[R-P] IRAN: la guerra de los CELULARES

maría Sola mariadelsola en gmail.com
Sab Jun 20 14:57:13 MDT 2009


De Mossadegh a Ahmadinejad
La CIA y el laboratorio iraní
por Thierry Meyssan*

La noticia de un posible fraude electoral en Irán se ha dispersado y
ha corrido como pólvora en fuego por Teherán, la capital del país,
motivando y empujando a los partisanos del ayatolá Rafsanyani a salir
a la calle a protestar contra aquellos del ayatolá Khamenei. Este caos
es en parte alimentado por la CIA que ha sembrado la confusión y las
rivalidades en el país inundando con mensajes SMS contradictorios los
teléfonos celulares de una mayoría de iraníes viviendo en las
principales aglomeraciones urbanas. Thierry Meyssan nos explica esta
experiencia de guerra psicológica que utiliza una moderna y
sofisticada tecnología.

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19 de junio de 2009

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Beirut (Líbano)

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 Irán

Temas
 «Golpes suaves»: acción secreta, espionaje
 Control del «Gran Medio Oriente»


La noticia de un posible fraude electoral se ha extendido por Teherán
como un reguero de pólvora y ha sacado a la calle a los partidarios
del ayatolá Rafsanjani contra los del ayatolá Jameini. Ese caos ha
sido provocado bajo cuerda por la CIA, que siembra la confusión
inundando a los iraníes de SMS contradictorios. Thierry Meyssan
explica este experimento de guerra psicológica.

En marzo de 2000, la secretaria de Estado Madeleine Albright reconoció
que la administración Eisenhower organizó un cambio de régimen en Irán
en 1953 y que ese acontecimiento histórico explica la actual
hostilidad de los iraníes hacia Estados Unidos. La semana pasada,
durante su discurso en El Cairo dirigido a los musulmanes, el
presidente Obama reconoció oficialmente que «en plena Guerra Fría,
Estados Unidos desempeñó un papel en el derrocamiento de un gobierno
iraní elegido democráticamente [1].

En aquella época, Irán estaba controlado por una monarquía de opereta
dirigida por el sha Mohammad Reza Pahlavi. Éste había sido colocado en
el trono por los británicos, quienes obligaron a su padre, el oficial
cosaco pronazi Reza Pahlavi, a dimitir. Sin embargo, el sha debía
avenirse con un Primer Ministro nacionalista, Mohammed Mossadegh. Este
último, con el apoyo del ayatolá Abu al-Qassem Kachani, nacionalizó
los recursos petroleros [2]. Furiosos, los británicos convencieron a
Estados Unidos para que detuviera la deriva iraní antes de que el país
se hundiera en el comunismo. Entonces, la CIA puso en marcha la
«Operación Ajax», dirigida a derrocar a Mossadegh con la ayuda del sha
y sustituirlo por el general nazi Fazlollah Zahedi, hasta entonces
detenido por los británicos. Zahedi instauró el régimen de terror más
cruel de la época, mientras el sha servía de tapadera a sus abusos
posando para las revistas people occidentales.

La Operación Ajax estuvo dirigida por el arqueólogo Donald Wilber, el
historiador Kermit Rooselvet (nieto del presidente Theodore Roosvelt)
y el general Norman Schwartzkopf senior (cuyo hijo homónimo estuvo al
mando de la Operación Tormenta del Desierto). Dicha operación continúa
siendo un prototipo de subversión. La CIA idea un escenario que da la
impresión de un levantamiento popular mientras se trata de una
operación secreta. El punto culminante del espectáculo fue una
manifestación en Teherán, con 8.000 extras pagados por la Agencia,
para proporcionar fotos convincentes a la prensa occidental [3]

¿La historia se repite? Washington ha renunciado a atacar militarmente
a Irán y ha disuadido a Israel de tomar esa iniciativa. Para conseguir
«cambiar el régimen», la administración Obama prefiere jugar la carta
–menos peligrosa aunque más incierta- de la acción secreta. A raíz de
la elección presidencial iraní, grandes manifestaciones oponen en las
calles de Teherán a los partidarios del presidente Mahmud Ahmadinejad
y su guía Ali Jameini por un lado y a los partidarios del candidato
derrotado Mir Hossein Musavi y del ex presidente Akbar Hashemi
Rafsanjami por el otro. Dichas manifestaciones reflejan una profunda
división en la sociedad iraní entre un proletariado nacionalista y una
burguesía que lamenta su marginación de la globalización económica
[4]. Actuando bajo cuerda, Washington intenta influir en los
acontecimientos para derrocar al presidente reelegido.

Una vez más, Irán es un campo de ensayo de métodos innovadores de
subversión. En 2009, la CÍA se apoya en una nueva arma: el control de
los teléfonos móviles.

