[R-P] [Gilad Atzmón] El final de la historia judía
maría Sola
mariadelsola en gmail.com
Mie Mar 25 17:27:48 MDT 2009
discrepo señor moderador respecto al marxismo.
Gilad opina exactamente lo que yo he pensado siempre y lo que tantos
entrevieron....Lo primero que liga a marx con jesús y en eso con todo
el judaismo y con los clásicos, es la idea de la historia como
desarrollo. Se sale de acá y se va para allá.Pero lo que más ata a
Marx con jesus es la idea de que ese destino tiene un solo libreto:
el camino de la justicia en la tierra. Marx no plantea varios
modelos:apunta a uno, el más equitativo, a su criterio claro. Puede
equivocarse o no en algo en el como pero no duda nunca en el para qué.
Perdóneme sr. moderador pero por penoso que sea bergoglio y por aves
negras que sean nuestros amigos del vaticano , uno de los primeros
pensadores que puso esto sobre la mesa fue jesús de nazareth o al
menos eso es lo que nos contaron estos señores Juan, Pablo y Mateo en
el primer siglo de nuestra era, cuando los emperadores todavía
llenaban el circo con fieras y condenados y el pueblo romano hacía la
digestión al sol del coliseo mientras se veía tres o cuatro cadáveres
despedazados.
Buenísimo el documento.
Ahora termino de leerlo
El día 25 de marzo de 2009 18:28, Nestor Gorojovsky <nmgoro en gmail.com> escribió:
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> [Dos cuestiones sobre este impresionante escrito de Atzmón:
>
> (a) discrepo, obviamente, con su visión del marxismo, y
>
> (b) afirmo que Atzmón puede "dejar atrás su Judío" precisamente porque
> ha nacido en Israel. Para un judío no israelí las cosas no siempre son
> tan fáciles. Especialmente en la Argentina, como lo han podido ver los
> suscriptores a esta lista hace poco tiempo.
>
> Pero estos son detalles de menor, muy menor, envergadura.]
>
> Gentileza de Redial Simón Bolívar
>
>
> Gilad Atzmon
> Palestine Think Tank
>
>
> Traducido para Rebelión y Tlaxcala por S. Seguí
>
>
>
> El artículo que presento hoy es probablemente lo más importante que he
> dicho nunca en relación con la brutalidad israelí y la identidad
> contemporánea judía. Soy consciente de que podía haber expuesto mis
> pensamientos en un libro de más alcance o en un texto académico de
> análisis; sin embargo, voy a hacer exactamente lo contrario: lo voy a
> expresar del modo más corto y sencillo posible. En las pasadas semanas
> hemos sido testigos de una campaña genocida israelí contra la población
> civil palestina en Gaza. Hemos visto cómo uno de los ejércitos más
> potentes del mundo aplastaba mujeres, ancianos y niños. Hemos visto cómo
> un vendaval de armas no convencionales estallaba sobre escuelas,
> hospitales y campamentos de refugiados. Antes de esto sabíamos de
> crímenes de guerra, pero esta vez la transgresión israelí ha sido
> radicalmente diferente: contaba con el apoyo de la absoluta mayoría de
> la población judía israelí. La campaña militar del ejército israelí en
> Gaza contó con el apoyo del 94% de la población israelí. El 94% de los
> israelíes aparentemente aprobaron los ataques aéreos contra civiles. El
> pueblo de Israel pudo ver la carnicería en sus televisores, oír las
> voces, ver los hospitales y campamentos de refugiados en llamas, y sin
> embargo nada de ello les provocó la menor emoción. No hicieron gran cosa
> por poner coto a sus despiadados líderes, “democráticamente elegidos.”
> En cambio, algunos de ellos tomaron sus asientos plegables y se
> instalaron en las colinas que dominan la Franja de Gaza, para observar
> cómo su ejército convertía Gaza en un moderno coliseo de sangre hebreo.
