[R-P] [Alberto Franzoia] Después no digan "yo no los voté" o "yo no sabía".
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Jun 26 17:05:35 MDT 2009
Después no digan “yo no los voté” o “yo no sabía”
Por Alberto J. Franzoia
Considero que el panorama político de la Argentina actual puede
resultar muy confuso si dejamos a un lado la memoria, es decir, si
descuidamos ese sabio ejercicio de revisar el pasado para no darnos la
cabeza dos veces contra la misma pared. En oportunidad de participar
de la polémica con la concejal de Merlo Alejandra Pignataro sostuve
que no hay cosas nuevas bajo el sol si realmente somos memoriosos.
Desde ya me refería a todas aquellas fuerzas políticas que tienen
posibilidades de continuar o bien modificar el rumbo político que
transitamos en Argentina. Y es que en todo proceso electoral hay una
primera disyuntiva que debemos resolver: ¿aportamos un voto útil para
apoyar la continuidad y profundización de lo existente o bien para
impulsar una oposición con posibilidades ciertas de cambiar, o nos
limitamos a un voto testimonial cargado de intenciones que no
lograremos concretar porque no responden al estado de conciencia
general
existente y a la relación de fuerzas que objetivamente se manifiesta?
Esta postura puede oler a conformista para un revolucionario bien de
“izquierda” (es decir la que nunca gobierna), pero en realidad mucho
tiene que ver con aplicar con coherencia el método con el que muchos
decimos identificarnos, a saber: construir nuestra teoría a partir de
la práctica concreta, ya que sólo ese tipo de producto intelectual nos
permitirá volver sobre la realidad para modificarla. En su defecto la
teoría no podrá pasar de un recitado de buenas intenciones. Los
antecedentes históricos al respecto son tan contundentes que no vale
la pena hacer un listado.
Volviendo entonces a que no hay cosas nuevas bajo el sol, recordaré
para algunos desmemoriados que las fuerzas políticas (de la oposición
posible) que pretenden ser lo nuevo y alternativo están repletas de
ideas y personajes viejos. Si nos detenemos en el plano
ideológico-político nos encontramos con un panorama simple, ya que
ninguna de esas fuerzas ha renunciado al pasado neoliberal, el mismo
que tuvo vigencia en Argentina entre los oscuros años del terrorismo
de Estado y el 2003. Recordemos que la violencia brutal y sistemática
aplicada desde el aparato estatal sirvió en la primera etapa para
imponer el plan de Alfredo Martínez de Hoz, quien desde luego
representaba no sólo a un grupete de amigos, sino a una alianza de
clases entre la suya (la oligarquía) y la burguesía financiera del
Norte. Desde ya la hegemonía la ha ejercido siempre aquella clase que
es dominante a nivel mundial: la burguesía financiera imperialista.
Pero ésta,
sin su alianza con la clase que opera al interior de nuestra Patria,
nunca hubiera podido concretar el saqueo al que fuimos sometieron,
salvo que estuviese dispuesta a realizar una invasión armada desde el
exterior. Una vez conseguido el primer objetivo mediante el terror
estatal, llegaron los años de la democracia formal que inauguró el
“padre” de la misma: Raúl Alfonsín. Fue cuando el neoliberalismo ya
no necesitó básicamente de los cañones internos para imponerse en
tanto lograba una victoria mucho más espectacular ingresando al campo
de las ideas en condición de idea dominante. Es decir, no pocos
argentinos empezaron a pensar como el enemigo. El punto más dramático
de dicha etapa la vivimos con el “peronismo” menemista. Fue entonces
cuando esas ideas dominantes tuvieron tanto peso que lograron penetrar
y consolidarse inclusive en el seno del movimiento nacional fundado
por Juan Domingo Perón.
Cómo olvidar el patético espectáculo de dirigentes políticos y
sindicales paseándose por los programas de Neustadt y Grondona para
demostrar que los “negros” ahora eran altos, rubios y de ojos
celestes. Y cuando el menemismo agotó sus pilas (degradado por sus
negociados, entregas del patrimonio nacional, destrucción de nuestra
industria y empobrecimiento de los sectores populares, incluidas
franjas importantes de las capas medias) llegó con las banderas de la
ética pequeño burguesa (ética formal vaciada de contenido) la Alianza,
con su Banelco lista y una descomunal inoperancia para conducir el
gobierno nacional en una nueva etapa del poder neoliberal. Con la
implosión del modelo gestado en los años de la dictadura, y el
helicóptero que sirvió para la huida en democracia del radical
Fernando de la Rúa, llegó finalmente Duhalde para poner termino a la
convertibilidad, pero pretendiendo salvar con dicha medida un modelo
que
naufragaba. Faltaba todo lo demás, medidas articuladas y articulantes
que nos permitieran recuperar de a poco la dignidad nacional. Hasta
que en 2003, Néstor Kirchner, que para muchos era el chirolita del
Duhalde, se independizó de su Chasman y dio los primeros pasos (ahora
continuados por Cristina) para volver de ese infierno que se acercaba
a las tres décadas ininterrumpidas.
Pues bien, no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Quiénes son la oposición
posible? Unos son radicales reciclados, con sus viejas ideas: economía
liberal y republicanismo formal. Integrantes en su mayoría de las
capas medias copadas por el discurso y práctica de la clase dominante.
