[R-P] genocidio del pueblo paraguayo (II)

hhmanzolillo hhmanzolillo en yahoo.com.ar
Lun Mar 2 10:39:14 MST 2009


La masacre de Paysandú

En octubre de 1864, el ejército del Brasil con la 
excusa de proteger la tranquilidad de los 
estancieros riograndeses ingresa al territorio 
oriental y ocupa la Villa de Melo. Venancio Flores cruza el río Uruguay.

El Partido Blanco oriental resiste la invasión y 
se concentra en Paysandú, villa defendida por el 
Coronel Gómez y cientos de argentinos que se 
habían sumado a la causa de los federales 
orientales. La escuadra brasileña al mando del 
Almirante Tamandaré ingresa en aguas argentinas 
sin problema alguno y asedia y bombardea Paysandú durante días desde el río.

El bastión termina siendo rodeada por agua, 
mientras que desde tierra lo acosan 10.000 
brasileros. La resistencia es heroica, y cuando 
ya sin fuerzas los orientales entregan el fuerte 
y se rinden, Leandro Gómez, el jefe de la 
resistencia es ejecutado sin trámite alguno.

Fue un ensayo de lo que sería la invasión al 
Paraguay, tuvo un despliegue de armas 
desproporcionado, fue la primera vez en la 
historia de Latinoamérica que se bombardeaba una 
ciudad indefensa. El pueblo argentino, en 
especial los entrerrianos al otro lado del Río 
Uruguay, contemplaban con horror y asombro los episodios.

El mensaje quedaba claro, después de este "infame 
espectáculo" como lo llamará Guido Spano, venía 
el turno del Paraguay. Luego de la caída de 
Paysandú asume la presidencia del Uruguay 
Venancio Flores dispuesto a cumplir sus 
compromisos secretos con el Brasil en cuanto a 
continuar la guerra contra el pueblo guaraní.

¿Y Urquiza?

Cuando comienza el bombardeo y el asedio de 
Paysandú, Solano López ruega al viejo Urquiza su 
intervención: "Estoy llorando, señor general, de 
rabia y desesperación a presencia de los crímenes 
tan atroces que perpetúan bajo la capa de la 
libertad y la civilización" (Carta de Solano 
López a Urquiza, 11 de noviembre de 1864). En 
esos días, en Entre Ríos se desata una furia 
social contra Mitre. Era conocida la amistad del 
entrerriano con el paraguayo, se sabía que el 
primero le había prometido su apoyo. Se espera 
con ansias extremas la voz de Urquiza, un 
"pronunciamiento" contra Mitre y Flores.

Pero todo es en vano. Los Aliados conocen bien a 
Urquiza. El Brasil, haciendo uso de la diplomacia 
del patacón "A fin de año le manda un emisario 
para comprarle 30.000 caballos a 12 patacones 
cada uno; 360.000 patacones, ¡un negoción! Le ha 
tocado el lado flaco. Urquiza vende y deja de a 
pie a su famosa caballería. No habrá 
pronunciamiento y Paisandú sucumbe" (Vivian 
Trias, "El Paraguay: de Francia el Supremo a la Guerra de la Triple Alianza).

Por su parte, la oligarquía porteña y los bancos 
de Buenos Aires hicieron su aporte. Después de 
una satisfactoria operación financiera con el 
Banco de Londres y "mientras los bancos de Buenos 
Aires tuvieran reservas, Urquiza no fue un 
peligro real para el gobierno de Mitre" (Ortega Peña y Duhalde).

La eficacia del imperio parece incuestionable: 
Urquiza jamás hizo su pronunciamiento a favor de 
los blancos uruguayos ni por Solano López y el 
Paraguay, sino por el contrario, se puso a 
reclutar tropas para la Guerra del Paraguay. 
Consumó su última gran decisión política, que fue 
reprobada masivamente, y en especial por Ricardo López Jordán.

