[R-P] [Aldo Ferrer] El contexto mundial y el ocaso del neoliberalismo
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Mar 25 04:52:28 MDT 2009
[Para el gran representante local del desarrollismo no estamos sino
ante el ocaso de una ideología específica. Lejos está de considerar la
situación como una crisis sistémica estructural.
Esto es natural, y no puede ser criticado, ya que Aldo Ferrer jamás de
los jamases se puso en contra del régimen capitalista (a tal punto que
en su pugna por defender en la Argentina una política parecida a la
que ahora elogia en el Sudeste asiático llegó a ser funcionario del
breve lapso "nacionalista" de la Revolución Argentina, con
Levingston).
Ese marco permite resaltar la importancia de las palabras con que
cierra su nota: "La primera tarea es, entonces, entender, desde
nuestras propias perspectivas, el funcionamiento del sistema global
para diseñar estrategias válidas de desarrollo."
Desde las perspectivas del desarrollismo, el sistema global lo explica
Prebisch. Hay otras, no menos nuestras. Entonces, lo primero de lo
primero es saber cuáles son "nuestras propias perspectivas".]
Fuente http://www.elargentino.com/nota-33315-El-ocaso-del-neoliberalismo.html
El contexto mundial y el ocaso del neoliberalismo
Por Aldo Ferrer
19-03-2009 /
Desde principios de la década de 1970, el mundo del dinero se
convirtió en el espacio dominante del capitalismo y principal
organizador de las reglas de la globalización. En las últimas cuatro
décadas, el valor de los activos cotizados en todos los mercados de
capitales del mundo, creció tres veces más rápido que el PBI mundial.
La euforia financiera generó niveles insostenibles de deuda. En los
Estados Unidos, la deuda pública y privada, representa actualmente
casi tres veces el PBI norteamericano. La deuda de las familias
norteamericanas es 50% mayor que su ingreso disponible y en Gran
Bretaña, 100 por ciento. El apalancamiento es aun mucho mayor en el
sector financiero. En los Estados Unidos y la Unión Europea la
relación deuda a capital propio de los bancos de inversión es entre 25
y 30 a 1.
Estos niveles gigantescos de deuda se han difundido en el sistema
global. Según el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, los
movimientos transfronterizos de capital pasaron a representar del 5%
del PBI mundial en 1990 a cerca del 25% en la actualidad. Esos
movimientos son esencialmente de fondos especulativos como lo revela
el hecho de que de los más de u$s 2 billones que se mueven diariamente
en los mercados de cambios del mundo, el 95% corresponde a operaciones
especulativas de arbitrajes de tasas de interés, cotizaciones
bursátiles y paridades de divisas.
El desarrollo de la globalización financiera fue facilitado por la
revolución informática que redujo drásticamente los costos de
transacción entre todas las plazas financieras. Pero, sobre todo, por
la desregulación de las transacciones promovidas por los gobiernos de
los países centrales, bajo el liderazgo norteamericano.
En el pasado, la globalización financiera soportó varios momentos
críticos provocados por crisis de deuda de países emergentes, derrumbe
de cotizaciones en algunos sectores económicos o insolvencia de
agentes financieros. Pero, todos esos episodios afectaron segmentos
parciales del mercado, no se generalizaron a todo el mundo del dinero
ni contagiaron severamente a la economía real de los países y al
comercio internacional. En la actualidad, en cambio, la crisis
inaugurada, en el 2007, con el derrumbe de las hipotecas subprime
norteamericanas y que alcanzó su máxima intensidad en la segunda mitad
del 2008, es una conmoción que abarca a las actividades especulativas
y al crédito a la actividad económica real.
El derrumbe compromete a la totalidad del sistema, a las mayores
entidades de los principales países e implica, una pérdida de riqueza
virtual, comparable a la registrada durante la gran crisis mundial de
los años ’30. El colapso de las cotizaciones es de una dimensión
gigantesca. Entre fines del 2007 y a la actualidad, el valor de
mercado de los activos financieros negociados en todas las Bolsas de
Valores del mundo, cayó en alrededor de u$s 30 billones. La pérdida
equivale a dos veces el PBI norteamericano y el 40% del PBI mundial.
El desplome de más del 90% del valor de mercado de entidades
financieras emblemáticas es asombroso.
EL OCASO DEL NEOLIBERALISMO.
La crisis no sólo es una enorme perturbación de la “coyuntura”, del
corto plazo. Implica el derrumbe del mundo del dinero que fue el
principal eje organizador de las relaciones económicas internacionales
de las últimas décadas y de la ideología hegemónica de los países
centrales del sistema. Ideología que tanta influencia ejerció en
América latina, bajo el paradigma del Consenso de Washington. En
nuestra región, el predominio de la estrategia neoliberal durante el
largo período de la hegemonía del mundo del dinero, debilitó el
proceso de transformación y no resolvió los problemas sociales y la
desigualdad prevalecientes. Existen experiencias nacionales diversas,
pero ésa fue la tendencia predominante. La Argentina proporciona el
ejemplo más extremo de este proceso.