> Incluso ahora, cuando la campaña parece haber acabado y se conoce la
> escala de la carnicería de Gaza, los israelíes siguen sin dar señales de
> remordimiento. Como si todo esto no fuera suficiente, durante todo el
> tiempo que duró la guerra, judíos de todo el mundo se movilizaron en
> apoyo a su Estado únicamente-judío. Un apoyo popular de esta envergadura
> a los crímenes de guerra es algo inaudito. Los estados terroristas
> efectivamente matan, pero siempre con un punto de timidez al respecto.
> En la URSS de Stalin se mataba en remotos gulags, y los nazis alemanes
> ejecutaban a sus víctimas en el fondo de los bosques, tras alambres de
> espinos. En el Estado judío, los israelíes asesinan a la luz del día a
> mujeres, niños y ancianos indefensos, y utilizan armamento convencional
> contra escuelas, hospitales y campamentos de refugiados. Este nivel de
> barbarie exige a gritos una explicación. La tarea pendiente puede
> definirse, fácilmente, como una búsqueda de comprensión de la brutalidad
> colectiva israelí. ¿Cómo puede ser que esta sociedad haya conseguido
> perder hasta el último rastro de compasión y misericordia?
> El terror interior Más que cualquier otra cosa, los israelíes y todas
> las comunidades judías que les han apoyado están aterrorizados por la
> brutalidad que encuentran en sí mismos. Cuanto más implacables son, más
> asustados se vuelven. La lógica es sencilla. Cuanto más sufrimiento se
> inflige al otro, más ansiedad acumula uno ante el potencial de capacidad
> de muerte que halla en torno. En otras palabras, el israelí proyecta en
> el palestino, el árabe, el musulmán y el iraní la agresividad que
> encuentra en sí mismo. Teniendo en cuenta que la brutalidad israelí ha
> demostrado no tener límites ni comparación posible, su ansiedad es por
> lo menos igual de grande.
> Al parecer, los israelíes sienten temor de que ellos mismos sean sus
> propios esbirros. Han entablado una mortífera batalla con el terror
> interior. Pero los israelíes no están solos. El judío de la diáspora que
> se manifiesta en apoyo de un Estado que lanza fósforo blanco sobre
> civiles está atrapado en la misma trampa devastadora. Con su entusiasta
> respaldo de un crimen insoportable, siente horror ante el pensamiento de
> que la crueldad que encuentra en sí pueda manifestarse también en otros.
> El judío de la diáspora que apoya a Israel está destrozado por la
> imaginaria posibilidad de que un acto brutal similar al suyo pueda un
> día infringírsele. Esta misma preocupación explica todo lo relativo al
> antisemitismo. Es básicamente la proyección de una acción colectiva
> sio-céntrica tribal e implacable sobre otros.
> No hay conflicto israelo-palestino Lo que tenemos a la vista es la clara
> formación de un círculo vicioso en el que los israelíes y sus defensores
> se están convirtiendo en un meteoro vengativo insular, alimentado por
> una agresión interna explosiva. El significativo de todo ello es
> bastante revelador. Dado que los palestinos no pueden hacer frente
> militarmente a la agresión israelí y su capacidad destructiva, tenemos
> derecho a afirmar que no hay un conflicto israelo-palestino. Todo lo que
> hay es una psicosis israelí en la que este pueblo está siendo demolido
> por la ansiedad producida por el reflejo de su propia crueldad. Al ser
> considerados los nazis de nuestra época, los israelíes están por ello
> condenados a ver un nazi en cualquier persona. Del mismo modo, no hay un
> aumento del antisemitismo. El judío de la diáspora sionista está
> simplemente destrozado por la posibilidad de que alguien más esté tan
> corrompido éticamente y sea tan cruel como él mismo ha demostrado ser.