Reacción paraguaya y el paso por Argentina

El golpe brasileño contra Uruguay era, a la vez 
de la primera fase de la acción contra el 
Paraguay, una directa provocación contra el 
gobierno guaraní. Paraguay salió a defender al 
gobierno legal del Uruguay declarando la guerra 
al Imperio manifestando que consideraba 
"atentatorio contra el equilibrio en el Plata 
cualquier ocupación del territorio oriental por fuerzas extrañas".

El Paraguay requiere pasar su ejército por 
territorio argentino. Mitre se lo niega. Urquiza, 
como ya se vio, no mueve un dedo a favor de los 
paraguayos. En Buenos Aires se desató una campaña 
de injurias periodísticas contra la persona del 
Mariscal López. "La Nación Argentina", diario del 
presidente Mitre, convocó a una "cruzada para 
redimir al Paraguay" y conceptuaba a Solano López 
como "boa en medio del fango sangriento de sus 
crímenes" y en un artículo que denominó "El Atila 
americano" declaraba la guerra de "la 
civilización contra la barbarie", "la "guerra a 
muerte". (Citado por José María Rosa. "Historia Argentina" Tomo 7. Pág. 126.).

El ardid propagandístico de Mitre

El presidente Mitre necesitaba preparar a la 
opinión pública contra la guerra ya que la mayor 
parte de ella, no solo en el interior, sino en 
Buenos Aires inclusive, se pronunciaba 
agresivamente contra Brasil. Los federales 
manifestaban su adhesión a la causa paraguaya. 
Incluso algunos liberales porteños, en desacuerdo 
con la "tiranía" de López pero comprendiendo el 
papel de títere del Brasil que desempeñaba la Argentina se oponían a la guerra.

Nuevamente el gobierno paraguayo pide permiso 
para atravesar con sus ejércitos la provincia de 
Corrientes en dirección al Uruguay. Mitre, 
mientras asiste militarmente a Venancio Flores, 
invoca la neutralidad del país y le niega el 
permiso. Paraguay como respuesta le declara 
formalmente la guerra al gobierno de Mitre en 
marzo de 1865, apresa dos pequeños buques 
argentinos en el puerto de Corrientes e ingresa a 
la provincia. Cuando el ejército del Paraguay 
ingresa a la ciudad de Corrientes no encuentra resistencia militar alguna.

Mitre oculta a la ciudadanía la declaración de 
guerra paraguaya durante un mes. La declaración 
de guerra se conoció después del primer acto de 
hostilidad paraguayo ocurrido un mes después. Por 
medio de este ardid el gobierno argentino trata 
de lograr popularidad para la guerra convirtiendo 
ahora las causas de la misma en una "agresión 
paraguaya gratuita". Aparece de esta manera 
Paraguay como país agresor que invade un país 
neutral sin declarar previamente la guerra según 
correspondería a los usos del Derecho Internacional Público de ese tiempo.

"Tratado de la Triple Alianza"

A mediados de 1865, Argentina, Brasil y Uruguay 
(este último ya en poder del partido colorado) 
unen sus fuerzas contra el Paraguay firmando el 
"Tratado de la Triple Alianza".

El Brasil aportaría su escuadra y el General 
Mitre sería designado comandante en Jefe de los 
Ejércitos coligados. La guerra, "expresa" el 
convenio, era contra el Tirano López, no contra 
el pueblo paraguayo y contenía todas las 
expectativas territoriales de los Estados en caso 
de ganar la guerra y otras disposiciones que 
aclaran per se el fin de la guerra (4).

Las primeras batallas

Las primeras operaciones de importancia 
favorecieron a los aliados: derrotaron al general 
paraguayo Estigarribia en "Uruguayana" y 
obtuvieron el triunfo de "Yatay". Las fuerzas guaraníes se replegaron.

A partir de la caída de "Paso de la Patria" en 
1866 las acciones comienzan a desarrollarse 
exclusivamente en territorio paraguayo. En 
"Estero Bellaco" y en "Tuyutí" se libran dos 
batallas con fuertes bajas para ambos bandos.

