[R-P] traemos a Borges?

Enrique C. Picotto listas en picotto.net
Lun Mar 2 01:49:51 MST 2009


maría Sola wrote:

> [...] Decía, ya lo he contado, de Hernandez que si viviera
> sería peronista y que por lo tanto no lo podía elogiar en público
> ...pero sabía de memoria gran parte del Martín Fierro y entre los
> suyos no vacilaba en decir que Hernandez era el mejor escritor
> argentino.
> [...]

Querida María:

No es necesario «saberse de memoria gran parte del Martín
Fierro»: lo que habría que saber es más bien su esencia.
Y aquí no creo que Borges —y otros muchos de nuestros
corifeos literarios— hubiesen estado muy al tanto. Ya viste
lo que dice Borges de don Nicanor Paredes, cuando pretende
meterse en cosas menos impenetrables o esotéricas para el
SENTIDO COMÚN como son las esquinas no rosadas o los estaños
del Bajo de Belgrano.

En estas cosas que no se aprenden en bibliotecas, entrevera
Borges el naipe cuando quiere hablar del truco, y vemos que
sólo entendía de la métrica y la rima. Del juego en sí, que
se vive y es la vida, no sabía nada, y en ese caso es mejor
no meterse.

En 1955 se imprimieron en México, Fondo de de Cultura Económica,
dos tomos de poesía gauchesca, cuya edición, prólogo, notas
y glosario estuvieron a cura del dúo Borges-Bioy Casares.
Aquí pretenden también aplicar la métrica libresca y, por
tomar un ejemplo, dicen en una de las innumerables notas,
esta vez la referida al verso 1550 del Martín Fierro, donde
se relata la huída con la cautiva. El dúo Borges-Bioy Casares
se vale de otras dos «autoridades» de nuestro parnaso: Lugones
y Rojas:

    1550 Para este episodio, cf.; "Cualquier romántico vulgar
    habría aprovechado el percance para una aventura amorosa,
    después de todo natural en aquel hombre afligido por un
    celibato de cinco años. Por pasividad gaucha y por
    gratitud, la mujer tampoco habría resistido. Pero la
    generosidad del paladín ignora estas complicaciones
    pasionales. Ni una sombra de egoísmo empañará su buena
    acción. Ni siquiera en ósculos dolorosos sabría cobrar
    al débil el precio de su hazaña. Modelo de varón, su
    castidad, como el asco de la espada, es la belleza de
    su fuerza" (Leopoldo Lugones, El payador, 1916, página 234).

    Sed contra: "Quizás Fierro entrara en intimidad carnal
    con la cautiva, siquiera alguna noche del desierto, al
    cruzar la pampa sobre UN SOLO CABALLO, que consiguieron
    robar a los indios. Si tal cosa ocurrió, Hernández no nos
    lo dice, quizás porque un acto tan natural le resultaba
    expúreo [sic!] para el arte, o porque quiso que la generosa
    figura de su héroe se destacara en toda su grandeza moral"
    (Ricardo Rojas, La literatura argentina, 1917, I, 493).

Lugones, ejemplo sin par de la doble moral porteña que lo
obligó a un «suicidio de sirvienta» [Castellani], que le
escribía ESQUELAS CON SEMEN a su amante, Emilia Cadelago,
viene a suponerle estas castas virtudes a un pobre gaucho,
probablemente porque las echara de menos en su propia vida.

Y POR SI ESTO FUERA POCO, viene el otro aporteñado a suponer
que si algo «hubo», sería comprensible por los inevitables
manoseos al escapar ambos EN UN SOLO CABALLO, y porque patatín
y porque patatán.

Lo único positivo de toda esta exégesis que presentan en el verso
1150 es que demuestra que NINGUNO DE LOS CUATRO HABÍA LEÍDO EL
MARTÍN FIERRO CON ALGÚN DETENIMIENTO, ya que el mismo Hernández —
con acento, María— aclara unos versos antes, en el 1371

    A la afligida cautiva
    mi caballo le ofrecí...

para indicar luego en el verso 1383

    Yo me le senté al del pampa...

O sea que huyeron EN DOS CABALLOS, lo que tampoco habrá
impedido «ósculos dolorosos» ni lúbricos. Estos son los
entendidos de nuestra argentinidad, querida María, y mirá
las boludeces que decían unos, y otros repetían, y se siguen
repitiendo. Quizá te des así una idea de por qué andamos
como andamos: como la mona, o como decían los ingleses de
Borges: comou el coulou...

Si por lo menos pudiéramos ver la realidad, pero es muy dura
y mejor es seguir soñando con Borges. Como Père-Lachaise está
en París, nos conformamos con la Recoleta, que si no está
rodeada de bosques, por lo menos está rodeada de edificios
de propiedad horizontal, que son más altos que los árboles
de París. Y si no soñamos con la poesía de Borges, que sea
por lo menos con la de Blomberg y Maciel:

    Yo sé que aún te acuerdas del barrio perdido,
    de aquel Buenos Aires que nos vio partir,
    que en tus labios fríos aún tiemblan los tangos
    que en París cantabas antes de morir.

Dejemos de soñar y recordemos más bien lo que ya nos instó
alguien que pareciera habernos conocido bastante bien,
José Ortega y Gasset:

    ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas...!

Besos, María
Enrique    







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