[R-P] genocidio del pueblo paraguayo (y III)

hhmanzolillo hhmanzolillo en yahoo.com.ar
Lun Mar 2 10:40:52 MST 2009


Ocultado por la historia universal

La memoria colectiva de occidente, los manuales 
de historia universal y las enciclopedias 
registran con claridad algunos asesinatos de 
masas acaecidos a los cuales se los denomina 
genocidio. Entre los más conocidos están el 
genocidio Armenio, el sufrido por el pueblo judío 
durante la Alemania nazi, los progroms realizados 
en la Rusia zarista y luego por Stalin contra 
diferentes minorías étnicas y entre lo últimos, 
el cometido en Ruanda en la década del 90. Más 
acá en el tiempo, y con procesos judiciales aun 
en desarrollo, también podemos agregar los casos 
de la Ex Yugoeslavia y Camboya.

Pero, en ésta trágica lista no se menciona al 
genocidio del pueblo paraguayo, a pesar de que 
todos los citados, salvo el de Ruanda y los 
últimos, son anteriores a la creación del 
concepto y a la regulación legislativa del mismo.

Paralelo con el genocidio armenio

Consideremos el genocidio armenio como ejemplo 
comparativo con el caso paraguayo. Las 
atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio 
por el Imperio Otomano y el Estado de Turquía 
desde fines del Siglo XIX, durante el transcurso 
de la Primera Guerra Mundial y hasta tiempo 
después de finalizada ésta, son llamadas en su 
conjunto el "Genocidio Armenio". La decisión de 
llevar adelante el genocidio en contra de la 
población Armenia fue tomada por el partido 
político que detentaba el poder en el Imperio 
Otomano, conocido popularmente como los "Jóvenes 
Turcos". Está estimado que un millón y medio de 
armenios fueron exterminados entre 1915 y 1923. 
La población armenia del Imperio Otomano en la 
Primera Guerra Mundial era de aproximadamente dos millones y medio.

A pesar de que la Convención de las Naciones 
Unidas fue adoptada en 1948, 30 años después de 
perpetrarse el genocidio, los ciudadanos de 
origen armenio procuran lograr el reconocimiento 
oficial por parte de los gobiernos donde ellos se 
han afincado luego de esos atroces episodios. A 
pesar de que varios países han reconocido 
oficialmente el Genocidio Armenio, la República 
de Turquía como política de estado niega 
sistemáticamente el mismo. La lucha por el 
derecho, la verdad y la justicia que llevan 
adelante los descendientes armenios no ha terminado.

Ni los sobrevivientes del genocidio paraguayo ni 
sus descendientes han optado por esta vía legal. 
Tal vez hoy ya sea tarde, pero si es preciso al 
menos llamar a las cosas por su nombre, evitar 
los eufemismos confusos y, buscando la verdad y 
la justicia histórica, designar sin ambigüedades 
a las masacres de la guerra del Paraguay con su preciso nombre: Genocidio.

Contra la nacionalidad paraguaya

Distinguimos que la ejecución de un genocidio 
puede ser por motivos "de nacionalidad, etnia, 
raza o religión". En el caso puntual del 
genocidio paraguayo se consumó por motivos de 
nacionalidad. El objetivo era eliminar la 
nacionalidad paraguaya, esa peculiar cultura 
hispano guaranítica que impedía el libre comercio 
y era un mal ejemplo para los otros países americanos.

Paraguay era la única ex colonia española que 
había podido consolidar una verdadera 
nacionalidad, una identidad que ciertamente 
aparecía como peligrosa para el imperialismo 
británico: "Insignificante en sí mismo, el 
Paraguay podía impedir el desarrollo y progreso 
de todos sus vecinos. Su existencia (la del 
gobierno de Solano López) era nociva y su 
extinción como nacionalidad debía ser provechosa 
para el propio pueblo como también para todo el 
mundo". Este texto pertenece a Mr. Washburn, 
ministro de los EE.UU en Asunción y no expresa su 
propia opinión sino que se refiere a los 
conceptos vertidos por el cónsul inglés Edward 
Thornton en uno de sus informes al Foering Office.

