos Negro y Neuquén, enviado por Avellaneda y por el ministro interino Luis María Campos, Sarmiento, que pocos meses antes había sostenido que la empresa demandaría diez o veinte años, intentó ahora minimizar la campaña; alu¬dió a la expedición como si hubiera sido un paseo militar a través de un desierto sin enemigos; mencionó la existencia de bañados y la carencia de tierras aptas para cultivo a ambos lados del Río Negro, y se detuvo en otra serie de
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minucias tendientes a ridiculizar el proyecto".281 Manuel Demetrio Pizarra, senador por Santa Fe, refutó a Sarmiento, así como al senador Torrent ,de Corrientes, quien disminuía, ahora los méritos de la empresa olvidándose que meses antes, cuando la discusión de la Ley 947, la había considerado irrealizable. . . Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír. Por razones distintas pero concurrentes, Sarmiento y el correntino hurgaban en la expedición militar al Río Negro sólo para ata¬car a Roca coma candidato presidencial. \
En verdad, pocos eran los que creían en la efectividad de la campaña, antes de que ésta se emprendiera. La opinión general ya estaba habituada a aceptar con fatalismo la existen¬cia de esa realidad que era la frontera, con su heterogénea mezcla de reclutados a la fuerza, milicos andrajosos sin pan ni paga, cautivas y prostitutas, mestizos que no se decidían a ser indios ni cristianos; robos y asesinatos por rutina; negocios sucios de jueces de paz, comisarios y proveedores, malones pe¬riódicos, y toda la gama, en fin, propia de la vida sui generis de una franja territorial no bien definida, donde se interpenetraban la miseria de la sociedad blanca y cristiana, que arrojaba a esa zona sus detritus y sus culpas, con la miseria de la cultura indígena, en franco tren de regresión por la. vuelta a un nomadismo casi permanente, situación ésta a que la habían condenado aquellos elementos 'de un horizonte supe¬rior que, al principio, se le
aparecieron como salvadores y de¬cisivos : la conquista del equino y la posesión] del vacuno. El caballo centuplicó la capacidad guerrera de las tribus, y la abundancia de riqueza ganadera las convirtió al cuatreraje, concebido como modus económico organizado y sistemático.
"El hombre común —escribe Pérez Amuchástegui— no creía que Roca obtuviera éxitos significativos a pesar del Rémington, y suponía que esa expedición tan costosa iba a ser una más entre las tantas realizadas y fracasadas, después de haber extendido la frontera unas cuantas leguas que el indio luego recuperaría. En esas días nadie pensaba seriamente en terminar con el problema del indio y del desierto a la brevedad.
Arce. José: Op. cit, Tomo I, pág. 103,
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Alfred Ebélot, ingeniero francés que dirigió la construcción de la Zanja en 1876, dice que la gente calculaba que la con¬quista del desierto se haría esperar todavía "de uno a tres siglos" (Crónica Histórica Argentino,, nº 60).
Durante los tres primeros meses del año ,1879, el Minis¬tro de Guerra y Marina volvió a meterse de lleno en su uni¬forme, como lo había hecho en 1875 cuando. Comandante de Fronteras, se había empecinado en defender sus puntos de vista aun al margen de la prudencia— contra la opinión del Dr. Adolfo Alsina, que era su superior. Descuidó o demoró la. correspondencia con sus amigos del Interior, de lo que se disculpó asirte Juárez Celman y, de estar en su mano, seguramente hubiera puesto sordina a la prematura campaña de quienes, como Dardo Rocha, ya habían lanzado su nombre como futuro candidato presidencial. Artículos como el ya ci¬tado editorial de La Nación, donde la tribuna de Mitre pedía su renuncia como ministro candidato, le alertarían sobre la conveniencia de "estarse a la capa", sabiendo no ser nada aún pero quedando a la espera de serlo todo, como él mismo había respondido a la impaciencia de Napoleón Uriburu dos años
atrás.
No dejaba por eso de estar atento a lo que ocurría en el Interior, con el refinamiento que la situación requería. Roca, contrariamente a lo que tantas veces se le imputó, no elegía ni imponía hombres para forzar situaciones, como lo haría un caudillo de comité, sino que elegía situaciones que respondie¬ran a una dirección general. Precisamente en esto se revelaba el político de excepción. En carta a Juárez del 17 de enero de 1879, Roca expresaba los siguientes conceptos que son muy ilustrativos para explicar su gravitación como dirigente de ta¬lla nacional: "Nuestros trabajos deben concretarse d mantener la unión de los hombres de cada situación provincial. Nosotros no hemos de imponer nuevo gobernador; tomemos al que eli¬jan; cuando más, debemos apoyar a aquel que represente más opinión; que cualquiera que sea 'será nuestro amigo"'.
