[R-P] [C.Rakovski] Los peligros profesionales del poder (2)
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Mar 4 08:34:39 MST 2009
V
Pero, el poder, tanto en el Partido como en la clase obrera, opera
diferenciaciones sociales semejantes a las que separan a las diversas
capas de la sociedad.
La burocracia de los Soviets y del Partido constituye, de hecho, un
nuevo orden. No se trata de casos aislados, de desfallecimientos en la
conducta de un camarada, sino más bien de una nueva categoría social,
a la que debería consagrársele un estudio específico. A propósito del
Proyecto de Programas de la Internacional Comunista, yo escribía a
León Davidovich (Trotsky) entre otras cosas:
"En lo que concierne al capítulo 4º (el período transitorio). La
manera con que ha sido formulado el papel de los partidos comunistas
en tal período de la dictadura del proletariado es bastante débil. Sin
la menor duda, esta manera vaga de hablar del papel del Partido hacia
la clase obrera y el Estado no es un efecto del azar. La antítesis
existente entre la democracia burguesa y la democracia obrera está
claramente indicada; pero no se dice una sola palabra para explicar lo
que el Partido debe hacer para realizar, concretamente, está
democracia proletaria. 'Atraer las masas y hacerlas participar en la
construcción', reeducar su propia naturaleza (Bujarín se complacía en
desarrollar este último punto, entre otros, más especialmente en
ligazón con la revolución cultural); son afirmaciones verdaderas desde
el punto de vista de la historia y conocidas desde hace mucho tiempo;
pero se reducen a simplezas si no introducimos la experiencia
acumulada en el curso de los diez años de dictadura del proletariado.
"Es aquí que se plantea el problema de los métodos de dirección, que
juegan un rol tan importante.
"Pero nuestros dirigentes no sienten agrado en hablar del asunto; bajo
el temor de que resulte evidente que ellos mismos están lejos aún de
haber 'reeducado' su propia naturaleza".
Si yo fuera el encargado de escribir un proyecto del programa de la
Internacional Comunista, habría consagrado buen lugar, en este
capítulo, a la teoría de Lenin sobre el Estado durante la dictadura
del proletariado y el rol del Partido y su dirección en la creación de
una democracia proletaria, tal como debería ser, y no de una
burocracia de los Soviets y del Partido como la que existe
actualmente.
El camarada Preobrayenski ha prometido consagrar un capítulo especial
en su libro Las conquistas de la dictadura del proletariado en el año
II de la Revolución a la burocracia soviética. Espero que él no
olvidará el papel de la burocracia del Partido, que es mucho mayor en
el Estado soviético que el de su hermana, la burocracia de los
Soviets. He expresado la esperanza de que él estudiaría este fenómeno
sociológico específico, bajo todos sus aspectos. No hay un folleto
comunista que, relatando la traición de la socialdemocracia alemana
del 4 de agosto de 1914, no indique al mismo tiempo el papel fatal que
las cumbres burocráticas del Partido y de los sindicatos jugaron en la
historia de la caída de ese Partido. Por su parte, muy poco ha sido
dicho, y esto en términos muy generales, sobre la función desempeñada
por nuestra burocracia de los Soviets y el Partido, en la disgregación
del Partido y del Estado Soviético. Es un fenómeno sociólogico de la
máxima importancia que no puede, sin embargo, ser comprendido y
profundizado en toda su gravedad si no examinamos las consecuencias
que ha tenido el cambio de la ideología del partido de la clase
obrera.
VI
¿Usted pregunta qué ha sido del espíritu de actividad revolucionaria
del Partido y de nuestro proletariado? ¿A dónde ha ido a parar su
iniciativa revolucionaria? ¿Dónde están sus intereses ideológicos, su
valor revolucionario, su orgullo proletario? ¿Está usted sorprendido
de que haya tanta apatía, tanta mezquindad, pusilanimidad, arribismo y
otras muchas cosas que podría añadir yo mismo?¿Qué ha ocurrido para
que gente que tiene un pasado revolucionario estimable, cuya
honestidad personal no arroja ninguna duda y que ha dado pruebas de su
devoción a la Revolución en más de un caso, se encuentren convertidos
en lastimosos burócratas? ¿De dónde viene esta horrible
Smerkiakovstchina (2) de la cual habló Trotsky en su carta sobre las
declaraciones de Antonov-Ovseenko?