En el mes de junio vuelven a chocar en "Yatayty 
Corá" y en el "Boquerón". El avance aliado 
continúa en forma lenta y se afirma con la caída de la fortaleza de "Curuzú".

Mitre y la estrategia militar

Se requería una victoria para consolidar "Curuzú" 
y poner a las tropas aliadas frente a la 
Fortaleza de "Humaitá". Llega así el turno de 
"Curupaitý", una pequeña fortificación defendida 
por 40 cañoncitos móviles, siete regimientos de 
infantería y cuatro escuadrones de caballería. Un 
débil parapeto de palos hacía las veces de 
trinchera. Contra éste fuerte piensa Mitre 
desatar toda la fuerza de la totalidad del 
ejército aliado compuesto por 17.000 hombres entre argentinos y brasileños.

Mitre, había "estudiado" el problema en algún 
manual de estrategia militar europeo. Ordena el 
ataque, pero su plan falla debido a las lluvias 
tropicales y gruesos errores de evaluación del 
terreno. Quedan tendidos en los campos fangosos 
de "Curupaitý" más de diez mil cadáveres del 
ejército aliado. Los paraguayos acusan solamente 92 bajas.

Esta derrota atrasaría la guerra notablemente y 
provocaría un resquebrajamiento en el frente 
interno de los aliados. Hay una renovación de 
mandos en los ejércitos y Mitre tiene que dejar 
la comandancia. Pedro II, emperador del Brasil, 
insinúa a Mitre que vuelva a su tierra a 
enfrentar las montoneras que empiezan a sublevarse contra la guerra.

El Marqués de Caxias, el mejor hombre de armas 
del Imperio, se hace cargo de la comandancia 
militar de las fuerzas. Estamos en febrero de 
1867, Mitre oculta la derrota y se marcha a 
Buenos Aires, faltan todavía tres años más de contienda.

Después de Humaitá

A esta altura de los hechos, el Mariscal López no 
estaba vencido, por el contrario contaba con una 
fuerza militar que le permitirá aun resistir con 
éxito la embestida de los aliados.

Con grandes dificultades, la guerra continúa 
hasta la caída de la fortaleza de "Humaitá", en 
agosto de 1868, en manos del Marqués de Caxias. 
El camino hacia Asunción se allana y la ciudad 
capital cae en manos de los aliados en enero de 
1869 después de la derrota paraguaya en la batalla de "Itá Ibaté".

Solano López y la resistencia final

La guerra ya está decidida a favor de la Triple 
Alianza pero López continúa la resistencia. En un 
último y desesperado esfuerzo reúne los restos de 
las tropas supervivientes en "Caacupé" donde es 
nuevamente derrotado. Huye hacia el nordeste 
acompañado por los pocos oficiales leales que le 
quedan, casi sin soldados, lo siguen niños y mujeres ("las residentas").

Mujeres y niños disfrazados de hombres pelean 
contra el invasor en la selva paraguaya. La 
resistencia es inútil y la tragedia final ya está 
cerca. Los brasileros le darán alcance a estos 
fantasmas agotados por el hambre y el cansancio.

El heroico final del Mariscal en Cerro Corá

Solano López y el pueblo paraguayo ya tenían 
claro que solo pelaban para morir dignamente, 
como hombres libres. Con su mujer, Elisa Lynch, 
su hijo Panchito, (apenas un adolescente que 
hacía las veces de un improvisado Jefe de Estado 
Mayor), sus otros hijos y cerca de 400 
paraguayos, en su mayoría niños y mujeres, llega 
el 14 de febrero de 1870 a Cerro Corá. Dos 
semanas esperarán allí el desenlace final.