Rivero Astengo: Op,. cit. Pág. 137,
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Mientras Roca daba los retoques finales a la preparación de la campaña del Río Negro, y eludía manifestarse públicamente sobre política, el Dr. Carlos Tejedor comenzaba a mos¬trarse eufórico por las posibilidades de su candidatura a Pre¬sidente de la Nación, y trataba a amigos y adversarios como si el éxito le estuviera asegurado. Al mismo tiempo, comenzaba un acercamiento a los mitristas. Roca, molesto por la soberbia del que hasta entonces fuera su candidato, dejaba empero creer que todavía lo apoyaría, y aconsejaba a sus amigos mantuvieran el equívoco. Otra cosa sería a la vuelta del Río Negro... En febrero, los liberales de Corrientes, retribuyendo los servicios que les había prestado el ministró del Interior, Laspiur, proclaman a éste como candidato a la presidencia. Roca no se inquieta por ello, y en abril parte al Desierto.
El Ejército Nacional, con un total de unos 6.000 hombres, había sido dividido en cuatro columnas, luego convertidas en cinco sobre la marcha.
La Primera División salió de Azul el 18 de abril de 1879,' teniendo como comandante al propio Ministro de Guerra, y como Jefe de Estado Mayor al coronel Conrado Villegas, quien se le incorporó con sus fuerzas en Carhué. Estando en Carhué, donde permaneció una semana, el general Roca reorganizó la segunda División, al mando del coronel Nicolás Levalle," y creó la quinta, que puso a las órdenes del coronel Hilario Lagos. También desde Carhué expidió. Roca, el 26 de abril, una Orden del Día dirigida a todo el Ejército Expediciona¬rio. En ella se refirió el Ministro a la rapidez con que el pe¬ligro de los indios había sido eliminado en pocos meses, durante la primera fase de la campaña, para expresar más adelante: '\
" Cuando la ola humaría invada estos desolados campos que ayer eran el escenario de correrías destructoras y sangui¬narias, para convertirlos en emporio de riqueza, y en pueblos florecientes en que millones de hombres puedan vivir ricos y felices, recién entonces se estimará en su verdadero valor el
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mérito de vuestros esfuerzos. Extinguiendo estos nidos de piratas terrestres y tomando posesión real de la vasta exten¬sión que los. abriga, habréis abierto y dilatado los horizontes de la patria hacia las comarcas del Sur, trazando, por decirlo así, con vuestras bayonetas, un ¡radio inmenso para su desen¬volvimiento y grandeza futura". Más adelante la misma Or¬den del Día puntualizaba: "En esta campaña no se arma vues¬tro brazo, para herir compatriotas y hermanos extraviados por las pasiones políticas, o para esclavizar y arruinar pueblos o conquistan territorios de las naciones vecinas. Se arma pura algo más grande y noble: para combatir por la seguridad y engrandecimiento de la Patria, por la vida y fortuna de millares de argentinos y aun por la Redención de esos mismos salvajes que, por tantos años librados a sus propios instintos, han pesado como un flagelo en la riqueza y bienestar de la República".
La misma proclama anunciaba la realización de expedi¬ciones posteriores, "porque la República: no termina en el Río Negro"; manifestaba en ella Roca que sería el timbre más glorioso de su vida el haber guiado al ejército en esta cam¬paña, y concluía: "Soldados del Ejército Expedicionario: Antes de dar el primer paso sobre la ruta del río Negro, os invito a dar un ¡viva! a la República Argentina, al presidente de la República, doctor Avellaneda. ¡Honor eterno a la memoria del doctor Alsina, mi ilustre antecesor!"
