[R-P] "La Nación" debería echarlo a Ernesto Schóó
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Mar 21 14:05:00 MDT 2009
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1110666
[Vean, si no, lo que escribe el crítico de arte en la edición de hoy
sobre "El Fantasma de la Opera", que algunos ingleses, muy
ingenuotamente, creen estar estrenando aquí, cuando en realidad hace
ya un tiempo que, más que asistir a la representación, la hemos
vivido:
"en ...los años treinta del siglo pasado, Narciso Ibáñez Menta ponía
en escena, en Buenos Aires, una versión teatral del libro.
Ignoro quién hizo la adaptación. No es improbable que fuera Narciso
mismo, experto dramaturgo además de gran actor. Por descontado que no
me llevaron a verla (yo tendría ocho o diez años por entonces), ni
pude ver hasta mucho después el film de Rupert Julian, de 1925, con la
espantosa caracterización de Lon Chaney. Con su notoria propensión al
terror, Ibáñez Menta insistió en reproducir sobre sus facciones el
maquillaje de Chaney, que */en el momento en que Cristina le arranca
la máscara hacía que se desmayaran algunos espectadores./* (énfasis
mío, NMG)"]
El fantasma de Narciso Ibáñez Menta
Por Ernesto Schoo
Sábado 21 de marzo de 2009
Sobre la infancia de quien escribe estas líneas planeaban sombras
amenazadoras: las brujas de los cuentos, las leyendas camperas, las
historietas (el terrorífico Doctor Fumanchú, que salía en Titbits ),
el folletín del detective Sexton Blake, publicado en Billiken (uno de
los episodios se titulaba "El terror de la noche"), las andanzas de
Sherlock Holmes (La banda atigrada), el método pedagógico de asustar a
los chicos para que se porten bien. Y El fantasma de la ópera . No por
haber leído la admirable novela de Gastón Leroux (1868-1927), cosa que
ocurrió mucho más tarde, sino porque, en aquellos años treinta del
siglo pasado, Narciso Ibáñez Menta ponía en escena, en Buenos Aires,
una versión teatral del libro.
Ignoro quién hizo la adaptación. No es improbable que fuera Narciso
mismo, experto dramaturgo además de gran actor. Por descontado que no
me llevaron a verla (yo tendría ocho o diez años por entonces), ni
pude ver hasta mucho después el film de Rupert Julian, de 1925, con la
espantosa caracterización de Lon Chaney. Con su notoria propensión al
terror, Ibáñez Menta insistió en reproducir sobre sus facciones el
maquillaje de Chaney, que en el momento en que Cristina le arranca la
máscara hacía que se desmayaran algunos espectadores. Tras muchas
representaciones con gran éxito de público, Narciso debió suspenderlas
por un tiempo: al parecer, el espeso maquillaje le había provocado una
afección de la piel. Acaso fue un truco publicitario; pero lo concreto
fue que un diario de entonces, no recuerdo cuál, mostró una foto del
rostro del Fantasma según Chaney. Ese rostro abundó desde entonces en
mis pesadillas de chico demasiado imaginativo.
* * *
De vuelta al presente: es curioso que la novela de Leroux (publicada
primero como folletín, en 1909, en Le Gaulois, y en forma de libro al
año siguiente) no haya sido adaptada al teatro de prosa, y sí varias
veces al cine. La mejor película es la de Julian, de 1925, con Chaney,
muda. Hubo otra, en 1943, dirigida por Arthur Lubin, con el gran
Claude Rains; una de Terence Fischer en 1962, y dos o tres más
recientes, encaramadas al éxito del musical de Andrew Lloyd Webber.
El ballet no se ha quedado atrás: Roland Petit hizo bailar al
Fantasma, en 1980, en su escenario natural, la Opéra Garnier, con
música de Marcel Landowski. El Atlantic Ballet Theatre de Canadá lo
puso en escena, con coreografía de Igor Dobrovoisky. Y un año atrás,
el 10 de abril de 2008, el rencoroso Eric persiguió a la frágil
Cristina en Praga: Libor Vaculik fue el coreógrafo y Peter Malásek el
compositor. Pero, sin música y sin baile, no tenemos noticia de otra
versión que la de nuestro Narcisín.
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Néstor Gorojovsky
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