Testimonio genocida de Sarmiento

El genocidio como delito internacional implica la 
existencia previa de un dolo, de una intención de 
exterminar, además de una decisión política 
acompañada de una planificación. En el caso del 
genocidio armenio la documental existente permite 
apreciar que hubo decisión política tomada por un 
Estado (Turquía) y una puntillosa planificación para realizar el exterminio.

Pero en el caso del genocidio paraguayo, tal vez 
hoy resulte imposible demostrar una planificación 
por parte de los aliados. Pero, aun así, si se 
pueden leer cartas como ésta, de Sarmiento, 
Presidente de la República Argentina durante los 
últimos dos años de la guerra: "Estamos por dudar 
que exista el Paraguay. Descendientes de razas 
guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran 
por instinto o falta de razón. En ellos, se 
perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son 
unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, 
bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan 
miles de animales que obedecen y mueren de miedo. 
Es providencial que un tirano haya hecho morir a 
todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la 
tierra de toda esa excresencia humana, raza 
perdida de cuyo contagio hay que librarse".

Esta carta la remite Sarmiento a la pedagoga 
yanqui Mrs. Mann que desempeñaba un rol de "gurú" 
moral y educativo del Padre del Aula. Tiene fecha 
en el año 1877, es decir la escribió siete años 
después de terminada la guerra (5).

La primera afirmación del texto niega o pone en 
duda la existencia de la nacionalidad paraguaya: 
"estamos por dudar que exista el Paraguay". En 
los dos párrafos subsiguientes, los vergonzosos 
calificativos racistas que utiliza para referirse 
al pueblo paraguayo encuadran perfectamente en la 
tipificación actual del delito de genocidio en 
cuanto implica una "una negación del derecho de 
existencia a grupos humanos enteros". En este 
caso, el grupo humano paraguayo, al que Sarmiento 
no considera humano. El final de la carta es un 
reconocimiento de los ilícitos cometidos y una franca apología del delito.

La ejecución material

En lo que se refiere a la comisión material del 
delito, opino que éste se consuma en los tiempos 
finales de la conflagración. Concretamente el 
exterminio se produce entre la caída de Humaitá, 
a principios de 1868, hasta el último combate en Cerro Corá en 1870.

Son durante estos dos años en que las tropas 
aliadas combatiendo ya casi sin riesgo realizan 
una acción de persecución y masacre contra el 
pueblo famélico, apestado e indefenso. Es en éste 
periodo en que se vio a las "mujeres pelear con 
los hijos en brazos armadas de lanza y espada... 
Un suicidio como no se vio nunca". (O’Leary).

No creo que se haya tratado de un caso de 
suicidio colectivo sino de guerrear para 
sobrevivir, de pelear para no ser vejadas, se 
trataba de matar para no morir, de defenderse, 
esa es la razón por la cual luchaban las mujeres paraguayas.

La masacre de Acosta Ñú

Hay una batalla de la guerra que grafica como 
ninguna otra la crueldad genocida desatada. En 
ese curso de muerte, la última ofensiva de los 
aliados, se produce la masacre de niños en 
"Acosta Ñú", el 16 de agosto de 1869. En Acosta 
Ñu, en lo se pretendió mostrar como una batalla, 
alrededor de 3000 niños paraguayos enfrentaron a 
20.000 hombres del ejército imperial.

El historiador brasileño, Juan José Chiavenatto, 
relata pasajes de la mascare: "Los niños de seis 
a ocho años, en el fragor de la batalla, 
despavoridos, se agarraban a las piernas de los 
soldados brasileros, llorando que no los matasen. 
Y eran degollados en el acto. Escondidas en la 
selva próxima, las madres observaban el 
desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas 
y llegaban a comandar un grupo de niños en la 
resistencia"……. "después de la insólita batalla 
de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la 
tarde, las madres de los niños paraguayos salían 
de la selva para rescatar los cadáveres de sus 
hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el 
Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando 
quemados a los niños y sus madres".

El Paraguay, en la actualidad, festeja 
oficialmente el "Día del Niño" el 16 de agosto en 
memoria de la masacre de los niños paraguayos.

Responsable material

En cuanto a la responsabilidad material del 
genocidio juzgo que debe de serle atribuida al 
ejército brasilero, ya que no hubo soldados 
argentinos en el desenlace y aniquilamiento final.