Lo que se ha leído es una1 buena muestra del estilo de Roca. No puede negarse, es cierto, que hay pasajes de esta proclama donde el conquistador del desierto paga cierto tributo a los gustos de la época. Pretender. otra cosa sería un contrasentido histórico, Pero es perfectamente verosímil ad¬mitir que durante la marcha de la caravana desde el Azul hasta Carhué, y ahora en este último punto, frente a la lla¬nura infinita y desolada, el hombre de Tucumán tuvo en lo profundo de su intimidad la vivencia real de la magnitud de su empresa y el sentido de su trascendencia. La proclama está desnuda de' toda intención de hacer "épica" y de toda la ho¬jarasca retórica en que, sin duda alguna, hubiera recaído cualesquiera de nuestros hombres públicos del siglo XIX, casi todos ellos incurables hacedores de frases. Lo que Roca hacía
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en ésa proclama sin ser escritor, era prosa, pero no por in¬suficiencia de espíritu ni por falta de imaginación, sino preci¬samente por estar poseído de la imaginación adecuada al momento. Imposible es no asociar, en el primero de los párra¬fos transcriptos, esa visión de un futuro de millones de hom¬bres ricos y felices, habitando un radio inmenso diseñado por las bayonetas, con las similares visiones "prosaicas" que cie¬rran el periplo del personaje goetheano en el Segundo Fausto... No sonría el lector por el símil. Admitidas por cierto las di¬ferencias del caso, y la modestia del país en que Roca se movía, ¿qué era, sino fáustica, la empresa de saldar a la Nación todo un país como la Patagonia entera?
Imposible también no advertir, en el segundo 'de los pá¬rrafos ("no se armaí vuestro brazo para herir compatrio¬tas. .. ")■ que Roca, en ese momento cenital de su carrera, juzgaba implícitamente a quienes hasta entonces habían con¬ducido el país, y ponía un tono acentuadamente crítico para hacer el balance de su propia experiencia como soldado, con¬denando, sin nombrarlas, las campañas contra el Interior y la destrucción del Paraguay. . .
La División incluía 7 oficiales y 105 soldados indígenas (un escuadrón de lanceros en las fuerzas de Vintter, fundado por. el mayor indio Pichihuincá, y otro en las de Teodoro Gar¬cía) ; una comitiva formada por hombres de ciencia (geólogos, botánicos, ingenieros, etc). dos de los cuales, Adolfo Doering y Pablo G. Lorentz, de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, redactaron un Diario de la expedición, así como sa¬cerdotes y hombres de prensa. Remigio Lupo-, del diario "La Pampa", remitió a Buenos Aires puntuales crónicas de la marcha, y Monseñor Antonio Espinosa, futuro Arzobispo de Buenos Aires, confeccionó también su Diario.
Llegada la columna a Puán, se destacó un escuadrón ha¬cia el oeste, al mando del capitán José Silvano Daza, para explorar, por Guatraché, el sitio aproximadamente adecuado para el paso del Río Colorado y luego reconocer las aguadas y calidad de los campos desde ahí hasta Choele Choel, donde debía tomar contacto con el comandante Guerrico, de la Ar¬mada Nacional, enviado para remontar el río Negro desde Carmen de Patagones. Desde Puán, la columna de Roca siguió
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su avance hacia el sur por la línea de fortines hasta Nueva Roma (4 de mayo), donde el ingeniero Ebélot, constructor de la zanja de Alsina, fue incorporado al cuartel general, y lue-go torció derechamente hacia el desierto por ruta de Salinas Chicas y Médano Colorado, alcanzando la orilla del Río Co¬lorado el 10' de mayo, después de atravesar terrenos medanosos donde el carruaje del Ministro de Guerra se hundía hasta los ejes (R. Lupo). La comunicación con Buenos Aires y con las demás divisiones que avanzaban desde los puntos prefijados, había sido prevista en detalle y funcionaba eficazmente. Acampado en la margen del Colorado, Roca recibió noticias del retraso de Guerrico, que por los defectos de su embarca¬ción y por la bajante del río sólo había podido avanzar hasta entonces 15 leguas por el Río Negro. Desde allí tuvo también que urgir a Salinas Chicas y a Fuerte Argentino el envío de las caballadas y los arreos de ganado vacuno,
que comenzaban al retrasarse más de lo debido, pues eran elementos indispen¬sables en. la travesía final desde el Colorado al Negro. A la hostilidad del terreno se sumaba la baja temperatura: "Le aseguro —escribía Lupo en su correspondencia del 12 de mayo— que al toque de diana no se siente el redoble de los tam¬bores porque es más fuerte el repiqueteo de dientes de tanto friolento que forma parte de la expedición"... '
La tarea de los sacerdotes que acompañaban ai Ministro (Espinosa y los salesianos Costamagna y Rabagliatti) había sido hasta aquí de abundantes casamientos y bautismos colec¬tivos .en las guarniciones, además de las misas que congregaban una heterogénea concurrencia de soldados, mujeres y chi¬cos, pues la expedición, arrastrando consigo a las familias de los soldados y de los indios amigos, ofrecía el pintoresco as¬pecto de un pueblo en marcha, como el mismo Roca lo con¬signó en una carta a Avellaneda, cuando hubo llegado al Río Negro: "... una fuerza considerable que todo lo ha tenido que traer consigo, sacerdotes, sabios, mujeres, niños y hasta los perros y demás animales domésticos de. las guarniciones, lo que daba a la columna el aspecto de un éxodo".. .
