[R-P] Agenda de Reflexión Nº 539 - Un polemico y apasionado sanjuanino
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Vie Jun 26 11:02:14 MDT 2009
Nº 539 - Un polémico y apasionado sanjuanino‹ - | 26 de Junio de 2009 ≈
Sarmiento, uno de los hombres más notables y polémicos de nuestra historia, padece por igual a los que lo idolatran y lo llaman “padre del aula” y los que lo odian y prefieren recordarlo como “el asesino de gauchos”. Así lo afirma el historiador Felipe Pigna para quien “la historia es más compleja y puede mirar a Sarmiento como un hombre de su tiempo, muy contradictorio, ya no con frases, sino con políticas públicas elogiables y repudiables. Estos dos grupos tienen algo en común: muchos de ellos no han leído, no digamos los 52 tomos de sus obras completas, sino ni tan siquiera el Facundo…” Aquí una consideración crítica a una reciente nota editorial del diario La Nación de Buenos Aires, enviada por el doctor Horacio W. Bauer.
El diario que fundara Bartolomé Mitre (no el actual sino su ilustre antecesor) para ser “una tribuna de doctrina” (Núm1, Año1), publica en la edición del 7 de mayo del 2009 (aniversario del natalicio de Eva Perón)- un artículo editorial titulado como en el epígrafe, donde “se añora la figura de estadistas”, sacrificados, valerosos y entregados a sustentar el bien público, sin egoísmo ni ambiciones espurias.
Esa práctica de raíz ucrónica que arrastra el pasado remoto al presente brumoso, no es infrecuente en la retórica periodística que gusta de comparar a los superhombres del imaginario pretérito con la vesania de los operadores políticos del presente. Ahora bien, si se quiere dejar de lado la fantasía y se recurre a las pruebas históricas tangibles, suele ser dable también controvertir- con argumentos sólidos -la supuesta grandeza de los grandes héroes.
El caso de Sarmiento es interesante porque no tenía pelos en la lengua y solía escribir lo que pensaba. Así reconoció que su famoso “Facundo” había sido un invento al servicio de la lucha para derrocar a Rosas. Sin embargo hay otras piezas de crudo patetismo que exhiben claramente el pensamiento del boletinero del ejército imperial brasileño-entrerriano en las aciagas jornadas de enero y febrero de1852. Una de estas piezas representativas es la carta que “Don Domingo, el maestro de América”- como lo recuerda el diario La Nación en su editorial de la fecha- suscribiera el 20 de setiembre de 1861 y dirigiera al general Bartolomé Mitre. (Puede analizarse la carta en el Museo Mitre de la ciudad de Buenos Aires).
En la misiva, Sarmiento se candidatea para jefe de regimiento. Le recomienda a Mitre: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”. Sobre Urquiza propone que “debe desaparecer de la escena cueste lo que cueste. Southampton o la horca”. Y como remate, en estilo digno del Walhala wagneriano, sueña con “quemar ordenadamente, los establecimientos públicos (del Paraná), esos templos polutos”.
Vale la pena leer los textos completos que se anexan, aunque se lleguen a conclusiones distintas de las lanzadas a la bartola.
Horacio Walter Bauer
Consejero Editorial
(Editorial del diario La Nación del 7 de mayo de 2009)
Si Sarmiento fuera candidato
Ante la pobreza política que traslucen las candidaturas testimoniales y de la farándula, se añora la figura de estadistas.
Ha circulado profusamente un correo electrónico relacionado con las elecciones titulado “¿Alguien sabe en qué lista figura Sarmiento?” En él se señalaba la ciclópea labor desarrollada por el sanjuanino desde la presidencia de la República y el imperioso interés por encontrar ese nombre en las opciones de voto, como una suerte de opción salvadora frente a estos momentos de crisis, desaliento y candidatos que no son tales, Sarmiento rompió el molde, igual que otros ilustres argentinos que hicieron de la nada un país que figuró entre los primeros del mundo por su pujanza, riqueza y permeabilidad social. De ahí que hoy nos queden el registro de sus hechos y los resultados de la ejecución del proyecto no escrito de la Organización Nacional, base para la acción de quienes recogieron su antorcha inspirados en una idea de servicio a la República…
Cuando se piensa en las condiciones en que Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca debieron materializar las cuatro “presidencias históricas” y en los logros alcanzados en menos de un cuarto de siglo: cuando se rememora la actuación de un Congreso en el que se sentaban senadores y diputados de la talla de Nicasio Oroño, Félix Frías, Manuel Quintana, Bernardo de Irigoyen, Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, quienes sostenían con vigor los fueros del Parlamento y sancionaban normas verdaderamente fundacionales, cuando se piensa en todo eso se experimenta una profunda admiración y un legítimo deseo de ver repetidos tantos ejemplos de grandeza y republicanismo.