> En pocas palabras, las políticas israelíes y la acción de los grupos de
> presión sionistas deberían ser considerados nada menos que como una
> paranoia colectiva sio-céntrica letal, al borde de la psicosis total.
> ¿Hay modo de redimir a los sionistas de esta sangrienta incursión? ¿Hay
> manera de cambiar el curso de la historia y salvar a los israelíes y sus
> partidarios de la depravación total? Probablemente, la mejor manera de
> plantear esta cuestión es preguntando si hay algún modo de salvar a los
> israelíes y los sionistas de sí mismos. Como pueden imaginarse, no estoy
> exactamente interesado en salvar a los israelíes o los sionistas; sin
> embargo, tengo para mí que la redención de los sionistas de su
> transgresión puede traer perspectivas de paz a Palestina, Iraq y
> probablemente el resto de nosotros. Para los que no consiguen verlo,
> Israel es sólo la parte visible del iceberg. A fin de cuentas, Estados
> Unidos, Gran Bretaña y Occidente están en la actualidad sujetos a formas
> similares de la política del miedo, que son el producto directo de la
> mortífera ideología y práctica intervencionista de los neocon.
> El psicoanalista de Nazaret Hace muchos años –se afirma– vivía entre sus
> hermanos un israelita, en la tierra de Canáan. Como los actuales
> israelíes, estaba rodeado de odio, venganza y miedo. En un momento dado,
> decidió intervenir e introducir cambios: se había dado cuenta de que no
> había otro modo de combatir la crueldad que buscando la gracia. “Poner
> la otra mejilla”, fue la sencilla sugerencia que propuso. Al definir la
> psicosis del israelita como “una guerra contra el terror interno”, Jesús
> percibió que el único modo de contrarrestar la violencia es mirarse en
> el espejo a la vez que se busca la Bondad dentro de sí.
> Es bastante evidente que la lección de Jesús creó las condiciones para
> la formación de la ética universal occidental. Las ideologías políticas
> modernas sacaron conclusiones de esta perspectiva cristiana. En Marx, la
> búsqueda normativa de la igualdad puede considerarse una reescritura
> secular del concepto de hermandad que propone Jesús. Buscar la paz es,
> en primer lugar, buscarse a uno mismo dentro de sí. Mientras que los
> israelíes y sus hermanos gemelos neocon pretenden conseguir la paz por
> medio de la fuerza disuasoria, la auténtica paz se consigue mediante la
> búsqueda de la armonía interior. Como nos sugeriría un estudioso
> lacaniano, amar a tu prójimo es realmente amarte a ti mismo amando a tu
> prójimo. El caso de los israelíes es exactamente el caso opuesto. Tal
> como demuestran una y otra vez, se están realmente amando a sí mismos
> odiando a su prójimo, o, dicho más brevemente, simplemente se aman a sí
> mismo odiando en general. Odian casi todo: a su prójimo, los árabes,
> Chávez, los alemanes, el Islam, los gentiles, el cerdo, el palestino, la
> Iglesia católica, Jesús, Hamás, los calamares e Irán. Piense usted en
> alguna cosa y seguro que la odian. Uno puede llegar a admitir que odiar
> tanto debe de ser un proyecto particularmente agotador, a menos que haya
> en ello algún placer. Y, sin duda, el principio del placer israelí
> podría articularse así: el impulso continuo de los israelíes a buscar el
> placer en el odio, a la vez que infringen dolor a otros.
> Debemos señalar aquí que la guerra contra el terror interior no es
> exactamente una invención judía. Todos, sean naciones, pueblos o
> individuos, están sujetos potencialmente a ella. Las consecuencias de la
> masacre nuclear estadounidense perpetrada en Hiroshima y Nagasaki
> convirtieron al pueblo estadounidense en un colectivo aterrorizado. Esta
> ansiedad colectiva se conoce con el nombre de guerra fría. Estados
> Unidos tiene todavía que redimirse del temor a que alguien más se
> muestre tan inmisericorde como demostró ser Estados Unidos. En cierto
> modo, la operación Shock and Awe (Conmoción y pavor) tuvo un efecto
> similar sobre Gran Bretaña y Estados Unidos. Condujo a la creación de
> masas horrorizadas fácilmente manipulables por una élite altamente
> motivada. Este tipo concreto de política es lo que se denomina política
> del miedo.
