[R-P] "Discurso hegemónico, objetividad y ética."
Prensa
cecilialista en yahoo.com.ar
Lun Mar 9 11:26:53 MDT 2009
Posteado en el blog "Derek dice".
http://derekdice.blogspot.com/2009/03/sobre-el-discurso-hegemonico.html
En el marco del Tercer Congreso de Periodistas de Chiapas y México,
organizado por el Frente de Periodistas de Chiapas, en la Ciudad de Tuxtla
Gutiérrez, Chiapas, nuestro compañero Ariel Magirena - miembro de la
Comision de Medios de Carta Abierta- ofreció su ponencia "Discurso
hegemónico, objetividad y ética."
El texto es tan bueno que le dieron un premio y yo estoy tan contento que lo
publico para el consumo masivo.
Que lo disfruten.
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Nunca como hoy la relación entre medios de comunicación y poder había
respondido con este nivel implacable de dialéctica al punto de romper los
paradigmas fundamentales del periodismo. Ante la abundante literatura
acreditada existente, vamos a saltearnos el análisis de cómo llegó el
capitalismo en su fase más perversa, el neoliberalismo, a instalarse como
discurso hegemónico y a diseñar ideológicamente la estructura actual de la
propiedad –la concentración- de los medios de comunicación de masas, para
intentar abordar la problemática del ejercicio del periodismo, que hoy
entraña, como nunca, la pertenencia de clase de los trabajadores de prensa.
Probablemente esta conciencia sea uno de los escollos más visibles al
momento de pensar y discutir los aspectos de incumbencia social como los de
organización y lucha gremial en el ejercicio de nuestra profesión.
Convertida la información en mercancía y los medios en escaparates el actual
modelo informativo no necesita periodistas más que vendedores. Así el modelo
del, o la, periodista exitosos es el de mayor exposición, investido de un
poder que aquilata sus capacidades de seducción y de persuasión. Un modelo
individualista y superficial que forma “estrellas” que están por encima de
la sociedad y de las relaciones de clase. Un modelo que es doblemente
mentiroso al sugerir a sus estrellas periodísticas que son más importantes
que la mercancía que venden, ocultándoles que ellos mismos son una
mercancía. Un modelo que también vende vendedores.
Sabemos que la palabra expresa el pensamiento, por lo que también influye en
el pensamiento. La desaparición de categorías en el relato social,
cuidadosamente secuestradas en la guerra semiológica, implica la clausura de
conceptos que describen la lucha de clases con la intención de que lo que no
se describe no exista. Así en la argentina, laboratorio de preferencia del
pensamiento colonial, el discurso hegemónico virtualmente suprimió de la lex
política la denominación del “pueblo”, eje, protagonista y sentido de la
lucha social, por el lavado apelativo a la “gente”, categoría preferida por
la inmensa y reaccionaria clase media que entiende así excluyentemente a sus
pares.
Del mismo modo se inaugura la universalización de categorías como regalo a
las oligarquías o las nuevas burguesías, como está ocurriendo respecto del
conflicto de intereses desatado por los terratenientes en relación con la
renta extraordinaria de las exportaciones agrícolas, a quienes,
graciosamente, la prensa liberal califica de “campo”, pese a que representan
el tercio de los propietarios y el 5% de la capacidad productiva (medida en
fuentes de trabajo). Así también, sólo como ejemplo, los residentes de los
barrios más carenciados son “habitantes” u “ocupantes” en oposición abierta
a “ciudadanos”, o los niños en delito no son sino “menores”, hoy bandera de
la campaña sobre la “inseguridad”.
Casi está de más decir que esta clausura de categorías impone también la
agenda periodística y habilita el “relato” de la realidad que, por cierto,
está embebido de la estructura ficcional que funde y confunde la información
con el show. Pese a que el análisis científico de los medios revela la
grosería con la que se aplican los mecanismos de manipulación el sistema
cuenta con que la prensa está formada con su modelo discursivo y su
perspectiva. De tal manera que no necesita que cada redacción tenga en sus
mesas “cuadros” ideológicos que marquen el sentido editorial o actúen como
policías del pensamiento. Si no posee pensamiento crítico, el periodista
liberal reproduce “naturalmente” el discurso y la perspectiva dominantes.
Los medios degradan, corrompen y sustituyen el sentido común mientras
encorseta a los periodistas y comunicadores en paradigmas vetustos pero que
le son favorables. El primero es uno de los mitos mejor instalados y
convertido en valor y prejuicio: la objetividad. Los medios de masas no
necesitan ser objetivos sino simplemente declararse así, del mismo modo que
se titulan “independientes”, y replican a los medios, y periodistas
efectivamente independientes, exigiéndoles “objetividad” en un escenario en
cuya composición sólo aparecen los elementos por ellos seleccionados.
La reivindicación de la objetividad periodística busca anular al periodista
y al comunicador como “sujeto” para tenerlo como “objeto”, como herramienta.
De hecho la objetividad es el atributo de los objetos; la de los sujetos, la
subjetividad. Es aquí donde se impone declarar un frente de batalla en la
guerra semiológica: el periodista no será objetivo sino, veraz, profundo,
responsable y contextual, todos ellos valores éticos fundamentales y
excluyentes.
Pero qué pasa con los comunicadores que no son periodistas? Para desgracia
del modelo liberal no están formados en sus claustros ni en sus empresas y,
aunque no dominen las técnicas ni la teoría de la comunicación de masas, son
la voz emergente de un contexto social definido, aún cuando innominado. Y
representan, probablemente, la trinchera de la verdadera
contra –comunicación frente al discurso único reproducido en cadena mundial.
Los medios de producción alternativa, como de propiedad alternativa son, sin
necesidad de tener un discurso único, los verdaderos representantes del
valor de la comunicación: la diversidad. De voces, de pensamientos, de
ideas, de culturas, de estilos, de estéticas, de sujetos sociales.
La Argentina se prepara para discutir una nueva ley de servicios
audiovisuales que reemplace a la ley de radiodifusión impuesta por la
dictadura más sangrienta de su historia. Significará el saldo de una
larguísima deuda que tiene la democracia cuyos antecedentes democráticos más
cercanos se encuentran en el gobierno peronista de la mitad del siglo
pasado: el estatuto del periodista, de 1946 y el derecho popular a la
comunicación y la información que formaban parte de la constitución
revolucionaria de 1949, que debieron ser incorporados, junto con otros
derechos, por la presión popular, en la constitución que impuso la dictadura
de 1955 y sobrevivieron hasta la que rige hoy desde 1994.
Con una concentración inédita de la propiedad de los medios, convertidos,
como calificara Nicolás Casullo, en el partido de la derecha de mi país, por
primera vez se discutirá el fin de los monopolios y el derecho de las
organizaciones sociales, comunitarias y el Estado, de ocupar equitativamente
el espectro. Un desafío que es una ofrenda para una democracia de contenidos
y una responsabilidad para los periodistas que reconozcan su rol social, su
pertenencia de clase (trabajadora), y su categoría política: pueblo. Pero
fundamentalmente un paso gigante en la disputa continental contra el
pensamiento colonial.
Ariel Magirena.
http://derekdice.blogspot.com/2009/03/sobre-el-discurso-hegemonico.html
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