Pero si se puede esperar cualquier cosa de aquellos procedentes de la
burguesía y de la pequeña burguesía, intelectuales, "individuos" en
general, desde el punto de vista de las ideas y de la moralidad, ¿cómo
explicar el mismo fenómeno cuando se trata de la clase obrera? Muchos
camaradas, han observado esa pasividad y no pueden disimular su
decepción.
Es verdad que otros camaradas han visto, en el curso de una cierta
campaña llevada por la cosecha de trigo, síntomas de una robustez
revolucionaria, probando que los reflejos de clase viven aún en el
Partido. Muy recientemente, el camarada Ischenko me ha escrito (o, más
exactamente, ha escrito en tesis que debió haber enviado igualmente a
otros camaradas) que la cosecha de trigo y la autocrítica se deben a
la resistencia de la sección proletaria de la dirección del Partido.
Desgraciadamente, es preciso decir que esto no es exacto. Los dos
hechos, resultan una combinación urdida en las altas esferas, y no son
debidos a la presión de la crítica de los obreros; es por razones
políticas, y, a veces, por razones de grupo o -digámoslo- de fracción,
que una parte de las cumbres del Partido pone en práctica esta línea.
No se puede hablar más que de una sola presión proletaria: la dirigida
por la Oposición. Pero, es preciso decirlo claramente, esta presión no
ha sido suficiente para mantener la Oposición en el interior del
Partido; más bien, ella no ha logrado modificar su política.
León Davidovich ha demostrado con toda una serie de ejemplos
irrefutables el rol revolucionario, verdadero y positivo que ciertos
movimientos revolucionarios jugaron con su derrota: la comuna de
París, la insurreción de diciembre de 1905 en Moscú. La primera
aseguró el mantenimiento de la forma republicana de gobierno en
Francia, la segunda abrió la vía a la reforma constitucional en Rusia.
Sin embargo, los efectos de estas derrotas conquistadoras son de corta
duración si no están reforzadas por una nueva ola revolucionaria.
Lo más triste es que ningún reflejo se produce dentro del Partido y de
la masa. Durante dos años, se ha venido librando una lucha
excepcionalmente áspera entre la Oposición y las altas esferas del
Partido. En el curso de los dos últimos meses, se han desarrollado
acontecimentos que habrían debido abrir los ojos a los más ciegos. Sin
embargo, nadie hasta el presente advierte que las masas del Partido
estén interviniendo.
VII
También es comprensible el pesimismo de algunos camaradas, que percibo
igualmente a través de su pregunta.
Babeuf, al salir de la prisión de la Abadía, echando una mirada a su
alrededor se preguntaba qué había sido del pueblo de París, de los
obreros de los barrios de Saint-Antoine y Saint-Marceu, aquellos que
el 14 de julio de 1789 habían tomado la Bastilla, el 10 de agosto de
1792, las Tullerías, que habían sitiado la Convención el 30 de mayo de
1793, sin hablar de tantas otras intervenciones armadas. Resumía sus
observaciones en una sola frase, donde se siente la amargura del
revolucionario: "Es más difícil reeducar al pueblo en el amor a la
libertad, que conquistarla".
Nosotros hemos visto por qué el pueblo de París olvidó la atracción de
la libertad. El hambre, la desocupación, la liquidación de los cuadros
revolucionarios (numerosos dirigentes habían sido guillotinados), la
eliminación de las masas de la dirección del país, todo esto llevó a
tan gran lasitud moral y física de las masas, que el pueblo de París y
del resto de Francia tuvo necesidad de 37 años de respiro antes de
comenzar una nueva Revolución.
Babeuf formuló su programa en dos palabras (me refiero a su programa
de 1794): "La libertad y la Comuna elegida".
Debo hacer aquí una confesión: no me he dejado nunca arrullar por la
ilusión de que era suficiente para los líderes de la Oposición
presentarse en los mítines del Partido y en las reuniones obreras para
hacer pasar a las masas al campo de la Oposición. Siempre he
considerado tales esperanzas, que provenían sobre todo de los
dirigentes de Leningrado (3), como cierta sobrevivencia del período en
que ellos tomaban las ovaciones y los aplausos oficiales como
expresión del verdadero sentimiento de las masas, y los atribuían a su
popularidad imaginaria.