En los días de la patria pobre, los presidentes vivían con modestia extrema y algunas veces, como en los casos de Mitre y de Sarmiento, entintaban sus manos al concluir la fatigosa labor cotidiana en el gobierno para sacar las ediciones de sus respectivos diarios, en los que acababan de escribir sus propios editoriales.
Y muchos de los legisladores que sesionaban en un pequeño edificio que aún se conserva a pasos de la Casa Rosada compartían cuartos en modestas pensiones y paliaban a fuerza de mate y galleta las penurias alimentarias que les prodigaban los insignificantes sueldos percibidos sólo durante los meses en que el Congreso sesionaba. No había celulares, ni secretarios privados, ni un ejército de asesores.
Don Domingo, el Maestro de América, el sordo insigne que luego de ser presidente proclamaba a gritos ante el Senado su consigna de “educar al soberano”, no está en ninguna lista. En cambio, estarán en las del oficialismo los llamados candidatos “testimoniales” que no asumirán los cargos para los que se postulan.
Se vive la coyuntura y se pretende que figuras de la farándula se conviertan en políticos de la noche a la mañana. Sin embargo, sería un suicidio como país pensar que las mujeres y los hombres honestos y patriotas se acabaron y que no hay entre los dirigentes políticos personas capaces de agitar banderas dignas de ser seguidas en medio del clima espeso y agobiante que envuelve a la Argentina.
(Documento depositado en el Museo Mitre de la ciudad de Buenos Aires)
«No trate de economizar sangre de gauchos…”
Transcribimos el texto completo de la carta que, al recibir la noticia de la victoria de Pavón, escribió Domingo Faustino Sarmiento a Bartolomé Mitre. En dicho documento, el político sanjuanino, enardecido por el triunfo de las fuerzas porteñas, incita a Mitre a poner en marcha una implacable política de exterminio contra los gauchos. Sarmiento señala, además, la necesidad de dar muerte a Urquiza en caso de que no abandone el país, y concluye aconsejando a Mitre que ocupe la ciudad de Paraná y proceda a Incendiar “ordenadamente” todos sus edificios públicos.
“Buenos Aires, setiembre 20 de 1861. Excmo. Señor general D. Bartolomé Mitre:
Mí querido Coronel: Tiéndole desde aquí la mano del amigo que dice: ¡bien! Nos ha dado un General: podemos dormir tranquilos estos diez años.
No se ensoberbezca ante su amigo. No se crea infalible. En política erraba. El General me ha vengado del diplomático. Tenemos patria y porvenir.
Necesito ir a las provincias. Usted sabe mi doctrina. Los candidatos están hechos de antemano. Un precursor necesita que digan: yo sólo vengo a prepararle el camino. Paz pudo hacer algo. Más puedo yo ahora. Me siento más hombre. Pero déjese de ser mezquino. ¿Valgo yo menos que cualquiera de los torpes que mandan un regimiento de caballería? Entiendo esta arma, y usted sabe que tengo valor corno cualquiera. ¿Por qué no me da el mando de uno de los regimientos de línea, que ha quedado vacante, después de tanta vergüenza?
No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos. Recuerde el incidente que nos puso en desacuerdo en Valparaíso la primera vez que nos vimos, y compare los sucesos, en su obstinación y lógica.
En la época grandiosa que atravesamos yo no me quedaré maestro de escuela, pegado a un empleo, ni periodista. Me debo algo más.
Sin su cooperación iré a San Juan, a pagar a mi pueblo el tributo de mis pobres servicios. Este será el fin y el plan ostensible. Quiero ir a Córdoba, ponerme en contacto con Santiago, Tucumán y Salta, sacar a Rojo de su nulidad, y hacerlo encabezar le cruzada a San Juan, y acelerar de paso el nombramiento de un Presidente de la República y la convocación de un Congreso en Buenos Aires o donde se quiera, para arreglar las cosas definitivamente. Es preciso que el papel moneda de esta vez recorra toda la República y se aclimate para compensar a su exageración con la mayor esfera, llevado por la victoria y hecho cuestión de partido.
Ordene la entrega de las armas que pido en el Nacional; dinero cuanto se pueda. Paunero le hace falta; aunque le muerte de Modestino Pizarra le constituye Gobernador de Córdoba. Posse está en Tucumán. Un ejército de dos mil hombres en el Río 4°, a las órdenes de Paunero, tendría a raya a moros y cristianos.