El 1 de marzo de 1870 las tropas imperiales 
rodean a los últimos paraguayos que resistían y 
comienzan el asedio. Eran veinte veces más que 
ellos, tenían armas de precisión y la mejor 
caballería pero igual dudan y sienten temor de 
enfrentar al Mariscal guaraní. Para palear el 
miedo, el Brasil pone una recompensa por la 
cabeza de Solano López: 100.000 libras esterlinas 
por el Mariscal pagaban los "civilizadores". El 
general Cámara y su tropa van tras ese premio.

Después de algunas maniobras de posicionamiento, 
los hombres de Caxias consiguen dar, en las 
orillas del Arroyo Aquidaban-niguí, con la última 
unidad del ejército Paraguayo y se aprestan a 
avanzar sobre ellos. José María Rosa, en "La 
Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas" 
relata los episodios del 1 de Marzo de 1870 en 
Cerro Corá y el desenlace de la guerra: "…Llegan 
los brasileños: un soldado persigue al cirujano 
Estigarribia por el arroyo, y lo atraviesa de un 
lanzazo. López trata de enderezarse, pero se 
desploma cayendo al agua; consigue sentarse y 
saca su espadín de oro con la mano derecha 
tomando la punta con la izquierda. Cámara se le 
acerca y le formula la propuesta de rigor: 
"Ríndase Mariscal, le garantizo la vida", López 
lo mira con los ojos serenos y responde con una 
frase que entra en la historia: "¡Muero con mi 
Patria!" al tiempo de amagarle con el espadín. 
"Desarmen a ese hombre", ordena Cámara desde 
respetable distancia. Ocurre una escena tremenda: 
un trompudo servidor de la libertad se arroja 
sobre el moribundo eludiendo las estocadas del 
espadín para soltarle la mano de la empuñadura; 
el mariscal, anegada en sangre el agua que lo 
circunda, medio ahogado, entre los estertores de 
la muerte, ofrece resistencia; el cambá (el 
brasilero) lo ase del pelo y lo saca del agua. 
Ante esa resistencia, Cámara cambia la orden: 
"¡Maten a ese hombre!". Un tiro de Manlicher 
atraviesa el corazón del mariscal que queda 
muerto de espaldas, con los ojos abiertos y la 
mano crispada en la empuñadura del espadín. "¡Oh! 
¡diavo do López!" ("¡oh! ¡Diablo de López!"), 
comenta el soldado dando con el pie en el cadáver.

"El exterminio de los últimos paraguayos es 
atroz. El general Roa, sorprendido en el arroyo 
Tacuaras, había sido intimado. "¡Rendite 
paraguayo danado!" ("¡Rendite paraguayo 
condenado!"); "¡Jamás!"… y se deja degollar. El 
vicepresidente Sánchez, moribundo en su coche, es 
amenazado. "¡Rindase fío da put…!"… ("¡Rindase 
hijo de put…!"); el viejo octogenario abre los 
ojos asombrado: "¿Rendirme yo?" y descarga su 
débil bastón sobre el insolente: un tiro de 
pistola lo deja muerto. Panchito acompaña a su 
madre y a sus hermanos pequeños que han 
conseguido refugiarse en su coche; hace la 
guardia junto a la puerta. Llegan los brasileños 
y preguntan si esa mujer es "la querida" de 
López, y esos niños, "sus bastardos"; Panchito 
arremete contra los canallas, que sujetan al 
niño: "¡Rindete!" "¡Un coronel paraguayo no se rinde!". Lo matan.

Elisa Lynch cubre el cuerpo de su hijo. Algún 
desmandado quiere propasarse y la mujer le 
impone: "¡Cuidado, soy inglesa!". ¡Ah, tiene 
temores ese mayor Floriano Peixoto de otra 
cuestión Christie con Inglaterra! La deja en 
libertad. Elisa buscará esa noche el cuerpo de 
Francisco Solano para enterrarlo junto al de 
Panchito en una tumba cavada por sus propias 
manos. El cadáver del mariscal está desnudo, 
porque la soldadesca lo ha despojado (el reloj de 
oro que llevaba esa tarde fue mandado como trofeo 
a la argentina). Elisa encuentra una sabana de 
algodón y amortaja los cuerpos queridos.