Desde la generalización de los teléfonos móviles, los servicios
secretos anglosajones han multiplicado sus capacidades de
interceptación. Mientras que la escucha de los teléfonos fijos
necesita instalación de cables de derivación, y por lo tanto agentes
sobre el terreno, la escucha de los móviles se puede hacer a distancia
gracias a la red Echelon. Sin embargo, ese sistema no permite
interceptar las comunicaciones telefónicas vía Skype, de ahí el éxito
de los teléfonos Skype en las zonas de conflicto [5]. Así, la National
Security Agency (NSA) acaba de hacer propuestas a los proveedores de
acceso a Internet de todo el mundo para obtener su colaboración. A los
que han aceptado se les ha retribuido generosamente [6].

En los países que ocupan –Iraq, Afganistán y Pakistán-, los
anglosajones interceptan todas las conversaciones telefónicas emitidas
por móviles o conectadas con ellos. El objetivo no es conseguir
transcripciones de tal o cual conversación, sino identificar las
«redes sociales». En otras palabras, los teléfonos son los chivatos
que permiten saber con quién se relaciona una persona determinada. A
partir de ahí se puede conseguir la identificación de las redes de
resistencia. Posteriormente, los teléfonos permiten localizar los
objetivos identificados y «neutralizarlos».

Por eso, en febrero de 2008, los insurgentes afganos ordenaron a los
diversos operadores que detuviesen su actividad todos los días desde
las 17:00 a las 03:00 h., para impedir que los anglosajones siguieran
sus movimientos. Las antenas de quienes no cumplieron dicha orden se
destruyeron [7].

Por el contrario (la central telefónica hormis resultó afectada por
error), el ejército israelí se cuidó mucho de bombardear las antenas
telefónicas en Gaza durante la operación Plomo Fundido en diciembre
2008-enero 2009. Aquí aparece un cambio total de estrategia por parte
de los occidentales. Desde la guerra del Golfo prevalecía la «teoría
de los cinco anillos» del coronel John A. Warden: el bombardeo de las
infraestructuras telefónicas se consideraba un objetivo estratégico
para sumir a la población en la confusión y al mismo tiempo cortar las
comunicaciones entre los centros de mando y los combatientes. Ahora es
al contrario, es necesario proteger las infraestructuras de las
telecomunicaciones. Durante los bombardeos de Gaza, el operador Jawwal
[8] dio crédito a sus abonados, oficialmente para ayudarlos, en
realidad por interés de los israelíes.

Un paso más allá, los servicios secretos anglosajones e israelíes han
desarrollado métodos de guerra psicológica basados en la utilización
extensiva de los móviles. En julio de 2008, tras el intercambio de
prisioneros y cadáveres entre Israel y Hezbolá, los robots lanzaron
decenas de miles de llamadas a los móviles libaneses. Una voz en árabe
advertía contra cualquier participación en la resistencia y denigraba
a Hezbolá. El ministro libanés de Telecomunicaciones, Jibran Bassil
[9], presentó una denuncia ante la ONU contra esa flagrante violación
de la soberanía del país [10].

En la misma línea, decenas de miles de libaneses y sirios recibieron
una llamada automática, en octubre de 2008, que ofrecía 10 millones de
dólares por cualquier información que permitiera localizar y liberar a
los soldados israelíes prisioneros. Las personas interesadas en
colaborar debían dirigirse a un número en el Reino Unido [11].

Este método se está empleando en Irán para intoxicar a la población
con la difusión de noticias alarmistas y para canalizar el descontento
que suscitan.

En primer lugar, se difundió por SMS durante la noche del escrutinio
la noticia de que el Consejo de los Guardianes de la Constitución
(equivalente al Tribunal Constitucional) había informado a Mir Hossein
Musavi de su victoria. Así, el anuncio, varias horas después, de los
resultados oficiales –la reelección de Mahmud Ahmadinejad con el 65%
de los votos-, apareció como un enorme fraude. Sin embargo, tres días
antes, Musavi y sus amigos consideraban segura la victoria masiva de
Ahmadinejad y se esforzaban en explicarla por los desequilibrios en la
campaña electoral. Así, el ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani
detallaba sus quejas en una carta abierta. Los institutos de sondeos
estadounidenses en Irán pronosticaban una ventaja de Ahmadinejad de 20
puntos con respecto a Musavi [12]. En ningún momento pareció posible
la victoria de Musavi, incluso aunque es probable que el trucaje
acentuase el margen entre ambos candidatos.

Posteriormente, los ciudadanos seleccionados se dieron a conocer en
Internet para conversar en Facebook o se abonaron a las líneas de
información Twitter. Entonces recibieron, siempre por SMS, las
informaciones –verdaderas o falsas- sobre la evolución de la crisis
política y las manifestaciones en curso. Se trataba de mensajes
anónimos que esparcían noticias de tiroteos y numerosos muertos;
noticias que hasta la fecha no se han confirmado. Por una
desafortunada coincidencia de calendario, la empresa Twitter debía
suspender el servicio durante una noche, el tiempo necesario para el
mantenimiento de sus instalaciones. Pero el departamento de Estado de
Estados Unidos intervino para exigirle que suspendiera dicha operación
[13]. Según el New York Times, esas operaciones contribuyeron a
sembrar la desconfianza entre la población [14].


de red voltaire




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