La ausencia de soldados argentinos en el 
escenario de la matanza no libra de la 
responsabilidad política a Sarmiento, Mitre y a 
la cúpula dirigencial del liberalismo argentino. 
Para confirmar nuestra teoría, en mayo 1869 el 
maestro sanjuanino afirma, profundizando su 
vocación genocida: "La guerra del Paraguay 
concluye por la simple razón de que matamos a 
todos los paraguayos mayores de diez años".

Pero es un brasilero, el jefe de las fuerzas 
armadas del Imperio, el que escribe ya sin 
eufemismos ni rodeos, el que plantea el genocidio 
como objetivo militar: "Cuanto tiempo, cuantos 
hombres, cuántas vidas y cuantos elementos y 
recursos precisaremos para terminar la guerra. 
Para convertir en humo y polvo toda la población 
paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre 
de la madre" (Caxias en informe a Pedro II).

"Hasta el feto en el vientre de la madre"... En 
esta criminal sentencia encontramos lo propio del 
genocidio, alcanzar al gen... matar hasta los orígenes mismos de la vida.


Epílogo en forma de homenaje al pueblo paraguayo.


Corre el mes de febrero de 1869, el Mariscal 
López se interna en la selva paraguaya a resistir 
con un grupo de leales. Lo siguen viejos, 
mujeres, niños y algunos soldados heridos 
sobrevivientes. La marcha es espectral. Es un 
ejército fantasma que acosado por el hambre, las 
pestes, y los "cambá" ha decidido dejar la vida 
en la selva antes que entregar la Patria al invasor brasilero.

Aquel éxodo de todo un pueblo al lado del 
ejército nacional y siguiendo a su líder es una 
de las páginas más sublimes de la historia 
universal. Constituye uno de los episodios más 
grandiosos y conmovedores que nuestra patria 
grande recuerde, un acto de entrega total, de 
patriotismo de un pueblo que siguió como a un 
Moisés a Solano López. Pero, en este caso, hasta la muerte (6).

A miles de kilómetros de distancia, en 
Southampton, Inglaterra, todavía vive un viejo 
adversario del Mariscal: el brigadier Juan Manuel 
de Rosas. Viejo y pobre, desde su destierro, 
sigue con emoción la gran epopeya paraguaya. Ya 
no es un adversario. Comprende que, por los 
avatares de la historia, Francisco Solano López 
se ha convertido en el defensor de la causa 
americana que alguna vez fuera también la suya.

Rosas se entera que López está internado en la 
selva y sigue ofreciendo pelea fiel a su consigna 
de "¡Vencer o Morir!". Esqueléticas figuras van 
dejando una a una sus vidas por esos senderos sin 
retorno. Los restos del otrora orgulloso pueblo 
paraguayo marchan inexorablemente hacia su propia 
tumba. "Mientras la voz de la patria siga 
tronando por montes y laderas, la patria existe, 
y en pie queda la obligación de luchar por ella". 
Así se dirigía a un grupo de heroicas sombras 
humanas que lo escuchaban alucinados.

El Mariscal López asumía la voz del Paraguay 
soberano, profundo y americano. Así lo entendió 
Juan Manuel de Rosas que absolutamente convencido 
de su decisión, pide un cambio en su testamento: 
El 17 de febrero de 1869 informa sobre el destino 
que ahora quiere para la mítica espada del 
Libertador. El nuevo testamento establece: "Su 
Excelencia el Generalísimo Capitán Gral. Don José 
de San Martín me honró con la siguiente manda: 
"La espada que me acompañó en toda la guerra de 
la independencia será entregada al General Rosas 
por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido 
los derechos de la patria". Y yo, Juan Manuel de 
Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea 
entregue a su Excelencia el Señor Gran Mariscal, 
Presidente de la República del Paraguay y 
Generalísimo de sus ejércitos, la espada 
diplomática y militar que me acompañó durante me 
fue posible sostener esos derechos, por la 
firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de su patria...".