Iré aún más lejos: esto explica, para mí, el brusco viraje de su conducta.
Ellos pasaron a la Oposición esperando tomar rápidamente el poder. Es
con ese fin que se unieron a la Oposición de 1923 (4). Cuando alguien
del "grupo sin dirigentes" reprochó a Zinoviev y Kamenev haber dejado
caer a su aliado Trotsky, Kamenev les respondió: "Nosotros teníamos
necesidad de Trotsky para gobernar; para reingresar al Partido es un
peso muerto".
Sin embargo, el punto de partida, la premisa, habría debido ser que la
obra de educación del Partido de la clase obrera, es una tarea larga y
difícil, tanto más cuanto que los espíritus deben limpiarse de todas
las impurezas introducidas en ellos por la práctica de los Soviets y
del Partido, y por la burocratización de esas instituciones.
No se ha de perder de vista que la mayoría de los miembros del Partido
(sin hablar de los jóvenes comunistas) tiene la concepción más errónea
de las tareas, de las funciones y de la estructura del Partido, debido
a la concepción que la burocracia les enseña con su ejemplo, su
conducta práctica y sus fórmulas estereotipadas. Todos los obreros que
ingresaron al Partido después de la Guerra Civil, entraron, en su
mayor parte, después de 1923 (la promoción Lenin); ellos no tienen
ninguna idea de lo que era en otro tiempo el régimen del Partido. La
mayoría entre ellos está desprovista de esa educación revolucionaria
de clase, vivida durante la lucha, en la vida, en la práctica
conciente. En el pasado, esta conciencia de clase se adquiriría en la
lucha contra el capitalismo. Hoy, ella debe formarse por la
participación en la construcción del Socialismo. Pero nuestra
burocracia ha reducido dicha participación a una frase hueca, y los
obreros no pueden adquirir en ninguna parte esta educación. Se
entiende que excluyo como medio anormal de educar a la clase el hecho
de que nuestra burocracia, bajando los salarios reales, empeorando las
condiciones de trabajo, favoreciendo el desarrollo de la desocupación,
empuja a los obreros a la lucha que eleva su conciencia de clase;
pero, entonces, ella es hostil al Estado socialista.
Según la concepción de Lenin y de todos nosotros, la tarea de la
dirección del Partido consiste, precisamente, en preservar al Partido
y a la clase obrera de influencias corruptoras de los privilegiados,
de los favores y de las tolerancias inherentes al poder, en razón de
su contacto con los restos de la antigua nobleza y pequeño burguesía,
habría debido premunirse contra la influencia nefasta de la NEP,
contra la tentación de la ideología y de la moral burguesas.
Al mismo tiempo, nosotros teníamos la esperanza de que la dirección
del Partido llegaría a crear un nuevo aparato, verdaderamente obrero y
campesino, nuevos sindicatos, realmente proletarios, una nueva moral
en la vida cotidiana.
Debe reconocerse francamente, claramente, en voz alta e inteligible:
el aparato del Partido no ha cumplido esa labor. En esta doble tarea
de preservación y educación, ha demostrado la incompetencia más
completa; ha fracasado; es insolvente.
VIII
Desde hace tiempo estamos convencidos de que lo pasado en estos
últimos ocho meses pone en evidencia para todos que la dirección del
Partido avanza por el más peligroso de los caminos. Aún hoy sigue por
esa ruta.
Los reproches que le dirigimos no conciernen, por así decirlo, al
aspecto cuantitativo de su trabajo, sino. más bien, al cualitativo.
Subrayamos esto pues, de otro modo, volveríamos a sumergirnos en
cifras con los éxitos innumerables e integrales obtenidos por los
aparatos partidario y soviético. Ha llegado el momento de poner fin a
este charlatanerismo estadístico. Oíd las versiones del XV Congreso
del Partido. Leed el informe de Kossior sobre la actividad
organizativa. ¿Qué se encuentra? Cito literalmente: "El prodigioso
desarrollo de la democracia del Partido ... la actividad organizativa
del Partido se ha extendido grandemente".
Y luego, por supuesto, para reforzar todo esto: cifras, cifras y aún
cifras. Y esto era dicho en el momento en que había en los expedientes
del Comité central documentos que probaban la terrible desintegración
de los aparatos del Partido y los Soviets, la sofocación de todo
control de las masas, la opresión horrible, persecuciones y un terror
jugando con la vida y la existencia de militantes y obreros.
He aquí como la Pravda caracteriza nuestra burocracia: "Elementos
arribistas, hostiles, perezosos e incompetentes, se empeñan en arrojar
a los mejores inventores soviéticos más allá de las fronteras de la
URSS. Si no se lanza un gran golpe contra estos elementos, con toda
nuestra fuerza, nuestra determinación, nuestro coraje, etc. ..."
No obstante, conociendo nuestra burocracia, yo no estaría sorprendido
de escuchar a alguien hablar nuevamente del desarrollo "enorme" y
"prodigioso" de la actividad de las masas y del Partido, del trabajo
organizativo del Comité Central implantando la democracia, etc.
Estoy persuadido de que la burocracia partidaria y soviética que hoy
existe, seguirá cultivando con el mismo éxito abscesos supurantes a su
alrededor, a pesar de los ardientes procesos que han tenido lugar en
el mes último. Esta burocracia no cambiará por el hecho de haberse
sometido a una depuración. No niego, quede bien claro, la utilidad
relativa y la absoluta necesidad de tal depuración. Deseo señalar,
simplemente, que no es únicamente una cuestión de cambio personal,
sino ante todo de cambio de métodos.
A mi juicio, la primera condición para devolver a la dirección del
Partido la capacidad de ejercer un papel educativo, es reducir la
importancia de las funciones de esa dirección. Las tres cuartas partes
del aparato deberían ser licenciadas. Las tareas del cuarto restante
deberían tener límites estrictamente determinados. Análogo criterio
debería aplicarse a las tareas, a las funciones y a los derechos de
los organismos centrales.
Los miembros del Partido deben recobrar sus derechos, que han sido
pisoteados, y recibir garantías válidas contra el despotismo de los
círculos dirigentes que ya conocemos.
Es difícil imaginar lo que pasa en los niveles inferiores del Partido.
Es especialmente en la lucha contra la Oposición donde se ha puesto en
evidencia la mediocridad ideológica de eso cuadros, así como la
influencia corruptora que ejercen sobre las masas proletarias del
Partido. Si en las cumbres, existe aún una cierta línea ideológica,
una línea especiosa y errónea, mezclada, es verdad, a una fuerte dosis
de mala fe, en los niveles inferiores, en cambio, la demagogia más
desenfrenada se ha empleado contra la Oposición. Los agentes del
Partido no han vacilado en utilizar el antisemitismo, la xenofobia, el
odio a los intelectuales, etc. Estoy persuadido de que toda reforma
del Partido que se apoye sobre la burocracia se revelará utópica.
IX
Resumo: observando, como usted, la falta de espíritu de actividad
revolucionaria en las masas del Partido, yo no veo nada sorprendente
en este fenómeno. Es el resultado de todos los cambios que han tenido
lugar en el Partido y en el proletariado mismo. Es necesario reeducar
a las masas trabajadoras y a las masas del Partido, en el cuadro del
Partido y de los sindicatos. Este proceso es largo y difícil; pero es
inevitable; ya ha comenzado. La lucha de la Oposición, la lucha de
centenares y centenares de camaradas, las detenciones, las
deportaciones, a pesar de que no hayan hecho mucho por la educación
comunista de nuestro Partido tienen, en todo caso, más efecto que todo
el aparato tomado en su conjunto. En el fondo, los dos factores no
pueden ser comparados. El aparato ha despilfarrado el capital del
Partido legado por Lenin, no solamente de una manera inútil sino
también nociva. Ha demolido, mientras la Oposición construía.
Hasta ahora, he razonado por "abstracción", a partir de los hechos de
nuestra vida económica y política que han sido analizados en la
Plataforma de la Oposición. Lo he hecho deliberadamente, pues mi tarea
era señalar los cambios que se han producido en la composición y la
psicología del proletariado y del Partido en relación con la toma del
poder misma. Estos hechos quizás han dado un carácter unilateral a mi
exposición. Pero, sin proceder a este análisis preliminar, resultaría
difícil comprender el origen de los errores económicos y políticos
cometidos por nuestra dirección en lo que concierne a los campesinos y
los problemas de la industrialización, del régimen interior del
Partido, y, finalmente, de la administración del Estado.
Astrakán, 6 de agosto de 1928
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