Se llaman Carrió, Alfonsín (hijo), Stolbizer, Morales o Cobos. Son los
mismos que huyen sistemáticamente de los gobiernos que han integrado
porque no tienen la menor idea de cómo resolver los conflictos
económico-sociales que enfrenta la Argentina. Grupo de diletantes
especializados en oratoria pero inoperantes en la práctica cotidiana.
Entusiastas gestores de nuevas agrupaciones (con viejas ideas) que
finalmente vuelven a juntarse porque por separado ni siquiera pueden
aspirar a ser una segunda fuerza. Lo concreto es que el radicalismo no
logra conducir el país desde la desaparición física de Don Hipólito
Yrigoyen, caudillo popular al que sus sucesores
enterraron en los años treinta junto con sus ideas. Los otros dicen
ser “peronistas”; nada más absurdo. Estos oportunistas que se
presentan como tropa del trípode de señores acomodados (Macri. De
Narváez y Solá), defensores de la oligarquía, son un bofetada al
peronismo histórico que condujo Juan Domingo Perón, y que contó con
intelectuales de la talla de Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Pepe
Rosa. Fermín Chávez, Cooke, Hernández Arregui y Walsh. ¿Qué tiene que
ver este “peronismo” con aquel otro? ¿Cómo pude ser peronista quien se
niega a gravar a la oligarquía agraria con un justo impuesto a la
renta diferencial que percibe? Cómo puede ser coherente con aquel
peronismo quién no ha renegado (de palabra y/o hecho) de su pasado
menemista. De Narváez llegó a financiar la última campaña de Menem,
Solá fue un funcionario menemista querido por la Sociedad Rural y que
según dijo se mantuvo en el poder porque se
hacía el boludo”, finalmente, el nada peronista Macri, integra una de
las familias más beneficiadas por la dictadura y por la corrupción
menemista. Pero lo más grave es que ninguno de ellos (a diferencia de
muchos kirchneristas con su prática) ha dejado de defender lo que
apoyaron en el pasado.
Por lo dicho resulta indispensable tener memoria. Y esto es esencial
sobre todo para buena parte de las capas medias. Porque está
resultando demasiado reiterativo que las mismas se equivoquen fiero a
la hora de ir a las urnas, y luego salgan a declamar “yo no sabía” y
hasta “yo no los voté”. Nadie fue menemista (que ganó dos elecciones y
resultó la primera minoría en una tercera elección en 2003); nadie
votó al “Chupete” Fernando de la Rúa, que se cansó de ganar elecciones
en Capital Federal hasta llegar a ser la cabeza de la Alianza en 1999.
Es hora de madurar y dejar de echar culpas a los otros. ¿Ya no se
acuerdan dónde estábamos a los inicios del siglo XXI, antes de que los
“montoneros” asumieran el gobierno? ¿Se olvidaron de las colas en las
embajadas para conseguir ciudadanía europea y huir? ¿Ya no se acuerdan
de las cortes adictas, la obediencia debida, el punto final y los
indultos? ¿Se olvidaron de que antes se
peleaba por no ser despedido del trabajo y ahora por aumentos de
sueldos en una economía reactivada? ¿Ya nadie recuerda que el mercado
interno estaba destruido? ¿Y del Plan Primavera o la Convertibilidad?
¿Nos olvidamos de cuando los sectores medios aportaban los porcentajes
más altos de incorporación a la nueva pobreza como bien lo demostró el
investigador Alberto Minujín? ¿Recuerdan la corrupción alarmante del
“peronismo” neoliberal de los menemistas o de los aliancistas
radicales? ¿Es necesario citar cada caso para refrescar la memoria?
¿Ya no hay registro de las nefastas relaciones carnales con EE.UU. y
el FMI, relaciones hoy reivindicadas por la oposición posible? Me
pregunto: ¿no serán franjas importantes de las capas medias
responsables directas de su desdichado destino? ¡Vamos che, porque no
dejan de mirar para otro lado o tirar la pelota a la tribuna! ¿Hasta
cuándo la culpa la van a tener siempre gobiernos a los que
“nunca votaron”? ¿Y hasta cuando insistirán con que “yo no sabía”?
Tanto en el plano individual como en el colectivo se imponen cambios
de comportamiento político. En lo individual la negación es para la
psicología un mecanismo de defensa al que se recurre para no asumir un
hecho que nos duele demasiado. Pero nadie jamás ha superado sus
problemas recurriendo reiteradamente a la negación. Por el contrario,
es mucho más frecuente que aquello que empezó como un simple problema
se transforme en grave patología. En lo colectivo resulta claro que
sin memoria del pasado no hay posibilidades de comprender el
presente, y menos de construir un futuro alternativo. Los grupos
sociales sin pasado asumido carecen de la posibilidad de modificar el
rumbo de su propia historia. Ante un nuevo proceso electoral son
necesarias por lo tanto dos condiciones para crecer:
1.reemplazar los mecanismo de negación por el desarrollo de una
conciencia individual crítica, y
2.recuperar la memoria colectiva acerca de nuestro pasado para
profundizar el cambio hoy posible del que las clases y sectores del
campo nacional y popular deben ser protagonistas.
Pero, si a pesar de todo algunos deciden insistir en el error votando
lo viejo, les pido un favor enorme: después no digan “yo no los voté”
o “yo no sabía”.
La Plata, junio de 2009
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