Debieron pasar 84 años para que un gobierno 
argentino hiciera un reconocimiento 
institucional. Recién en 1954, el Presidente Juan 
Domingo Perón devuelve en un acto solemne y 
emotivo en Asunción, los trofeos de guerra, aquel 
reloj de oro que cuenta José María Rosa en la 
cita que transcribí. En su mensaje señaló que 
"Vengo como un hombre que viene a rendir homenaje 
al Paraguay en el nombre de su sagrado Mariscal 
Francisco Solano López y hago llegar el abrazo 
del pueblo argentino a esta Patria tan respetable 
y tan querida. En nombre de esa amistad y de esa 
devolución del pueblo argentino, pongo en manos 
del mandatario de este pueblo, como las 
reliquias, el testimonio de nuestra hermandad inquebrantable".

El acto cumple una justicia histórica: las 
banderas de guerra del Paraguay deben tener su 
descanso eterno en suelo guaraní, en la misma 
tierra donde hoy yacen sepultados el millón de 
muertos que se cobró la guerra más infame que nuestra patria contempló.

Escribe: Dr. Gonzalo García

Notas

1. El alegato del Doctor Francia. Pronunciado en 
el Congreso de Notables reunido en Asunción en 
junio de 1810, entre otras cosas enunciaba: "Esta 
Asamblea no perderá su tiempo debatiendo si el 
cobarde padre o el apocado hijo es rey de España. 
Los dos han demostrado su débil espíritu y su 
desleal corazón. Ni el uno ni el otro pueden ser 
ya rey en ninguna parte. Más sea o no rey de 
España el uno o el otro, ¿qué nos importa a 
nosotros? Ninguno de ellos es ya rey del 
Paraguay. El Paraguay no es el patrimonio de 
España, ni provincia de Buenos Aires. El Paraguay 
es Independiente y es República", y siguió 
diciendo "la única cuestión que debe discutirse 
en esta asamblea y decidirse por mayoría de votos 
es: cómo debemos defender y mantener nuestra 
independencia contra España, contra Lima, contra 
Buenos Aires y contra Brasil; cómo debemos 
fomentar la pública prosperidad y el bienestar de 
todos los habitantes del Paraguay; en suma, qué 
forma de gobierno debemos adoptar para el 
Paraguay. Mis argumentos en favor de mis ideas 
son éstos: y de las faltriqueras interiores de su 
casaca sacó dos pistolas pequeñas, diciendo: la 
una está destinada contra Fernando VII, y la otra contra Buenos Aires".

2. La cuestión de la Independencia del Paraguay. 
En relación a este punto, y en especial acerca de 
la relación con la política rosista cabe resaltar 
que fue con una finalidad muy distinta a los 
objetivos de Rosas que el Brasil y la Argentina 
de Mitre reconocieron la "independencia" a la 
Nación guaraní. Rosas se oponía a la 
balcanización continental y abrogaba por la 
unidad del viejo virreinato. Todo lo opuesto 
pretendían Mitre y Pedro II. El mismísimo 
Abelardo Ramos, un no muy devoto rosista, afirma 
que: "Treinta años después de la ruptura 
americana con España, Paraguay no había declarado 
aun su independencia. El doctor Francia 
consideraba al Paraguay parte de la unidad 
política y geográfica del extinto virreinato, y 
comprendía –lo mismo que Lopez- que un Paraguay 
"independiente" le era imposible conservar 
indefinidamente su plena soberanía y garantizar 
su evolución económica. En la medida de que Rosas 
representaba intereses más nacionales que Mitre, 
se negó a reconocer la independencia paraguaya 
que López se vio impulsado a planear; era una 
forma como cualquier otra de mantener bajo la 
férula de la Aduana porteña al Paraguay. Mitre, 
en cambio, no tenía inconveniente en admitir esa 
monstruosa "soberanía" porque estaba dentro de la 
política de la burguesía comercial porteña 
impulsar la "balcanización" del Sur bajo el 
dictado del amo británico. La existencia 
independiente del Paraguay como "nación" tan 
ficticia como la de la Argentina, Bolivia o 
Uruguay se desarrolló de acuerdo a un proceso muy 
particular. Influyeron en él, al principio, 
factores geográficos e históricos: la presión del 
Brasil –su vecino en el rio Paraná-, la 
coincidencia de sus producciones y la tendencia 
brasileña de incluir al Paraguay en su Estado de 
Matto Grosso. Desde el comienzo del siglo XVIII 
Portugal estuvo bajo el protectorado británico; 
toda la historia brasileña transcurre en esa 
dependencia. Semejante situación determinó que el 
Brasil, durante el Imperio como bajo la era 
republicana propendiese constantemente a ejecutar 
la política inglesa en el Río de la Plata, 
aprovechando de paso migajas para su clase 
gobernante. Gran Bretaña sostenía como divisa 
inconmovible de su estrategia rioplatense. 
Impedir por cualquier medio la unificación de las 
antiguas provincias españolas del Sur" (Abelardo 
Ramos, "Revolución y Contrarrevolución en 
Argentina"). Así, a su manera, y con su relación 
ambivalente con Rosas, la izquierda nacional 
explica, con claridad meridiana, la cuestión de 
la independencia del Paraguay, dando por tierra 
todas las teorizaciones de la historiografía 
liberal oficial y la izquierda antipopular que 
hacían de esta cuestión un hito saliente de su relato antirrosista.

