[R-P] Discurso del Tte. Coronel Juan D. PERON 10 de junio 1944 (parte primera)
jorge tribo
jorgetribo en yahoo.com.ar
Dom Jun 14 18:26:12 MDT 2009
LA DEFENSA NACIONAL
Significado de la Defensa Nacional desde el punto de vista militar
Conferencia pronunciada por el Señor Ministro de Guerra
Coronel JUAN D. PERON, en la inauguración de la Cátedra
de Defensa Nacional de la Universidad Nacional de La Plata,
el 10 de junio de 1944.
Agradezco profundamente la cordial invitación que el doctor Labougle ha tenido la amabilidad de formularme para inaugurar la Cátedra de Defensa Nacional, ocupando esta alta tribuna de la Universidad.
Mi investidura de Ministro de Guerra me obliga a aceptar tan insigne honor, anteponiéndome a otros camaradas de la Fuerzas Armadas, cuya versación sobre la materia tendréis oportunidad de apreciar, en las próximas disertaciones.
Los amables conceptos sobre mi persona, vertidos por la gentileza del doctor Labougle, que aprecio y agradezco, fuerza es confesarlo, se fundan más que nada en su benevolencia proverbial
Las Fuerzas Armadas, y dentro de ellas, los que nos hemos dedicado a analizar, penetrar y captar el complejo problemas que constituye la guerra, no hemos podido menos que regocijarnos con la resolución del Consejo Superior de la Universidad de La Plata, del 9 de septiembre de 1943, que dispuso crear la Cátedra de Defensa Nacional, y ponerla en funcionamiento en el corriente año.
Esta medida que, sin temor a equivocarme, califico de trascendental, hará que la pléyade de intelectuales que en esta casa se formen, conozcan y se interesen por la solución de los variados y complejos aspectos que configuran el problema de la defensa nacional de la Patria, y más tarde, cuando por gravitación natural los más calificados entre ellos sean llamados a servir sus destinos, si han seguido profundizando sus estudios, contemos con verdaderos estadistas que puedan asegurar la grandeza a que nuestra Nación tiene derecho.
Una vez más conviene repetir, el consejo sanmartiniano en su proclama del 22 de julio de 1820 dirigido desde su Cuartel General en Valparaíso, “a los habitantes de las Provincias del Río de la Plata”:
“En fin, a nombre de vuestros propios intereses, os ruego que aprendáis a distinguir los que trabajan por vuestra salud, de los que meditan vuestra ruina; no os expongáis a que los hombres de bien os abandonen al consejo de los ambiciosos; la firmeza de las almas virtuosas no llega hasta el extremo de sufrir que los malvados sean puestos a nivel con ellas; y desgraciado el pueblo donde se forma impunemente tan escandaloso paralelo”.
Palabras eternas las del Gran Capitán. Hoy, como entonces, nuestra amada Patria vive horas de transformación y de prueba. Asiste, además, a una verdadera lucha de generaciones, de la que debe resultar un porvenir. Dios quiera sea luminoso y feliz.
El mundo ha de estructurarse sobre nuevas formas, con nuevo contenido político, económico y social. Grave es la responsabilidad de los maestros del presente. Incierto, el futuro de esta juventud, que ha de hacerse cargo de ese porvenir, como conductora de un pueblo en marcha, que tiene riqueza, pujanza y una tradición de gloria que defender.
He asistido en Europa a la crisis más extraordinaria que haya presenciado la humanidad desde 1939 hasta 1941. En ella he podido apreciar en los hechos, cuanto os diré seguidamente. Por eso, antes que una exposición académica del tema, he preferido hacer una mención realista del problema de la defensa nacional moderna, en su amplio contenido, sus causas y sus consecuencias.
I. – EL TEMA.
El tema que me ha sido propuesto, “Significado de la defensa nacional desde el punto de vista militar”, lo considero muy conveniente para esta disertación, porque me permitirá analizar el cuadro de conjunto del problema de la defensa nacional, dejando para más tarde el estudio detallado de sus aspectos parciales.