La falta de caballadas y de ganado comenzó -a tornarse dramática. Los proveedores no ' habían cumplido, El 14 de mayo; Roca despachó' al comandante Francisco Leyría ha
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cia Fortín Mercedes, y luego a Patagones, con la misión urgente de comprar o requisar yeguas y vacas. Luego Roca, ya impaciente, decidió vadear el Colorado por un lugar al que bautizó como Paso. Alsina después de haber hecho desmontar a pala parte de la barranca. Recibido por fin el aviso de Fotheringham sobre la ruta hacia el sur, el Ministro abandonó su carruaje y imputó, seguido de una escolta, adelantándose al grueso de la columna en dirección al Río Negro. Le precedía la partida al mando de Fotheringham, quien le envió aviso de haber llegado al río encontrándose allí con Guerrieo y con Leyría, a cargo éste de un arreo de yeguas; de vacas, nada... Por fin el 24 de mayo de 1879, a las 4 de la tarde, Roca y su comitiva llegaron a la orilla del Negro. Desde allí se divi¬saba, erguida en la isla de Choele Choel, una bandera argen¬tina plantada por Fotheringham. . .
Los jefes y la oficialidad estaban embargados por la emoción de rematar una obra histórica. '' Por la noche, a las 7, el Coronel Villegas, al frente de la oficialidad, se presentó en la carpa del General para felicitarlo por el éxito de la jornada, protestando que, tanto él como los oficiales que en¬cabezaba, se hallaban dispuestos a derramar su sangre y a sacrificarse en el peligro, en holocausto al interés de la Patria, tanto en la guerra contra los indios como en el. terreno de una lucha internacional. Terminó con un viva al Presidente de la República y otro al general Roca1". (R. Lupo)
"En la noche, una larga hilera de fogones clareaba la
ribera del majestuoso Río Negro. Las quietas y profundas
aguas reflejaban las numerosas listas de luz que pasaban entre
los troncos de los sauces. Todos los fogones, rodeados de caras
iluminadas y alegres, despedían luz y felicitaciones en el cam¬
pamento. Había contento general; satisfacción patriótica, tanto más pura cuanto que no entraba en ella la satisfacción cie¬
los estómagos. Ya hacía algunos días que comíamos carne de
yegua", consigna Manuel Olascoaga. .
Al día siguiente, llegada al río el grueso de la columna, se celebró el aniversario patrio con salvas y vítores y se co¬municó la novedad al Presidente de la República. También en la misma fecha Roca envió un parte telegráfico al Minis¬tro de Guerra interino. En el mensaje al primero decía Roca;
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"He dejado al Colorado sembrado de partidas ligeras al man¬do de oficiales intrépidos y activos, para que lo recorran en todo sentido y se extiendan hacia el Norte, a contribuir a la policía que deben hacer en la Pampa Central las divisiones de Levalle, Racedo y Lagos". Informábale igualmente de su propósito de enviar mensajes a los caciques de las faldas an¬dinas, ofreciéndoles amistad y conminando la entrega de Namuncurá, así como también de su propósito de "remontar el Río Negro hasta donde me lo permitan los caminos y los fuertes fríos que ya empiezan a hacerse sentir". El mensaje a Avellaneda concluía con las siguientes palabras: "Nada le digo del aspecto encantador del Valle del Río Negro y de la impresión que nos causó el verlo de improviso desde una altu¬ra, después de una travesía de 15 leguas por, campos áridos, salitrosos y cubiertos de árboles raquíticos y espinosos, por¬que estos cuadros pertenecen a los cronistas, a
los sabios y a los poetas de la expedición".
Mientras tanto, en todo el territorio cubierto por el plan de Roca, y que abarcaba desde las faldas de los Andes hasta la línea de Alsina, cumplían su cometido las demás divisiones, procediendo así a cerrarse ese gran arco de fierro, como el propio Roca denominó.a la vasta operación.
