[R-P] Otro paso hacia el fin de los 90: Rusia se empieza a defender en serio
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Mar 18 06:35:54 MDT 2009
[Desde hace un tiempo venimos mandando noticias a esta lista sobre el
amenazante ánimo con que Rusia viene respondiendo a la expansión de la
NATO y la transformación de su objetivo inicial, de "contención del
comunismo" a "gendarme mundial de la hegemonía de la Tríada".
Al final, los rusos se hartaron. Sigue un exhaustivo informe sobre un
desarrollo que puede pesar enormemente en el futuro inmediato, y que
para "La Nación" no puede sino entenderse como un "desafío a la Casa
Blanca". Qué gracioso: resulta que la Casa Blanca se lo pasa armando
despelote en las fronteras de Rusia, apoya abiertamente a quienes desean
oponerse al Kremlin, le pone misiles agresivos a las puertas del país, y
los rusos, al decir "Basta", están "desafiando a la Casa Blanca".
En el mismo sentido, no deja de ser divertida la frase inicial de la
analista de "La Nación", en la bastante notable nota que sigue al
informe: "Aunque Barack Obama haya reemplazado a George W. Bush en la
Casa Blanca, Rusia está decidida a recuperar la influencia que tenía
entre las repúblicas de la era soviética y a bloquear las "ambiciones
expansionistas" de Estados Unidos en la estratégica región de Eurasia."
¿"Aunque"? Porqué la adversativa? Y porqué las "ambiciones
expansionistas" de EEUU van entrecomilladas? No fue acaso Brzezinski,
actual jefe del grupo que asesora a Obama -no a Bush- en estos asuntos,
quien propició en su momento la partición de Rusia en tres "porque era
demasiado grande"... para el interés estadounidense?
Pero supongamos que las comillas sean válidas. En todo caso, solo a un
cipayo se le puede ocurrir que un país deba someter las fluctuaciones de
su geoestrategia a la cara del que ocupe el trono de Emperador del
Planeta Azul. Y los rusos, en verdad, no suelen tener paciencia con los
cipayos (aún cuando a veces sufran tipos como Yeltsin). Ése es, por lo
visto, el único legado vivo de la revolución de 1917, y no parecen
dispuestos a perderlo.]
1)
El poder militar de Moscú / Desafío a la Casa Blanca
Rusia anunció un rearme "a gran escala"
El presidente Dimitri Medvedev lanzó un amplio plan de modernización de
las FF.AA. para contrarrestar la amenaza de la OTAN
Miércoles 18 de marzo de 2009 | Publicado en edición impresa
MOSCU.- En momentos en que el Kremlin y la Casa Blanca buscan mejorar
sus relaciones bajo la nueva administración de Barack Obama, el
presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, acusó ayer a la OTAN de
incrementar su presencia militar cerca de las fronteras del país, y
anunció un ambicioso plan de rearme "a gran escala" de las fuerzas
armadas rusas.
"A partir de 2011 comenzará el rearme a gran escala del ejército y la
armada", declaró Medvedev durante una reunión con la plana mayor del
Ministerio de Defensa, en la que, si bien no especificó el costo del
plan, advirtió que Rusia contaba "con los recursos necesarios para
financiar la modernización" de sus fuerzas militares, incluido el
arsenal nuclear.
El anuncio de Medvedev se produjo cuando faltan apenas dos semanas para
su primer encuentro con Obama, con quien tiene previsto reunirse el 1°
de abril, en el marco de la cumbre del G-20, que se realizará en
Londres, para analizar las perspectivas para la firma de un nuevo
tratado para la reducción de los arsenales nucleares.
Washington, sin embargo, reaccionó ayer con cautela al anuncio, y
expresó que el rearme ruso "no constituye una amenaza para los Estados
Unidos". "[El anuncio de Medvedev] está pensado mayoritariamente para el
consumo interno", expresó el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs.
"Rusia es un país soberano e independiente, en pleno derecho a dotarse
de una autodefensa sólida", sostuvo, por su parte, el vocero del
Pentágono, Geoff Morrell. "Tenemos buenas relaciones militares con los
rusos, y mientras tengamos un buen diálogo y una buena comprensión
recíproca de los motivos de desarrollo de nuestras respectivas
capacidades militares no veo una amenaza susceptible de preocupación",
agregó.
Las declaraciones de Medvedev, no obstante, dejaron entrever que, pese a
sus señales de optimismo por el cambio de administración en Washington,
no está dispuesto a sacrificar la línea de confrontación
política-militar trazada por su antecesor y actual primer ministro,
Vladimir Putin.
"El análisis de la situación político-militar muestra que existe el
potencial de un conflicto serio en algunas regiones, alimentado por las
crisis locales, el terrorismo internacional y las tentativas incesantes
de la OTAN de desarrollar su infraestructura militar cerca de las
fronteras de nuestro país", afirmó Medvedev.
"Todo ello requiere la modernización de nuestras fuerzas armadas. La
prioridad -continuó- es aumentar la preparación de nuestras fuerzas de
combate, principalmente, nuestras fuerzas estratégicas nucleares. Ellas
deben poder cumplir todas las tareas necesarias para garantizar la
seguridad de Rusia."
El mandatario, además, señaló que si bien durante la guerra con Georgia,
en agosto de 2008, las fuerzas rusas "reaccionaron bien", el conflicto
puso de manifiesto sus "debilidades".
"Los problemas de abastecimiento de ciertas categorías de armas y de
medios de comunicación son bien conocidos y exigen una reacción
inmediata", afirmó.
En un tono aun más duro, el ministro de Defensa ruso, Anatoly Serdyukov,
por su parte, acusó a los Estados Unidos de intentar obtener acceso a
"las materias primas, las fuentes de energía y otros recursos" de los
países de la ex Unión Soviética, así como de "apoyar aquellos procesos
que buscaron expulsar a Rusia de su esfera de influencia en la región".
Las relaciones entre Washington y Moscú alcanzaron un pico de tensión el
año pasado, durante el gobierno de George W. Bush, a raíz de varios
temas, incluidos los planes estadounidenses de instalar una red de
misiles y sistemas de radares en Polonia y en la República Checa, la
guerra en el Cáucaso y las perspectivas de entrada en la OTAN de las ex
repúblicas soviéticas Ucrania y Georgia, a lo que Rusia se opone
tajantemente.
Tras la asunción de Obama, sin embargo, ambos países dieron señales de
distensión. Luego de que Rusia anunciara la suspensión del proyecto de
despliegue de misiles en el enclave ruso de Kaliningrado, que pretendía
desafiar el plan estadounidense de un escudo antimisiles en Europa del
Este, Estados Unidos afirmó que podría dar marcha atrás en la
instalación de su escudo si se neutralizaba la amenaza nuclear iraní.
Pero las declaraciones de ayer de Medvedev dejaron en claro que Rusia no
piensa adoptar una posición de debilidad frente a su viejo rival de la
Guerra Fría. En los últimos años, Rusia prácticamente cuadruplicó su
gasto militar con el propósito de resucitar a sus fuerzas armadas, muy
deterioradas tras la desaparición de la Unión Soviética. Pese a ello,
los analistas sostienen que el ejército ruso no ha logrado avanzar en la
reforma de su atrasado arsenal.
Recientemente, además, Moscú, ha fortalecido sus lazos militares en
América latina, principalmente con Cuba y Venezuela, en donde el año
pasado realizó maniobras aéreas y marítimas en una demostración de
fuerza y en abierto desafío a los Estados Unidos. El sábado último, el
presidente Hugo Chávez puso a disposición del Kremlin la base aeronaval
de la isla La Orchila para que pudiera ser utilizada por los bombarderos
rusos.
Agencias AP, AFP, DPA y EFE
2)
El análisis
Un gesto para poner límites a la ambición de EE.UU.
Luisa Corradini
Corresponsal en Francia
Miércoles 18 de marzo de 2009
PARIS. - Aunque Barack Obama haya reemplazado a George W. Bush en la
Casa Blanca, Rusia está decidida a recuperar la influencia que tenía
entre las repúblicas de la era soviética y a bloquear las "ambiciones
expansionistas" de Estados Unidos en la estratégica región de Eurasia.
El anuncio de ayer del presidente Dimitri Medvedev va claramente en este
sentido. Su gesto parece, en realidad, destinado a impresionar a la
nueva administración norteamericana antes de la cumbre de la OTAN, el 3
y 4 de abril y -sobre todo- del encuentro que mantendrá el 1° de abril,
por primera vez, con Obama en Londres, en vísperas de la cumbre del G-20.
Y el gesto del gobernante ruso es comprensible. Ese primer contacto
representará el puntapié inicial de la gran negociación Este-Oeste, que
incluirá el sensible tema de Irán, la eventual prolongación del Tratado
de Reducción de Armas Estratégicas START 1, que expirará en diciembre, y
la ayuda que Rusia aportará a los países occidentales en Afganistán.
