[R-P] Roca cap 5 (1 de ...)
José María Cavalleri
ingcavalleri en yahoo.com.ar
Dom Jun 14 15:52:15 MDT 2009
EL DESTINO DE UNOS Y EL PAIS DE LOS OTROS
Mentalidad. dominante en las campañas contra ,el interior - Los extremistas porteños y la política de Mitre - Roca acompaña a sú tío Marcos Paz en la Misión al Interior - Descu¬brimiento de Córdoba - Costumbres Y gentes de la Babel mediterránea - Primera insurrección de Peñaloza - La elección de Mitre-Paz ¬Roca es incorporado al ejército nacional ¬Nuevas experiencias.
Mañana se trasladará la Europa a este paraíso que el cuchillo ha convertido en desierto; ella lo fertilizará para alimen¬tar sus millones de hijos hambrientos; para enriquecerlo con su industria, lo constituirá con sus leyes y brillará con sus letras ... pero la familia americana, ¡Dios mío! se habrá extinguido para siempre ... ".62
Proféticas y bellas como son, estas palabras resuenan con ecos de trágica ironía si se recuerda que su autor, un provinciano que disfrutó de prestigio y poder, colaboró durante largos años con los hombres de Buenos Aires, quienes se habían
62 'Taboada, Antonino a Tomás Arias) gobernador de Salta, 13 diciembre 18162'. En Los Taboada] tom.o IV) pág. 20.
impuesto, como una doctrina y un método, la extinción de esa familia americana, para sustituirla por las '.' razas del progreso" y, en particular, por el dominio invisible pero fir¬me de esa «raza inteligente y varonil a que está reservado el gobierno del mundo, por ser la única que bajo los auspicios de una moral eterna ha sabido realizar los prodigios de una civilización duradera y perfecta". 63
Ni los propios hijos de Albión, agrios criticos de sí mis¬mos, habían creído, entonces ni nunca, que su moral fuera " eterna", o que su civilización fuese '' duradera y perfecta", pero sí lo creía, o al menos lo afirmaba, la engolada retórica . del platense letrado.
En la prédica de los viejos unitarios, en los artículos y libros de Sarmiento -nada de medias tintas- y en muchos de 1os ensayos de Alberdi, la superioridad del desarrollo ca¬pitalista en Europa y en los Estados Unidos había sido con¬vertida en artículo de fe, hipertrofiada monstruosamente, y transformada en una caricatura lógica de sí misma. Era, para decirlo en términos de fácil comprensión actual, una especie de desarrollismo frenético, que comenzaba por postular la liquidación física del cuerpo a desarrollar. Explícase así que, en la hora _ de su triunfo sobre las provincias, sobre esa "porción" del país, como desdeñosamente las calificara Mi¬tre en Los Debates, la política porteña aplicara aquella doctrina y aquel método con una saña fría y sistemática que llegaba hasta los lindes del odio racial.
Ese pensamiento del santiagueño Taboada, precisamente
.
por su tremenda inconsecuencia, ilumina vigorosamente la contradicción en que, luego de haber contribuido al derrumbe de la Confederación, se moverian los liberales de provincia, desde el cordobés Justiniano Posse, alzado contra Mitre al día siguiente de Pavón, hasta el santafesino Nicasio Oroño, que cumplirá su carrera política entre paces y grescas con
63 Del diseurso pronunciado por el general Mitre al inaugura._ el Ferrocarril del Sud de Buenos Aires (7deriiarzo de 1861).
Buenos Aires, o el mendocino Civit, que casi pierde la vida a manos de los revolucionarios mitristas del 74.
Tres días después de Pavón, cuando no se había definido aún el resultado de la batalla, Sarmiento escribíale a Mitre pidiéndole ser enviado al Interior para ejecutar "su pro¬grama". "Los candidatos “;aclaraba- están hechos de antemano". Sin embargo, más que por esto, la carta es famosa por otros párrafos que nuestros maestros primarios (y de los otros ... ) púdicamente ignoran: "N o trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos". En cuanto al vencedor de Caseros, contra quien el sanjuanino conservaba un feroz resentimiento, proponía que se lo eli¬minara físicamente o que se lo enviara al destierro junto con Rosas: “Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Sonthampton o la horca”. Pero no termina ahí el evangélico patriotismo del sanjuanino: en la misma carta le recordaba al Gobernador porteño que desde 1812 la
provincia de Santa Fe había sido el "azote de Buenos Aires" y le pro¬ponía suprimirla del mapa, ,anexando su territorio, desde el Carcarañá al sud, a la provincia de Buenos Aires, y adjudi¬cando a Córdoba el resto. Delirando también por la euforia del triunfo, perdió todo resto de discreción con respecto al asesinato de Virasoro, y escribió lo siguiente, con todas las letras: " ... Ahora que estoy justificado por la victoria, quiero descender a justificarme del cargo muy válido de haber preparado los sucesos de San Juan", No es aventurado suponer el espíritu de fría previsión con que el general Mitre -ja¬más tan extravertido- colocó entre los papeles de su archivo esta carta, que arrojaba sobre su socio po1ítico la entera res¬ponsabilidad de la sangrienta hazaña ...