El día 1º de junio —ya habían comenzado a registrarse muy bajas temperaturas, que muy pronto llegaría a 8 grados bajo cero se celebró un solemne Te Deum en el campamento. El diario de Monseñor Espinosa consigna: "Domingo de Pentecostés, 1º de junio. Asistió el General y ejército a la misa y canté Te Deum. Bauticé sesenta adultos, terminando a las 4 1/2 y no tomé nada hasta la noche. Mandó la parada el Comandante Lorenzo Vintter; formaron 2.000 hombres. Tira¬ron 21 cañonazos al azar".
Ese mismo día, Roca telegrafió al Presidente-. "Hoy he¬mos tenido Te Deum en acción de gracias al Todopoderoso por el éxito feliz de nuestra campaña. El Provisor Espinosa celebró la misa, habiendo levantado el altar en una hermosa llanura a orillas del Río Negro, delante de todos los cuerpos formados con sus armas. El espectáculo ha sido imponente y le aseguro que en tiempo alguno me he sentido con mayor re¬cogimiento. En ninguna parte se siente uno más cerca de Dios
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como en el desierto. Mañana al rayar el día me pongo en marcha, escoltado por un centenar de jinetes hacia el Neuquén, donde espero verme con algunos caciques de la cordillera".
El conocido escepticismo religioso del general Roca bien podría ser objeto de comentarios, por este sentirse cerca de Dios cuando estaba en el desierto y no en la bullanguera sociedad de los. hombres. Pero ello implicaría la gratuitad de las hipótesis más o menos ociosas.-. .
Al día siguiente, como lo había anunciado, partió Roca por la orilla del Negro hacia el Neuquén, para reunirse con Napoleón Uriburu y mantener el proyectado parlamento con los caciques de los valles andinos. Ni una ni otra cosa pudie¬ron concretarse, porque los caciques mantenían interminables parlamentos entre sí, para saber qué actitud asumir, y porque la marcha de Uriburu, llena de dificultades y de choques con las tribus, se demoró más de lo previsto.283 El 11 de junio llegó Roca al campamento de Confluencia (confluencia de los ríos Neuquén y Limay). y después de recibir un mensaje de Uriburu decidió regresar a Choele Choel. En cambio destacó, rumbo a las faldas andinas, una partida donde iban el entonces Sargento Mayor Lucas Córdoba, los miembros de la co¬misión científica y algunos particulares. El 17 de junio esta¬ba Roca de 'regreso en Choele Choel, cuyo campamento había sido trasladado de sitio, a causa de la inundación
provocada por una inesperada y gran creciente.
La Segunda División, al mando del coronel Nicolás Levalle, estaba integrada por 8 jefes, 41 oficiales y 402 hombres de tropa, incluido un escuadrón de lanceros indios al mando del cacique Tripailao. Salió de Carhué el 1º de mayo 1879 en dirección a Traru-Lauquen (en el actual período de Utracán, provincia de La Pampa), siguiendo el rumbo del anti
233 El notable realismo del pincel de Juan Manuel Blanes (el pintor de Urquiza y de Roca) han inducido a más de uno a tomarlo con sentido de testimonio documental, tal como ocurrio con el famoso y gigan¬tesco cuadro de La Revista del Río Negro. Sin embargo no hay tal. Personajes como Napoleón y Rufino Ortega, por ejemplo, que figuran en el cuadro, no estuvieron con Roca en las márgenes del Río Negro.
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guo camino llamado de los chilenos, y tras las huellas de la última retirada de Namuncurá: Salinas Grandes,Atreu-có, laguna del Sauce, La Rinconada, etc. Al llegar a Traru-Lauquen, la vanguardia de esta División tomó contacto con un destacamento de las fuerzas de Racedo. La expedición de Levalle, que llegó a. su objetivo el 4 de mayo, plantó en su camino cuatro fortines para servir de enlace con Carhué y luego, hasta el 18 de junio permaneció en la zona de Lihuel-Calel, batiendo las márgenes del Salado y la costa norte del Colo¬rado. En la etapa final sus destacamentos sostuvieron algunos encuentros de poca importancia con grupos indígenas, en los cuales, sin embargo perecieron dos capitanejos de Namuncurá: Agneer y Querenal; se capturaron 37 familias ranqueles del cacique Huichal y se rescató a 7 cautivas.
Los capitanejos muertos constituían parte de.la retaguardia de Namuncurá, que no habían tenido tiempo de cruzar hacia el Negro o hacia la zona cordillerana. Este sector de la pampa, como lo consignó Levalle, estaba limpio...
