[R-P] (Orlando Barone) Los bravucones no braman, berrean

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Jue Mar 5 08:37:58 MST 2009


Los bravucones no braman, berrean

Cuando un bravucón le dice a otro bravucón que es un bravucón, uno de
los dos es más bravucón que el otro. El dilema del bravucón es llegar a
bravo de veras.
Todos saben qué es un bravucón: un patotero espontáneo, o un
"espamentoso" vocacional, que de bravo solo tiene la apariencia. Al
público le atraen los bravucones porque son conventilleros que amenizan
la política mediática. Si además se "hinchan las pelotas" con un simil o
un aliado, es porque los dos bravucones compiten. Uno de los dos quiere
ser el verdadero y a lo mejor los dos terminan siendo falsos. El
problema de las pelotas no es que se las hinchen entre ellos sino que
nos las hinchen a nosotros.
El bravucón milita casi siempre- aunque no siempre- en algún bando que
reclama algo justo o injusto pero que presume que debe conseguirlo
egoístamente, no importa si detrás otro más necesitado se queda haciendo
señas. Su papel es proferir bravatas para infundir hipotéticamente miedo
a alguien o a "algo" más poderoso. Como el contexto se alborota
consiguen más sponsors que Expoagro o que esos programas de cable donde
el campo es el planeta tierra a cuyo alrededor gira todo el Universo.
Bravucones no faltan nunca, ni en ninguna época. Hay un interesante
surtido de modelos contemporáneos.
Entre ellos algunos como Castells que fueron los que más se lucieron en
la postcrisis, y que ahora por la nueva estrategia del juego están
apartados o en la cola de desempleo.
La mayoría de los bravucones son de molde convencional y de diseño
tosco. Algunas son mujeres caucásicas como la señora Cecilia de Pando.
Los morochos como D´Elía son los más sospechosos, pero paradójicamente
los de más contenido. Aunque él no pasa el filtro del vecino porque lo
complica el envase. Al contrario, Alfredo De Angeli tiene el packaging
apropiado. Su perfil psicofísico se acerca más al que le exigen las
clases medias prósperas republicanas, que apenas el fiscal les sella la
libreta, están arrepentidas de haber emitido un voto contra natura. De
Angeli es o fue- el tiempo de verbo es cambiante- el bravucón que hizo
reales las fantasías caceroleras y gritonas. Gran parte de la clase
media se cautivó con sus bravatas asignándole a él su amor a la patria y
no al negocio. Mis buenos colegas, los grandes, los más caros e
independientes, sacaban palco para verlo y victorearlo. Pero hoy
empiezan a buscarle un sustituto. Horacio Verbitsky lo bautizó "el
energúmeno de Gualeguaychú". Energúmeno quiere decir persona poseída por
el demonio. Es injusto. El demonio no se lo merece; la ciudad de
Gualeguaychú tampoco. 


	

	
		
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