Pero la saña de Sarmiento, que en esto no demostraba ser "provinciano en Buenos Aires", sino tan porteñista como el que más, no era una manifestación exclusiva de su tem¬peramento. Cuando en la gran ciudad se tuvo finalmente la certidumbre de que la victoria había caído en manos de Mitre, el partido localista entró en un éxtasis delirante, y muchos de sus hombres se pronunciaron por una acción total y drástica contra el Interior., que arrasara la Constitución, las situaciones y las leyes, para reconstruirlo todo a su paladar.
"Una vez que el Gobernador delegado, Ocampo, tuvo la certeza de que las armas de Buenos Aires habían quedado dueñas de la República, celebró una reunión con los ministros, a la que también asistieron las figuras más destacadas del partido, y en ella se resolvió enviar a Mitre una carta fir¬mada por todo el Ministerio, en la que se le exponían sus puntos de vista ante la situación creada por la victoria.
"Se le decía, en síntesis, que era necesario reconstruir la República bajo la forma unitaria, dejando de lado la Cons¬titución y derribando todas las influencias y todas las situa¬ciones que pudieran ser un obstáculo.
"A esta carta, suscripta por el Gobierno en pleno, acom¬pañaron otras muchas de los mismos ministros y de otros personajes -publicadas en su gran mayoría por La Nacion entre las que ocupan especial lugar las del Dr. Obligado. En una de fecha 14 de octubre, le habla de la conveniencia de "-convocar a los pueblos que han aceptado las ideas de Bue¬nos Aires o que las acepten en adelante, desconociendo com¬pletamente aquellas autoridades que son emanadas de coac¬ciones manifiestas, como Urquiza, Rolón, Saá, Pascual Rosas, Nazar, el de Córdoba, etc.". El 2 de noviembre lo apremia que no tarde "en lanzar seis o siete mil hombres sobre Entre Ríos, para acabar con Urquiza y con los poderes naciona¬les" ... "Por suerte para la República -agrega el autor que venimos citando- Mitre no era Lavalle".64
Efectivamente, no siendo el general Mitre de igual pasta que el héroe de Río Bamba, no caería en la temeraria inge¬nuidad de creer que con unas cuantas cargas de caba11ería bastaría para "meter los gauchos en una bota".
Mas no por ello significó una "suerte" para la Repú¬blica ... Fue en semanas posteriores a Pavón, luego de haber¬se perfilado dos bandos en el partido localista de Buenos
64 Vera. y González, Emilio; Histo'ria die la República Argentina (an Sopena Argentina, Buenos
Aires, 1~60. Continn¡wión de la Hi.storia de Vicente Fidel LópeZi, tomo VI),
Aires -extremistas y moderados- cuando la personalidad de Bartolomé Mitre comenzó a adquirir toda su talla como político dúctil y sinuoso, capaz de movimientos graduales y de concesiones reales o aparentes, pero sin perder de vista los fines.
El hecho de que los ejércitos provincianos no hubieran entrado ahora vencedores en la ciudad, como ocurriera cuando el año XX o cuando Caseros, no impedía que las provincias, a pesar de la caída de Derqui y de su escasez de recursos, estuvieran, como estaban, todas en pie de guerra y con las armas en la mano. Por eso, la política de llevárselo todo por delante, preconizada por el Dr. Obligado y por un gran sector del partido de Mitre, hubiera sido la señal de un levanta¬miento general en el Interior, de proyecciones y duración incalculables, sin descartar los riesgos de una tercera Cepeda.
Con plena conciencia de semejantes peligros Mitre con¬testó a su gobierno : "La política de la guerm es que una vez lanzados a ella, nuestro destino está irrevocablemente, li¬gado al de la República Argentina". 65 El puente levadizo, como sagazmente calificara Alberdi al ambiguo "federalismo" bonaerense tenía que ser bajado, esta vez en nombre de la Constitución Federal jurada, para comunicar al Puerto con su inmenso y adverso trasfondo, y a pesar también de su plan de negociaciones con grupos del Interior, que llegó a contar hasta con algunos hombres de tradición federal, el general Mitre se vio finalmente embarcado, sin ninguna re¬pugnancia visible, en esa "política de la guerra" que él aparentara desechar al principio. Su tan proclamado programa nacionalista no consistía, a fin de cuentas, sino en la aceptación de aquel vínculo" irrevocable" (pudo decir "fa¬tal") entre esos dos términos que su ánimo de caudillo porteño percibía
como claramente distintos: nuestro destino, es decir Buenos Aires, por un lado y la Reública Argentina, por el otro.