> Y sin embargo, en el discurso occidental se ha instalado un mecanismo de
> corrección. A diferencia del Estado judío, que se está radicalizando
> cada vez más por su propia autoadministrada paranoia, en Occidente se
> consigue hacer frente y contener el mal. El asesino ha sido denunciado y
> la esperanza de paz se vuelve a sentir, por ahora. Aunque no sea de los
> que esperan grandes cambios por parte del presidente Barack Obama, hay
> una cosa meridianamente clara: Obama fue votado presidente para que
> trajera cambios. Obama es un símbolo de nuestro genuino intento de
> limitar el alcance del mal. En el estado judío, no sólo no sucede esto
> sino que nunca puede suceder. La diferencia entre Israel y Occidente es
> bastante evidente: en Occidente la herencia cristiana nos da la
> posibilidad de un deseo enraizado en la creencia en la bondad universal.
> Sin embargo, estamos ante el peligro constante de la exposición al mal,
> y tendemos a creer que el bien al final prevalecerá. Por otra parte, en
> el discurso tribal hebreo, el Bien es la propiedad de los elegidos. Los
> israelíes no ven bondad o amabilidad en sus vecinos, los ven como
> salvajes y como una entidad amenazadora para sus vidas. Para los
> israelíes, la amabilidad es la propiedad específica de ellos mismos, y
> accidentalmente también son inocentes y víctimas. En el marco del
> discurso occidental universal, la bondad no pertenece a un pueblo o un
> único país, pertenece a todos y a ninguno al mismo tiempo. En el marco
> del patrimonio universal occidental, la Bondad se halla en cada uno de
> nosotros, y no pertenece a ningún partido político ni ideología. Los
> elevados conceptos de la gracia y de un Buen Dios están ahí en cada uno
> de nosotros, siempre cercanos al hogar.
>
> ¿Qué clase de Padre es éste?
> “Y será, cuando Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra que
> juró á tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que te daría; en ciudades
> grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que
> tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y
> olivares que no plantaste: luego que comieres y te hartares”
> (Deuteronomio: 6: 10 -11).
> “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra de la que vas a
> tomar posesión, él expulsará a siete naciones …y tú los derrotarás. (…)
> no hagas con ellos ningún pacto ni les tengas compasión.” (Deuteronomio:
> 7: 1 -2).
> Llegados a este punto podemos intentar llegar hasta la causa radical que
> subyace a la grave falta de compasión del discurso israelí y de los
> grupos de presión que lo apoyan. Considero que una elaboración de las
> turbulentas relaciones entre los judíos y sus diferentes dioses pueden
> arrojar algo de luz sobre este tema. Es evidente que la creciente lista
> de “dioses”, “ídolos” y “figuras paternas” judías es bastante
> problemáticas, por lo menos en lo que se refiere a ética y amabilidad.
> La relación misma entre “el hijo” y “el padre no ético” debe analizarse.
> La filósofa Ariella Atzmon (mi madre, por más señas) define la
> complejidad del falso comienzo como el síndrome de Fagin. El personaje
> de Fagin, de Charles Dickens, es un adulto que recluta a niños y los
> forma como carteristas y ladrones, cambiándoles por alimentos y cobijo
> las cosas que los niños roban. Aunque los niños deben estar agradecidos
> a su maestro, también deben despreciarlo por hacer de ellos ladrones y
> carteristas. Los niños se dan cuenta de que las cosas que tiene Fagin
> son robadas y que su amabilidad está lejos de ser honesta o pura. Antes
> o después los niños se volverán contra su protector, Fagin, en un
> intento de liberarse de esa trampa inmoral.