Entre el estrépito de triunfo de los vencedores 
que festejaban su definitiva victoria. Elisa reza 
su sencilla oración despidiendo a su compañero y 
a su hijo. La noche se ha puesto sobre las 
tremendas escenas de la tarde, y un farol 
mortecino, llevado por un niño de nueve anos, es 
la única luz que alumbra el sepelio del gran Mariscal.

La guerra del Paraguay ha terminado."

Una nación exterminada y saqueada

Luego de cinco años en que tropas de Argentina, 
Brasil y Uruguay lucharon contra el pueblo 
paraguayo, éste fue vencido y literalmente aniquilado.

Entre las ruinas aún humeantes de Asunción, en 
medio de la peste provocada por los cadáveres sin 
sepultura, los aliados imponen un gobierno 
títere. "Gobierno Provisorio del Paraguay" que 
declara libre la comercialización de la yerba 
mate, el algodón y el corte de madera en los 
montes fiscales. Se enajena el ramal de 
ferrocarril Asunción-Villarrica y en menos de un 
año pasan a manos privadas 29 millones de 
hectáreas de tierra, simplemente hurtadas a los 
pocos campesinos que quedaban con vida.

También era el momento de aplicar, en lo 
referente a la cuestión de límites territoriales, 
el Tratado de la Triple Alianza. El Brasil, 
siempre mas "hábil" diplomáticamente, prefirió 
tratar directamente con el Paraguay vencido y 
obtuvo, no solamente el territorio que le 
correspondía por el Tratado, sino también una 
amplia región comprendida entre los ríos Banco y 
Apa. El gobierno argentino protestó. Brasil le 
ofreció en compensación el chaco paraguayo pero 
Argentina no aceptó y mantuvo en litigio ésta cuestión durante varios años.


El genocidio del Pueblo paraguayo


Las cifras del horror

El epígrafe de este breve ensayo, una cita del 
historiador paraguayo Efraín Cardozo, contiene 
una cifra escalofriante, los números desnudos de 
esta guerra: "De 1.300.000 habitantes 
sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños".

En estos números o en las proporciones coinciden 
la mayoría de los historiadores. George G. Petre, 
diplomático británico, escribió que la población 
del Paraguay fue "reducida de cerca de un millón 
de personas bajo el gobierno de Solano López a no 
más de trescientas mil, de las cuales más de tres 
cuartas partes eran mujeres". Enrique Cesar 
Rivera, en "José Hernández y la Guerra del 
Paraguay" escribe: "Al comenzar esta (la guerra) 
contaba el Paraguay con 1.500.000 habitantes; 
cuando concluyó, quedaban 250.000 viejos, mujeres 
y niños de corta edad, y solo ruinas de una 
economía floreciente". Abelardo Ramos sostiene 
una idea similar: "Si al comenzar la guerra el 
Paraguay contaba con 1.500.000 habitantes, al 
concluir la farsa criminal vagaban entre las 
ruinas humeantes 250.000 niños, mujeres y ancianos sobrevivientes".

Para que el lector se dé una idea de la magnitud 
descomunal de la criminalidad de la guerra solo 
basta con cotejar estos números con el primer 
Censo Poblacional que se realizó en Argentina, 
contemporáneo a la guerra en 1869. Nuestro país 
tenía por entonces 1.877.490 habitantes. En mi 
provincia, Entre Ríos, vivían 134.271 habitantes. 
Si trazamos un paralelo con la actualidad, 
encontraríamos que cerca del 60% de la población 
argentina sería asesinada por la guerra. 
Estaríamos hablando de alrededor más de 25 
millones de personas. La magnitud y la 
proporcionalidad de las muertes asustan con solo repasarlas en el papel.

Ni siquiera el gobierno provisional paraguayo 
títere, impuesto por Brasil después de la guerra, 
pudo esconder lo sucedido. En un censo parcial 
que se realizó en el Paraguay, después de la 
guerra, se concluyó que la población del Paraguay 
"pasó de unos 500.000 habitantes a 116.351, de 
los cuales solo el 10% eran hombres y el resto, 
viejos, mujeres y niños". Aunque pueden haber 
pretendido esconder la verdadera dimensión de la 
masacre no pudieron esconder la proporción ni las 
consecuencias. Aun así, los casi 400.000 
paraguayos que los vencedores declaran muertos 
son más de tres veces la población entera de la 
provincia de Entre Ríos, que por aquellos días 
era la tercera más poblada del país.

Un genocidio

Tan cierta son las cifras indicadas que el 
Paraguay de la posguerra se reconstruyó con el 
trabajo de las mujeres y los niños, estableciendo 
un sistema social de matriarcado combinado con 
una funcional aceptación de la poligamia debido 
al exterminio de la población masculina.

Fue muerta el 75 % de la población. Ante tamaña 
cifra solo puedo asociar este hecho a un 
concepto: genocidio. Son pocos los historiadores 
que utilizan éste concepto para denominar lo 
ocurrido con el pueblo paraguayo. Se prefiere 
hablar de exterminio, eliminación, 
aniquilamiento, pero poco se menciona la noción 
de genocidio. Los autores que utilizan el 
concepto lo hacen como un recurso del lenguaje, 
como adjetivo superlativo de la masacre ocurrida, 
sin profundizar en el significado del término. 
Entiendo que éste no es un olvido intencional, 
ocurre que genocidio es un concepto relativamente 
"moderno" y con ciertos alcances polémicos.

El extermino del pueblo paraguayo ocurrido 
durante la guerra de la Triple Alianza puede ser 
considerado técnicamente un genocidio cometido 
por las fuerzas aliadas del Brasil, Argentina y Uruguay.

Esta es una hipótesis de trabajo que abordo a 
continuación: La palabra genocidio fue creada por 
Raphael Lemkin en 1944. Deviene del griego: 
genos-, genes, raíces, familia, tribu o raza y 
–cidio-, del latín-cidere, forma combinatoria de 
caedere, matar) Lemkin quería referirse con este 
término a las matanzas por motivos raciales, 
nacionales o religiosos. Este pensador judío 
polaco luchó para que las normas internacionales 
definiesen y prohibiesen el genocidio a partir de 
las masacres en masa ejecutadas en la segunda guerra mundial.

Desde el punto de vista legislativo, dentro del 
marco del Derecho Internacional Público, la 
Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó 
los principios de Derecho Internacional 
reconocidos por las distintas instituciones que 
arbitran la justicia a nivel internacional y 
proclamó la resolución 96 sobre el Crimen de 
Genocidio, que lo define como "una negación del 
derecho de existencia a grupos humanos enteros", 
entre ellos los "raciales, religiosos o 
políticos", instando también a tomar las medidas 
necesarias para la prevención y sanción de este crimen.

Esta resolución se cristalizó en la Convención 
para la Prevención y Sanción del Delito de 
Genocidio, adoptada por la Asamblea General de 
las Naciones Unidas en su resolución 260 A del 
año 1948 que entró en vigor en 1951.

Se lo define de la siguiente manera: El genocidio 
o asesinato de masas es un delito internacional 
que consiste en la comisión, por funcionarios del 
estado o particulares, de la eliminación 
sistemática de un grupo social por motivos de 
nacionalidad, etnia, raza o religión. Estos actos 
comprenden la muerte y lesión a la integridad 
física o moral de los miembros del grupo, el 
exterminio y la adopción de medidas destinadas a 
impedir los nacimientos en el grupo.

Una matanza por motivos ideológicos está en 
debate en los foros internacionales, no está 
firmemente considerado como genocidio, aunque a 
veces se aplica el concepto por analogía. Esto es 
lo que pasó en la dictadura genocida de Videla, 
Massera y cía. que asaltó el poder en Argentina el 24 de Marzo de 1976.

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