[R-P] SOBRE EVA Y LA CREACIÓN
Prensa Schiavoni
prensaschiavoni en arnet.com.ar
Dom Mar 8 16:14:48 MDT 2009
Es muy verosímil la versión de María Solá en el sentido de que la parábola
del "árbol del bien y del mal" del paraíso original haya estado en realidad
referida el "árbol del conocimiento", muy vinculado a la economía y a los
primitivos modos de producción (fundamentalmente colecta, almacenamiento y
administración de los frutos silvestres), y que Eva se los haya enseñado a
Adán.
El teólogo alemán Karl Rahner, que también estuvo interdicto por la Iglesia
Católica casi una década, sostiene que lo del árbol, Eva y el pecado
original constituyen otra alegoría bíblica, por la que se procura demonizar
a Eva y a la sexualidad. Rahner descubrió que la frase del Génesis, que
habría pronunciado Dios (antes de crear a la mujer de la costilla del
hombre), en el sentido de que "no es bueno que el hombre esté sólo", no
existía originalmente en la versión de la Biblia en arameo, sino que fue
introducida mucho después, cuando se advirtió la necesidad de explicar el
"bache" del sexo y la reproducción en la historia bíbliba de la creación.
En ese sentido Eva es el sinónimo del "pecado carnal", que habría obligado a
Dios a echarlos a Adán y a ella del paraíso "porque habían comido la
manzana, el fruto prohibido". Pero, claro, la lógica obligaba a aceptar el
coito como mecanismo natural de reproducción. Hacerlo era necesario pero no
dejaba de constituir un acto pecaminoso.
Otro teólogo (francés), el padre Yves Congar, explica cómo toda la Teología
Dogmática está teñida de esta concepción pecaminosa del sexo y del rol
diabólico de la mujer, como instigadora del mal. Recién en la constitución
"Sobre la familia", del Concilio Vaticano II, publicada en 1963, se admite
que si bien la sexualidad está -de acuerdo al derecho natural- orientada por
Dios exclusivamente a la procreación, "todo lo que hagan los esposos durante
el acto sexual de plena conformidad" es lícito, con lo que se abre una
puerta generosa a la teoría del placer y a lo que el mismo Congar llama "el
diálogo de almas y cuerpos".
Pero vencer esta atroz y atrabiliaria deformación de "lo natural", le llevó
a Congar diez años de lucha contra la jerarquía y los "doctores" del
Vaticano, y al igual que Rahner y Chardin debió sufrir por ello persecusión,
escarnio y graves castigos canónicos.
¡Cómo sería de brutal y represiva esta "teología" que en algunos textos
para-catequísticos, se obligaba a los esposos a tener relaciones sexuales
con fines exclusivamente reproductivos (la desnudez era considerada un
pecado grave propio de la "libidine", que en el latín tológico no aludía a
la "libido" tal como la conceptuamos ahora, sino a una tendencia malsana en
busca del placer sexual). En esos textos se menciona expresamente, en una
forma por demás burda e inhumana, que los esposos sólo podían tener contacto
sexual a través de unos orificios que a tal efecto debían practicarse en las
túnicas de dormir en la zona genital.
Estas y otras barbaridades no son sólo de la más remota antigüedad. Están
también en el Nuevo Testamento. En la Carta de Pablo a los Filipenses, se le
hace decir "más le valiera al hombre no conocer mujer", en obvia defensa de
la castidad y el estado célibe, y en contra de la sexualidad.
Recién hacia mediados de la centuria pasada surgiría la teología del
"humanismo cristiano", cuyos máximos inspiradores fueron los conversos Leon
Bloy y el padre Jacques Maritain, donde se avanzó muchísimo en poner estas
cosas en su sitio. Otros sacerdotes que desmitificaron esas horrorosas y
retardatarias concepciones de la condición humana, en libros de amplíisima
difusión, fueron Louis Evely y Michel Quoist. Los más conocidos son
"Espiritualidad de los laicos" del primero, y "Amar, diario de Daniel" y
"Dar, diario de Ana", del segundo.
Pero estas retrógradas concepciones basadas supuestamente en la Biblia
subyacen larvadas en toda la clerecía preconciliar y ultraconservadora y en
el seno más hondo de la Iglesia. ¡Cómo será de cierto que todavía están
expresamente prohibidos -no recuerdo exacatamente ahora el número del canon-
los métodos artificiales de contracepción, desde el humilde preservativo
hasta las píldoras anticonceptivas!Denunciarlas como antihumanas y
anticristianas es una obligación de todos los cristianos, sean laicos o
clérigos, dentro de lo que ha dado en llamarse, desde Pablo Sexto en
adelante, "la nueva evangelización".
¡Saludos afectuosos! M.
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