Las dos palabras, DEFENSA NACIONAL, pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y solución interesan e incumben únicamente a las fuerzas armadas de una nación. La realidad es bien distinta. En su solución entran en juego todos sus habitantes; todas las energías, todas las riquezas, todas las industrias y producciones más diversas; todos los medios de transporte y vías de comunicación, etc., siendo las fuerzas armadas únicamente, como luego veremos en el curso de mi exposición, el instrumento de lucha de ese gran conjunto que constituye “la Nación en armas”..
II. LA GUERRA, FENÓMENO SOCIAL.
Han existido en el mundo pensadores que sin temor califico de utopistas, que en todos los tiempos y países han expresado que la guerra podía ser evitada. Más, siempre a corto plazo, una nueva conflagración ha venido a imponer el disenso más rotundo a esta teoría.
El ejemplo más reciente y también más palpable de este fracaso, lo constituye la fenecida Liga de las Naciones, en cuya acción tantas esperanzas de paz ininterrumpida se cifraron, y que se reveló impotente para evitar que el Japón y China se encuentren luchando desde hace una década, aproximadamente; que Italia conquistase a Etiopía; que Paraguay y Bolivia se ensangrentaran en la selva chaqueña, y finalmente, que el mundo todo se encendiera en la actual conflagración que golpea hasta nuestras puertas.
Los estadistas que actualmente dirigen la guerra de los principales países en lucha, ya sea bajo el signo del “Nuevo Orden” o bajo la bandera de las “Naciones Unidas”, muestran a los ojos ansiosos de sus pueblos una felicidad futura basada en una ininterrumpida paz y cordialidad entre las naciones, y la promesa de una verdadera justicia social entre los Estados.
Este espejismo no puede ser más que una esperanza para pueblos que agotados en una larga y cruenta lucha, buscan en una esperanza de futura felicidad el aliciente necesario para realizar el último esfuerzo, en procura de un triunfo que asegure la existencia de sus respectivas naciones.
En efecto, alguien tendría que demostrar inobjetablemente que Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Rusia y China, en el caso que las Naciones Unidas ganen la guerra; y lo mismo que Alemania y Japón, en el caso inverso, no tendrán jamás en el futuro, intereses encontrados que los lleve a iniciar un nuevo conflicto entre sí; y aunque los vencedores no pretenderán establecer en el mundo un imperialismo odioso, que obligue a la rebelión de los oprimidos, para recién creer que la palabra guerra queda definitivamente descartada de todos los léxicos.
Pero los humanos, de barro fuimos amasados; y siendo la célula constituyente de las naciones, no podremos hallar jamás la solución ideal de los complejos problemas de todo orden, sociales, económicos, financieros, políticos. Etc., que asegure una ininterrumpida paz universal.
En Europa, el continente superpoblado por excelencia, es donde estos problemas sufren sus más agudas crisis, constituyendo así un volcán con incontenible energía interna, que periódicamente entra en erupción, sacudiendo al mundo entero.
El continente americano, sin experimentar la agudización de estos mismos problemas, ha encontrado muchas veces en el arbitraje la solución de las cuestiones territoriales, derivadas de límites más definidos. Pero muchas veces también se ha encendido en luchas fraticidas, o se han visto sus naciones arrastradas a conflictos extra continentales, cuya solución, muchas veces, no les interesaba mayormente.
Algún oyente prevenido, podrá pensar que esta aseveración mía de que la guerra es un fenómeno social inevitable, es consecuencia de mi formación profesional, porque algunos piensan que los militares deseamos la guerra, para tener en ella oportunidad de lucir nuestras habilidades.
La realidad es bien distintas, los militares estudiamos tan a fondo el arte de la guerra, no sólo en lo que a la táctica, estrategia y empleo de sus materiales se refiere, sino también como fenómeno social; y comprendiendo el terrible flagelo que representa para una nación, sabemos que debe ser en lo posible evitada, y sólo recurrir a ella en casos extremos.
Eso sí, cumplimos con nuestra obligación fundamental de estar preparados para realizarla, y dispuestos a los mayores sacrificios en los campos de batalla, al frente de la juventud armada que la Patria nos confía para defensa de su patrimonio, sus libertades, sus ideales o su honor. Si se quiere la paz, el mejor medio de conservarla es prepararse para la guerra.
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