La Tercera División, al mando del coronel.Eduardo Racedo, disponía de fuerzas relativamente considerables: 13 je¬fes, 83 oficiales y 1.256 hombres de tropa. Era también la que ■ contaba con mayor número de auxiliares indios: un escuadrón de ranqueles; una compañía de indios de Sarmiento Nuevo; un piquete de indios de Santa Catalina; los indios de Simón y los de Cuyupán. Tenía por misión explorar en forma completa '' todo el desierto de la región ranquelina'' y limpiar de indios las márgenes del Chadileuvú en esa zona, para luego tomar contacto, avanzando hacia el Sur y Suroeste, con las partidas del coronel Uriburu (Cuarta División).
La fuerza de Racedo inició su avance el 10 de abril, partiendo "por brigadas desde Villa Mercedes y Sarmiento"
(J. C. Walther) ; el 20 de abril llegó a Las Acollaradas, es¬cenario de la derrota infligida a Yanquetruz por Ruiz Huidobro en la campaña de 1833. El 29. del mismo mes sus avan¬zadas llegaron a la laguna de Médano Colorado,, donde espera¬ron al grueso de la división. El 18 de.mayo.Racedo llegó a su objetivo, que era Poitagüé.
Hasta entonces, "en el mes y días empleados en este
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avance —consigna Walther— tan sólo se tomaron unos 30 indios prisioneros, lo que evidenciaba que los restos de las tribus que habían escapado a las batidas efectuadas en 1878 y principios de 1879. a su vez se habían dispersado en pro-cura de zonas más seguras por los montes del Chadí Leuvú y Colorado. El teniente coronel Rudecindo Roca, despren¬dido por Racedo al mando de unos 200 hombres (incluidos 60 indios auxiliares) trató de capturar al célebre Baigorrita. No lo logró, pero pudo tomar prisioneros a 3 capitanejos, 22 in¬dios de lanza, 102 de chusma, y rescatar 29 cautivos.
Cuando finalizó el mes de junio, la división de Racedo había conseguido capturar cerca de 500 prisioneros, incluidos en ellos 7 capitanejos, y rescatar unos 42 cautivos:
La Cuarta División, mandada por el Teniente coronel Napoleón Uriburu, y contando en sus filas jefes experimen¬tados en la lucha contra el indio, como los coroneles Ortega y Tejedor, tenía por misión establecerse en forma perma¬nente en la margen norte del río Neuquén, después de lim¬piar de indios la zona comprendida entre los ríos Barrancas y Neuquén, "a fin de dejar perfectamente segura su reta¬guardia, donde no debe quedar uno solo", según rezaban las instrucciones de Roca, quien también ordenaba, respecto a las tribus del sur del Neuquén: "Se guardará de ejecutar ningún acto de hostilidad con estos indios, sin ser de algún modo provocado".
Las fuerzas de Uriburu constaban del batallón de infantería "Nueva Creación", Regimiento 7 de Caballería de Línea; una sección de artillería; escolta, baqueanos e ingenieros, y tres compañías de guardias nacionales, una de ellas formada íntegramente por voluntarios de caballería que se presenta¬ron pidiendo acompañar a la división, y compuesta en su mayor parte de peones de campo y cazadores de avestruces. (choiqueros).
'A causa de demoras en los aprovisionamientos y de la organización de los voluntarios, la columna de Uriburu salió con retraso de casi un mes, lo que explica que no pudiera reunirse con Roca en el Río Negro. Además de ello le tocó
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hacer una ¡marcha difícil por lo quebrado del terreno y la baja temperatura, debiendo sus avanzadas y destacamentos ligeros sostener algunos encuentros con partidas indígenas. En uno de ellos fue muerto el famoso Baigorrita y en otro cayó prisionero el no menos famoso Parné. Ambos caciques, con los pocos restos de hombres que les quedaban, venían huyendo de las partidas destacadas, por la División Racedo.
Los destacamentos de la División Uriburu se enfrenta¬ron con una novedad: a medida que las columnas avanzaban, iba siendo mayor el número de indios que hostilizaban al ejérci¬to con armas.de fuego; incluidos rémington (Este fenómeno se repetiría a1 mayor escala durante la campaña iniciada por Vi¬llegas en 1881). No era otra cosa que una clara ¡muestra del apoyo dado a las tribus por los hacendados trasandinos, su¬puesto que fueran inocentes las propias autoridades chilenas, embarcadas por entonces en la guerra del Pacífico. ..
