[R-P] [A. Boron] Fidel y el veredicto de la historia.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Mar 17 09:23:04 MDT 2009
[Una opinión de Fidel sobre Argentina: "Hablamos un poco sobre la
Argentina y me dijo que le había sorprendido gratamente la fortaleza y
la convicción que demostró la presidenta Cristina Fernández y sus
ganas de luchar, pero estaba preocupado por las secuelas del conflicto
que el año pasado enfrentó al Gobierno con los sectores del campo."
Y pensar que gran parte de la "izquierda" pro-cubana de la Argentina
está en contra del gobierno de Cristina...]
Fidel y el veredicto de la historia
Por Atilio A. Boron
Fidel está canalizando todas sus energías hacia la estratégica
“batalla de ideas”, condición necesaria para la construcción de una
alternativa poscapitalista y no sólo posneoliberal, como ansían
algunos antiguos izquierdistas desilusionados. En la medida en que
subsista el capitalismo como modo de producción, su naturaleza
explotativa, opresiva y predatoria se manifestará en todas sus
expresiones históricas, desde el laissez faire de comienzos del siglo
XX hasta el neoliberalismo de finales del mismo siglo, pasando por el
keynesianismo y el desarrollismo. La preocupación del Comandante por
releer a Gramsci y los clásicos de la teoría marxista se acompaña por
un renovado interés en la obra de Darwin y el estudio del impacto de
la nanotecnología sobre los procesos productivos y, por lo tanto,
sobre los bienes y servicios a los que podría acceder la población.
Fidel sabe que las nuevas tecnologías de comunicación e información
son un poderoso instrumento de dominación ideológica pero,
dialécticamente, también pueden ser un arma formidable para
concientizar a la población y facilitar la diseminación del
pensamiento crítico, como se hace desde los diversos cursos que
ofrecemos en el PLED. Pero su inquietud no se queda allí: lee también
sobre el cambio climático, la crisis económica, los procesos políticos
y los temas candentes de la realidad internacional. La lista sería
interminable.
Si bien su recuperación física y el moderado aumento de peso han
desdibujado en algo su figura quijotesca del pasado, su intelecto y su
corazón siguen siendo fieles a la noble tradición del Quijote y su
pasión por enderezar entuertos es tan intensa como antes. Es ese
espíritu el que lo llevó a tomar por asalto el Moncada y tiempo
después, con Raúl y el Che, a iniciar la epopeya de Sierra Maestra.
Tal como lo había pronosticado en su célebre alegato ante los jueces
del Moncada, la historia lo absolvió, ¡y cómo! También le otorgó la
razón cuando en 1985 demostró matemáticamente la imposibilidad de
pagar la deuda externa, contrariando las opiniones de sedicentes
“expertos” que elaboraban ingeniosos artificios para demostrar lo
contrario. Cuando se derrumbó la Unión Soviética y se vino abajo el
(falso) socialismo de Europa Oriental fueron muchos los que le
aconsejaron que reconciliara a Cuba con las nuevas realidades de la
globalización, arriando las supuestamente raídas banderas del
socialismo. El guerrero se negó y contrariando la opinión y los
pronósticos de propios y ajenos aguantó el temporal y proclamó a los
cuatro vientos que, aunque la Unión Soviética se hundiera, el frágil
navío de la Cuba revolucionaria resistiría la tormenta y llegaría a
buen puerto. Una vez más, la historia le concedió la razón.
También le había sonreído en 1992, en la Cumbre de la Tierra,
celebrada en Río de Janeiro, cuando denunció en los siete minutos
exactos que cada participante tenía asignado la catástrofe ambiental y
climática que se avecinaba. Su intervención fue fulminada como
apocalíptica y meramente ideológica por muchos de los que el
pensamiento convencional identificaba como “realistas” y “expertos.”
¿Quién se acuerda ahora de aquellos enanos? ¿Y qué decir de los
gobernantes allí presentes –Menem, Fujimori y otros de su misma ralea–
que hicieron oídos sordos ante el discurso de Fidel y que con su
criminal indiferencia agravaron el problema? La historia volvió a
fallar a su favor cuando, en 1998, convocó a los economistas a
discutir la crisis en gestación, en momentos en que el saber oficial
aseguraba que no había –y que no habría– crisis sino, a lo sumo, una
transitoria desaceleración del crecimiento económico. Una década más
tarde los porfiados hechos demostraban una vez más que la razón estaba
con Fidel.