En todo caso, irritada por la presencia militar estadounidense en lo que
considera su zona de influencia, Rusia ha decidido aprovechar la crisis
mundial y el cambio de gobierno en Estados Unidos para tratar de
consolidar los objetivos de su propia agenda y armar un dispositivo que
hace recordar al difunto Pacto de Varsovia.
Gracias a 10 años de bonanza económica, que le permitieron acumular
385.000 millones de dólares de reservas y un fondo de estabilización de
más de 170.000 millones, Rusia es hoy capaz de disipar la "tentación
occidental" de los líderes de las ex repúblicas soviéticas, en busca de
créditos baratos e inversiones. A cambio, Moscú exige concesiones
militares y políticas.
El último de esos episodios se produjo en Kirguizistán, la más pobre de
las repúblicas de Asia Central, donde Estados Unidos poseía la base de
Manas, de importancia crucial para las operaciones de la OTAN en
Afganistán. Durante una visita a Moscú en febrero, el presidente de
Kirguizistán, Kurmanbek Bakiev, pidió a Estados Unidos que se retirara.
Minutos antes, había obtenido la condonación de una deuda, un préstamo
ruso de 2000 millones de dólares, una ayuda de US$ 150 millones e
inversiones energéticas.
El 19 de febrero, el Parlamento kirguiz, dominado por los partidarios de
Bakiev, aprobó el cierre de la base. Estados Unidos tendrá 180 días para
retirarse, una vez que sea informado oficialmente por vía diplomática.
Bakiev justificó su decisión por la negativa estadounidense de pagar un
mayor alquiler por la base y su aeropuerto. Pero ese episodio significó
una clara victoria para Rusia.
Una fuerza rápida
A comienzos de febrero, los líderes de Rusia, Armenia, Belarús y las
cuatro repúblicas de Asia Central (Kirguizistán, Tadjikistán, Kazakhstán
y Uzbekistán) acordaron en Moscú la creación de una "fuerza rápida de
intervención" bajo comando unificado de Moscú. Esa fuerza, de 10.000
hombres, en su mayoría paracaidistas rusos, será desplegada en la base
de Manas tras el retiro de Estados Unidos. Con ese contingente, Moscú
quiere reforzar la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva
(OTSC), alianza militar de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).
Naturalmente es Rusia quien decide en la CEI, integrada por la mayoría
de las ex repúblicas soviéticas.
Casi moribunda desde su nacimiento en 1992, la OTSC era apenas un foro
de consulta militar entre los aliados de la ex URSS. Recientemente, bajo
el impulso de Moscú, fue reactivada para rivalizar con la OTAN.
Según los expertos, el cierre de la base será utilizado por el Kremlin
como elemento de presión en sus negociaciones con Obama y la OTAN.
Furiosa por la eventual adhesión de Georgia y Ucrania a la alianza
atlántica e indignada por el proyecto de despliegue de un escudo
antimisiles norteamericano en Europa Central, Rusia pretende obligar a
Washington a dar marcha atrás en ambos casos. Moscú también quiere
instalar nuevas bases en Osetia del Sur y Abjasia, las dos provincias
georgianas que anexó durante la guerra de 2008.
Belarús fue, en realidad, el primer país que se benefició con la
supuesta generosidad de Moscú, que acaba de desbloquear el segundo tramo
de un préstamo de 2000 millones de dólares. A cambio del préstamo de
Moscú, el presidente Alexandre Lukaschenko tuvo que aceptar la fusión de
la defensa antiaérea de su país con la de Rusia. Ese proyecto prevé la
presencia de un alto oficial ruso en el comando de las fuerzas armadas
bielorrusas.
En el encuentro de febrero con Medvedev, Lukaschenko y los presidentes
de Kirguizistán, Tadjikistán y de Kazakhstán decidieron crear un fondo
común de 10.000 millones de dólares. Sin sorpresa, Rusia asumió las tres
cuartas partes de ese esfuerzo.
Pero la "guerra fría subterránea" comenzó, en realidad, tras la llegada
al poder de Vladimir Putin, en 2000.
Decidido a devolver a su país el poderío de la era soviética, el líder
del Kremlin selló en 2001 una alianza con China, su rival histórico.
Junto a las cuatro repúblicas ex soviéticas crearon la Organización de
Cooperación de Shanghai (OCS), un mecanismo de coordinación geopolítica
euroasiática que también tiene un importante componente militar. Su
principal objetivo consiste en controlar no sólo a las fuerzas del
terrorismo islámico, sino también a Estados Unidos y a la OTAN. Desde
entonces, se ha transformado en una importante fuerza regional que
consiguió atraer, incluso, la atención de naciones como Afganistán y
Nueva Zelanda, histórico aliado de Estados Unidos.
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