Más al sur de la zona dominada por el cacique Purrán, que tenía bajó su mando un millar de indios, estaba! la po¬blación blanca de Mal Barco, en territorio argentino (aproxi¬madamente en el sitio donde hoy está Chos Malal) con unos 600 habitantes, chilenos la mayor parte, cuya actividad prin¬cipal era la invernada y el comercio ganadero. Los pobladores enviaron a Uriburu una delegación y reconocieron la sobera¬nía argentina), pero se trataba de una "cura en salud", pues su protector normal era el propio eacique Purrán, que tenía mandato oficial y protección chilena, y que dio aviso a Chile sobre la "invasión" de su territorio, cuando vio acercarse a las fuerzas argentinas. Todo esto mientras Uriburu esperaba una respuesta de Purrán para sostener conversaciones. Ante las evidentes dilaciones del cacique, que finalmente propuso al jefe argentino, como sitio de parlamento, un campo cu¬bierto de una hierba venenosa para la caballada, el
salteño hizo caso omiso de las instrucciones de Roca, atravesó el Neuquén y ocupó territorio de los Picunches. En Mal Barco, el jefe de la Cuarta División estableció una guarnición al mando del teniente coronel Recabarren, y el 7 de junio reanudó su avance por el valle del Neuquén, donde pudo establecer con¬tacto con Fotheringham, jefe de una avanzada enviada por Roca.
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Como saldo de la expedición de Uriburu pueden citarse los siguientes resultados: extensión de la frontera! Suroeste desde el Atuel hasta el Neuquén; avance del teniente coronel Rufino Ortega, persiguiendo restos de malones, hasta los mis¬mos pasos de la cordillera; toma de unos 700 indios prisione¬ros y desaparición de casi otros mil, muertos unos en combate y otros víctimas de la epidemia de viruela, contagiada por los que habían huido de la región pampeana.
La Quinta División, al mando del coronel Hilario Lagos, marchó dividida en dos columnas: una con el propio Lagos al frente, y otra: al mando de Godoy. La División estaba in¬tegrada con el regimiento 3 de caballería y el 7 de Infante-nía. Lagos partió de Trenque Lauquen el 2 de mayo, y Godoy lo hizo desde Guaminí. Después de marchar hacia el Norte-Noroeste atravesando la zona de Masallé, airabas columnas se encontraron el 9 de junio. La actuación de la Quinta División dio por resultado dejar fuera de combate al capitanejo Lemunier y a doce indios de lanza; toman 629 indios prisioneros, rescatar cuarenta cautivos y recuperar 250 animales.
Al término de estas cinco expediciones simultáneas, que¬daron establecidas nuevos fortines, como líneas de enlace en¬tre los puntos extremos; se 'rescataron más de 500 cautivos y se puso la simiente de nuevas poblaciones en las márgenes de los ríos Colorado, Neuquén y Negro.
"En cuanto al resto d.e los indios prisioneros —consigna el coronel Walther— se previó su ocupación inmediata, dise¬minándolos en poblaciones 'rurales. Se buscaba obtener me¬diante el trabajo regenerador su transformación y adaptación en elementos civilizados y productivos. En lo posible se respetó la integridad familiair de estas tribus, destinándose mu¬chas de ellas a la provincia de Tucumán pana las tareas de zafra y otras a la provincial de Entre Ríos. Otros salvajes fueron incorporados a los cuerpos de línea, buques de la armada, etc., donde se desempeñaron con habilidad y eficacia".
Muchos de los caciques principales, después de pasar por
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Buenos Aires y permanecer algún tiempo en cuarteles, fueron internados en la isla de Martín García.
En su notable y hoy poco difundido libro sobre la cam¬
paña,' Manuel J. Olascoaga resume en una docena de puntos
los resultados de la misma, que son, sintéticamente, los si¬
guientes:
I) —La pacificación definitiva de los desiertos del Sur.
2)—La habilitación de veinte mil leguas de territorio
para uso de la civilización.
3)—El sometimiento y regeneración de las poblaciones salvajes (el término "regeneración", que no compartimos, es el utilizado por Olascoaga):
—La libertad de centenares de cautivos.
—El término de la guerra secular contra el indio, de
los sacrificios inútiles del Ejército y de la inseguri¬dad fronteriza.
6) —El fin de la especulación clandestina, y ruinosa para el país, de la hacienda trasladada periódica¬mente a ultracordillera.
7) — El fin de los gastos inútiles pagados en tributos y
racionamientos a las tribus.