También considero importante aclarar puntualmente 
el episodio de protesta del embajador de Rosas 
ante la declaración de independencia del Paraguay 
hecha por el Imperio del Brasil y el sentido 
político de la misma. Con respecto a esto, me 
parece esclarecedora la cita de otro historiador 
que no puede ser definido precisamente como 
rosista que ya hemos utilizado en este trabajo. 
El mexicano Carlos Pereyra, en su libro 
"Francisco Solano López y la Guerra del Paraguay" 
se explaya sobre las razones políticas de la 
posición del gobierno argentino, y a la vez nos 
brinda un cuadro general de la política 
imperialista del Brasil: "Rosas, a quien se ha 
reprochado su localismo bonaerense, entendió las 
cosas mejor que sus adversarios, y creía que 
cualquiera intervención, directa o indirecta del 
Brasil, aun la más generosa de sus 
intervenciones, era inaceptable no solo para los 
porteños, sino para todos los argentinos de cuyo 
sentimiento nacional él fue defensor y 
representante. Rechazó el tratado que su ministro 
el general Guido concluyó con el gobierno del 
emperador en 1843, y consideró como acto dirigido 
contra su patria, no solo la intervención, 
aislada o conjunta, en cuestione platenses, sino 
el simple reconocimiento que hizo el Imperio de 
la independencia del Paraguay. ¿Era un error de 
Rosas? ¿Era el resultado de las miras de los 
argentinos contra una república independiente? 
¿Era la prepotencia del bonaerense, deseoso de 
someter al Paraguay? La respuesta, tardía como 
todas las respuestas dadas por los 
acontecimientos, se encuentra en Cerro Corá. Los 
paraguayos, como los brasileños, lucharon contra 
Rosas. Los sucesores de Rosas, unidos a los 
brasileños, exterminaron al Paraguay. La 
fatalidad de los hechos imponía su ley, lo mismo 
a la previsión que a la imprevisión. Se trataba 
de un sistema vicioso, si puede haber sistema en 
la desintegración, y el sistema caía por sus 
causas de ruina. El Río de la Plata era la casa 
dividida contra sí misma. El Imperio del Brasil 
vio sucesivamente caer a Rosas y a Francisco 
Solano López. No prevaleció, porque a su vez, 
llevaba la muerte en sus entrañas. El 
conquistador no pudo aprovechar la conquista, y 
fue sucesivamente satélite de otros planetas, o 
planeta de otros soles. Es perfectamente 
comprensible la intransigencia de Rosas, quien no 
podía ver en el Paraguay una comunidad 
independiente. Rosas carecía de formulas para 
resolver la gravísima cuestión planteada por la 
independencia del Paraguay, pero en su videncia 
de la realidad política, estaba convencido que un 
Paraguay autónomo era imposible. El Paraguay era 
imposible, y antes de que transcurrieran treinta 
años desde el interesado reconocimiento que de su 
independencia hizo el Imperio, la independencia 
del Paraguay había sido destruida por el propio D. Pedro".

