[R-P] [Raúl Dellatorre] Chirridos en la Mesa

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Mar 9 09:03:19 MDT 2009


EL ACUERDO CAMBIO LAS PERSPECTIVAS DE LLAMBIAS, BIOLCATI Y BUZZI.

Chirridos en la mesa
Las expectativas con las que llegarán las entidades a la reunión del
martes no son las mismas. Necesidades de pequeños productores y
especulaciones electorales.
Por Raúl Dellatorre

La reunión reservada que, en la noche del viernes, mantuvieron la
presidenta de la Nación y la ministra de la Producción, justo después
del acto homenaje al Día de la Mujer en la Casa Rosada, podría
convertirse en un hito en la resolución del prolongado –y por momentos
incomprensible–- conflicto agrario. Allí se definió el anuncio que
Cristina Fernández de Kirchner haría horas después frente a miles de
mendocinos, respecto de la rebaja en un 50 por ciento a las
exportaciones vitivinícolas. Para satisfacción de los bodegueros, pero
también para toda una provincia que tiene a la actividad como columna
vertebral de su economía, el Gobierno empezó a cumplir con la
expectativa que generó el acuerdo con la Mesa de Enlace de atender,
entre otros puntos, a las economías regionales y a su proyección
exportadora. Justo cuando el bloque más duro de los confederados se
reúne en torno del megaevento de negocios Expoagro para fotografiarse
con los exponentes de la “nueva” derecha –Solá, Macri, De Narváez–, la
línea de definiciones que empieza a recorrer el Gobierno podría
dividir aguas: los defensores de la concentración de negocios y
propiedades en el campo, con la soja como bandera, y los que siguen
defendiendo una agricultura de agricultores, con familias productoras
y cultivos más relacionados con las necesidades alimentarias. Dentro y
entre las entidades, ya se vive esta tensión, con clima de ruptura.

La Mesa de Enlace no salió indemne de los tropiezos y torpezas que
cometió en el verano. Primero, fueron las negociaciones secretas de
Hugo Biolcati con Julio De Vido. Después fue la solicitada, publicada
el sábado último, repudiando la “estatización” del comercio exterior,
término con el que los lobbistas del negocio de los granos intentaron
demonizar toda forma de intervención oficial en su área. El tercer
hecho “desgraciado” fue la ocurrencia de Alfredo De Angeli de ocupar
un banco en defensa de un puñado de deudores. Cada uno de estos hechos
dejó su lastre, sobre todo después de una semana en la que el Gobierno
logró alcanzar un acuerdo con las entidades en torno de rubros
fundamentales: leche, carnes y trigo.

El acuerdo no tuvo una lectura única dentro de la Mesa de Enlace.
Mientras unos consideraron que, por fin, se lograba dar un paso
adelante en firme, otros no disimulaban su desencanto por no haber
terminado con el Gobierno de rodillas. El disgusto de Mario Llambías,
al anunciar el acuerdo en conferencia de prensa, era elocuente.
Biolcati dejó rápidamente el escenario del acuerdo para posar para
otro cuarteto, el que componen los referentes de la derecha
conservadora. Uno y otro empiezan a ver que el juego de desgaste al
Gobierno que intentaron durante un año desde el frente rural ahora
quizás deba pasar al terreno político partidario de las alianzas de
oposición.

En realidad, este cambio de táctica no es distinto de lo que los
líderes de Confederaciones Rurales Argentinas y de la Sociedad Rural
deben haber imaginado desde un principio, aunque quizás esperaban
llevarse algún rédito mayor que haber quebrado al bloque oficialista
con unos cuantos pases “cantados”: Carlos Reutemann, Felipe Solá, Juan
Carlos Romero y hasta Roberto Urquía (aceitero exportador, titular de
AGD) estaban desde el vamos en el conteo como potenciales opositores,
cuando de la defensa de intereses se tratara.