8)—El conocimiento completo del desierto y la toma de posesión de su territorio y riquezas.
9) -—"La ocupación de la opulenta región Andina, futuro asiento natural de las poblaciones que deben llevar la vida civilizada y la seguridad a todo el Continente Austral".
10) —El establecimiento de la línea militar del Río Negro como base de población y de progreso.
II) —La designación de los territorios nacionales, antes
disputados entre cinco provincias. 12) La seguridad de una "actitud ventajosísima ante la eventualidad de guerra exterior". ■.'•'".'
La campaña de Roca, pues, terminó con una larga pesadilla y con un mito que había concluido por convertirse en
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una resignación fatalista. Y aunque "la causa fundamental" del malestar argentino hasta entonces, no fuera la inseguridad de la frontera interior, como lo sostuvo Olascoaga, bien vale la pena recordar el párrafo consignado por el experto mendocino en su "Estudio Topográfico de la Pampa y Río Negro", donde se afirma que "La causa fundamental y la primera del malestar general, consistía, sin duda, en la inseguridad interior. Vivíamos encerrados en la mitad d& nuestro territorio (subrayado nuestro), cuyas inmediatas fronteras azotaban in¬numerables hordas de bárbaros, que absorbían por valor; de millones de pesos fuertes anuales la! riqueza ganadera, dete¬nían el desarrollo de las poblaciones fronterizas por el ase¬sinato, el Tobo y el incendio; hacía de la vida del soldado de frontera un martirio eterno, casi inútil por los continuos es¬fuerzos y sacrificios sin resultado durable; y todavía pagá¬bamos un fuerte tributo anual de dinero y:
especies a varias tribus, cuya amistad apenas conseguíamos comprar tempora¬riamente".
La afirmación certera de Olascoaga, en cuanto a que el país vivía encerrado en la mitad de su territorio, contiene sintéticamente una visión del problema del desierto, que sólo él, Roca y muy pocos más, vieron en todas sus dimensiones, y que se conectaba directamente con la cuestión de la soberanía y con una nueva concepción, muy clara, del espacio-geográfico nacional, según trataremos de probarlo en un próximo capítulo. Contagiados del explicable terror de las poblaciones fronterizas, los hombres públicos del país veían al indio, pero no osaban pensar audazmente en términos de gran espacio geográfico, como lo hicieron Roca y Olascoaga. Este último, en la obra ya citada, se refiere al problema en términos que debieron padecer paradójicos pero que eran exactos: "El de¬sierto hace indios y es indispensable suprimir aquél para que se acaben éstos. La manera más pronta y eficaz para suprimir el desierto es entrar decididamente en
él con las poblaciones, así como se ha entrado con las columnas militares".
Encontrándose aún en Choele Choel, Roca comenzó a re-
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cibir, el 21 de junio, telegramas de felicitaciones enviadas por estancieros y amigos de la provincia de Buenos Aires y de otros puntos del país, que contestó desde ese mismo lugar. Se abocó de inmediato a los detalles para dejar estableci¬da la nueva línea militar de fronteras, y después de de¬jar a Conrado Villegas al mando de las tropas, cabalgó hasta Fortín Conesa, sobre el Negro, para dirigirse por vía flu¬vial a Carmen de Patagones, donde fue objeto de un recibimiento apoteósico, y donde se embarcó para Buenos Aires. Una de sus primeras medidas ministeriales al llegar fue la creación de dos delegaciones marítimas en el Sur: una en Puerto Deseado y otra en Puerto Gallegos; con esto revelaba a las claras el sentido nacional de la campaña cumplida y se anticipaba a las que se efectuarían posteriormente en plena Patagonia.
En Buenos Aires le esperaban trabajos y preocupaciones mucho mayores que las del Desierto, y bastante mas complicadas, puesto que pertenecían al clima de la gran ciudad, con las luchas e intrigas de sus círculos, y al mundo de la Política (la grande y la menudaí). Ya en el mes de mayo su fiel y constante corresponsal Olegario Ojeda le había escrito urgiéndole sobre la conveniencia de su pronto retorno para influir en la cuestión de la mayoría legislativa.
A su vez en Córdoba,, el 14 de mayo de ese año 1879, cuando el Ministro de Guerra y Marina se aproximaba a las márgenes del Río Negro, se había lanzado el nombre del ge¬nerad Julio Argentino Roca como candidato a la Presidencia de la República. El ambiente comenzaría a ponerse tenso.
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