> Desde una perspectiva padre-hijo, Jehová, el bíblico Dios judío, no
> difiere mucho de lo que podemos observar en el síndrome de Fagin. El
> padre de Israel conduce a su pueblo elegido por el desierto hasta la
> tierra prometida, para que puedan robar y saquear a sus habitantes
> indígenas. Esto no es exactamente lo que uno podría esperar de un padre
> ético o de un Dios amable. Por consiguiente, por mucho que los hijos de
> Israel amen a Jehová, también deben abrigar alguna sospecha sobre el
> hecho de que los convierta en ladrones y asesinos. También podrían tener
> alguna aprensión sobre su amabilidad. Así, no deberíamos estar
> sorprendidos de que a lo largo de la historia judía un buen número de
> judíos se haya vuelto contra su padre celestial.
> Sin embargo, teniendo en cuenta la concepción secular común de que los
> dioses son en realidad invenciones humanas, uno puede preguntarse qué
> conduce a la invención de un Dios tan poco ético. ¿Qué es lo que hace
> que los humanos sigan los mandatos de un Dios así? También sería
> interesante saber qué clase de Dios alternativo puedan escoger los
> judíos, una vez se hayan desembarazado de Jehová.
> Desde la emancipación, muchos judíos se han disociado del marco tribal
> tradicional y del judaísmo rabínico. Muchos se han integrado en sus
> realidades circundantes, han abandonado sus supuestos privilegios y se
> han convertido en seres humanos corrientes. Muchos otros han insistido
> en abandonar a Dios, pero a la vez manteniendo su afiliación tribal
> orientada racialmente; han decidido basar su pertenencia tribal en
> razones étnicas, raciales, políticas, culturales e ideológicas en lugar
> de en los preceptos judaicos. Aunque es evidente que han abandonado a
> Jehová, han insistido a su vez en adoptar una visión secular que pronto
> se convirtió en un precepto monolítico de características religiosas. A
> lo largo del siglo XX, las dos ideologías políticas de tipo cuasi
> religioso que más han atraído a las masas judías fueron el marxismo y el
> sionismo.
> Es factible describir el marxismo como una ideología ética seglar
> universal. Sin embargo, dentro del proceso de transformación en un
> precepto tribal judío, el marxismo se las arregló para perder todo rasgo
> de humanismo o universalismo. Como sabemos, la ideología y la práctica
> sionistas originales estuvieron dominadas por izquierdistas judíos que
> se consideraban auténticos seguidores de Karl Marx. Creían,
> sinceramente, que la celebración de la resurgencia nacional judía a
> expensas de los palestinos constituía una empresa socialista legítima.
> Es interesante constatar que sus oponentes, el Bund antisionista,
> formado por trabajadores judíos de Europa Oriental, no creían en el
> despojo institucionalizado de los palestinos; en cambio, creían que
> despojar a los europeos ricos es un precepto, un gran mitzvah universal,
> un paso hacia la justicia social.
>
> He aquí algunas estrofas del himno del Bund:
>
> Juramos perseverar en nuestro odio
>
> Hacia los que roban y matan a los pobres
>
> El zar, el patrón, el capitalista
>
> Nuestra venganza será rápida y segura
>
> Así pues, jurad: ¡juntos vivir o morir!
>
> Sin entrar en cuestiones relativas a la ética o la afiliación política,
> es bastante evidente que el himno judeo-marxista está saturado de odio y
> venganza. Del mismo modo que el entusiasmo de los judíos por Marx, el
> marxismo, el bolchevismo y la igualdad, el final de la historia es
> conocido: los judíos abandonaron el marxismo en masse hace ya mucho
> tiempo. Dejaron la revolución en manos de gentiles ilustrados como Hugo
> Chávez y Evo Morales, líderes que realmente han internalizado el
> significado auténtico de la igualdad y la ética universales.
> Desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, el marxismo
> tuvo muchos seguidores entre los judíos europeos; tras el Holocausto, el
> sionismo se convirtió gradualmente en la voz del judaísmo universal.
> Como Fagin, los dioses e ídolos sionistas (Herzl, Ben Gurión, Nordau,
> Weizmann) prometieron a sus seguidores un nuevo comienzo desprovisto de
> ética, y el expolio de los palestinos fue su vía hacia una justicia
> histórica pendiente desde hacía siglos. El sionismo transformó el Viejo
> Testamento de un texto espiritual en un registro de la propiedad de la
> tierra. Pero, una vez más, como en el caso de Jehová, el sio-Dios
> transformó a los judíos en ladrones y les prometió la propiedad de otras
> personas. Esto, en sí mismo, puede explicar el resentimiento israelí
> hacia el sionismo y la ideología sionista. Los israelíes prefieren verse
> a sí mismos como los habitantes naturales de la tierra y no como
> pioneros de un proyecto colonial no-ético de la diáspora judía. Los
> judíos israelíes alcanzan una posición política por medio de un
> peligroso escapismo ético. Esto puede explicar el hecho de que del mismo
> modo que los israelíes aman sus guerras, realmente odian luchar en
> ellas. No están dispuestos a morir por una gran ideología abstracta y
> remota, como la nación judía o el sionismo. En su gran mayoría,
> prefieren lanzar fósforo blanco y bombas de racimo desde lugares alejados.
> Sin embargo, durante la relativamente corta historia del moderno
> nacionalismo judío, el Dios sionista ha hecho buenas migas con otros
> dioses e ídolos aceptables para la ortodoxia. Ya en 1917, Lord Balfour
> prometió a los judíos que construirían su hogar nacional en Palestina.
> Inútil decir que, como en el caso de Jehová, Lord Balfour convirtió a
> los judíos en saqueadores y ladrones con su promesa directamente falta
> de toda ética. Prometió a los judíos la tierra de otros, con lo que dio
> pie a un comienzo en falso. Evidentemente, no tuvo que pasar mucho
> tiempo antes de que los judíos se volvieran contra el Imperio Británico.
> En 1947, las Naciones Unidas cometieron exactamente el mismo estúpido
> error: dieron acta de nacimiento a un Estado sólo para judíos, de nuevo
> a expensas de los palestinos. La ONU legitimó el robo de Palestina en
> nombre de las naciones. Como en el caso del arrinconado Jehová, no pasó
> mucho tiempo antes de que los judíos se volviesen contra la ONU. “No
> importa lo que digan los gentiles, lo que importa realmente es lo que
> hagan los judíos”, afirmó el primer ministro israelí David Ben Gurión.
> Recientemente, los israelíes se las han arreglado para rechazar incluso
> a sus mejores y más servidores amigos en la Casa Blanca. La víspera de
> las últimas elecciones presidenciales, algunos generales israelíes
> fueron filmados denunciando al presidente Bush por “perjudicar los
> intereses israelíes con su abrumador apoyo”, en palabras del general de
> brigada retirado Shlomo Brom. Los generales israelíes culpaban
> básicamente a Bush por no haber puesto freno a Israel en la destrucción
> de sus vecinos. La moral es bastante clara: los sionistas y los
> israelíes se volverán inevitablemente contra los dioses, ídolos, padres,
> etc. que traten de ayudarlos. Este es el significado real del síndrome
> de Fagin, en el contexto político israelí. Siempre se volverán contra
> sus padres.