La situación de Eduardo Buzzi, presidente de Federación Agraria, es
diferente. A lo largo del conflicto, se había convertido en el vocero
de la protesta y de la propia Mesa de Enlace, pero la última fue una
semana, por demás, movida. El lunes recibió a una delegación de
directores de todo el país, que le cuestionaron la desafortunada firma
estampada en la solicitada que repudiaba la “estatización”, junto a
acopiadores, corredores de cereales y dueños de puertos privados,
entre otros. En esa reunión se planteó que ir junto a la Sociedad
Rural y la CRA en la pelea, sumando los reclamos de pequeños
productores y grandes propietarios de tierras, había sido una decisión
táctica y respondiendo a una particular coyuntura, pero ello no podía
de ninguna manera comprometer la postura histórica de FAA, y menos
dejarla pegada a la filosofía antiestatal y conservadora de la
Sociedad Rural y la CRA. Ese día, la víspera de la reunión en la que
se sellaría el primer acuerdo de la Mesa con el Gobierno, se definió
que Federación Agraria mantendría bien altas las banderas de los
productores familiares, en particular de las economías regionales, que
no iba a rifar la probabilidad de obtener beneficios hacia éstos
detrás de una disputa centrada en la eliminación de las retenciones a
la soja.

Entre ese puñado de dirigentes del interior no estaba De Angeli. El
día siguiente, el martes, se obtuvo un acuerdo parcial pero
satisfactorio con el Gobierno. Todavía faltaba discutir la
implementación de medidas clave, como los beneficios para las
economías regionales, pero quedaba como promesa para el próximo
encuentro, del martes siguiente. Cuando, desde Gualeguaychú, De Angeli
cuestionó el acuerdo señalando que si él hubiera estado no habría
firmado, la reacción de Buzzi fue visceral, aunque a partir de una
acumulación de sensaciones y experiencias a lo largo de un año largo e
intensivo de lucha. “Me tiene un poco hinchado las bolas”, dijo
públicamente. Las primeras repercusiones, con una enorme difusión
pública del hecho, fueron primero preocupación en el entorno más
íntimo del dirigente santafesino. Pero después empezaron a llegar las
felicitaciones de varios de los mismos dirigentes que lo habían
emplazado el lunes: era necesario “marcarle la cancha” al entrerriano,
muy proclive a la inorganicidad y últimamente muy funcional al juego
que, en relación con la Mesa de Enlace y con los vínculos con el
bloque opositor conservador, viene desarrollando Carbap, principal
organización regional de CRA. El renovado mandato para Buzzi fue
prepararse, para el próximo capítulo de la negociación, para presionar
y obtener resultados concretos para viñateros de Mendoza, productores
de girasol de Chaco, productores frutihortícolas de San Juan y de
otros cultivos regionales de Salta, Jujuy y demás regiones impactadas
por mercados en baja y costos en alza. Sin importar lo que hagan las
otras entidades.

Buzzi empieza a dejar el traje de “talibán de la soja” que tuvo
calzado durante demasiados meses. Ya no enarbolará la consigna de
“eliminar las retenciones a la soja”, que tardíamente recogió el
gobernador de su misma provincia, Hermes Binner. En Federación Agraria
no ignoran que buena parte de sus asociados se beneficiaron con el
cultivo de la mágica oleaginosa, pero volverán sobre un argumento que
intentaron esgrimir el año pasado sin despertar el mínimo entusiasmo
entre sus aliados de la Mesa: la segmentación de las retenciones, con
tasas crecientes en proporción al volumen de producción por
agricultor.

Pero el eje estará puesto en las economías regionales. Por eso la
importancia del anuncio de ayer de la Presidenta: si se suceden los
anuncios de rebajas de las retenciones a los cultivos regionales, como
ayer se hizo con la vitivinicultura, los rostros adustos de
agricultores de afuera de la Pampa Húmeda podrán mutar, si no a
sonrisas, por lo menos a gestos de alivio. Los intereses entre quienes
utilizan el conflicto agrario como puntal de la campaña anti K y los
que viven de “su” trabajo en el campo pueden, en ese punto, dejar de
ser compatibles. Los chirridos de la Mesa podrían convertirse en
quiebre.


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Néstor Gorojovsky
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