3. Pérfida Albión. Expresión anglofóbica que se 
utiliza para denominar de una manera hostil a 
Inglaterra. Creada por el poeta hispano –francés 
Agustín Marie de Ximenez. Albión deriva de 
"albus", blanco. Color que tienen los acantilados 
de Dover cuando se los divisa desde el mar. La 
expresión "pérfida Albión" fue muy usada por 
Napoleón y sus oficiales para referirse a su 
enemigo imbatible: El Reino Unido de la Gran Bretaña.

4. El tratado de la Triple Alianza. Pocos 
documentos oficiales son tan reveladores de las 
verdaderas intenciones políticas que van detrás 
de los actos de Estado como este Tratado. De su 
simple lectura cualquiera puede deducir con 
facilidad la naturaleza del conflicto que se 
avecinaba y las razones del mismo. El texto del 
Tratado: El 1º de mayo de 1865, Francisco 
Octaviano de Almeida Rosa (reemplazante de 
Paranhos e integrante del partido liberal 
brasileño), Carlos de Castro (canciller del 
gobierno de Venancio Flores) y Rufino de Elizalde 
(canciller del de Mitre) firmaron en la ciudad de 
Buenos Aires el tratado de alianza que 
permanecería secreto debido a sus comprometedoras 
cláusulas, el mismo es el siguiente: Art. 1. La 
República Oriental del Uruguay, Su Majestad el 
Emperador del Brasil, y la República Argentina 
contraen alianza ofensiva y defensiva en la 
guerra provocada por el gobierno del Paraguay. 
Art. 2. Los aliados concurrirán con todos los 
medios de que puedan disponer, por tierra o por 
los ríos, según fuese necesario. Art. 3. Debiendo 
las hostilidades comenzar en el territorio de la 
República Argentina o en la parte colindante del 
territorio paraguayo, el mando en jefe y la 
dirección de los ejércitos aliados quedan a cargo 
del presidente de la República Argentina y 
general en jefe de su ejército, brigadier don 
Bartolomé Mitre. Las fuerzas navales de los 
aliados estarán a las inmediatas órdenes del Vice 
Almirante Visconde de Tamandaré, comandante en 
jefe de la escuadra de S.M. el Emperador del 
Brasil. Las fuerzas terrestres de S.M. el 
Emperador del Brasil formarán un ejército a las 
órdenes de su general en jefe, el brigadier don 
Manuel Luis Osorio. A pesar de que las altas 
partes contratantes están conformes en no cambiar 
el teatro de las operaciones de guerra, con todo, 
a fin de conservar los derechos soberanos de las 
tres naciones, ellas convienen desde ahora en 
observar el principio de la reciprocidad respecto 
al mando en jefe, para el caso de que esas 
operaciones tuviesen que pasar al territorio 
oriental o brasileño. Art. 4. El orden interior y 
la economía de las tropas quedan a cargo 
exclusivamente de sus jefes respectivos. El 
sueldo, provisiones, municiones de guerra, armas, 
vestuarios, equipo y medios de transporte de las 
tropas aliadas serán por cuenta de los 
respectivos Estados. Art. 5. Las altas partes 
contratantes se facilitarán mutuamente los 
auxilios que tengan y los que necesiten, en la 
forma que se acuerde. Art. 6. Los aliados se 
obligan solemnemente a no deponer las armas sino 
de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado 
al actual gobierno del Paraguay, así como a no 
tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de 
paz, tregua, armisticio, cualquiera que ponga fin 
o suspenda la guerra, sino por perfecta 
conformidad de todos. Art. 7. No siendo la guerra 
contra el pueblo paraguayo sino contra su 
gobierno, los aliados podrán admitir en una 
legión paraguaya a todos los ciudadanos de esa 
nación que quisieran concurrir al derrocamiento 
de dicho gobierno, y les proporcionarán los 
elementos que necesiten, en la forma y 
condiciones que se convenga. Art. 8. Los Aliados 
se obligan a respetar la independencia, soberanía 
e integridad territorial de la República del 
Paraguay. En consecuencia el pueblo paraguayo 
podrá elegir el gobierno y las instituciones que 
le convengan, no incorporándose ni pidiendo el 
protectorado de ninguno de los aliados, como 
resultado de la guerra. Art. 9. La independencia, 
soberanía e integridad territorial de la 
República, serán garantizadas colectivamente, de 
conformidad con el artículo precedente, por las 
altas partes contratantes, por el término de 
cinco años. Art. 10. Queda convenido entre las 
altas partes contratantes que las exenciones, 
privilegios o concesiones que obtengan del 
gobierno del Paraguay serán comunes a todas 
ellas, gratuitamente si fuesen gratuitas, y con 
la misma compensación si fuesen condicionales. 
Como punto saliente se puede leer claramente un 
objetivo puntual era quitar a Paraguay la 
soberanía de sus ríos. Art. 11. Derrocado que sea 
el gobierno del Paraguay, los aliados procederán 
a hacer los arreglos necesarios con las 
autoridades constituidas, para asegurar la libre 
navegación de los ríos Paraná y Paraguay, de 
manera que los reglamentos o leyes de aquella 
República no obsten, impidan o graven el tránsito 
y navegación directa de los buques mercantes o de 
guerra de los Estados Aliados, que se dirijan a 