Este fue el hombre que me honró con su invitación a discutir algunos
aspectos de mi ponencia. Le interesó sobre todo el concepto de
“burguesía imperial”, concebido para caracterizar el entrelazamiento
producido entre las clases dominantes de las principales metrópolis
capitalistas y la forma en que unificaron su estrategia de dominación
global. Sus integrantes se dan cita anualmente en Davos para coordinar
su estrategia a escala mundial, pasar revista a sus efectivos,
armonizar sus discursos y políticas y potenciar su influencia política
e ideológica a nivel internacional, para lo cual invitan a
gobernantes, “expertos” y comunicadores sociales para transmitir la
buena nueva. Me pidió detalles, ejemplos, razones por las cuales
utilizo ese concepto. Se quejó de su falta de tiempo: no pudo recibir
a varios presidentes, y a los que atendió no pudo dedicarles el tiempo
que hubiera deseado.
Hablamos un poco sobre la Argentina y me dijo que le había sorprendido
gratamente la fortaleza y la convicción que demostró la presidenta
Cristina Fernández y sus ganas de luchar, pero estaba preocupado por
las secuelas del conflicto que el año pasado enfrentó al Gobierno con
los sectores del campo. Al examinar el panorama sociopolítico
latinoamericano expresó su preocupación porque el péndulo ideológico,
que en la última década se había movido hacia la izquierda –si bien
con diferente amplitud según los países– pudiera detener su marcha o,
peor, iniciar una reversión amenazando la estabilidad o la continuidad
de los gobiernos progresistas de la región. Sabe que el imperialismo
está al acecho para “corregir el rumbo” de su patio trasero. Lo conoce
al detalle y puede decir, como Martí, que “le conozco las entrañas y
mi honda es la de David”. Con esa honda tuvo a raya al Goliat
americano durante 50 años y terminó por aislarlo: en octubre del 2008
de los 192 países miembros de las Naciones Unidas 185 votaron a favor
de una resolución que exigía poner fin al bloqueo contra Cuba. Sólo
dos acompañaron al imperio: Israel, la megabase militar estadounidense
en Medio Oriente, y Palau, una islita perdida en el Pacífico poblada
por 21.000 personas y utilizada como campo de pruebas de la cohetería
de la armada norteamericana. Otros dos, las islas Marshall (63.000
habitantes) y Micronesia (107.000) consideraron demasiado tamaña
ignominia y se abstuvieron. Pero este mensaje de la comunidad
universal es desoído por la Casa Blanca y sus mandantes: el complejo
militar-industrial. Estos quieren aprovechar la crisis para volver a
“disciplinar” a la región y acabar con la primavera izquierdista. La
sucesión del gobierno de la Concertación en Chile parece
inexorablemente destinada a reinstalar a un personaje de la derecha en
la Moneda, bien sea el oficialista Eduardo Frei o el opositor
Sebastián Piñera. Y las previsiones no son mucho más alentadoras para
Argentina, Brasil y Uruguay. La crisis económica podría ser el
disparador de esa recomposición derechista y esa amenaza no puede ser
tomada a la ligera. Si esto se produjera, el aislamiento de Venezuela,
Bolivia y Ecuador podría agravarse, poniendo en riesgo la viabilidad
política y económica de los proyectos transformadores actualmente en
curso con negativas consecuencias para Cuba. También me hizo saber de
su inquietud por el acoso a que está siendo sometido el gobierno de
Fernando Lugo en Paraguay, y la necesidad de que Argentina y Brasil
adopten una postura solidaria y generosa en relación con las dos
grandes represas de Yacyretá e Itaipú, cuya propiedad comparten con el
Paraguay.
Había transcurrido una hora y cuarenta minutos de conversación y era
preciso poner fin a este diálogo. Le pregunté si no sería posible que
alguien nos sacara una foto porque de lo contrario no serían pocos los
que me considerarían un impostor. Fidel accedió de buen grado a mi
pedido quejándose burlonamente de que todos le dicen lo mismo y lo
obligan a retratarse. Entonces se volvió hacia uno de sus
colaboradores y dijo: “A ver. Traigan un espejo”. Se lo traen, se mira
y dice: “Humm, ¡se ve bien!”, y es cierto. Estimulado por su buen
humor aprovecho para felicitarlo por su recuperación y decirle que lo
veo muy bien, con un aspecto tan bueno como el que lucía Ingrid
Betancourt cuando se produjo su misteriosa liberación por el ejército
colombiano. Una estruendosa carcajada selló la humorada. Nos
preparamos para la foto y allí, transportado por el clima relajado, me
atreví a decirle que con el logo de Adidas del uniforme de los atletas
cubanos sus detractores ahora lo criticarían por hacerle publicidad a
una transnacional. Nueva carcajada y, rápido como un rayo, y con su
dedo índice repetidamente hundiéndose en mi pecho me dijo, masticando
cada sílaba, “es-que-yo-soy-una-víctima-de-tu-burguesía-imperial”.
Nuevas risotadas, foto, y un fuerte abrazo de despedida que permite
comprobar el buen tono muscular de su físico y, con alivio, que
tenemos Comandante para rato.
Permalink:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-121654-2009-03-17.html
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular