[R-P] [C.Rakovski]Los peligros profesionales del poder (1)
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Mar 4 08:31:13 MST 2009
[Relacionado con el problema de la burocratización y "las mieles del
poder", como las llama Fidel, traigo a colación un clásico del
marxismo sobre el problema de los abusos en regímenes revolucionarios.
Rakovski fue un consecuente revolucionario que por sus posiciones en
favor de Trotsky murió en los campos de concentración stalinistas.]
Christian Rakovski
Los peligros profesionales del poder
Escrito: En Astrakán, el 6 de agosto de 1928.
Fuente: Versión del texto que circuló en internet; no ha sido cotejada
con otras versiones.
I
Querido camarada Valentinov:
En sus "Meditaciones sobre las masas", fechada el 8 de julio,
examinando el problema de la "actividad" de la clase obrera, usted
trata una cuestión fundamental: la de la conservación por el
proletariado de su papel dirigente en nuestro Estado.
A pesar de que todas las reivindicaciones de la Oposición tienden
hacia ese fin, estoy de acuerdo con usted en que no ha sido todo dicho
sobre esa cuestión. Hasta el presente, nosotros la hemos examinado
siempre en relación con el conjunto del problema de la toma y la
conservación del poder político, mientras que, para esclaracerlo más,
habría sido necesario tratarla separadamente, como asunto especial de
valor propio. En el fondo, los mismos acontecimientos se han encargado
de colocarla en primer plano.
La oposición exhibirá siempre, como uno de sus méritos ante el
partido, del cual nadie podría despojarla, el de haber dado la alarma
a tiempo sobre la terrible declinación del espíritu de actividad de
las masas trabajadoras, y sobre su indiferencia creciente hacia el
destino de la dictadura del proletariado y del Estado soviético.
Lo que caracteriza la ola de escándalos que acaban de ser revelados,
lo que constituye el más grande peligro, es, precisamente, esta falta
de actividad de las masas trabajadoras, y su indiferencia creciente
hacia el destino de la dictadura del proletariado y del Estado
soviético.
Lo que caracteriza la ola de escándalos que acaban de ser revelados,
lo que constituye el más grande peligro, es precisamente esta
pasividad de las masas (pasividad superior aún entre las masas
comunistas que entre las sin partido) hacia las manifestaciones de
despotismo sin precedentes que se han producido. Los obreros han sido
testigos, y las han dejado pasar sin protesta, o bien se han
contentado con murmurar un poco, por temor de aquellos que estaban en
el poder, o por indiferencia política. Desde el asunto de Chubarovsk
(para no remontarnos más arriba) hasta los abusos de Smolensk, de
Artiemovsk, etc., Usted escucha siempre la misma canción: "Nosotros lo
sabemos ya desde hace tiempo...".
Robos, prevaricaciones, violencias, garrafas de vino, increíbles
abusos de poder, despotismo ilimitado, ebriedad, desocupación: se
habla de todo esto como de hechos ya conocidos, no desde hace meses
sino desde hace años, y también hay cosas que todo el mundo tolera sin
saber por qué.
Sólo tengo necesidad de explicar que cuando la burguesía mundial
vocifera sobre los vicios del Estado Soviético, nosotros podemos
ignorarla con tranquilo desprecio. Conocemos muy bien la pureza moral
de los gobiernos y de los parlamentos burgueses del mundo entero. No
podemos tomarlos como modelos. Entre nosotros se trata de un Estado
obrero. Nadie puede ignorar los terribles daños ocasionados por la
indiferencia política en la clase obrera.
Además, la cuestión de las causas de esta indiferencia y de los medios
para eliminarla se revela esencial. Pero esto nos obliga a tratarla de
una manera fundamental, científica, sometiéndola a un análisis
profundo. Tal fenómeno merece que le acordemos toda nuestra atención.
Las explicaciones que usted da son, sin ninguna duda, correctas. Cada
uno de nosotros las ha ya expuesto en sus discursos. Ya han encontrado
en parte su lugar en nuestra Plataforma. Y sin embargo, estas
interpretaciones y los remedios propuestos para salir de la penosa
situación, han tenido y tienen aún un carácter empírico; se refieren a
cada caso en particular sin ordenar el fondo de la cuestión.
A mi juicio, esto se produce porque la cuestión misma es una cuestión
nueva. Hasta el presente hemos sido testigos de un gran número de
casos en que el espíritu de iniciativa de la clase obrera se ha
debilitado y ha declinado hasta el punto de llegar al nivel de la
reacción política. Estos ejemplos no habían aparecido, tanto aquí como
en el extranjero, mientras duró el período en que el proletariado
seguía combatiendo por la conquista del poder político.
Carecemos de ejemplos de declinación del ardor del proletariado una
vez conquistado el poder, por la simple razón de que el nuestro es el
primer caso en la historia en que la clase obrera lo conserva durante
tan largo tiempo. Sabíamos hasta ahora qué podía ocurrirle al
proletariado, cuales podían ser las oscilaciones de su estado de
espíritu, cuando es una clase oprimida y explotada; pero recién ahora
podemos evaluar en base a hechos los cambios de su estado de espíritu
cuando toma en su manos la dirección.
Esta posición política como clase dirigente no está exenta de
peligros; antes bien, los encierra muy grandes. No me refiero a las
dificultades objetivas que emergen del conjunto de la situación
histórica (el cerco capitalista exterior y la presión pequeño burguesa
en el interior del país), sino a las que son propias de toda clase
dirigente, a consecuencia de la toma y el ejercicio del poder mismo,
de la capacidad o incapacidad de usarlo.
Usted comprende que estas dificultades continuarían existiendo, hasta
cierto punto, aún si el país se compusiese exclusivamente de masas
proletarias, y sólo hubiera Estados Obreros en el exterior. Estas
dificultades podrían ser denominadas "los peligros profesionales" del
poder.
II
En verdad, la situación de una clase que lucha por el poder difiere de
la de una clase que ya lo tiene entre sus manos. Repito que, al hablar
de peligros, no aludo a las relaciones con las otras clases, sino, más
bien, a las que se crean en las filas mismas de la clase victoriosa.
¿Qué representa una clase cuando ha pasado a la ofensiva? Un máximo de
unidad y de cohesión. Todo espíritu de oficio o de grupo, sin hablar
de los intereses personales, pasa a segundo plano. Toda la iniciativa
está en manos de la masa militante misma y de su vanguardia
revolucionaria, ligada a esa masa del modo más intimo y orgánico.
Cuando una clase toma el poder, un sector de ella se convierte en el
agente de este poder. Así surge la burocracia. En un Estado
socialista, a cuyos miembros del partido dirigente les está prohibida
la acumulación capitalista, esta diferenciación comienza por ser
funcional y a poco andar se hace social.
Pienso aquí, en la posición social de un comunista que tiene a su
disposición un automóvil, un buen departamento, vacaciones regulares y
recibe el salario máximo autorizado por el Partido; posición que
difiere de la del comunista que trabaja en las minas de carbón y
recibe un salario de 50 ó 60 rublos por mes. En lo que concierne a los
obreros y a los empleados, usted sabe que ellos están divididos en
dieciocho categorías diferentes ...
Otra consecuencia es que algunas de las funciones cumplidas en el
pasado por el Partido en su conjunto y por la clase entera, se han
convertido en atribuciones del poder, es decir, solamente de un cierto
número de gente de ese Partido y de esa clase.
La unidad y la cohesión, que antes eran la consecuencia natural de la
lucha de clases revolucionaria, no pueden conservarse ahora sino por
una serie de medidas destinadas a preservar el equilibrio entre los
diferentes grupos de dicha clase y del partido, subordinando esos
grupos al fin fundamental.
Pero esto constituye un proceso largo y complicado. Consiste en educar
políticamente a la clase dominante, de manera de volverla capaz de
manejar el aparato estatal, el Partido y los sindicatos, y de dirigir
esos organismos.
Repito: es una cuestión de educación. Ninguna clase ha venido al mundo
en posesión del arte de gobernar. Dicho arte se aprende por la
experiencia únicamente, como lección de los errores cometidos. Ninguna
constitución soviética, aunque sea ideal, puede asegurar a la clase
obrera el ejercicio sin obstáculos de su dictadura y de su control
gubernamental, si el proletariado no sabe utilizar los derechos que le
acuerda esa Constitución.
La falta de armonía entre la capacidad política y la destreza
administrativa de determinada clase y la forma jurídica-constitucional
que ella establece para su uso después de conquistado el poder, es un
hecho histórico comprobable en la evolución de todas las clases, y en
parte, también, en la de la burguesía. La burguesía inglesa, por
ejemplo, libró varias batallas no solamente para rehacer la
Constitución conforme a sus propios intereses, sino también para
colocarse en situación de aprovechar sus derechos y de participar
plenamente del sufragio. La novela de Carlos Dickens, "El Club de
Pickwick", incluye varias escenas de esta época del constitucionalismo
inglés, cuando el grupo dirigente, asistido de su aparato
administrativo, volcaba el coche que conducía a las urnas a los
electores de la oposición para que estos no pudiesen llegar a tiempo
al comicio.
Este proceso de diferenciación es perfectamente natural en la
burguesía triunfante o que está a punto de triunfar. En efecto, tomado
en el sentido más amplio del término, ella está constituida por una
serie de agrupamientos y aún de clases económicas. Nosotros conocemos
la existencia de la grande, de la media y de la pequeña burguesía
industrial y de una burguesía agraria. Sucesos como las guerras y las
revoluciones producen reagrupamientos en las filas de la propia
burguesía. Nuevas capas aparecen y comienzan a desempeñar su papel,
por ejemplo, los propietarios, los adquirentes de bienes nacionales,
los llamados "nuevos ricos", que suelen surgir tras una guerra que ha
durado cierto tiempo. durante la Revolución Francesa, en el período
del Directorio, estos "nuevos ricos" constituyeron uno de los factores
de la reacción.
Examinada en su conjunto, la historia del triunfo del Tercer Estado en
Francia, en 1789, es sumamente ilustrativa. En primer lugar, este
Tercer Estado era considerablemente heterogéneo. Englobaba a todos
aquellos que no pertenecían a la nobleza o al clero; no sólo a las
diversas variedades de la burguesía, sino también a los obreros y a
los campesinos pobres.
Sólo gradualmente, tras larga lucha y sucesivas intervenciones
armadas, el Tercer Estado adquirió, en 1792, grandes posibilidades de
participar en la administración del país. La reacción política
iniciada aún antes del Thermidor consistió en que el poder comenzó a
pasar, tanto formal como materialmente, a manos de un número de
ciudadanos cada vez más restringido. Poco a poco, primero por la
fuerza de las cosas, y, en seguida, legalmente, las masas populares
fueron eliminadas del gobierno del país.
Verdad es que, en aquel caso, la presión de las fuerzas reaccionarias
se hizo sentir ante todo sobre las ligaduras que vinculaban en un gran
conjunto a las diversas clases del Tercer Estado. Y es seguramente
cierto que, al examinar las diferenciaciones internas de la burguesía,
no encontraremos contornos de clase tan acentuada como los que
separan, por ejemplo, a la burguesía y al proletariado, es decir, dos
clases que juegan un papel enteramente diferente en la producción.
Además, en la Revolución Francesa, durante el período de declinación,
el poder no intervino solamente para eliminar, siguiendo las líneas de
diferenciación, grupos sociales que, ayer aún, marchaban juntos,
unidos por un mismo fin revolucionario, sino que, además, desintegró
masas sociales más o menos homogéneas. Por un proceso de
diferenciación funcional, la nueva clase dirigente destaca de su seno
a los círculos de altos funcionarios. Tales fisuras, ante la presión
de la contrarrevolución, convirtiéronse en verdaderos abismos. Añádase
a ello que la misma clase dominante engendra contradicciones en el
curso de la lucha.
III
Los contemporáneos de la revolución francesa, quienes participaron en
ella y, más aún, los historiadores de la época siguiente, se
interesaron acerca de las causas de la degeneración del Partido
Jacobino.
Más de una vez, Robespierre puso en guardia a sus partidarios sobre
las consecuencias de la intoxicación del poder. Dueños de él, los
previno no volverse demasiado presuntuosos, no "inflarse", cómo él
decía, no contagiarse de vanidad jacobina, como diríamos ahora
nosotros. Pero, como abajo veremos, Robespierre mismo contribuyó
grandemente al desplazamiento de la pequeña burguesía, que gobernaba
con el apoyo de los obreros parisinos.
Omitimos aquí los testimonios contemporáneos acerca de la
descomposición del Partido Jacobino, por ejemplo, su tendencia a
enriquecerse, su participación en los contratos, abastecimientos, etc.
Mencionemos, más bien, un hecho extraño y conocido: la opinión de
Babeuf, para quién la caída de los jacobinos se vio grandemente
estimulada por la fascinación que sobre ellos ejercieron las damas de
la nobleza. Babeuf se dirigía a los jacobinos en estos términos: "¿Qué
hacéis pues, plebeyos pusilánimes? Hoy, ellas os estrechan en sus
brazos, mañana, os estrangularán". Si hubieran existido automóviles en
el tiempo de la Revolución Francesa, habríamos encontrado también el
factor del "haren-automovil" indicado por el camarada Sosnovsky como
uno de los que desempeñan un papel de primer orden en la formación de
la ideología de la burocracia del Partido.
Lo que juega el papel más serio en el aislamiento de Robespierre y del
Club de los Jacobinos, aquello que los separa completamente de las
masas de obreros y pequeños burgueses, es, además de la liquidación de
todos los elementos de la izquierda, comenzando por los "rabiosos",
los hebertistas y los chaumettistas, y la Comuna de París en general,
la eliminación gradual de todo principio electivo y su reemplazo por
el de los nombramientos.
El envío de comisarios de los ejércitos a ciudades donde la
contrarrevolución levantaba cabeza, no sólo era legítimo sino
indispensable. Pero cuando, poco a poco, Robespierre comenzó a
reemplazar los jueces y los comisarios en las diferentes secciones de
París que, hasta entonces, habían designado mediante elección a dichos
funcionarios, cuando llegó a nombrar presidentes de Comisión
Revolucionarios e, incluso, llegó a sustituir por funcionarios a toda
la dirección de la Comuna, todas estas medidas tuvieron por resultado
reforzar el poder de la burocracia y matar la iniciativa popular. Así,
el régimen de Robespierre, en lugar de impulsar la actividad
revolucionaria de las masas -ya oprimidas por la crisis económica y,
ante todo, por la crisis alimenticia- agravó el mal y facilitó el
trabajo de las fuerzas antidemocráticas.
Dumas, el presidente del Comité Revolucionario, se quejaba ante
Robespierre de no encontrar jurados para el Tribunal; nadie quería
cumplir esas funciones.
Pero Robespierre concluyó por sufrir en carne propia esta indiferencia
de las masas parisinas cuando, el 10 de Thermidor, lo llevaron por las
calles de París, herido y sangrando, sin ningún temor de que las masas
populares intervinieran en favor del dictador de la víspera.
De toda evidencia, sería ridículo atribuir la caída de Robespierre y
de la democracia revolucionaria al principio de los nombramientos.
Sin embargo, sin ninguna duda, esto aceleró la acción de los otros
factores. De todos ellos, el decisivo fueron las dificultades de
aprovisionamiento causadas, en gran parte, por 2 años de malas
cosechas. Añádanse las perturbaciones originadas por el traspaso de la
gran propiedad rural de la nobleza al pequeño productor campesino, y
el alza constante de los precios del pan y de la carne, debido a que,
al comienzo, los jacobinos no quisieron recurrir a medidas
administrativas para reprimir a los campesinos ricos y a los
especuladores. Cuando, finalmente, y presionados por las masas, se
resolvieron a sancionar la "Ley del Máximun", las condiciones del
mercado libre y de la producción capitalista, impidieron que ella
jugase otro papel que el de simple paliativo.
IV
Pasemos ahora a la realidad que vivimos. Creo, ante todo, que es
necesario indicar que, cuando empleamos expresiones tales como "el
Partido", "las masas", etc., no debemos perder de vista el contenido
que la historia de los últimos diez años ha puesto en estos términos.
La clase obrera y el Partido -no ya físicamente, sino moralmente- ya
no son lo que eran hace diez años. No exagero cuando digo que el
militante de 1917, habría tenido dificultad para reconocerse en la
persona del militante de 1928. Un cambio profundo ha tenido lugar en
la anatomía y en la fisiología de la clase obrera.
A mi juicio, es necesario concentrar nuestra atención sobre el estudio
de las modificaciones de los tejidos y de sus funciones. El análisis
de los cambios sobrevenidos logrará mostrarnos el mejor modo de salir
de la situación creada. No tengo la intención de presentar aquí este
análisis; me limitaré solamente a algunas observaciones.