sus respectivos territorios o dominios que no 
pertenezcan al Paraguay, y tomarán las garantías 
convenientes para la efectividad de dichos 
arreglos, bajo la base de que esos reglamentos de 
política fluvial, bien sean para los dichos dos 
ríos o también para el Uruguay, se dictarán de 
común acuerdo entre los aliados y cualesquiera 
otros estados ribereños que, dentro del término 
que se convenga por los aliados, acepten la 
invitación que se les haga. Art. 12. Los aliados 
se reservan concertar las medidas más 
convenientes a fin de garantizar la paz con la 
República del Paraguay después del derrocamiento 
del actual gobierno. Art. 13. Los aliados 
nombrarán oportunamente los plenipotenciarios que 
han de celebrar los arreglos, convenciones o 
tratados a que hubiese lugar, con el gobierno que 
se establezca en el Paraguay. Otro punto 
específico era responsabilizar a Paraguay de la 
deuda de guerra. Art. 14. Los aliados exigirán de 
aquel gobierno el pago de los gastos de la guerra 
que se han visto obligados a aceptar, así como la 
reparación e indemnización de los daños y 
perjuicios causados a sus propiedades públicas y 
particulares y a las personas de sus ciudadanos, 
sin expresa declaración de guerra, y por los 
daños y perjuicios causados subsiguientemente en 
violación de los principios que gobiernan las 
leyes de la guerra. La República Oriental del 
Uruguay exigirá también una indemnización 
proporcionada a los daños y perjuicios que le ha 
causado el gobierno del Paraguay por la guerra a 
que la ha forzado a entrar, en defensa de su 
seguridad amenazada por aquel gobierno. Art. 15. 
En una convención especial se determinará el modo 
y forma para la liquidación y pago de la deuda 
procedente de las causas antedichas. También 
dejaban bien claro los aliados la intención de 
repartir el territorio paraguayo. Art. l6. A fin 
de evitar discusiones y guerras que las 
cuestiones de límites envuelven, queda 
establecido que los aliados exigirán del gobierno 
del Paraguay que celebre tratados definitivos de 
límites con los respectivos gobiernos bajo las 
siguientes bases: La República Argentina quedará 
dividida de la República del Paraguay, por los 
ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los 
límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en 
la ribera derecha del Río Paraguay, la Bahía 
Negra. El Imperio del Brasil quedará dividido de 
la República del Paraguay, en la parte del 
Paraná, por el primer río después del Salto de 
las Siete Caídas que, según el reciente mapa de 
Mouchez, es el Igurey, y desde la boca del Igurey 
y su curso superior hasta llegar a su nacimiento. 
En la parte de la ribera izquierda del Paraguay, 
por el Río Apa, desde su embocadura hasta su 
nacimiento. En el interior, desde la cumbre de la 
sierra de Mbaracayú, las vertientes del Este 
perteneciendo al Brasil y las del Oeste al 
Paraguay, y tirando líneas, tan rectas como se 
pueda, de dicha sierra al nacimiento del Apa y 
del Igurey. Art. 17. Los aliados se garanten 
recíprocamente el fiel cumplimiento de los 
acuerdos, arreglos y tratados que hayan de 
celebrarse con el gobierno que se establecerá en 
el Paraguay, en virtud de lo convenido en este 
tratado de alianza, el que permanecerá siempre en 
plena fuerza y vigor, al efecto de que estas 
estipulaciones serán respetadas por la República 
del Paraguay. A fin de obtener este resultado, 
ellas convienen en que, en caso de que una de las 
altas partes contratantes no pudiese obtener del 
gobierno del Paraguay el cumplimiento de lo 
acordado, o de que este gobierno intentase anular 
las estipulaciones ajustadas con los aliados, las 
otras emplearán activamente sus esfuerzos para 
que sean respetadas. Si esos esfuerzos fuesen 
inútiles, los aliados concurrirán con todos sus 
medios, a fin de hacer efectiva la ejecución de 
lo estipulado. Art. 18. Este tratado quedará 
secreto hasta que el objeto principal de la 
alianza se haya obtenido. Art. 19. Las 
estipulaciones de este tratado que no requieran 
autorización legislativa para su ratificación, 
empezarán a tener efecto tan pronto como sean 
aprobadas por los gobiernos respectivos, y las 
otras desde el cambio de las ratificaciones, que 
tendrá lugar dentro del término de cuarenta días 
desde la fecha de dicho tratado, o antes si fuese 
posible. En testimonio de lo cual los abajo 
firmados, plenipotenciarios de S.E. el Presidente 
de la República Argentina, de S.M. el Emperador 
del Brasil y de S.E. el Gobernador Provisorio de 
la República Oriental, en virtud de nuestros 
plenos poderes, firmamos este tratado y le 
hacemos poner nuestros sellos en la Ciudad de 
Buenos Aires, el 1º de Mayo del año de Nuestro 
Señor de 1865. También se firmó un protocolo 
adicional secreto que establecía lo siguiente: 1) 
demolición de las fortificaciones de Humaitá; 2) 
desarme de Paraguay y reparto de armas y 
elementos de guerra entre los aliados; y 3) 
reparto de trofeos y botín que se obtuvieran en territorio paraguayo.