65 Archivo del general Mitri3, tomo X, pág.:29 (Oarta del 29 de octubre de 1861). Biblioteca "La Nación". Buenos Aires, 1911.
La palabra nacionalista, que hasta entonces habia sido utilizada para designar al Partido Federal y a la causa de la Confederación, sería adoptada luego, muy desaprensiva¬mente, por la fracción liberal de Mitre, para distinguirse de la disidencia autonomista.
Buenos Aires, que tenía excelente memoria, había asimi¬lado la experiencia de sus luchas con el Interior, y supo ela¬borar, destilándola en la personalidad y la conducta de su nuevo caudillo, la estrategia política más adecuada a sus in¬tereses y a las circunstancias de la hora. Por lo demás, en la amalgama del partido mitrista, donde la división se esbozaba pero aún no había estallado, el sector de la burguesía comercial portuaria, interesada en anexar todo el mercado interior, argentino al mercado mundial, tenía una gravitación deci¬siva y superior a la influencia de los ganaderos, inhibidos todavía por su pasado rosista, y atados, como siempre, al comprador extranjero, hecho que les llevaría a desinteresarse ,de la suerte inmediata del interior, y a elaborar, sobre la base de ese "desinterés", una política de respeto recíproco entre las diversas "autonomías"...
El triunfo militar enfrentó a Buenos Aires con una reali¬dad que sólo el suicidio podría haber soslayado: había que contar con el país, aunque el país fuera esa odiosa porción formada por las trece provincias restantes. Ello no significaba para Mitre abdicar el predominio bonaerense, ni tampoco re¬nunciar al objetivo de "meter los gauchos en una bota", cosa que se haría gradualmente. Relegando al olvido su antiguo proyecto de segregar del todo a Buenos Aires para formar la famosa República del Río de la Plata, Mitre desoyó a los extremistas de su partido, que eran legión, y se dedicó a "contar con el país", según su propia expresión.
En aquella vieja memoria de Buenos Aires, el general Mitre encontró los antecedentes adecuados, que él acomodó a la hora y vistió de nuevos ropajes.
Cuando la crisis del año XX, los porteños habían sabido entenderse con su vencedor Ramírez, para poder desemba¬razarse de Artigas. Luego el unitario Rivadavia había in¬ventado el federalismo del Cuadrilátero para neutralizar a
Bustos y a los federales del Interior. Mas tarde Rosas; que según su confesión no era de partido alguno, había inventado la Santa Federación para postergar sin término los proyectos federales de organizar el país. Para ello multiplicó sus epís¬tolas a los caudillos de provincias, mientras no llegara el caso de sacar a relucir su general uruguayo, como _ medio más persuasivo.
Pero ahora, en 1861, había ya una Constitución, esta constitución era federal y Buenos Aires la había jurado. Si la orgullosa Atenas del Plata sabía maniobrar, el federalismo de la Constitución podía ser utilizado en su favor, como en su hora lo fuera el del famoso Cuadrilátero. Tal es, al menos, la lección que se desprende de la actitud de Mitre cuando contestó a sus correligionarios : "Debemos tomar a la Repú¬blica tal como la han hecho Dios y los hombres", Y mientras eso escribía, aprestaba no un general uruguayo, sino varios, para cuando llegara la ocasión, que no demoró.
Lo de "tomar a la República" no era una metáfora.
Discutiendo con E1izalde sobre el destino que debía darse al puerto de Rosario, Mitre, desde ese punto, escribió a su correligionario lo siguiente: " ... desde que no podemos vivir como el niño de san Antonio bendito, sería un contrasentido destruir hoy, lo que hemos de tener necesidad mañana para vivir, y desde que los recursos que la Aduana de Rosario ha de producir, se han de aplicar a objetivos nacionales, es decir de la revolución, incluso gastos del ejército de Buenos Aires, con¬siderado como ejercito Libertador, pero la Aduana del Rosario apenas pagará sus gastos, mientras no abramos los caminos comerciales, y por eso mi empeño de dominar a Córdoba", 66
En vez de seguir el consejo de Sarmiento sobre "Sou¬thampton o la horca", Mitre comenzó por neutralizar a Urquiza para tener así las manos libres en el Interior. Cumplía¬se, al pie de la letra, la predicción que Derqui hiciera en su carta a Juan Saá, citada en el capítulo anterior.