> En mi opinión, el más interesante de todos los sistemas de creencias
> judíos es la Religión del Holocausto, que el filósofo israelí Yeshayahu
> Leibowitz definió acertadamente como la nueva religión judía. El aspecto
> más interesante de la Religión del Holocausto es su Dios-figura, es
> decir “el Judío.” El seguidor judío de este nuevo precepto dogmático
> cree en “el Judío”, aquél que se redimió a sí mismo. El que sobrevivió
> al acontecimiento genocida final. Los creyentes creen en “el Judío”, la
> víctima inocente atormentada que volvió a su “tierra prometida” y ahora
> celebra su exitosa narrativa del renacer. Hasta cierto punto, en el
> discurso religioso del Holocausto, el judío cree en “el Judío” que se
> manifiesta en sus poderes y sus cualidades eternas. Dentro de este marco
> religioso de nuevo cuño, la Meca es Tel Aviv y los Santos Lugares el
> Museo Yad Vashem del Holocausto. La nueva religión tiene muchos lugares
> de culto (museos) en todo el mundo y tiene muchos sacerdotes que
> difunden el mensaje y castigan a los elementos que lo cuestionan. Desde
> una perspectiva judía, la Religión del Holocausto es una expresión
> totalmente transparente del amor a uno mismo. Es el lugar donde se unen
> pasado y futuro en un presente significativo, el momento en que la
> historia se traduce en praxis. Conscientemente o no, todas las personas
> que se identifican política e ideológicamente (más que religiosamente)
> como judíos sucumbe, en la práctica, a la Religión del Holocausto, y se
> convierte en seguidor de su figura paterna: “el Judío.” Sin embargo,
> podemos preguntarnos, ¿qué sucede con la Bondad? ¿hay algún tipo de
> gracia en esta nueva figura del padre? ¿Hay algún tipo de gracia en esta
> narrativa de víctimas inocentes que se celebra cada día a expensas del
> pueblo palestino?
> Si la Historia tiene fin, la Religión del Holocausto representa el fin
> de la historia judía. A la luz de la Religión del Holocausto, el Padre y
> el Hijo se unen al fin. Al menos en el caso de Israel y el sionismo, se
> funden en una amalgama de ideología y realidad genocidas. A la luz de la
> Religión del Holocausto y su épica ética de la supervivencia, el Estado
> judío se considera legitimado para arrojar fósforo blanco sobre mujeres
> y niños que previamente ha encerrado en una prisión al aire libre de la
> que no pueden escapar. Tristemente, los crímenes cometidos por el Estado
> judío se han cometido en nombre del pueblo judío y de su turbulenta
> historia de persecuciones. La Religión del Holocausto trae a la vida lo
> que parece ser la última forma posible de brutal encarnación insular.
> Históricamente, los judíos han abandonado a muchos dioses: a Jehová, a
> Marx; incluso algunos nunca siguieron el sionismo. Pero a la luz de la
> Religión del Holocausto, con las escenas de Gaza, Jenin y Líbano en
> mente, el Judío puede verse obligado a continuar la tradición y
> abandonar al “Judío.” Tendrá que aceptar que esta nueva forma de figura
> paterna fue creada a su imagen y semejanza. Más preocupante aún es el
> hecho devastador de que el nuevo padre ha demostrado ser una llamada al
> crimen. Aparentemente, el nuevo padre es el definitivo Dios del mal de
> la lista.
> Me pregunto cuántos judíos tendrán el valor de expulsar a esta esotérica
> figura-padre de reciente creación. ¿Tendrán el valor de unirse al resto
> de la Humanidad y adoptar un discurso ético universal?
> Si los judíos son capaces de deshacerse del “Judío” es algo que sólo el
> tiempo dirá. Para aclarar dudas, diré que yo personalmente me deshice de
> mi “Judío” hace ya mucho tiempo y la vida me sonríe.
>
>
> Fuente: War On Terror Within: The End of Jewish History
> Gilad Atzmon es músico, compositor y productor de jazz, y escritor.
> S. Seguí pertenece a los colectivos Tlaxcala, Rebelión y Cubadebate.
> Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar
> su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la
> fuente.
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