5. Vocación genocida de Sarmiento. Esa carta 
puntual que cito es mencionada por algunos 
historiadores como una carta dirigida a Mitre. 
Creo, en función de la lectura de diversas 
fuentes, que eso no es correcto. Son varias las 
cartas a Mrs. Mann en las que el sanjuanino es 
explaya sobre el desprecio que siente por los 
habitantes de nuestros continente. Hay otra carta 
que Sarmiento sí dirige a Mitre, en ocasión de 
Pavón, en las que también pone de manifiesto su 
escaso o nulo respeto por los derechos humanos de 
nuestros compatriotas: "No trate de economizar 
sangre de gauchos. Este es un abono que es 
preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos".

6. Sobre el martirio del pueblo paraguayo. Son 
pocos los libros como "Proceso a los 
Falsificadores de la Historia del Paraguay", de 
Atilio García Mellid, que describen con tanta 
poesía y lirismo la epopeya y el martirio del 
Paraguay. Este libro, un poco en la sombras, como 
su autor, por motivos políticos e 
historiográficos, narra en dos largos tomos la 
historia del Paraguay, desde la colonización 
hasta la posguerra. En sus párrafos, poéticamente 
elaborados, podemos leer: "Porque podrá borrarse 
la imagen de los mártires, desdibujarse el paso 
de los héroes y aventarse las cenizas de los 
guerreros abatidos, pero no se podrá nunca 
ocultar la luz inmarcesible de ese holocausto 
colectivo, ni amortiguar la belleza moral de un 
sacrificio de tan inmensas proporciones… Para 
comprender al Paraguay que sostuvo, durante más 
de cinco años, una guerra desigual y 
aniquiladora, es necesario pensar en esa 
comunidad activa, en ese destino colectivo en que 
todos se sentían representados. Lo que esa 
comunidad defendía, no era un hombre, ni la obra 
de un hombre: era la obra de todos, que en un 
hombre –el mejor- se encarnaba. Porque ese hombre 
y ese pueblo eran la expresión unificadora, 
maciza e inconfundible del alma paraguaya".


	

	
		
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