Los intereses del campo financiero conformaron la ideología dominante
en la economía mundial, el neoliberalismo. El liberalismo clásico
promovió la liberación de los mercados reales y monetarios en
condiciones de equilibrio macroeconómico. En cambio, el neoliberalismo
impulsó la liberalización, aun a costas de tales equilibrios, si el
resultado era aumentar la demanda de crédito y las oportunidades de la
especulación. De este modo, los países centrales promovieron en las
economías en desarrollo rápidas y profundas reformas “estructurales”
pro mercado, sin la adecuada evaluación de los costos y beneficios de
tales reformas y su impacto sobre el desarrollo y los equilibrios del
sistema.
En su tiempo, Raúl Prebisch denominó “pensamiento céntrico” a las
ideas, con las cuales las potencias dominantes organizaban el orden
mundial. La ideología del mundo del dinero reinstaló la hegemonía de
las ideas de las mayores economías industriales. En los centros, esa
ideología debilitó el crecimiento de la producción y el empleo y fue
determinante en la evolución macroeconómica, el empleo y la
distribución del ingreso. Finalmente, provocó la actual crisis
mundial. En la periferia fue fatal, porque, al mismo tiempo, debilitó
los procesos de transformación productiva y la capacidad de gestionar
el conocimiento.
La visión neoliberal explica el apoyo de los mercados y el FMI a
políticas de tipo de cambio de equilibrio de mercado (TCEM). El mismo
es determinado por la oferta y demanda de divisas en el corto plazo,
aun cuando, en el mediano y largo, provoque desequilibrios
inmanejables y frene el desarrollo. Éste es un fenómeno
particularmente observable en los países subdesarrollados
especializados en las exportaciones de productos primarios. Las
consecuencias de la apreciación del tipo de cambio fueron desestimadas
porque aumentaba la demanda de fondos para financiar los crecientes
desequilibrios macroeconómicos y las oportunidades de la especulación
financiera. Las entradas de capital especulativo reforzaron la
apreciación cambiaria. La experiencia argentina, bajo el programa
económico del período 1976-1982 y durante el régimen de la década del
’90, es el más claro ejemplo en esta materia.
No toda la periferia se subordinó a la ideología neoliberal. América
Latina fue su escenario principal. En cambio, los países emergentes de
Asia, reiterando el patrón de conducta del Japón durante su acelerado
desarrollo de la posguerra, no se sometieron al pensamiento céntrico.
Los Estados nacionales sostuvieron tipos de cambio de equilibrio
desarrollista (TCED). Sus políticas activas jugaron un papel
fundamental en la capacidad de gestionar el conocimiento, asimilar
tecnología y transformar la estructura productiva incorporando las
actividades industriales de la vanguardia tecnológica. Construyeron
capitalismos nacionales fundados en procesos endógenos de acumulación,
abiertos al mundo, al comercio exterior y la inversión privada directa
extranjera, pero manteniendo el comando nacional de la acumulación y
el protagonismo de las empresas locales. Tal fue la experiencia de los
“tigres asiáticos”, principalmente, Corea y Taiwán, y de los dos
“gigantes”: China e India.
Varios de esos países cometieron deslices financieros creando, en sus
mercados internos, burbujas asociadas a la especulación financiera,
como sucedió, por ejemplo, con la crisis de Corea de 1997. Pero,
antes, habían respondido bien a los desafíos de la globalización, a
través de la transformación de sus estructuras productivas y el fuerte
contenido nacional de su estrategia. De este modo, a breve plazo, a
diferencia con la crisis de la deuda de América latina, resolvieron
las crisis financieras, sin perder el comando de su proceso de
desarrollo. De todos modos, la fuerte contracción del comercio
internacional golpea más intensamente ahora a los países en los cuales
las exportaciones jugaron un papel más importante en su transformación
productiva y crecimiento. El caso más notorio en la actualidad es
Singapur.
En resumen, el desafío que enfrentamos ahora no es sólo responder a
las consecuencias de “coyuntura” de la crisis, sino replantear, al
mismo tiempo, la estrategia de desarrollo, integración regional e
inserción en el orden mundial globalizado. La primera tarea es,
entonces, entender, desde nuestras propias perspectivas, el
funcionamiento del sistema global para diseñar estrategias válidas de
desarrollo.
Aldo Ferrer
Director Editorial
Buenos Aires Económico
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Néstor Gorojovsky
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