'66 Mitra a Eliz,alde, carta del 29 de octubre de 1861. @n Corr~s• ponclenc.ia Mitrr;•Eu'zalde, pá¡¡. 77. edición citada,
En Santiago del Estero contaba ahora con la alianza de los Taboada, pero la posición de los sobrinos de Ibarra no era nada segura, en medio de la hostilidad de los federales del Norte y el Noroeste. Para peor, el catamarqueño Octavia¬no Navarro, fiel todavía a las órdenes de Derqui, estaba en campaña y hasta llegó a ocupar la capital de los santiagueños. En Córdoba, llave principal del Interior, el partido Liberal se había dividido profundamente: el ex gobernador Félix de la Peña, desde el campamento de San Nicolás, buscaba el am¬paro del ejército porteño para retomar el poder en su pro¬vincia, pero otros liberales, los ultras, pretendían lo mismo e invocaban sus títulos. Para complicar el panorama, en las elecciones cordobesas convocadas por el interventor federal Dr Allende, había triunfado un ruso prominente, el Dr. José Severo de Olmos, ministro de la Confederación. Los aconteci¬mientos no dieron tiempo a Olmos para asumir el
cargo, pero su elección era un indicio elocuente del estado de la opinión en la provincia mediterránea.
En eso se estaba; Mitre dudaba y los correos iban y ve¬nían entre Buenos Aires y Rosario, cuando al bando de los vencedores llegó una noticia poco menos que increíble: el mendocino Olascoaga, de vuelta a la capital cordobesa en cumplimiento de la misión que Derqui le encomendara, se había visto mezclado en el pandemonium local, haciendo una revolución que entregara el gobierno a los liberales de la frac¬ción ultra. Urgido por los consejos de Vélez Sársfield, Mitre dejó de dudar y despachó hacia Córdoba una doble misión: la del Dr. Marcos Paz, con destino final a las provincias del Norte, y la del general Paunero, para que respaldara militarmente al primero y desde Córdoba trabajara sobre Cuyo y el Noroeste. Al obispo Segura, con quien se entrevistó en Rosario, confió Mitre la tarea de recomendar una actitud pacífica al general Navarro y demás federales del Noroeste, asegurándoles su propósito de respetar la Constitución. Mayor
franqueza, en cambio, utilizó en sus Instrucciones a Paunero con respecto a Córdoba: " ... Su misión política es reinstalar las autoridades legales de aquella provincia apoyando la reunión de su Legislatura para que ésta decida de sus destinos, cuidando de no mezclarse en los partidos internos y respe¬tando en todo caso lo que allí se haga, con tal que ello no redunde en daño directo de la política que está encargado de sostener y hacer triunfar por las armas". 67
Fue en esas circunstancias cuando llegó, para el joven Julio Argentino Roca, la segunda de sus horas decisivas. El hado -designemos así a la azarosa vida del país a fines de 1861- clausuró para él una etapa de su existencia. En Bue¬nos Aires, junto a sus hermanos mayores, encontrábase con que sus estudios quedaban inconclusos y para él cerrados en el Colegio del Uruguay. Las amistades del Colegio y del ba¬tallón de San José, los camaradas del ejército de la Confe¬deración, la gran revista del Paraná, sus galones de Cepeda y de Pavón, el recuerdo de sus soldados de chiripá batiéndose frente a los italianos de Mitre, todo eso convertíase súbitamente en un pasado sin continuidad visible. La vida se le ofrecía ahora disponible y quizá hasta vacía.
No ha faltado una pluma inmisericorde e injusta que juzgara esa hora de Roca con total prescindencia de la edad y, sobre todo, de las circunstancias en que ella transcurría. _ Así ha podido escribirse: "... abandonó las filas en que inició su carrera,, para ingresar a las contrarias, donde al lado de Paunero y de Arredondo, y de Sandes, orientales, se le vio con los que después de Pavón fueron a someter a sangre y fuego las provincias". 68
Llevado de su pasión contra el personaje, Julio Victorica, que es el autor de la frase, sintetiza deliberadamente en ella, como si se tratara de la decisión de un minuto, lo que es fruto de un proceso de varios meses, período que, en la historia del país, es uno de los más preñados de decisiones, opciones, va¬cilaciones y acontecimientos. En primer lugar, no es cierto
67 Archivo del general Mitre, 'romo x, pág. 174.
68 Victorica, Julio; U-rquiza y Mitr6. La Cultura Argentina. Buenos Aires, 1916.
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