Déme los oficiales sanjuaninos y cordobeses, y yo llevaré la cruzada a los Andes.
No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca. ¡Qué daño nos han hecho los de caballería! Déme un regimiento. No me desprecie como soldado. Valgo más que todos esos compadres que me prefiere. Tengo la conciencia de levantar la caballería de su postración; porque la sentí postrada siempre y nunca me hice ilusión. Usted lo sabe.
Sobre Santa Fe tengo algo muy grave que proponerle. Desde 1812 este pedazo de territorio sublevado es el azote de Buenos Aires. Sus campañas desoladas por sus vándalos; su comercio destruido por sus contrabandistas, que improvisan ciudades para dañarlo. Sus costas están siempre francas para desembarco de los enemigos de Buenos Aires: sus expatriados tienen allí su asilo. Buenos Aires recobra su antiguo dominio y jurisdicción; el Rosario será gobernado por sus jueces de paz como San Nicolás; su aduana será sucursal de la de Buenos Aires. El Congreso para pedirlo, dará garantía de que Buenos Aires no será dañado desde allí en adelante.
Puede darse a Córdoba Santa Fe, como frente fluvial y resguardo de sus campos de pastoreo, tomando el Carcarañá por línea divisoria, ¿Quién se quejaría de ello?
Destruida Mendoza, San Juan puede ser la capital del Cuyo antiguo. Es preciso dar un centro a la civilización en la falda de los Andes. Yo me encargaría de ello, para pasar después a arreglar con Chile la liga americana contra la España, que nos va a Importunar diez años. Con Tetuán y Santo Domingo han perdido la chaveta. Viera usted el espíritu que reina en la prensa española y francesa, y la razón que dan en las Cortes para crear una escuadra superior a sus recursos.
Es preciso evitar a todo trance que el Entre Ríos no se separe; que no se haga hueso la situación actual. Échele veinticuatro batallones de infantería y sublévele a Corrientes.
Escríbale a los Taboadas, suscitándolos a la acción, a mostrarse en Córdoba, San Luis, etc. Realizado su plan de triunfar con sus propios recursos, vuelva al plan mío de poner en actividad a las provincias; pobres satélites que esperan saber quién ha triunfado para aplaudir. Pero son argentinos; son elementos necesarios de nuestra existencia y es preciso evitarles que muestren la servilidad de su posición. Tengamos Congreso y, llevemos la vida a todas partes.
Recuerde lo que le repetí varías veces siendo su Ministro: todo esto no tiene condiciones de vida; prepárese, sin hacer violencia a los sucesos, a reemplazarlos. Mis faltas como Ministro son hoy virtudes, después de pasado el duro trance. Lo leo en todos los semblantes. Déle orden a su señora de dejarme sacar copia de la carta que le escribí a Gualeguaychú, relativamente a las cosas de San Juan. Ahora que estoy justificado por la victoria, quiero descender a justificarme del cargo muy valido de haber preparado los sucesos de San Juan. Necesito probar que fui más porteño, más hombre de Estado que los que hallan tan lógico que yo inspirase movimientos puramente sanjuaninos.
Insisto en recomendarle mis solicitudes y pedidos. Estoy ya viejo y necesito hacer algo. Soy sanjuanino, y quiero no estar por siempre proscripto. Puedo en las provincias, y deseo ser el heraldo autorizado de Buenos Aires. Contando con su apoyo, espero lo que usted ordene. Si me falta, me faltará mucho, pero no todo. Quedaráme aquella voluntad que viene hace treinta años tropezando con las dificultades y regando con su sudor el pequeño surco que abre en los sucesos.
El día de ayer fue horroroso. Yo me mantuve firme hasta la oración. No llegando noticias suyas, hasta entonces dos días, tuve una hora de congojas. Tomé la carta e hice este cálculo. No saben de él nada en San Nicolás el 18 a las doce; luego el 17 avanzó tres leguas persiguiendo al enemigo. De allí solo quedan ocho leguas al Rosario. A esta hora, por necesidad, está dentro del Rosario. Toma la escuadra, dominando la ribera. ¡Qué golpe de teatro embarcarse e ir al Paraná! Quién pudiera sugerirle la idea de quemar, ordenadamente, los establecimientos públicos, esos templos polutos.
Un abrazo y resolución de acabar.
Su amigo. - D. F. Sarmiento.”
Horacio Walter Bauer / Consejero editorial
Texto gentileza de ead / elarcadigital
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