Hablando de la clase obrera, es necesario encontrar respuestas a toda
una serie de preguntas, por ejemplo:
¿cuál es la proporción de obreros y empleados que trabaja actualmente
en nuestra industria que ha entrado después de la revolución, y cuál
la de aquellos que trabajaban desde antes?
¿cuál es la proporción de obreros y empleados de la industria que
trabaja sin interrupción? ¿Y cuál la de quienes sólo trabajan
accidentalmente?
¿Cuál es la proporción en la industria de los elementos
semiproletarios, semicampesinos, etc.?
Si descendemos y penetramos en las profundidades mismas del
proletariado, del semiproletariado y de las masas trabajadoras en
general, sólo encontraremos sectores enteros de la población de los
cuales nadie se ocupa entre nosotros. No quiero hablar aquí únicamente
de los desocupados, que constituyen un peligro siempre creciente y
que, en todo caso, es un sector que ha sido claramente indicado por la
Oposición. Pienso en las masas reducidas a la mendicidad, en los
semi-pauperizados que, gracias a los subsidios irrisorios entregados
por el Estado, están en el límite del pauperismo, del robo y de la
prostitución.
No podemos imaginar cómo la gente vive, a veces a unos pasos apenas de
nosotros. Llega la ocasión en que enfrentamos fenómenos cuya
existencia no habría podido sospecharse en el Estado soviético y que
dan la impresión de descubrirnos súbitamente, un abismo. No se trata
de defender la causa del Poder de los Soviets invocando el hecho de
que no ha logrado desembarazarse de la triste herencia legada por el
régimen zarista y capitalista. No, pero en nuestra época, bajo nuestro
régimen, descubrimos la existencia de fisuras en el cuerpo de la clase
obrera, a través de las cuales la burguesía podría introducir una
cuña.
En ciertos períodos, bajo el régimen burgués, la parte conciente de la
clase obrera arrastraba, detrás suyo, a esta masa numerosa,
comprendida en los semivagabundos. La caída del régimen capitalista
debía llevar la liberación al proletariado entero. Los elementos
semivagabundos consideraban a la burguesía y al estado capitalista
responsables de su situación. Estimaban que la revolución debía
aportar un cambio a su condición. Estas gentes, ahora, están lejos de
estar satisfechos; su situación no ha mejorado ni poco menos.
Comienzan a considerar con hostilidad el poder de los Soviets, y a
aquella parte de la clase obrera que trabaja en la industria. Se
transforman, sobre todo, en los enemigos de los funcionarios de los
Soviets, del Partido y de los Sindicatos. Se los escucha hablar a
veces de la clase obrera como de la "nueva nobleza".
No me detendré aquí en la diferenciación que el poder ha introducido
en el seno del proletariado, y que he calificado más arriba de
funcional. La función ha modificado el órgano mismo, es decir, la
psicología de aquellos que se han encargado de diversas tareas de
dirección en la administración y la economía del Estado ha cambiado
hasta tal punto que no sólo objetiva, sino también moralmente, han
cesado de formar parte de esta misma clase obrera.
Así, por ejemplo, un director de fábrica hace de "sátrapa". A pesar
del hecho de que es un comunista, a pesar de su origen proletario, a
pesar de que aún trabajaba en la fábrica hace unos años, no encarna
ante los ojos de los obreros las mejores cualidades del proletariado.
Molotóv puede, con el corazón alegre, establecer un signo de igualdad
entre la dictadura del proletariado y nuestro Estado, con sus
instituciones burocráticas, y, lo que es peor, con los brutos de
Smelensk, los estafadores de Tashkent y los aventureros de Arniemovsk.
Al hacer esto, no logra más que desacreditar la dictadura sin desarmar
el legítimo descontento de los obreros.
Si, prescindiendo de los demás matices de la clase obrera, pasamos
ahora al Partido mismo, nos encontraremos con los elementos
provenientes de las otras clases sociales. La estructura social del
Partido es más heterogénea que la del proletariado. Esto ha sido
siempre así, naturalmente, con esta diferencia: que cuando el Partido
tenía una vida ideológica intensa, la amalgama social se fundía en una
sola aleación gracias a la lucha de la clase revolucionaria en
movimiento.
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